viernes, 4 de mayo de 2018

LA CIENCIA ES PARA TODOS

Por Karina Ocampo Castillo
Ciudad de México (Aunam). Sentado en el pasto con los pies doblados, observa a su alrededor, su complexión es de un chico joven, alto y delgado, viste con una chamarra negra, pantalón de mezclilla y tenis negros, está cómodo; exhala muy fuerte y libera un grito de satisfacción. Así es como disfruta el astrofísico de su vida a pocos días de terminar la maestría en el Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México.


La creación de un código numérico que sea capaz de estudiar fenómenos naturales como huracanes, el movimiento de ondas sísmicas o los destellos de radiación, a través de la resolución de ecuaciones de hidrodinámica clásica o relativista, es el proyecto de investigación por el que Alejandro Aguayo Ortiz asiste de lunes a sábado al instituto de Astronomía de la UNAM.

Al lado del doctor Sergio Mendoza, Alejandro Aguayo trabaja en el área de hidrodinámica relativista numérica donde desarrolla un código numérico llamado aztekas, dicho código es creado para estudiar fenómenos astrofísicos y algunos otros hidrodinámicos que pueden encontrarse en el planeta Tierra.

Aguayo espera que algún día el código aztekas, sirva como herramienta pedagógica para enseñar a nuevas generaciones a crear códigos similares, que sean entendibles y fáciles de modificar, así el proyecto sería utilizado no sólo en la física hidrodinámica, sino también en diferentes aéreas como la bilogía, psicología o política ya que el código también resuelve ecuaciones utilizadas en éstas disciplinas. Tiene la idea de hacer de éste código un proyecto grande que eventualmente pueda utilizarse por gente común como una app de celular, pues dicho código está basado en la filosofía del software libre.

Sus ojos, cubiertos por dos cristales que se sostienen desde sus orejas hasta la nariz, recorren los pastos de Ciudad Universitaria de un lado al otro. –A veces cuando estoy estresado, me salgo a dar una vuelta por los jardines del Instituto o por los pastos de CU –comenta Alejandro Aguayo mientras miraba caminar a las personas que pasan enfrente de él– me gusta mucho CU.

Yo nunca fui niño

Desde pequeño soñó con ser astrónomo y ahora sus expectativas se hacen realidad, como físico egresado de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Cuando era niño tuvo muchos modelos a seguir, sin embargo, dos fueron los personajes que marcaron su infancia, la primera fue la Doctora Julieta Fierro, astrónoma y divulgadora científica, con la que actualmente, Alejandro convive a diario en el Instituto y la considera buena amiga, el segundo personaje fue un astrónomo, astrofísico y divulgador científico estadounidense llamado Carl Sagan.

Alejandro Aguayo Ortiz nació el 10 de junio de 1992 en la Ciudad de México, es descendiente de una familia de académicos, por una parte su padre Benjamín Aguayo Sánchez es diseñador gráfico, mientras que su madre Estela Ortiz Pérez ejerce la profesión de psicología, ellos tuvieron tres hijos de los cuales, Alejandro es el menor.

Apodado “el abuelo” por sus compañeros de primaria, el físico Aguayo Ortiz argumentó que él nunca se consideró niño y explicó sus razones.

-¿Cómo recuerdas tu infancia?

- Considero que yo nunca fui niño. Nunca pensé como niño, nunca actué como niño, nunca me gustaron las conversaciones de los niños. De pequeño tenía amistades sólo por obligación pues veía a mis compañeros de la escuela a diario, pero saliendo del colegio no me importaba salir con ellos, nunca me llamó la atención.

Por ejemplo, en las fiestas de niños me quedaba sentado observándolos porque no me sentía parte de ellos, lo que realmente a mí me gustaba era sentarme con los adultos, charlar de cosas más interesantes y dar mi opinión al respecto, algo que nunca pasó, porque ¿quién le va a hacer caso a un niño? Así fue mi vida hasta que entré a la prepa y comencé a hacer amigos de mi edad y que pensaban igual que yo.

-¿Y tus padres nunca se preocuparon por qué eras tan alejado de los demás?

- Mis padres nunca se dieron cuenta que yo era muy alejado, pues cuando mi papá me recogía al salir de clases todos los niños se despedían de mi, incluso con mi apodo de “el abuelo”. Mis papás pensaban que yo tenía muchos amigos y en realidad no era así. La verdad no sé cómo no se dieron cuenta, si todos los niños preferían salir a jugar con sus amigos y yo prefería quedarme a leer o ver tele, supongo que no estaban al pendiente de mí pues ambos trabajaban y la mayoría del tiempo me la pasaba sólo en mi casa.

Para Alejandro Aguayo el único vínculo que existía entre él y los demás niños era su pasión por el fútbol, en un principio se reunía con sus compañeros para convivir con ellos, sin embargo, no era bueno en el juego. –Con el tiempo me fui puliendo como portero y estuve a casi nada de entrar a Pumitas –recordó con una sonrisa en el rostro– sin embargo, aunque me gusta jugar fútbol no me agrada hacer ejercicio, ni entrenar o hacer rutinas.

Aunque su infancia fue dura, la narra de una manera muy sencilla y con risas en todo momento, se siente cómodo al hablar del tema. Él se acomoda, cruza sus piernas y alza el tono de su voz, pues el ruido de las personas que pasan por el lugar es cada vez mayor.

Físico y músico, las marcas en la piel

Las expectativas que el físico Aguayo Ortiz tenía desde pequeño fueron muy distintas a las del resto de sus compañeros. Alejandro se interesó por la astronomía desde los cinco años, su curiosidad iban más allá de los cuentos que su madre le leía por los noches, así que comenzó a buscar más información sobre el tema con ayuda de su familia, fue entonces cuando se dio cuenta que para poder ser astrónomo primero tenía que pasar por la física.

-¿Desde cuándo y por qué fue que te interesó la física?

- Me interesó primero la astronomía a los cuatro años y a los cinco ya sabía que tenía que pasar por física. Mi mamá me leía libros de ciencia, de bichos, animales, plantas, dinosaurios, etc., pero el único que me interesó fue el de astronomía. Sin embargo, cuando mi mamá ya no podía responder a preguntas básicas sobre el tema, optó por darme libros con mayor complejidad, además, mi tío que es ingeniero, me comenzó a meter más en el tema y mi abuelo me compró muchas enciclopedias de astronomía, en ese momento y desde esa edad decidí que eso quería ser.

El sol es cada vez más intenso y por el calor que le ha provocado, Alejandro Aguayo se quita la chamarra, al quedarse con su playera negra de manga corta, es visible que en ambos brazos tiene un tatuaje. Los dos tatuajes tienen historias diferentes, que sucedieron simultáneamente.

–¿Qué significado tienen tus tatuajes?

Su mirada se fija en el tatuaje de su brazo derecho y sin levantar la cabeza, pues se concentraba en observar aquella imagen postrada en su piel, dice –a los 12 años me regalaron mi primer telescopio, fue la primera vez que vi por un telescopio, lo primero que observé fue la luna y lo que más me impactó fue Saturno–. La imagen que Alejandro vio a los doce años de edad es la misma que lleva sobre su piel.

Sus ojos voltean hacia el brazo izquierdo y confirma –sí, sí es una guitarra, es el instrumento que mejor sé tocar además de ser barato, no ocupa mucho espacio, es muy fácil de transportar y mi papá la toca excelente entonces tenía un maestro que me enseñaba, por eso la guitarra fue mi primer instrumento que compré cuando tenía 12 años–.

Esos dos tatuajes han marcado la vida de Alejandro y son los símbolos de una de las decisiones más importantes que ha tenido que tomar.

–Ambos objetos son los más preciados para mí y me dolería perderlos. Al terminar la prepa fue ¿música o física?, pero música estaba más difícil porque debí de comenzar antes, además de que leer música para mi es complicado y no se me da, yo toco más de oído, y aunque sí me interesaba aprender, no era tanto como para dedicarme a eso. Incluso la música la puedo hacer eventualmente, por eso me decidí por la física–.

Alejandro Aguayo ya tenía en claro que estudiaría física, una carrera que implicaría muchas matemáticas, cosa que no se le complicaba pues desde pequeño siempre fue bueno para la materia. Su primer acercamiento profesional a la astronomía fue en el primer año de la carrera universitaria, tuvo la oportunidad de ir al observatorio nacional en Tonanzintla, Puebla, donde pudo ver nebulosas y galaxias a través del telescopio.

Al explicar lo que se dedica a estudiar, Alejandro se ríe de sí mismo y reconoce que no es una persona que se deje llevar por sus emociones, prefiere ser metódico.

–La astronomía es muy bonita pues todos piensan que observas las estrellas todas las noches es muy romántico, y la verdad es que muy pocas veces he visto por telescopio y dudo volverlo a hacer en mi vida.

Cuando la gente se da cuenta que la astronomía no es lo que pensaba, la mayoría dice “qué flojera”; sin embargo, yo me di cuenta que no quería ser astrónomo sino astrofísico, era más bien entender lo que pasaba allá afuera no necesariamente verlo, es decir, una cosa es ver y otra cosa obtener datos, la obtención de datos es muy aburrida y eso fue lo que me gustó, para eso tenía que estudiar física.

El científico como transmisor de conocimiento


Para Alejandro Aguayo una de las cosas más importantes que debe de realizar un científico es la transmisión de conocimientos a las demás personas, para él es esencial que todo estudioso de la ciencia sea capaz de explicarla de manera simple y clara.

Ha participado en distintas charlas de divulgación científica, se presentó en la Feria del libro 2014 con el tema “La física de los juguetes”; en el evento La noche de las estrellas participó en tres ediciones consecutivas: El agua en los cometas (2014), Relatividad General (2015) y Ondas Gravitacionales (2016), ésta última también la dio en la Feria de las Ciencias y Humanidades, Universum 2016.

-¿Cuál es el objetivo de un científico en el tipo de charlas que has dado?

-Explicar las cosas de la manera más simple. Por ejemplo, cuando tú te presentas en una charla divulgativa como “el científico” –enfatizó Alejandro al hacer unas comillas con sus manos–, tú puedes decir que cinco es mayor que mil y si lo dices cien por ciento seguro la gente te lo cree. Eso no quiere decir que yo diga mentiras en la charla, sin embargo, sí implica que lo que sabes lo puedes decir con toda la confianza la gente y te lo cree y te entiende.

Es muy divertido dar ese tipo de charlas y la mejor parte es al final cuando las personas hacen preguntas y al responderles hace su cara de “ya entendí”, eso es lo más padre. Esas charlas o pláticas son muy amenas y muy tranquilas, las disfruto muchísimo, es lo más bonito que existe.

El físico Aguayo Ortiz también ha participado como ponente en distintas conferencias científicas, en 2014 participó en el XV Congreso de la División de Mecánica de Fluidos, en Tuxtla Gutiérrez, y en el 67th Annual Meeting of the American Physical Society – Division of Fluid Dynamics, San Francisco, USA. Colaboró en el Seminario de estudiantes de astronomía 2016 y 2017 y en el Seminario de estudiantes de física en el 2017.

-A diferencia de las charlas de divulgación científica, he presentado pocos trabajos en conferencias de profesionistas, principalmente mi trabajo de maestría, y aunque voy muy seguro pues es de lo que he estudiado mucho tiempo, actuó con un poco más de cautela porque la gente a la que le presento mi proyecto, sí sabe de lo que le estoy hablando, por lo que tengo que ser mucho más metódico y puntual.

Al hablar sobre sus participaciones en distintas conferencias, Alejandro Aguayo comienza a recordar cómo fue que llegó hasta ahí y explica que no siempre fue un chico seguro de lo que decía frente a un público por lo que cuenta la siguiente anécdota.

–Yo en la prepa era muy tímido y pensaba que esa era la razón por la que me daban nervios subir a exponer un tema, pero en realidad era porque no sabía el tema, pues a esa misma edad también tenía la oportunidad de tocar la guitarra frente a mucha gente y eso no me daba pena, sin embargo nunca lo relacioné.

Al final de la carrera me metí a trabajar dando clases, y en mi primera clase llegué muy nervioso, eran chicos de secundaria, y comencé a explicarles el tema como yo sabía y me di cuenta que los niños sí entendían. Entonces al sentirme con más confianza pude percatarme que no era pena sino que nunca expuse un tema del que fuera experto”.

Con las charlas divulgativas, las conferencias científicas y las clases, el físico Aguayo Ortiz se siente muy seguro de lo que habla y logra transmitírselo a toda persona que tenga interés por el tema. Por ello, también ha publicado dos artículos científicos en la revista Springer y ha contribuido en uno más titulado “Un esquema directo de recuperación de variables primitivas para ecuaciones hiperbólicas: el caso de la hidrodinámica relativista.

También cuenta con un artículo de divulgación publicado por Revista Cuadrivio en marzo del 2016, que se titula “Una pseudociencia tenaz. La astrología (aún) entre nosotros”. Todos con la intención de mostrarles a las personas una parte de la ciencia aplicada a fenómenos que rodean al mundo.

Mi futuro ¿investigación o docencia?

Para él, su futuro se divide en dos caminos muy distintos, la docencia o la investigación y aunque ambos los disfruta de manera diferente, en estos momentos no se muestra preocupado y prefiere disfrutar de los dos.

-¿Cuáles son tus metas a futuro?

-Uno de mis sueños es dar clases en comunidades de la República Mexicana. En las clases de ciencia lo que tienes que hacer es que le interese a los alumnos, enseñarles de la manera más fácil y sencilla, entender el porqué es así, si bien lo que diga la ciencia es lo que es, la manera para llegar a ese resultado puede ser muy distinta. Hacer física no es aprenderse una formulita de memoria, sino explica las cosas más simples que existen.

-¿Y la investigación?

- En diciembre haré un viaje a Sudáfrica donde presentaré un poster de mi trabajo de maestría, seguramente irán todas las vacas sagradas que cito en mi artículo y la idea es que de ahí me surjan posibilidades para doctorado o ideas para un nuevo proyecto.

Si me dedico a la investigación, me gustaría hacerla fuera de la Ciudad de México pues no me gusta la Ciudad, el tráfico, la gente. Preferiría hacer el doctorado en otra parte del mundo. Pero si me quedo a hacer docencia me quedaría en el país pues me interesa que los mexicanos entiendan la física.

Alejandro Aguayo lleva las manos a su rostro y acepta que aún no tiene claro qué es lo que quiere para su futuro, pero sea cual sea la decisión él está consciente que la hará con toda su pasión y profesionalismo, entregándose a la ciencia como su única fuente de verdad y al método como su mejor aliado.

Se describe como un científico entregado a su profesión que busca la respuesta de todo lo que lo rodea, por lo que él sólo habla con seguridad de las cosas que ha comprobado por sí mismo. –Todo debe de tener una explicación, si las cosas suceden por algo… ¿qué es ese algo?, eso es lo que pretendo explicar y que las personas lo entiendan–, concluyó.



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