lunes, 28 de enero de 2019

EL RESCATE CULTURAL DE ACATZIN

Por: Luisa Fernanda Soto Ruiz
Fotos: Fernanda Ruiz
Ciudad de México (Aunam). El caracol soltó un sonido estremecedor que invitaba a iniciar una celebración que siembra las raíces del pasado, Acatzin comenzó a mover sus pies descalzos en compañía del Huéhuetl (tambor), los ayoyotes se complementaron al ritmo. El sol resplandecía y diversos movimientos aparecieron, el incienso era parte del ambiente, la comunicación con la naturaleza perpetuó la ofrenda con respeto amor y veneración.


Acatzin y sus compañeros ofrendan su sudor, cansancio y enardecimiento; “nuestro corazón se lo otorgamos al dador de vida a ‘Ometéotl’, que significa dualidad, la gran energía que nos brinda alimenta nuestro espíritu. Se puede decir que hemos evolucionado en la forma de realizar nuestros sacrificios porque ya cambiamos nuestra indumentaria con el fin de ofrendar nuestro amor”, mencionó la danzante.

Maria Vidal nació en la delegación Azcapotzalco, Ciudad de México un 24 de julio de 1974. Para ella su nombre tiene un significado más profundo pues, Acatzin que significa pequeño carrizo en Náhuatl le agrada más por su amor por la danza y el orgullo que le transmiten sus tradiciones, “durante mi niñez nunca me percaté de lo que era la danza, fue una niñez tranquila y jamás reflexioné sobre el rescate cultural que se hace al practicarla”.

Su mirada se desvió hacia el Zócalo de la Ciudad de México y soltó una sonrisa, mencionó con tono entusiasta “descubrí la danza cuando tenía 14 años. Una vez caminando me acerqué a la explanada del Zócalo, cuando antes se permitía danzar ahí, observé a los danzantes, estaba con mi mamá, nos llamó la atención porque lo llevamos en la sangre y así comenzamos nuestro acercamiento con la danza”.

Acatzin comenzó su viaje por la danza desde ese instante, se integró al grupo Cemanahuak Tlamachitiloyan, a cargo del profesor Ocelocoatl Ramirez, ubicado en la plaza Manuel Tolsá frente al palacio de minería, ahí aprendió danza azteca chichimeca.

“La danza para mi es una particularidad espiritual, me apasiona demasiado, creo que es un arte muy hermoso que existe, desafortunadamente no se valora como tal ya que está el cliché del indio y del apache, pero créeme que expresar tus pasos, ser parte de, cuando sabes lo que significa y para qué lo haces, es un amor profundo, un éxtasis donde conectas con las personas, con en el entorno, y ¡vaya!, con todo lo que contenga para hacer energía”, mencionó la danzante, mientras se pintaba con delicadeza sus labios.

María ha involucrado a su familia dentro de la danza a sus tres hijos desde pequeños les transmitió todo su conocimiento, y amor por esta. Su hija de 15 años siguió sus pasos, con el fin de seguir la tradición y la descendencia histórica.


“Danzamos en el zócalo con el fin de hacer un rescate cultural ya que mantiene un significado fuerte porque es el ombligo donde se genera una energía impresionante, de aquí partimos a lo que son los concheros, ya que ellos rescataron esto. Nosotros realizamos la azteca chichimeca es como una mezcla porque hacemos una unificación”, aludió María.

La danzante ha viajado por distintos estados y países como Guadalajara, Querétaro, Guatemala, Chiapas, Honduras, incluso en Europa “desafortunadamente el racismo en México es altamente impresionante porque la danza es más reconocida en otros países que aquí, la gente que más se burla de nosotros es la que viene del pueblo”, manifestó Acatzin.

Mientras se maquillaba los ojos, frunció el ceño y bajó el espejo que tenía en las manos, con tono hostil dijo, “hemos tenido peleas con el gobierno para que se respete nuestros espacios, sólo nos mantenemos con la ayuda monetaria del público, los turistas se acercan más y aportan cantidades reconocibles y como son guiados por mexicanos tristemente les dicen que no, el extranjero lo admira y el mexicano lo desinhibe, no nos ayudamos a generar mayor economía turística”.

A sus 39 años quiere seguir transmitiendo su amor por la danza prehispánica; uno de sus mayores sueños es seguir involucrando a las personas ya que ha recibido discriminación y faltas de respeto a su arte y cultura. Cada jueves, sábado y domingo se encuentra en el Zócalo; no le importa que tan difícil o cansado sea porque su vehemencia es más grande.

“Es primordial que las personas se respeten a sí mismos y tengan valores, también que asistan a la escuela para que realmente aprecian su cultura y no se conviertan en seres banales, sin futuro, ni esperanza, en este mundo. Seamos gente que encuentra placer en el conocimiento y en la búsqueda de nuevas perspectivas, hay que tener mucha fuerza de voluntad para hacer lo que amas”, mencionó Acatzin y después se preparó para continuar su danza.




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