martes, 20 de agosto de 2019

“ES LA SENSACIÓN MÁS BELLA QUE ME HA TOCADO VIVIR”: LUIS MOLINA

  • El medallista de oro panamericano afirma sentirse en la cima de su carrera deportiva
  • Acaba de consagrase campeón en parejas, junto a Josué López, en la justa veraniega de Lima 2019
Por Issac Castañeda Gómez
Ciudad de México (Aunam). La cita es en un lugar cercano a su templo de estudios. La cafetería más popular del mundo parece ser el lugar perfecto para compartir el cúmulo de sensaciones y experiencias derivadas de los Juegos Panamericanos. Mientras los clientes se internan en sus dispositivos móviles, repasan las noticias en el periódico del día o esperan su turno, dos jóvenes marcados por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales apoyan los vasos con sus nombres en la mesa que atestiguará todo.


A los 8 años dio el saque inicial, cuando comenzó a practicar el frontenis formalmente. Antes de él, su padre y hermano ya jugaban esa modalidad de pelota vasca; la vocación tenía una génesis familiar que heredó “El Bolillito”, seudónimo que se ganó por acompañar – aparte de su papá-- a su hermano, “El Bolillo”, cuando era pequeño.

“Es un tema de familia. Creo que eso viene desde mi papá que él empezó a practicar desde joven y yo recuerdo que siempre me llevaba a acompañarlo a los clubes, a los parques a verlo jugar”, expresa el universitario.

Estudió Ciencia Política en la FCPyS de la UNAM, al mismo tiempo de prepararse y practicar el frontón. Molina afirma que emparentar el ámbito académico con el deportivo no ha resultado una tarea pequeña, pero pudo encontrar un equilibrio en ambas esferas:

“Es un tema complicado, pues estudiar en la UNAM no es cosa menor. Creo que es la mejor institución de educación superior del país y la exigencia es bastante alta; sin embargo, sí se puede encontrar un balance. Hay veces en las cuales tienes que cumplir más en algún lado que en otro y es ahí donde tienes que aprender a manejar esos tiempos; cuándo puedes aplicarle más tiempo al deporte, cuándo puedes aplicarle más tiempo a la escuela. Es a base de organización, medir tus tiempos y demás para poder estar bien en ambas cosas”

Responde sin dificultad, con una elocuencia sobrenatural. Emite palabras del abertura que gritó el himno nacional hace tan solo unos días en territorio inca. Representó a todo un país sobre lo más alto del podio. El momento es indescriptible y lo guardará para siempre en su memoria.

“Es la sensación más bella que me ha tocado vivir en mi vida. El hecho de poder llevar tu bandera a lo más alto, en un país que no es el tuyo, ante gente que no conoces, es muy gratificante. Es el resultado de todo el esfuerzo que realizamos durante la preparación y si me pidieras que lo describiera en sentimientos aún no lo podría resumir. Es un cúmulo de situaciones que envuelven el momento, que se apoderan de ti, hacen que se te ponga la piel chinita, que te den ganas de llorar y cantes el himno con una euforia que jamás había sentido”.

La presea conseguida por Luis Molina es sinónimo de paz, “es un momento de brutal calma, cuando tú sabes que te ponen la medalla, que estás en lo más alto del podio, que entonas tu himno; ya lo lograste. Ya se acabó, terminó el ciclo, todos tus esfuerzos, el estrés, la presión. Puedes encargarte de disfrutar el momento”.

A su lado estuvo Josué López, quien se consagró campeón panamericano junto a él. “Beto”--como lo llama Molina-- es seis años mayor que él; sin embargo, su talento siempre fue evidente desde muy joven, por lo que el politólogo lo admiraba. Gracias a la influencia de un amigo en común unieron fuerzas, sus habilidades se correspondían. Hoy ambos pueden congraciarse de las mieles del triunfo en Lima 2019.

El metal dorado es el gran logro de su carrera deportiva “el primero fue el campeonato nacional Primera Fuerza, que la verdad nunca pensé conseguirlo tan joven, en frontenis parejas; después el torneo de Aguascalientes y demás. Ganamos el selectivo, conseguimos estar dentro de Juegos Panamericanos y ahora sí me siento en la cúspide de toda mi carrera deportiva”, afirma “Bolillito”, quien no estuvo exento de obstáculos o la realización de esfuerzos adicionales.

“Realmente esas dificultades se le presentan a todo deportista. El hecho del poco apoyo que se vive en tu etapa inicial, cuando eres un infantil, cuando eres un juvenil nadie te pone el foco encima, nadie da un peso por ti. Ahí creo que es el tema por el que muchos deportistas talentosos en México desertan, porque no tenemos esa infraestructura de captación de talentos a nivel infantil y juvenil que te permitan trascender hacia el alto rendimiento. El tema aquí es que si llegan las historias de éxito, si llegan las medallas, generalmente es gracias al esfuerzo del atleta individual, de su entrenador o de la familia”.

Entre tragos de té externa profundo agradecimiento a su familia. Frente a reducciones becarias, sus allegados más cercanos los empujaron a continuar con el sueño de Lima: “Yo no me vi exento; sin embargo, con el apoyo de mi familia pude salir adelante. Ya después el tema mediático que se armó con los apoyos, a mí me redujeron mi beca a la mitad en pleno proceso panamericano”.

Los recursos destinados por particulares facilitaron la consecución de sus objetivos. “Sin lugar a dudas, sí fue un balde de agua fría (beca), pero, afortunadamente, con personas de la iniciativa privada, con grandes patrocinadores que tengo y me han apoyado desde hace tiempo en mi carrera deportiva lo pude sortear sin ningún problema para obtener el resultado”, subraya Molina.

El frontón no es una disciplina deportiva del programa olímpico, a pesar de algunos intentos en la búsqueda de integrarlo a París 2024. Ante ello, la relevancia del deporte que más medallas aportó en los Juegos Panamericanos para México puede ser mínima ante las autoridades deportivas.

“Realmente el tema de Comisión Nacional del Deporte (Conade) es complicado y más con nuestra disciplina que no es olímpica, creo que los apoyos tal vez no son los que mereceríamos; no obstante, hay gente que por altruismo o cualquier otra razón decide apoyar al deporte y yo soy muy afortunado porque encontré grandes patrocinadores en el camino”, explica Molina.

El “Bolillito” asevera que las medallas son mérito de los atletas. No les pertenecen los triunfos a los políticos, quienes lejos de ayudar se han envuelto en polémicas absurdas en pleno proceso de preparación: “Los políticos muchas veces se adjudican logros que no les corresponden, se adjudican logros que le corresponden al carácter del atleta”.

Si la organización deportiva fuera distinta se valoraría en mayor medida la contribución del gobierno al deporte, como otras naciones que apuestan firmemente a la cultura del deporte. “Hay países donde sí se pueden jactar de ello, la infraestructura deportiva sí permite hacer que las medallas sean de corte gubernamental; sin embargo, creo que la mayoría de los casos aquí en México son reflejadas por el esfuerzo individual y familiar”, afirma Luis Molina.

Los frutos de la subasta gubernamental de una propiedad caerán en los bolsillos de la delegación mexicana que viajó a Lima 2019. El recurso es útil, pero se está descuidando la aportación social del deporte en México. El pelotari mexicano llama a integrar el deporte dentro de la cultura mexicana, no únicamente como un agregado de poco valor.

“El estímulo a nosotros nos cae súper bien. Es una buena recompensa para nuestro esfuerzo en Juegos Panamericanos, para todo el proceso; sin embargo, ¿dónde está el tema social del deporte?, ¿dónde está la aplicación de la cultura física que en México es nula? En conjunto con las instituciones educativas hace falta integrar el deporte como parte de la cultura mexicana, integrar la cultura física como una noción de conocimiento más”, agrega el medallista dorado.

Es necesario desmitificar la dicotomía entre deporte y escuela, “en México hay una noción en que creen que el deporte está peleado con el estudio. Que si eres deportista debes dejar de estudiar o si eres estudiante tienes que dejar de hacer deporte y pues están completamente equivocados”.

Por si hiciera falta una propuesta, él tiene una bien pensada: “Se necesita un proyecto que integre a las universidades públicas en ligas de cualquier deporte. Que haya ciertos estímulos a las universidades que promuevan el deporte y así puedan contagiarlo hacia sus estudiantes”.

Invita a mirar otros deportes y salir del nicho del futbol. La monotonía y el carácter comercial de balompié, son muy claros, en un país que ha descuidado el amateurismo. “Creo que es sumamente importante voltear a ver el deporte amateur.

Las grandes estrellas no pertenecen exclusivamente al futbol. ”A través de los medios se puede inculcar en los niños, en la juventud mexicana esta noción de practicar otro deporte, de darse cuenta que el éxito no radica solamente en convertirse en Messi o Cristiano Ronaldo. Puedes llegar a ser Usain Bolt, Paola Espinosa, Paola Longoria, Yahel Castillo, Kevin Berlín”, expresa el politólogo Molina.

El blanco era un color especial en la justa panamericana. Cuando salían a competir, los representantes mexicanos lo vestían. El comedor se llenaba de emoción a la salida y llegada. Si un deportista, de cualquier nacionalidad o disciplina llegaba con la medalla colgada, los aplausos inundaban el espacio.

“Yo no sé si eso pasa en todos los Juegos Panamericanos, son mis primeros, pero es como una tradición que tú llegues al comedor con tu medalla. Entonces, nosotros llegamos como a las 8 de la noche, todos los deportistas estaban cenando y todo el mundo te aplaude, independientemente de la nacionalidad. Fue una experiencia en la que me sentí pleno, me sentí muy bien, porque están reconociendo tu esfuerzo y ya que trasciendas a ese grado de solidaridad entre deportistas es súper padre”.

La emoción lo abruma al recordar tan grata experiencia. Hay futuro en el deporte mexicano y necesita de arropo. “Me da mucho gusto esta generación porque hay muchos jóvenes. Viene una generación que nos puede dar muchas alegrías en un futuro, el tema aquí es que no descuiden. Es deber, tanto de los deportistas como de las instituciones gubernamentales conservarla y fortalecerla”, asegura el frontenista “Bolillito” Molina.

Toda su vida ha estado en contacto con el frontenis. Lo conoce. Sus virtudes son físicas y mentales. El reto consiste en quitar el estigma con el que la mayoría lo asocia: es jugado por drogadictos, alcohólicos y se usa para encubrir actividades ilícitas.

“El frontón es un tema bastante complicado de abordar en el tema deportivo, por el estigma que lo rodea en la sociedad. Muchas veces nos pintan como un deporte de vagos, como un deporte de alcohólicos, de drogadictos y realmente no es así”

Disolver la mala imagen del frontenis es el mayor reto al que se enfrentan. “Es nuestro deber como deportistas de alto rendimiento, representantes de México a nivel mundial y frontenistas de corazón tratar de romper con ese estigma, tratar de enseñarles que México es potencia mundial, que hemos sido campeones mundiales absolutos, que somos ahora el deporte que más medallas aportó en Juegos Panamericanos”, asevera el campeón panamericano, que vislumbra un futuro prometedor a su disciplina.

Se aproxima el final de la entrevista. Los vasos vacíos lo indican. Luis, envuelto en una playera gris, un pants negro y unos tenis deportivos se propone seguir con las coronas en frontón y la culminación exitosa de sus estudios.

“Yo realmente no sé cuánto tiempo vaya a seguir practicando frontenis. La vida da muchas vueltas. Quiera prepararme para el año que viene, la copa del mundo. Quiero llegar a mi mejor forma física, llegar a estar tan preparado como lo estuve ahora en Juegos Panamericanos. Quiero ser campeón del mundo en frontenis”, declara un joven de 22 años ansioso de terminar su licenciatura en la UNAM.

“Ahora tengo que terminar la carrera, terminar de escribir mi tesis y creo que va por esos dos ejes. Tratar de seguir combinando el deporte con lo académico, posteriormente, tal vez con lo laboral y seguir apuntando como siempre a la excelencia”.





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