lunes, 23 de enero de 2017

“SI VOLVIERA A NACER, NUEVAMENTE SERÍA PSICÓLOGA”: CARMEN CRISPÍN

Por Gloria Chavely Toraya Pita
Ciudad de México (Aunam). En la actualidad, ser adolescente representa un reto e inclusive, desde la perspectiva de muchos, un riesgo. Existe un miedo latente en esta etapa humana, debido a que se tiende a ser vulnerable por todos los cambios físicos, emocionales, sexuales y sociales que se atraviesan.

Los jóvenes, en su constante búsqueda de identidad, tienden a desdeñar muchos riesgos como el consumo de drogas (legales e ilegales), la maternidad prematura, la participación en actos violentos y las enfermedades psicológicas (anorexia, bulimia, ansiedad, depresión) o de trasmisión sexual. Estos problemas provocan incluso que los adolescentes lleguen a perder la vida.


Ante esta situación, la psicóloga María del Carmen Crispín Martínez, catedrática de la Escuela Nacional Preparatoria “Erasmo Castellanos Quinto”, dedica su vida a rescatar jóvenes y prevenir, a través de la docencia, que los adolescentes se encuentren atrapados en dichas circunstancias peligrosas.

La profesora, conocida mejor entre los alumnos por el Crispín de su apellido, se queda después de su horario de clases en su cubículo, correspondiente al área de Psicología, con la finalidad de brindar a los estudiantes que lo deseen un espacio para expresarse, aclarar sus dudas o simplemente ser escuchados.

Por su profesionalidad, semblante, temperamento y serenidad, que invitan al emisor a confiar en ella, entre otras cualidades, he elegido a Carmen Crispín para la elaboración de esta entrevista. Me recibe con su vestimenta formal, compuesta por un abrigo azul y traje gris, el ondulado cabello recogido y una amigable sonrisa. Una vez dentro del ordenado y silencioso cubículo iniciamos la entrevista.

El interés por entender la complejidad humana

Ante la pregunta acerca de los motivos que la llevaron a estudiar la carrera de Psicología, la profesora contesta con una sonrisa y recuerda la incertidumbre que atravesó al escoger su licenciatura.

“Cuando cursaba la preparatoria en San Ildefonso, me encontraba indecisa entre tres carreras: Medicina, Trabajo Social y Psicología. Me interesaba mucho saber acerca del comportamiento humano, mas los prejuicios acerca de la carrera me detenían a tomar mi decisión”, explica.

El motivo por el cual Crispín Martínez finalmente decidió seguir el camino de la Psicología fue una experiencia personal que vivió de cerca y la dejó con ganas de aprender más sobre el comportamiento de las personas.

“Tenía un compañero que era muy aplicado y buena persona, pero de un momento a otro cambió por el consumo de drogas. Al vincularlo con las ponencias que se brindaban para la decisión de carrera, me di cuenta que me interesaba mucho el tema. Todo ello me encantó y no me arrepiento en absoluto. Hoy sigo sumamente feliz y complacida de entender la complejidad humana”, relata.

“Siendo sincera, me encanta robarme un poco de juventud”

El camino que llevó a la profesora Crispín Martínez a integrarse al plantel de docentes de la Preparatoria Número 2 ha estado marcado por experiencias que han aumentado su interés por conocer y ayudar a jóvenes adolescentes. La ruta inició hace años en las cárceles del país.

“Tras terminar la licenciatura en la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza comencé a trabajar en el sistema penitenciario. Mientras laboraba ahí, conocí a un reo que tenía la intención de elaborar un proyecto de educación, donde los ingresados tuvieran la oportunidad de cursar algún grado escolar, desde la primaria hasta la licenciatura. Ante esta última opción se buscó una vinculación oficial con la UNAM”, recuerda.

Tras la aceptación de ese proyecto, la profesora tuvo la oportunidad de brindar clases en la Facultad de Psicología, al cubrir los grupos de una amiga que emigraba del país para realizar un doctorado. Su conocida no regresó a tiempo y Crispín Martínez terminó por quedarse como docente en esa escuela.

Su estadía en las cárceles y la Facultad de Psicología terminarían por ser factores clave para su ingreso a la preparatoria, un nivel educativo fundamental en el desarrollo de los jóvenes, desde la perspectiva de la psicóloga.

“Después de tener experiencia como docente, se publicaron unas convocatorias para dar clases en el bachillerato y yo me incliné de inmediato a este nivel educativo por mi experiencia en el sistema penitenciario, donde varios reclusos coincidían que durante la adolescencia –correspondiente al bachillerato– se corrompieron. Por ello me propuse apoyar a los jóvenes y evitar que se siguieran repitiendo estos patrones”, señala.

Parte de la estrategia de apoyo a los jóvenes de la “Erasmo Castellanos Quinto” ha sido la impartición de diversos talleres como Inteligencia emocional y manejo de emociones, Prevención del delito o Legalidad de valores.

Acerca de lo que más le gusta de dar clases a los jóvenes, la psicóloga contesta con una pequeña risa.

“Para ser sincera, me encanta robarme un poco de su juventud. Los jóvenes siempre traen las novedades y al compartirlas con nosotros, los docentes, podemos estar actualizados. Gracias a ellos conozco desde la fiesta que se celebra el viernes por la tarde, las nuevas aplicaciones y hasta lo último en drogas. Ellos nos aportan tanto y nosotros quedamos sumamente enriquecidos”.

El compromiso de los profesores con los estudiantes

Crispín Martínez remarca que los docentes tienen la responsabilidad de estar sumamente al día con lo que pasa alrededor, para poder ir a la par con sus estudiantes y ayudarles en los problemas que vayan emergiendo.

A pesar de su dedicada atención para con sus alumnos, la profesora recuerda con tristeza un caso muy presente en su trayectoria académica. Baja la mirada y, tras un breve, momento habla sobre ello.

“Uno de los acontecimientos que me han marcado como profesora ha sido el suicidio de dos chicos. Eran alumnos míos y, hasta hoy en día, no hay respuestas del porqué lo hicieron. Estas dos marcas me hacen superarme día a día, para evitar que vuelva a repetirse”, explica.

Un enfoque puesto en práctica por la psicóloga para no vivir de nuevo dicha situación es la de nunca sacar chicos del aula. En lugar de eso, Crispín Martínez prefiere platicar con los alumnos inquietos al final de clases, con el objetivo de hacerles ver que hay quienes se interesan en ellos y en su salud emocional.

La psicología para reconocer y defender las ideas

La profesora es consciente del desinterés de algunos alumnos de la preparatoria hacia su materia, en especial el mostrado por los estudiantes del área 1. Sin embargo, considera que la asignatura de Psicología es esencial en la formación de los jóvenes en este nivel educativo.

“Desde que se creó el proyecto de la Escuela Nacional Preparatoria, con Gabino Barreda, se pensó en la necesidad de impartir asignaturas que fomentaran entre los jóvenes la capacidad de pensar, conocerse y seguir creciendo, por lo que los planes de estudio incluían materias como Psicología, Filosofía e Historia, siempre con un eje informativo y formativo”, detalla.

La psicóloga señala la importancia de la materia en el final del programa de estudios de la preparatoria por las aplicaciones que los alumnos pueden dar a lo aprendido en el futuro próximo.

“Psicología se imparte justo en el último año de la preparatoria para que los jóvenes tengan autoconocimiento e identidad, aspectos fundamentales que les permitirán seguir y pensar como personas sanas y críticas en la licenciatura y el mundo laboral”, afirma.

Desde su perspectiva, la Psicología es de gran utilidad para los alumnos ya que les permite conformar la estima, el valor y el autoconocimiento, cualidades que empoderan a los estudiantes para reconocer y defender sus ideas, tener la capacidad de decir “sí” y “no” y hacer respetar sus opiniones.

La investigación, parte de su trayectoria

Además de la licenciatura en Psicología, Crispín Martínez tiene un vasto currículum que incluye una segunda carrera en Ciencias Religiosas, cursada en la Universidad La Salle, donde también fue docente. La extensión de sus logros hizo que obtuviera un intercambio a España donde estudió Docencia en Psicología e Investigación en Psicología en el Instituto Ramiro de Maeztu en Madrid.

Su estancia en la capital española le permitió conocer a diversos investigadores, que crearon con ella algunos proyectos en pro de la comunidad universitaria. Esta es una de las prioridades principales de la maestra María del Carmen Crispín: buscar año con año diversas maneras de favorecer a los alumnos.

“Intento que vengan colegas de diversos países para conversar con los estudiantes sobre temas de su interés y relacionados con la salud emocional. Por ejemplo, el último proyecto en el que colaboré fue la elaboración de un examen para los docentes, donde los estudiantes evalúan la manera en que los profesores imparten su cátedra para mejorar, mediante el consenso, el contenido de los temas, las dinámicas, la calidad de la clase, entre otros aspectos”, comenta.

El éxito de estas colaboraciones contrasta con la incertidumbre que actualmente enfrenta uno de sus proyectos, debido al resultado de las elecciones en Estados Unidos.

“Otro proyecto que tengo vigente es un programa de investigación en Canadá acerca de modelos de enseñanza. Fui seleccionada en representación de nuestra Universidad, para acudir dos años y, posteriormente, replicar este proyecto en comunidades indígenas de México. Sin embargo, por el aumento del precio del dólar y la amenaza del futuro presidente de no hacer validos los proyectos educativos latinoamericanos, el programa se encuentra detenido”, expresó con un poco de nostalgia y frustración.

La importancia de atender la salud emocional y mental

Para la catedrática de la Preparatoria Número 2, el interés hacia el ámbito psicológico de los estudiantes debe ser prioridad no sólo para el nivel bachillerato, sino también para las distintas facultades que integran a la UNAM.

“Es sumamente necesario que se brinde atención a la salud emocional y mental de estudiantes, maestros, trabajadores, inclusive del mismo rector y directivos. Se han abierto algunos proyectos para la atención de la comunidad universitaria: el centro de salud mental, líneas telefónicas de atención psicológica, así como un chat, que se está implementando bajo el nombre de Maxi, el cual consiste en una conversación con especialistas desde el otro lado de la pantalla”, remarca.

Desde el punto de vista de Crispín Martínez, la presencia de un cubículo de atención –como el presente en la Facultad de Ciencias– para los jóvenes en cada facultad de la UNAM es indispensable para brindar a los estudiantes la ayuda que, en muchos casos, no quieren pedir.

“Al concluir el examen EMA (Escala de Multidimensional de Asertividad) de evaluación psicológica se aprecian resultados desgarradores, donde se hace notorio el gran número de alumnos que padecen diversos problemas y que no tratan por diversos factores”, puntualiza.

La psicóloga expone la necesidad de una fuerte inversión en este sector tan importante de la salud, dado que por diversos prejuicios y tabús se menosprecian los proyectos de investigadores y docentes que desean dotar de una mayor sensibilidad y conciencia a quienes integran la universidad, todo ello con la finalidad de brindar a la sociedad profesionales con un alto sentido humano.

Finalmente, la profesora Carmen Crispín expresa su inmensa alegría por haber elegido estudiar Psicología.

“No me arrepiento para nada y si volviera a nacer seguramente sería psicóloga. Es un privilegio conocer el desarrollo humano en toda su extensión y esto no se logra de ninguna manera como ver las cosas de viva voz, apreciar de cerca el desarrollo humano, todo esto inclusive desde la perspectiva de varias culturas, puesto que gracias a nuestra Universidad he tenido la oportunidad de conocer personas de todo el mundo y con ello comprender este tema tan maravilloso”, afirmó.

No cabe duda que la profesora Crispín tiene una historia que contar detrás de las aulas. Gracias a sus cualidades, la profesora es reconocida y recordada con cariño por los alumnos de cada generación, quienes la describen como una mujer con un gran sentido humano, comprometida con su labor docente y su apoyo incondicional que tiene como finalidad hacer más llevadera y sana una etapa tan complicada, pero no por ello menos grata, como lo es la adolescencia.






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