martes, 10 de diciembre de 2019

DE LETRAS SANGRIENTAS A VIDEOS DEL HORROR

  • La narcocomunicación enfrenta un proceso evolutivo
  • De las narcomantas a videos en las principales redes sociodigitales
Por Issac Castañeda Gómez
México (Aunam). Cinco cabezas humanas rodaron por la pista de baile de un centro nocturno en Uruapan, Michoacán, mientras los clientes eran amenazados y replegados por un comando armado. Los 20 sujetos de la Familia Michoacana, encapuchados y armados hasta los dientes, en el ‘Sol y sombra’ de la carretera Uruapan-Pátzcuaro, tenían el deber de mandar un mensaje al pueblo, sus rivales y las autoridades. Era algo inédito, un acto que ni la literatura más surrealista se hubiera atrevido a colocar en sus páginas más escabrosas.

Natalia Mendoza Rockwell

El hecho de naturaleza inverosímil de septiembre del 2006, marcado como uno de los actos que precedieron la indignante “Guerra contra el narcotráfico” del gobierno del ex presidente Felipe Calderón, en la víspera del conocido "michoacanazo"despliegue de los elementos de la policía federal y el ejército mexicano para menguar la violencia y los avances del crimen organizado en Michoacán , trajo consigo la emergencia de una de las formas comunicativas del narco que ha predominado por más de una década: las narcomantas.

Al lado de las partes humanas tiradas por el grupo delincuencial en el antro, enervó pragmáticamente la sed de legitimarse a sí mismos como uno de los grupos dominantes del territorio, aunque esas letras escritas en una cartulina cargaban con una polisemia de significados.

"La familia no mata por paga. No mata mujeres, no mata inocentes, sólo muere quien debe morir, sépanlo toda la gente, esto es justicia divina", citaba el anuncio que tenía como propósito mostrar su poderío y los alcances de su modo de operar; pronunciarse, más allá del discurso, frente a sus contrincantes y el gobierno de Felipe Calderón; y atemorizar a la población y otros grupos dispuestos a pelearles la plaza de la droga.

Las narcomantas o narcomensajes fueron un acto comunicativo completamente rompedor entre la población mexicana, las fuerzas de seguridad y los medios de comunicación. La opinión pública fue sorprendida con la alusión publicitada de amenazas entre bandas criminales de tráfico de drogas y la brutalidad que acompañaba a esos mensajes. Era un parteaguas en la intercesión discursiva y pública de un poder fáctico.

De acuerdo con Phillip Luke Jhonson, especialista de la Universidad de la Ciudad de Nueva York en temas de seguridad y mensajes del crimen organizado, el fenómeno de las narcomantas no surge como tal en Michoacán; sin embargo, es la entidad federativa que expande y populariza esta forma de expresión pública de los cárteles de la droga.

“Los narcomensajes comenzaron a aparecer en 2004, con la batalla entre “La Barbie” (Edgar Valdés Villarreal, integrante del cártel de Los Beltrán Leyva) y Los Zetas, en Nuevo León y Tamaulipas. Pero la primera campaña de alto impacto fue la de La Familia Michoacana, con unos 15 o más mensajes en 2006”, afirma el investigador estadounidense.

Los “recados” del narcotráfico, materializados en lonas o simples cartulinas, están inscritos como uno de los fenómenos de comunicación contemporáneos más extravagantes que se hayan presenciado en el país. Las prácticas del siglo pasado, donde los cárteles de la droga mexicanos se comportaban con mayor sigilo, extremando precauciones de aparecer a la luz pública y estilando el rol clásico de las familias italoamericanas, se difuminaron.

“Tradicionalmente, las mafias y crimen organizado operaban de manera clandestina, con influencia sutil, pero con las mantas, los videos, y violencia en las calles, estamos viendo una estrategia de alta publicidad, que genera mucha atención”, asevera Johnson.

De expansión michoacana

Michoacán fue el epicentro de la difusión de esta clase de mensajes, de los cuales comenzaron a hacer uso diferentes cárteles del narcotráfico en todo el territorio mexicano y que, en la actualidad, no han minado su utilidad en la lucha por los principales centros de distribución de la droga.

La batalla también se gesta por el control de los sembradíos; los puertos marítimos, sitios donde arriban los componentes químicos de las drogas sintéticas fabricadas en el país; o las acusaciones contra los presidentes, gobiernos federales o locales, al culparlos de la violencia perpetrada en esos sitios.

La Familia Michoacana, organización que se dio a conocer mediante la narcomanta vinculada a la exhibición atroz en un centro nocturno de Uruapan, era un grupo su presencia en el país disminuyó a partir de la muerte de “El Chayo”liderado por José de Jesús Méndez “El Chango”, Servando Gómez “La Tuta” y Nazario Moreno “El Chayo”, quienes fundaron uno de los cárteles más temidos del país.

La fragmentación entre los Zetas y su aliado, La Familia Michoacana, acarreó combates entre ambos bandos. La disputa convirtió a Michoacán en un auténtico estado de guerra, en el que las fuerzas de seguridad del Estado mexicano se vieron obligadas a intervenir. El balance de la declaración bélica abierta frente a las bandas del crimen organizado dejó un saldo en todo el país de 250 mil asesinatos, entre 2006 y 2018, de acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública.

“Con su guerra contra el narco, Calderón elevó la importancia e infamia del crimen organizado. La guerra generó más publicidad para los cárteles”, expresa Phillip Luke Johnson.

Socorrida estrategia


Las narcomantas, entendidas como un acto comunicativo emergente y novedoso, fueron un mecanismo de comunicación reproducido por los principales cárteles de la droga con presencia en México. No era suficiente asesinar a los miembros de las organizaciones rivales, realizar emboscadas, colgar cadáveres a la luz del día en puentes vehiculares, siempre faltaba algo más, ese ingrediente añadido que aún necesitaban los cuerpos de civiles cruelmente maltratados.

Dentro del amplio número de bandas que retomaron este modelo, el Cártel de Sinaloa y Los Beltrán Leyva llevaron a cabo una reacia confrontación, sobre todo en el estado de Sinaloa y la frontera norte, por el trasiego de drogas con Estados Unidos.

No importaba la correcta ortografía, los colores, los materiales del lienzo. El único objetivo era -y es- ser contundente con el mensaje que se coloqué y, por supuesto, firmar a nombre del “patrón” y la banda delincuencial que elaboró el contenido de la sugerencia, amenaza, ultimátum, advertencia o sentimiento respecto a la situación social de alguna localidad.

Sin embargo, generalizar los distintos tipos de expresiones públicas de los carteles de la droga en el concepto aislado de narcomantas es insuficiente desde un punto de vista más profundo acerca del fenómeno. De acuerdo con la especialista en seguridad pública y narcotráfico, Natalia Mendoza Rockwell, existen dos tipologías fundamentales para distinguir las narcomantas: narcopintas y narcocomunicados.

Las narcopintas se ciñen a la adjudicación de un acto violento, se legitiman con un tono amenazador y están dotadas de la característica fundamental de dirigirse a un grupo delincuencial, aunque mostradas en público y sujetas a la abierta connotación de aquellos lectores ajenos al destinario clave.

Por su parte, los narcocomunicados están más apegados a un discurso institucional, en el que el destinatario es el presidente, las autoridades municipales, locales y federales. Estos cumplen con hacer patente una demanda social orientada a los grupos citados e intentan fundirse en la misma voz que el pueblo, sin distanciarse y exhibirse como los enemigos públicos amenazadores. Son muy similares a los comunicados sindicales, incluso en la forma de diseñarse y los colores que se utilizan.

La evolución de las narcomantas: El Cartel Jalisco Nueva Generación y su presencia en redes sociales

La predominancia de las plataformas digitales ha modificado el paisaje social, en el que las prácticas sociales se han reconfigurado y el entendimiento de la vida cotidiana sin conexión a internet y una supercomputadora móvil resulta prácticamente impensable.

De la Sociedad Red, en la que navegamos en una ola de superabundancia informativa, también se han valido los carteles de la droga para legitimarse, comunicarse y aprovechar el auge de los soportes audiovisuales con una evidente primacía de la imagen sobre el texto. En la actualidad, resulta más eficiente atemorizar a la población, una banda rival o el mismo gobierno con un video, que propagar textos amenazantes alrededor de una localidad.

Por lo tanto, se gestó un metafenómeno de comunicación emergente, pues de una forma comunicativa novedosa y disruptiva como lo han sido las narcomantas, emergió un procedimiento de mayor tono propagandístico para exhibir armamento de alto calibre, asesinatos, torturas, mensajes directos hacia alguien y hasta “apoyos sociales”.

El ejemplo por antonomasia de la evolución y sofisticación de la comunicación de las bandas del narcotráfico se ubica en el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), grupo que nació como aliado del Cártel de Sinaloa y el cual es considerado uno de los cárteles de mayor peligrosidad, según el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.

La organización criminal comandada por Nemesio Oseguera “El Mencho” recibió la etiqueta de “narcos modernos” por su efectividad en la transmisión de mensajes a través de videos en redes sociales, recordando al grupo extremista del Estado Islámico.

Encapuchados, completamente vestidos de negro, hablan frente a la cámara con un brutal dominio de su mensaje, mientras sus víctimas son sometidas. En otro escenario, se divierten en una carretera perdida, en algún lugar de un país sumido en la sangre; sólo envueltos en chalecos negros con las iniciales CJNG a la espalda. Alzan sus armas como si quisieran disparar a las nubes y se pasean a pie entre camionetas propias de un ejército.

El modo de operar de este cártel está influenciado, en gran medida, por la irrupción en territorios en los que se encuentran en estado de vulnerabilidad. “Según yo, las bandas criminales usan medios públicos cuando no tienen buenas relaciones y redes locales, como ‘CJNG’, al entrar a territorios de sus rivales en Michoacán. Es decir, estas formas de comunicación pretenden mostrar fuerza, pero significan una falta de control y capacidad local”, menciona Johnson.

Pero, por el contrario, en el colmo del cinismo y la desvergüenza, no todo es violencia. También actúan al grado de equipararse con un Estado Keynesiano que promueve la justicia social con una repartición equitativa entre la población. A nombre del “patrón”, reparten despensas entre los más necesitados del estado de Jalisco.

A nombre de su organización criminal, distribuyen juguetes en bolsas de celofán; ellos deben resaltar, por supuesto, y lo hacen con una etiqueta rojiza envuelta en cada “bolsita”. Son de nuevo las iniciales de su cártel, su organización que ha visibilizado la evolución en la comunicación de los grupos del crimen organizado ligados al tráfico de drogas.

Ellos se han dedicado a transgredir el uso de las letras sangrientas y, en su lugar, las han suplido por los videos del horror y la infamia.





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