lunes, 15 de agosto de 2016

EL PROBLEMA SILENCIOSO DE CIUDAD UNIVERSITARIA

Por Jair Ávalos López
Ciudad de México (Aunam). Un problema dentro de la Universidad Nacional Autónoma de México son los casos de acoso que son denunciados. Algunos trascienden por lo grave de sus hechos, otros se quedan en el anecdotario de las facultades y languidecen en el barullo popular.

La UNAM es una institución pionera dentro de los programas de equidad de género e investigación de los fenómenos sociales. Sin embargo, en los últimos meses ha sido señalada por carecer de un protocolo de atención y prevención de los caso de acoso dentro de sus aulas.


Para fines de este reportaje y como medida precautoria para la defensa y protección de las fuentes, los casos de mujeres agredidas dentro de la Universidad serán tratados con seudónimos. Esto para prevenir represalias en su contra.

A María Jiménez casi la violan afuera del centro Cultural de Ciudad Universitaria (CU). Un tipo se le acercó y la golpeó, provocándole un esguince de segundo grado en el cuello. La tiró al suelo para comenzar a atacarla.

“Trató de bajarme el pantalón, no había nadie cerca y estaba oscuro. Aún no sé cómo no sucedió nada más, pero lo agradezco infinitamente”, dice mientras se toca las manos en visible gesto de miedo.

Hace tres años, la alumna de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM no se imaginó que se enfrascaría en un largo proceso legal. María se salvó de ser violada “de milagro”. Sobre la siete de la tarde, la zona cultural de Ciudad Universitaria estaba casi desierta.

María Jiménez salió corriendo del lugar de los hechos y tomó el primer taxi que se encontró. Al responsable del hecho jamás lo identificaron y la denuncia sólo quedó como parte de un archivo en el ministerio público que se encuentra a unas cuadras del Metro Universidad.

“Aquel día me di cuenta que lamentablemente estar sanos y salvos no es algo cotidiano, que el peligro de ser presa de abuso o acoso sexual está más cerca de lo que pensamos. Esto no lo digo para propiciar el miedo, sino para recordar lo afortunados que somos por estar vivos”, menciona.

María denunció ante las autoridades de la Facultad y éstas, a su vez, reportaron el hecho a los integrantes de la Unidad de Atención a la Denuncia (UNAD) que la enviaron a un Ministerio Público, ajeno a la universidad.

El 13 de abril de 2016 el portal noticioso Animal Político denunció la falta de un protocolo para la prevención y atención a víctimas de agresión sexual dentro de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Según este reportaje firmado por Arturo Ilizaliturri, en México existen al menos una universidad por los 32 estados de la República, y “la Universidad Autónoma de Sinaloa, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, la Universidad Veracruzana y la Universidad de Quintana Roo tienen un protocolo diseñado para la atención de hostigamiento y abuso sexual”.

“De las 24 universidades que no cuentan con protocolo, sólo la UNAM y la Universidad de Guanajuato tienen un anteproyecto que está en proceso de aprobación”, dice el reportaje Universidades reprobadas: sólo 4 tienen protocolos contra el acoso sexual, publicado en el portal de la cadena Univisión.

Registros

La Universidad Nacional ya recibió su primera recomendación por parte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) por agresión sexual dentro de sus instalaciones. Aunque no fue dentro de Ciudad Universitaria, fue en la Preparatoria 9; el profesor de Física, Teodoro Castro agredió a una estudiante.

El medio electrónico Animal Político informó acerca de este caso que derivó en la recomendación 45/2013, en la cual se señalaba que “la UNAM dejó a su suerte a la alumna y la Oficina del Abogado General no atendió el caso” como debía de ser.

“Este Organismo nacional solicitó al rector de la UNAM la reparación del daño, mediante atención psicológica de la víctima, así como que colabore en el trámite de la queja y denuncia ante la Contraloría de la Universidad Nacional Autónoma de México y la Procuraduría General de la República, respectivamente”, dice el comunicado sobre la recomendación publicada en Animal Político el 12 de noviembre del 2013.

Según en el blog electrónico de la Red No están Solas “en 2013 un estudiante de Administración en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de nombre Juan Carlos Sosa Ramírez, también agredió a tres alumnas y enfrenta al menos un proceso penal”.

A principios del 2016, en el mes de febrero, el medio Radio Zapote (radio en línea que transmite desde la Escuela Nacional de Antropología e Historia) reportó la agresión de dos chicas dentro de los baños de mujeres del edificio A de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales UNAM. Aunque se persiguió al responsable, no quedó claro quién fue el perpetrador del hecho.

Según las versiones del hecho, publicadas por el diario El Universal el 19 de febrero de 2016, la Facultad iba a “tomar cartas legales por la agresión de las estudiantes”. Las mismas alumnas detuvieron al tipo, que ya había sido señalado en otras ocasiones, y le tomaron una foto que hicieron circular en redes sociales.

No ha sido procesado ni detenido



En el grupo de Facebook No me quiero morir en Polakas, la usuaria Janet Jane Medina registró una agresión el jueves 26 de mayo de un sujeto desconocido que ingresó al baño del tercer piso del edificio A en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

“Estaba sola, pasaron menos de 5 minutos y de pronto sentí como una mano me empezó a tocar de la nalga a la rodilla de la pierna izquierda; (...) cuando siento que me están tocando, volteo rápido y veo el brazo de un sujeto saliendo del compartimento de abajo del baño contiguo, el tipo se acostó para poder meter su mano y tocarme”, publicó la alumna de Relaciones Internacionales del cuarto semestre.

El caso de Víctor Hugo Flores Soto fue registrado en el último cuatrimestre del año. Él violó a una compañera del Instituto de Ciencias Nucleares.

En septiembre del año pasado, una manifestación de mujeres irrumpió en la Facultad de Ciencias para hacer un escrache (manifestación en un lugar representativo para el caso) contra Víctor Hugo. Medios como Animal Político, Radio Zapote o Distintas Latitudes, este último medio sobre los acontecimientos en América latina, cubrieron la nota.

Lo que pasa, cuando pasa

Estela Ruiz fue alumna de Posgrado en el Instituto de Ciencias Nucleares en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Ella fue violada por Víctor Hugo Flores Soto, también estudiante universitario, en un domicilio particular.

El 16 de mayo de 2014 ella acudió a una reunión con algunos amigos de la maestría, además de que ella era adjunta en la Facultad. Para la media noche Víctor Hugo llegó de otra reunión.

“Estábamos platicando en la mesa y él llegó. Se sentó en una silla frente a mí y me ofreció un tarro de barro con mezcal. Yo se lo acepté. No me imaginé que el mezcal tenía droga”, dice Estela.

Al caer la madrugada Estela se sintió muy cansada. Sus amigos le pusieron una bolsa para dormir en la sala. Ella, dormida y agudizado su descanso por los narcóticos, fue violada por Víctor Hugo.

Lo peor que sucedió es que al estar todos dormidos y después de unos tragos, los amigos de Estela imaginaron que las “relaciones sexuales” que sostuvieron eran consensuadas.

“Yo amanecí después del mediodía. Me dolía todo, como si me hubieran golpeado mucho. Sólo recuerdo que desperté con la cabeza colgada en el brazo de un sillón y el resplandor del sol a través de la ventana me daba en la cara”, rememora.

La voz de Estela se entrecorta. Dice que le da asco recordar esas escenas, pero argumenta que hubo algo peor: “Mis compañeros no me dijeron que fui violada hasta cinco meses después. Ese mismo día fui a poner la denuncia”.

Fue hasta principios del mes de noviembre cuando ella se entrevistó con su director para hablar sobre el tema. Estela se sentía “confundida, asqueada, pero muchas amigas me apoyaron para que le dijera al director” de la Facultad de Ciencias.

En ese momento le relató todos los hechos. El director no daba crédito a lo sucedido, ya que Víctor Hugo era conocido en el Instituto por ser uno de los mejores estudiantes.

Estela y el director fueron a la Unidad de Atención a la Denuncia y reportaron lo sucedido. Ahí la encargada, Alejandra Orozco le dio a Estela la lista de Ministerios Públicos para que ella pusiera su denuncia.

“Yo solicité un abogado para que me asesorara y pedí acompañamiento, pero literal es acompañamiento. Me puse de acuerdo con el abogado y era como mi sombra, pero no hacía nada”, dice Estela con un tono de voz exacerbado.

Estela cuenta que las dependencias encargadas de este tipo de casos dentro de la UNAM son la Defensoría de los Derechos de los Universitarios y, por obviedad, la Oficina del Abogado General.

“En la UNAD me preguntaron que si ‘estaba segura de lo que quería hacer’. Esa pregunta me ofendió. ¿Cómo no voy a estar segura? ¡Si el tipo me violó! En verdad, me sorprendí porque en la escuela no sabían qué hacer. Y si yo no me hubiera decidido, mi caso se hubiera perdido”, agrega.

Sin embargo, lo más pesado fue el proceso judicial que se inició en el Ministerio Público. El abogado Paulino Maya Tirado era el responsable del caso de Estela contra Víctor Hugo Flores Soto y lo que siempre hizo fue tratar a la víctima como una “mujer de baja moral”.

“Este tipo me discriminó. Me acosó al preguntarme cosas que no tenía nada que ver como que si yo tenía sexo frecuentemente. Intentó incluso reservar mi caso al archivo y dejarlo perder. Lo que hice fue meter una queja a la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y pasaron mi caso a otro ministerio”.

Pasó un año, ya era noviembre de 2015, para que el Tribunal Universitario decidiera una resolución en el caso de Flores Soto. Después de un juicio “misógino y agresivo”, según Estela.

Primero cuestionaron a Víctor Hugo a solas. Al término del primer interrogatorio pasó Estela; su sorpresa fue ver a Víctor Hugo en la mesa de los Integrantes del Tribunal Universitario.

“Me comenzaron a cuestionar si yo era virgen, si yo salía constantemente, que si yo bebía mucho, que cómo era mi vida sexual dentro de la universidad, hasta que mi abogado paró el interrogatorio y argumentó que no tenía nada que ver con lo sucedió el 16 de mayo de 2014”, describe Estela Ruiz.

El Tribunal dictaminó que Víctor Hugo tendría que ser expulsado. No obstante, el alumno apeló esta decisión ante la Comisión de Honor y Justicia de la UNAM.

¿Eso hizo?


Sí, tuvo esa desfachatez. Pero lo peor es que la Comisión lo reinstaló como alumno de Posgrado para que se titulara con singular alegría.

Estela acusa a la actual directora de la Facultad de Ciencias Rosaura Ruiz Gutiérrez de apoyar al violador y de promover que lo reintegraran al sistema académico. Dice la víctima que “la directora utilizó la base de datos de la facultad para enviar un correo a todos los estudiantes informando de lo ocurrido con Víctor Hugo, y acusaba, aunque no dijo nombre, a mi persona de que era una persona de ‘baja moral’”.

Fue hasta Marzo de 2016 que la Fiscalía Especializada en Delitos Sexuales y la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México procesó a Víctor Hugo Flores Soto al Penal de Santa Martha donde será enjuiciado por Violación.

Ahí podrá purgar una pena de 8 a 14 años según el Código Penal Federal. El ex estudiante del Instituto de Ciencias Nucleares “será enjuiciado porque yo promoví el castigo. Si por la UNAM hubiera sido, todo hubiera quedado impune. Él siempre argumentó que era un estudiante de excelencia y yo una pérdida”.

Cifras y más cifras

En el primer diagnóstico sobre la atención de la violencia sexual en México, emitido en marzo de 2016 por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), dice que del período 2010 a 2015 se registraron en total 2 millones 996 mil 180 casos.

Según sus análisis, fueron casi 600 mil denuncias por año. Y de estos señalamientos legales, los delitos más frecuentes fueron abuso sexual (46 mil 927) y violaciones con 35 mil 895 registros.

“Los datos evidencian que casi cuatro de cada diez (37. 48 por ciento) de las personas que figuran como víctimas (…) tienen menos de 15 años y una tercera parte (33. 86 por ciento) tiene entre 16 y 30 años. Así, siete de cada diez personas que figuran como víctimas de delitos sexuales en averiguaciones previas tienen 30 años o menos”, dice el informe del organismo federal.

En la página 19 del mensaje, dice que en este mismo quinquenio los casos que llegaron a los Tribunales Superiores de Justicia (TSJ) sólo fueron 29 mil 349 expedientes. Pero sólo 6 mil fueron sancionados cada año.

Por su parte, el Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) realizó en 2011 un Análisis sobre La situación de hombres y mujeres en la UNAM (CU). Entrevistaron a un total de 978 mujeres entre técnicos académicos, estudiantes, investigadores, administradores, profesores de asignatura y profesores de carrera.

Los datos sobre agresión hacia mujeres son planteados con la frase “las profesoras hacen chistes o comentarios que ofenden a las mujeres”, las respuestas fueron nunca con 69.6 por ciento, rara vez con 21 por ciento, Algunas veces con el 8.6 por ciento, frecuentemente con el 0.8 y muy frecuentemente con el cero por ciento.

En esta misma frase pero aplicada en el caso de los profesores hacia sus alumnas, las respuestas fueron las siguientes: nunca con el 38.3 por ciento, rara vez 27 por ciento, algunas veces representa el 27.3 de las encuestadas, frecuentemente el 6.1 y, finalmente, muy frecuentemente el 1.2 por ciento.

En la última parte de la encuesta se presentan los casos que una mujer puede pasar dentro de Ciudad Universitaria. En el caso de “Frecuentes piropos no deseados acerca de su apariencia” el 24.8 por ciento respondió que sí.

Con las “bromas, comentarios o preguntas incómodas sobre su vida sexual o amorosa” las mujeres respondieron afirmativamente en un 28.1 por ciento; “Miradas morbosas o gestos que molesten” hubo un 30.3 por ciento de respuestas si del total de las mujeres cuestionadas. El cuatro por ciento de las jóvenes respondió que sí han tenido presión verbal para tener relaciones sexuales.

En la opinión del director y fundador del Programa de Derechos Humanos de la Universidad, el doctor Luis de la Barreda Solórzano, “esto es reflejo de la convivencia y de la mala formación de muchos hombres que piensan que las mujeres son objetos y no seres humanos”.

¿Será erradicado este problema en México?

Francamente, yo creo que no. Pero el trabajo de todos nosotros como investigadores y académicos en el aula es concientizar a los géneros de que son iguales y que cuentan con capacidades similares.

¿Considera que hay avances en materias de derechos humanos, concientización de la equidad de género gracias a la Universidad?

Claro que sí. La revolución de las mujeres fue la más profunda en el siglo XX. Y ésta se dio desde las aulas. Vengo de una generación de compañeras que poco a poco lucharon por sus derechos y difundieron este pensamiento progresista dentro de la academia. Aunque eso no haya permeado completamente dentro de la sociedad y sigan existiendo prácticas horribles por parte de nosotros los hombres.

El doctor de la Barreda lamenta que se tengan que organizar marchas para exigir respeto y garantías, como la de la campaña Vivas nos queremos, pues es reflejo de que la sociedad “en general aún no termina de aceptar a la mujer como un miembro de la comunidad que aporta y promueve ideas”.

“Disculpen las molestias, pero nos están acosando”

El paseo de la Reforma se convirtió en un río de color Morado. El morado es el color de la campaña Vivas nos queremos, como una respuesta ante el incremento de las denuncias de acoso sexual, agresión de género y la alta tasa de feminicidios que prepondera en la zona metropolitana de la Ciudad de México.

Colectivos, grupos feministas, grupos mixtos en defensa de los derechos de la mujer. Todas y todos iban con alguna prenda morada en solidaridad con todas ellas. Algunas andaban sin brassier y con pasamontañas. Otras más con pancartas, lonas o cartelones.

Eran las dos de la tarde y el sol resplandecía con toda intensidad. La gente buscaba la sombra de los árboles en la plazoleta del monumento a la Revolución. Se instaló un módulo para regalar botellas de agua y aplicación de bloqueador solar.

Había estudiantes, madres de familias, profesionistas y figuras públicas apoyando el movimiento. De momento, a través del aparato de sonido que se instaló bajo el monumento a la Revolución, una chica dijo:

“Esta marcha va a ser segregada. Los hombres atrás y los colectivos de mujeres adelante, los colectivos mixtos irán en medio. Pero los hombres no pueden ir con nosotros”, gritó en el micrófono una joven que andaban con patines de bota.

Varias feministas veteranas se molestaron por el anuncio. “Oye cómo quieren que haya respeto e integración y estas chamacas llegan con su segregación”, reprochaban entre sí.

Heather Dashner es americana naturalizada en México y miembro fundador del Movimiento Feministas Socialistas, uno de los primeros grupos de este corte. Fue fundado en el año 1969. Sin embargo, en el año 1972 iniciaron los trabajos del sexenio de Luis Echeverría Álvarez.

Heather es rubia. Visiblemente su cabello está teñido pues en la raíz de su melena se distinguen las canas. Ella fundó el colectivo movimiento feminista socialista en los albores del sexenio de Luis Echeverría.

“Echeverría tenía la política de la liberación de la mujer y el respeto al voto femenino por ordenanza de Estados Unidos. En aquel momento, el presidente Richard Nixon tenía la ‘sugerencia’ – dice con tono sarcástico – del control natal no por el respeto al derecho de la mujer, sino porque el gobierno gringo pensaba que existían muchos pobres en el mundo”, señala.

Mientras Heather contaba parte de la historia feminista en México, los vendedores de nieves, refrescos y sombreros de palma mercaban sus productos como pan caliente. El calor aumentaba y la intensidad de los rayos UV, según la dependencia de Protección Civil, fue de +11. La más alta en la escala.

“María Esther Zuno (primera dama en el sexenio de Echeverría) nunca hubiera andado acá. Ella hacía feminismo de clase social. Se juntaba con sus amigas ricas de Polanco y de las Lomas para hacer actividades en la página de Sociales de El Universal”, señala la México-americana.

En 1975 la Organización de las Naciones Unidas organizó en México el Consejo Internacional para la Liberación Femenina, que a decir de otras feministas veteranas “fue sólo para la mujer de clase media, porque la pobre nunca se pudo liberar”.

Casi todas las participantes traían lentes oscuros, gorras o sombreros para cubrirse del sol. El monumento a la Revolución se convirtió en una plancha de cocina. Por la suela de los zapatos se traspasaba el calor y, consecuencia lógica, comenzaron a caer las deshidratadas.

“Compañeras y compañeros: al fondo a la izquierda hay un módulo de rehidratación. Por favor, si se sienten mal notifíquenlo a los paramédicos”, anunció una mujer de pelo corto oscuro en el aparato de sonido.

Algunos jaraneros que asistieron comenzaron a cantar versos en honor a la marcha feminista: “Son muchas las mujeres/ que en esta marcha están, / o más feminicidios/ en nuestra realidad. / Colás, Colás, Colás y Nicolás…”.

Algunos otros grupos gritaban la consigna: “Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver, Peña no es presidente es asesino, macho burgués”. Todas cuestionaban, de una forma u otra, las acciones que la Presidencia de la República ha tomado para defender a las mujeres de las agresiones sexuales y físicas.

“Cómo va a defender a las mujeres y combatir el feminicidio, si Peña Nieto dejó a su estado con más muertas que en (Ciudad) Juárez. No sabía ni de qué murió su mujer”, recriminó Gabriela Nava, estudiante de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien fue acosada por un intendente de su misma unidad académica.

El camino hacia la Victoria Alada de la Independencia (Ángel de la Independencia) fue largo, haciéndose más sinuoso por los rayos del sol de las tres de la tarde. Tres ambulancias cortaron la procesión para llevarse a tres mujeres de avanzada edad que participaron.

Las mujeres caminaban por el Paseo de la Reforma. Algunas con estandartes, pancartas y banderas. Pero Silvia Vargas Velasco portaba una cruz rosada en su mano y una foto tamaño tabloide, que por inferencia, se trataba de su hija.

Su hija se llamó María Fernanda Catalina Rico Vargas, le decían mafefifo. Todos sus amigos y conocidos se sorprendieron cuando supieron la noticia de que el 18 de abril de 2014, María Fernanda había sido asesinada. Ella era maquillista de la compañía MAC y tenía varias cuentas con las participantes de Nuestra Belleza México.

Doña Silvia atendió a la prensa. Relató paso por paso todo lo que tuvo que hacer cuando a su hija menor le quitaron la vida en el municipio de Ecatepec, estado de México. No derramó una sola lágrima al mencionar su desventura.

“A mi hija me la mataron, porque me la mataron”, decía entre el escándalo que se hacía a un costado en la marcha. “Lo peor es que sé quién fue la culpable. Fue una mujer y fue su pareja”.

Mafefifo comenzó una relación lésbica en Ecatepec. Desde las primeras semanas la alegría de la chica se convirtió en desplazamiento y rechazo hacia su familia. Cada día se alejaba más de sus padres y hermanos.

“Todo es muy raro, pero todo apunta a la culpabilidad de la pareja. No puedo decir quién es, de por sí ya la investigación es lenta y no quiero que me echen la culpa por revelar los nombres de los implicados”, argumentó la señora Vargas Velasco.

Sentada en el pretil de la banqueta de Reforma, frente a la plaza Reforma 222 donde trabajó su hija, ve pasar a las mujeres manifestándose. Abre su bolsa, saca una cajetilla de cigarros y toma uno. Mientras lo enciende y da la primera inhalación de humo, dice:

“Antes yo criticaba este tipo de cosas. Decía que eran unas revoltosas y mírame, donde estoy. A veces la vida te tiene que sacudir duro para que puedas entender como son las cosas. A lo mejor, algún día, quizá a todas juntas nos lleguen hacer caso… nos tienen que hacer caso”.

Protocolos que re-victimizan


El doctor Pablo Navarrete Gutiérrez director de Asuntos Jurídicos del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), dice que el “problema con los protocolos de atención a víctimas de agresión sexual es que siempre se diseñan para castigar al culpable pero no se dan cuenta que, valga la redundancia, re-victimizan a la víctima”.

¿En dónde los protocolos son así, re-victimizantes?

En los sistemas penales. Se hacen una serie de procesos médicos a la víctima que lo único que hace es que no quieras volverte a parar en el Ministerio Público.

¿Qué hace el Inmujeres para detener este tipo de situaciones?

Nosotros damos asesoría a los encargados de los Ministerios Públicos. Hemos tenido denuncias de comportamientos misóginos. Hay una importancia de juzgar con perspectiva de género.

Por su parte, Balbina Hernández Alarcón, directora de Fomento y concertación del Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México (IMCDMX) el problema “es que los protocolos se cumplan completamente. La procuración de justicia es uno de los problemas más fuertes en estas situaciones”.

“Por lo regular las hombres cuando salen a la calle necesitan resolver problemas desde ir a dejar a nuestros hijos, hacer alguna compra o ir a trabajar. En el caso de las mujeres, la mayor parte de los caso, hacen las tres cosas. A veces no tienes el tiempo para hacer eso y luego plantear una denuncia”, dice la funcionaria de la Ciudad de México.

La Ley de Acceso a una Vida Libre de Violencia contiene el Protocolo de Atención a Víctimas de Agresión Sexual en el Transporte Público donde se plantean once pasos para la solución de este tipo de problemas.

El primer paso es “Detección o solicitud de auxilio por parte de la víctima”, sigue la “Detención del probable responsable”, “Traslado inmediato de la víctima al módulo de atención”, como tercer paso. La “Atención a la víctima” y el “Traslado de la víctima con las autoridades competentes” se contemplan como el tercer y cuarto nivel en el protocolo.

La parte judicial, es decir de presentación ante un Ministerio Público, inicia a partir de la “Remisión del probable responsable”, “Presentación de la denuncia” y el “Seguimiento de la atención”. Por último, inicia el proceso de continuidad judicial con el “Seguimiento de la determinación Judicial” y, finalmente, la “Evaluación” de los daños a la víctima.

Según una encuesta realizada del 18 al 22 de mayo del 2016, por la casa Parametría, siete de cada diez mexicanos han sido testigos de una agresión sexual en la calle.

El 72 por ciento del total de los encuestados dijo sí haber sido testigo de una agresión hacia la mujer. En este trabajo el 75 por ciento de los encuestados fueron hombres, quienes dijeron haber estado presentes en cuando menos una agresión sexual hacia la mujer.

Del cien por ciento de las mujeres que respondieron estas preguntas (25 por ciento de forma global) el 70 por ciento dijo haber sido testigo de un caso de acoso en la calle.

Datos de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) 2015, realizada por INEGI, indican que en el país un total de 979 mil 496 personas sufrieron algún abuso, hostigamiento, estupro, violación o acoso sexual, de ellos sólo 87 mil 404 levantaron una averiguación previa ante el Ministerio Público.

Es decir, sólo el 11.2 por ciento de las personas atacadas sexualmente han denunciado el hecho.

La denuncia y la UNAM


Dentro de la universidad existen varias dependencias que se dedican a la atención y a la seguridad de los estudiantes. En el caso de los problemas de género es el Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) el que se ocupa de su estudio.

Según Alejandra Parra Medina, jefa del Departamento de Difusión, Extensión y Vinculación, el “PUEG no es un responsable jurídico, o de atención legal, sobre los casos de acoso y agresión sexual dentro de la Ciudad Universitaria (…) puesto que no tiene una figura legal como para trabajar en ello”.

“Lo que sí hace el PUEG es canalizar los casos a la Unidad de Atención a la Denuncia (UNAD) donde sí se puede realizar algo de forma legal. (…) Lo importante es que la gente denuncie. Si las mujeres o los hombres no denuncia sus casos, nunca podrá existir una presión real sobre los problemas que existen en materia de seguridad”, argumenta la funcionaria del PUEG.

En 1992, según Gaceta UNAM, el rector José Sarukhán señaló ante la creación del PUEG: el Programa nació a partir de la necesidad de analizar lo que ocurría dentro del ambiente académico sobre las cuestiones de igualdad de género.

En tanto, la Unidad de Atención a la Denuncia y Seguimiento de la Denuncia dentro de la UNAM (UNAD), perteneciente a la Oficina de la Abogada General, es la encargada de “brindar asesoría jurídica y atención a los miembros de la comunidad universitaria que hayan presenciado o fueren afectados por algún hecho ilícito dentro de las instalaciones universitarias”.Integrar imagen

De acuerdo con su página web, también recibe “las denuncias (por comparecencia, por escrito, teléfono, correo electrónico) para canalizarlas ante las autoridades competentes, así como, dar seguimiento a las mismas”.

Sin embargo, al recurrir a esta oficina y solicitar información para la confección de este reportaje, respondieron que “puede comunicarse a la Dirección General de Comunicación Social, dependencia universitaria facultada para informar a las sociedad en general lo relativo al quehacer universitario”.

Según los Lineamientos Generales para la Igualdad de Género en la UNAM, en su artículo 8 “las entidades y dependencias deberán: I. Elaborar sistemas de información estadística y diagnósticos sobre violencia de género y discriminación al interior de las mismas”. Así como “Propiciar una cultura de la denuncia de la violencia de género y discriminación, incluyendo el acoso sexual, laboral y el hostigamiento sexual”.

Más adelante, en el artículo 9 señala que “La Comisión Especial de Equidad de Género del Consejo Universitario en colaboración con las entidades y dependencias, así como con las instancias universitarias encargadas de generar la información estadística de la UNAM, elaborarán sistemas de información estadística desagregada por sexo, con indicadores construidos con perspectiva de género”.

Por su parte, la Defensoría de los Derechos de los Universitarios de la UNAM sólo “está facultada para dar un acompañamiento a los denunciantes”, así lo confirmó el maestro Israel Enrique Limón Ortega.

“La Defensoría sólo vigila que los casos se den conforme a los reglamentos estipulados. Nosotros lo que hacemos es pedir información sobre los casos y damos asesoría legal a las partes”, dice el integrante de este órgano fundado el 19 de mayo de 1985 por el ex rector Jorge Carpizo Mac Gregor.

El Marco Normativo de la Defensoría de los Derechos Universitarios menciona en su artículo 11, del capítulo IV sobre denuncias de discriminación o violencia de género, que la principal responsable de la atención al denunciante es “la Unidad para la Atención Seguimiento de Denuncias dentro de la UNAM, (la cual) dará asesoría, apoyo y orientación y en su caso seguimiento”.

En las diferentes zonas de Ciudad Universitaria, personal de apoyo entrega en forma de folleto las Recomendaciones básicas de seguridad personal, el cual es emitido por la Secretaría de Atención a la Comunidad Universitaria.

En ese documento se tratan diferentes situaciones de riesgo para los universitarios, como asaltos, accidentes dentro del trayecto, hasta seguridad digital, pero no contempla el acoso sexual hacia las mujeres como un problema que ocurre dentro del campus.

Dice Marta López, que así se identifica por seguridad y es integrante de la Red No Están Solas, que la “Universidad lo que intenta hacer es purgar los casos de acoso y violación dentro de la escuela. No conviene a la imagen de la Máxima Casa de Estudios que sea identificada como un foco rojo para la población estudiantil”.

“En la Universidad hay poco alumbrado, y sólo en la parte que es Patrimonio de la Humanidad, en las zonas lejanas está totalmente obscuro. Además de que los guardias de seguridad pertenecen a la tercera edad. La gran mayoría sólo cuidan ciertas áreas”, dice la activista.

Marta también describe que en la zona sur de CU personas ajenas a la Universidad ingresan con su auto, se estacionan en zonas semivacías y comienzan a acosar a las mujeres que se encuentran solas. Les llaman para pedir ayuda con una dirección y en el acercamiento, desde el coche, les muestran el pene.

“Los acosadores van y vienen en esta Universidad con toda la impunidad. Lo peor, es que de primera instancia la responsabilidad recae en los directores y abogados de cada facultad ¿Y si ellos no quieren hacer nada? ¿Qué pasa?”, asegura Marta López, quien su carrera como promotora de los derechos femeninos dentro de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en la carrera de Ciencias de la Comunicación.

Según un informe estadístico del PUEG, en las áreas de las ciencias se incrementa la matrícula de estudiantes mujeres cada generación que inicia. De 2009 a 2012, carreras como Ciencias Biológicas aumentó el número de mujeres de 56.2 a 62 por ciento; en Ciencias Genómicas pasó de 42.7 al 56.5 por ciento.

En el informe Un vistazo a la Facultad de Ingeniería se aprecia una tendencia de incremento mujeres de 20 por ciento, frente a 80 por ciento en el caso de los hombres en las carreras de esta Facultad. En la unidad de posgrado de esta misma área hay cifras similares: 27.7 por ciento de mujeres frente al 72.3 por ciento de hombres.

Se sabe que existe un anteproyecto de protocolo de atención a la mujer universitaria en este tipo de casos, pero no sabe más de ello. Colectivos de alumnas, académicas y activistas llegan a las facultades a promover la libertad de la mujer y la denuncia en casos de acoso o agresión sexual. “Es mejor hacer pintas y gritar, a que nuestros problemas se queden en el Facebook”, dice Marta López, de la Red no están solas.

La alumna de Relaciones Internacionales que fue acosada en los baños de la Facultad de Ciencias Políticas envío una carta a los directivos, ella denuncia lo siguiente:

“Los casos de violencia dentro de la FCPyS así como dentro de la UNAM no son casos aislados, cada vez los vemos más como parte de nuestra cotidianeidad. La frecuencia con la que estos ocurren amerita que se tomen cartas en el asunto, sin embargo, la Facultad aún no cuenta con protocolos de seguridad”.






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