lunes, 23 de enero de 2017

UNA LUNA QUE BAILA, ENSEÑA Y CREA

Por Virginia Trejo Zarate
Ciudad de México (Aunam).- Es un miércoles y la lluvia cae apaciblemente sobre las piedras volcánicas que ahora sirven de banquetas. El camino hacia la preparatoria de Mixcoac es bien conocido, basta con andar algunas cuadras entre los edificios de la Unidad Plateros para llegar.

Sobre todo el pavimento se encuentran miles de pétalos azul violáceo que el frío viento le arranca a las jacarandas. Resulta un espectáculo muy diferente al que dan en primavera, cuando las hojas se dedican literalmente a volar todo el tiempo.


Una vez dentro de la preparatoria, siendo las doce en punto de la tarde, inicio el trayecto hacia su salón. Para nadie, sea alumno o catedrático, es ningún secreto dónde se encuentra y mucho menos quién mora ahí. Se trata de la profesora Elisa Luna Torres, pintora, mamá, escultora, esposa, dibujante, bailarina y artista.

El salón de pintura

El lugar es pequeño, no mide mucho en comparación con otros sitios de la prepa, pero eso no es lo importante. Aquí, como quien dice, se desarrolla toda la acción. Sin importar el lugar al que se dirija la mirada, incluso en el techo, se contempla el arte.

El espacio cuenta con dos pizarrones verdes para gis –“esenciales” dice la entrevistada–, diez restiradores de metal, banquillos de madera, un gran anaquel y un escritorio. El resto del salón está lleno de alumnos en un constante ir y venir entre pinturas, materiales, objetos, lienzos y esculturas que a lo largo de los años se convertirán en testigos fieles de las horas pasadas en la materia de pintura.

Existen algunas obras destacadas dignas de mención, como la de unas sandías sobre un fondo amarillo que recuerdan a Tamayo, un lindo cuadro de un carrusel, cuyos detalles son precisos, y un trío de altas calaveras charras, hechas de engrudo revuelto con resistol, con muecas sinvergüenzas en el rostro.

La sensación, como siempre, es familiar al volver a pisar un lugar conocido y más placentera cuando encuentro a Elisa Luna poniéndole los bigotes al felino alebrije de la Escuela Nacional Preparatoria 8, que se asemeja más a un grifo –aquella criatura mitológica de oriente que era mitad águila, mitad león–, con la excepción de que éste posee una lengua de serpiente y escamas.

Al oírme decir su nombre, una sonrisa se ensancha por todo su rostro delgado con pómulos altos. Luna tiene una boca grande y proporcionada, con dientes derechos, y unos ojos que tienden a ver fijamente al otro, casi sin parpadear, enmarcados en su largo cabello negro. La profesora suele combinar perfectamente su ropa, que cae sobre una figura erguida y elegante.

Da Vinci, la inspiración

Elisa Luna se inició en el mundo del arte desde una edad muy temprana, gracias a la influencia de su padre –quien era encuadernador–, una persona creativa que se mantenía siempre a la espera de las novedades culturales del país y del mundo.

“Siempre tuve apoyo por parte de mis padres para estudiar arte, a pesar de que la carrera no era barata por todos los materiales que pedían. Cuando uno no tiene las posibilidades económicas le cuesta trabajo, pero si la voluntad está presente todo lo demás se vuelve fácil”, dice guiñando un ojo.

La profesora mueve mucho las manos, mientras observa todo a su alrededor. Eso es lo que ella llama tener “habilidad visual”, una capacidad especial que permite que cada detalle y color se fije en su mente para después plasmarlo en papel. Eso nos lleva a hablar sobre si ha sido influenciada por otros artistas.

“Yo diría que fueron varios. Me especialicé en lo prehispánico, de donde retomo elementos significativos en mi obra, pero en un principio siempre me interesó el trabajo de Leonardo Da Vinci. Él fue para mí como el eje principal de todo, ya que entra al cuerpo humano, lo desmenuza, lo traza, lo investiga... fue mi principal motivación”.

“Mi regalo para la prepa”

La dedicación que muestra en el trabajo con sus alumnos es admirable. Por ello se ha ganado la admiración y el cariño de la comunidad de la Escuela Nacional Preparatoria “Miguel E. Schulz”, hogar de sus proyectos. Al pensar en ellos, Luna comenta cuál ha sido, en este tiempo, su mayor logro personal y profesional.

“Fue obtener la plaza de tiempo completo. Esto me ha aportado muchos beneficios, a nivel personal y profesional. La universidad me ha permitido diseñar grandes obras como el Crisol Deportivo en el año 2010, que fueron dos piezas muy grandes, de diez metros de largo por ocho de ancho”.

“Aparte está mi obra personal, que todos los días me da mucha satisfacción, aquí en mi casa, la escuela. He hecho cuadros para la preparatoria 8 y retratos de maestros. Incluso ahora estoy trabajando en un mural que estará listo próximamente en el auditorio. Ese es mi regalo para la prepa”, comenta.

Del trabajo y más pasiones


Desde pequeña, Elisa Luna mostró curiosidad por la pintura y la escultura. Inició documentándose acerca del arte renacentista, imitando algunas figuras en el proceso. Poco a poco empezó a descubrir en ella características y habilidades propias que la llevaron a trabajar en diferentes despachos de diseño, antes de llegar a la UNAM, y la hicieron definir su opción terminal profesional.

La profesora Luna también fungió como catedrática en otro plantel. Sin embargo, no duda en señalar el aprecio que siente hacia la preparatoria 8, “su segundo hogar”.

“Siempre he tenido mucho apoyo aquí. Trabajé también unos años en preparatoria 2, pero aquí me siento valorada y respetada por la comunidad, yo creo que es por toda esa ayuda y aceptación, aunque siempre es un gusto poder colaborar en cualquier plantel dentro de la UNAM”, aclara.

A pesar de poseer una personalidad que la hace querible a la mayoría de los alumnos, Luna reconoce que los altercados y confrontaciones no siempre pueden evitarse.

“Todos tenemos nuestro genio, pero trato de ser siempre una persona cordial y amable con todos, alumnos y docentes. Sí he tenido altercados con algunos colegas que impartimos la misma materia, como por ejemplo cuando obtuve este salón, gracias a que la antigua profesora de Artes Plásticas se jubiló. Casi tuve que pelearme con todos para que me lo dieran”, recuerda un poco molesta.

Entre algunas de sus otras aficiones, sobresale en la vida de la artista el ejercicio y, en especial, la danza aérea. Practica esta actividad desde hace poco tiempo cerca de Tlatelolco, el lugar donde reside.

“Me encanta porque para mí es más interesante lo que podemos hacer en el aire, como bailar por ejemplo. El concepto y el movimiento del cuerpo en las telas me parecen fascinantes”.

En opinión de la catedrática, la danza aérea puede traer beneficios en otras áreas de la vida cotidiana, como una forma de complementar el trabajo y de sobrellevar la rutina diaria.

“Como ejercicio, te ayuda a sobrellevar el estrés del día a día. Para mí, las semanas son muy pesadas: me duermo a las 12:00 de la noche y me levanto a las 4:30 de la mañana. Entonces con la danza puedo relajarme, hacer que mi cuerpo se mantenga flexible, además de todo el tema de la salud”.

Fortalecer la identidad mexicana

El interés por lo prehispánico, presente en el trabajo de la profesora, ha hecho que Luna utilice celebraciones como el Día de Muertos para recalcar en sus alumnos la importancia de nuestra identidad como nación.

“En mis proyectos es importante fortalecer nuestra cultura. Entonces como el Día de Muertos está en tiempos de clase procuro utilizar fechas importantes para los mexicanos, busco que el alumno fortalezca su identidad mexicana”.

Este no es el único tema que la artista impulsa en el trabajo de sus alumnos, en cuyos rincones también está la muerte y la reflexión que ella busca crear a partir de ese concepto.

“Me gusta que los alumnos trabajen con el tema de la muerte porque les permite hacer una reflexión de quiénes son, dónde están y adónde van. Es importante que sepamos de antemano que no todo es eterno. Estamos por un momento, pero después nos vamos. Para darle sentido a la vida hay que entender también la muerte y a través de las artes plásticas puede hacerse esta reflexión”, explica.

Una vez que terminamos, la lluvia vuelve y los pocos alumnos que aún quedan esparcidos por el salón guardaban apresurados sus cosas. Sin impacientarse, Elisa Luna Torres despide con un beso y abrazo a todos y cada uno de sus alumnos, incluyéndome.



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