lunes, 7 de agosto de 2017

RECORRIENDO EL MUNDO EN POCAS HORAS Y UNOS CUANTOS METROS CUADRADOS

Por Alexis Guadalupe Vázquez Armas
Ciudad de México (Aunam). La gente se amontona en los stands, todos quieren ver de cerca los bordados de los bolsos de Colombia, probarse un gorro al estilo ruso, abrir una galleta de la fortuna china, escuchar la música de Cuba, apreciar las esculturas sudafricanas, conocer cómo se escribe su nombre en árabe y comprar collares con los dioses griegos, brillantes y plateados. Sólo en la Feria de las Culturas Amigas (FICA) se puede recorrer una gran parte del mundo en muy pocas horas.


Es la novena edición de este evento, aunque es apenas la segunda ocasión que el Zócalo de la Ciudad de México sirve como su sede. Son tres naves las que acomodan la cultura, colores, sonidos, texturas e historia de 91 países de diferentes partes del mundo.

Un hombre alto con una niña sentada en sus hombros se abre paso entre las personas para poder entrar en el stand adornado con hojas de un vivo color verde y pájaros de muchos colores. Cuando logra superar el tumulto se acerca a los carteles donde él y la pequeña leen y analizan con atención la información de Brasil.

Preguntas por aquí, preguntas por allá en Colombia donde se encuentran a la venta collares, pulseras, bolsos, sombreros y ropa con bordados característicos de ese país. Una señora de cabello completamente blanco decide llevarse un bolso negro que tiene en un costado un pájaro con las alas abiertas, posado en una rama hecho con hilos verdes, naranjas, amarillos y morados.


Una pareja indecisa se acerca al stand de Jordania, donde les ofrecen un tatuaje de henna con su nombre en árabe por 20 pesos; minutos después se alejaron contentos, apreciando el dibujo en sus brazos. En otros países, como Israel, Siria y Emiratos Árabes Unidos, también se ofrecen los mismos tatuajes a distintos precios o únicamente la henna para que uno pueda crear sus propios diseños.

En una carpa adornada con mantas con estrellas bordadas y tapizadas con alfombras de grecas rojas y cafés, se encuentra una mesa con figuras doradas de distintos tamaños y, en el centro, la bandera de Argelia. Alrededor varios maniquís lucen la ropa típica de la nación y detrás de la mesa tres chicos se colocan sombreros y posan para quien les pide una foto.


En Corea no hay a la vista objetos representativos de la cultura de ese país. Sin embargo, a los visitantes se les permite jugar al tuho. “En la antigüedad lo practicaban los reyes y los aristócratas”, explica el encargado del stand. El juego consiste en lanzar flechas a un jarrón que tiene aros alrededor de él. Después de tratar de acertar ocho veces, una chica se retira decepcionada pero sonriente.

Naciones como Francia, Australia y Canadá no necesitan mucho para mostrar su esencia: los galos con torres Eiffel de diferentes tamaños y una réplica de la Mona Lisa llamaban la atención los que pasaban por ahí; al otro lado, la hoja de maple en el centro de gorras, playeras y tazas no dejaba duda de que se trataba de Canadá; en otro sitio, Australia acompañaba sus bellos paisajes plasmados en las paredes con koalas de peluche de muchos tamaños.

De una red colgaban decenas de juguetes de madera, parecidos a los mexicanos, pintados con colores brillantes: pequeñas avionetas con piloto, globos aerostáticos con personas en la canastilla, bebés en su carriola, papalotes y muñecas hechas de madera y cuerda. Pero tan pintorescos juguetes no eran de México, pertenecían a Uruguay.

La feria es un buen lugar para fomentar el turismo, para invitar a la gente a que conozca otras partes del mundo y esto es lo que se nota en los locales de Chile y Guatemala, donde apenas se encuentran algunos artículos representativos de sus culturas y predominan las fotos de sus atracciones nacionales, su patrimonio natural. Ambos países ofrecen información sobre tours a los curiosos que se acercan a observar los mapas que también se exhiben.


Oigo música de estilo reggae, hombres altos que ahí se encuentran sostienen sus abundantes rastas en grandes chongos y mantas blancas. Por encima de mi cabeza cuelga una red de hojas y en las paredes se miran playeras, chamarras y bolsos amarillos, verdes y negros. Llegué a Jamaica.

Basta con avanzar unos pasos más para sentir de nuevo la música, pero esta vez dan ganas de tomar a alguien de pareja y bailar al ritmo de una buena salsa cubana, o ¿por qué no? escoger un título de entre toda la literatura que Cuba ofrece. “Me parecen muy bonitas, no son solo tazas y platos, lo que plasman en ellos es arte” responde Sara cuando le pregunto la razón por la que había comprado un par de tazas y platos con la imagen de una mujer recogiendo rosas.

“No te muevas por favor, ¡muchas gracias!” dice el señor que sostiene en alto su celular para lograr tomar una buena foto a la chica que luce el atuendo egipcio de Cleopatra. Los niños se acercan a apreciarla, su vestido es blanco y dorado, de su oscuro cabello cuelgan brillantes que parecen de oro y sus ojos lucen intensos con la sombra azul. Egipto se refleja en ella y en las fotos de las enigmáticas pirámides y esfinges que se encuentran en el fondo.

Por este tour mundial no podía faltar Estados Unidos, cuyo stand parece más una estación de la NASA, con pantallas que proyectan imágenes satelitales de la tierra. Una inquieta niña pide a su mamá que le tome una foto con el casco de astronauta que tienen en el lugar. Al final, las dos se lo pusieron y se retiraron satisfechas con su foto.


El público es una combinación de experiencias, pues hay quienes vienen por primera vez a la FICA y otros que ya convirtieron esta visita en una tradición. “Me gustó más a diferencia del año pasado cuando tuve que hacer fila de una hora para poder pasar, además de que ya adentro estaba llenísimo, no se podía ver nada bien”, dice una de las asistentes. “Es la tercera vez que vengo, esta bonita y entretenida, como siempre, pero se hace cada vez más comercial y menos didáctica, deberían cambiar eso”, se queja otro de los visitantes.

“Es la primera vez que vengo y está muy padre, tantas cosas que no conoces de otros países, música, arte, a algunos stands les falta algo para que llamen más la atención pero en general está muy bien”, platica uno de los nuevos conocedores de este evento.

No cabe duda que cada persona tiene una opinión distinta, pero la mayoría estuvo de acuerdo en que de la FICA no te vas sin divertirte y sin tomarte la obligada foto del recuerdo. De la FICA uno se va sabiendo un poco más, con la capacidad de sorprenderse intacta y con ganas de regresar una vez más.

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