miércoles, 8 de junio de 2016

HISTORIA DE LOS PRIMEROS PASOS

Por Reinhard Oswaldo Maldonado Chávez
Ciudad de México (Aunam). La vemos en nuestra vida cotidiana pero no le dedicamos el tiempo necesario para apreciarla, va acompañada de música y vestuarios de múltiples colores, y sus cuerpos se mueven al ritmo de los instrumentos.

Se trata del arte de la danza. De acuerdo con Alberto Dallal, en su libro Cómo acercarse a la danza: “no existe un único modo de interpretar a la danza”, ya que este arte puede definirse de diferente manera para un crítico, un teórico, un coreógrafo o un bailarín.


José Luis Rodríguez Vázquez, un joven que ha estado adentrándose a este arte de diversas maneras, a orientado su vocación y talento en la danza folklórica mexicana.

Joss, para los amigos, tiene 22 años de edad, es estudiante de la carrera de Actuaría en la Facultad de Ciencias (UNAM) y baila desde hace casi 10 años, de los cuales lleva dos impartiendo clases en su propia compañía de danza.

De lunes a viernes asiste por las mañana a sus clases en la universidad (a veces algunos sábados), por las tardes da asesorías en matemáticas a niños de primaria o secundaria. Intenta adelantar sus tareas, estudiar un poco o ir al gimnasio y ya en las noches (lunes, miércoles y viernes) imparte clases en su compañía de danza Mextli, durante una hora y media.

Los sábados y domingos ensaya cuatro horas en el Ballet Folklórico Mexicano, en un deportivo cercano a la estación del metro La Viga. Tarda en llegar a su hogar dos horas aproximadamente y una vez ahí, le ayuda a su mamá en lo que haga falta de la casa y a hacer tareas pendientes.


Pero todo tiene un comienzo y para él, fue en la escuela primaria, cuando tenía 11 años. Le encantaba ver los bailes que presentaban unos alumnos durante los festivales del Día de las madres. Estos niños tenían un profesor que formaba un grupo de danza folklórica. Sin embargo, “yo no me animaba a participar porque era demasiado penoso y se veía que el maestro era muy enojón”, comenta Joss.

En su último año de la primaria fue cuando decidió animarse a participar, por lo que asistió a las audiciones que hacía aquel profesor para el festival y resultó ser aceptado. Después de ir a los ensayos la danza folklórica se volvió su favorita, hasta participaba en concursos y se convirtió en “uno de los consentidos del maestro al que le había llegado a tener miedo”.

A los 12 años fue seducido por la danza, tras integrarse a un grupo, con el cual estuvo durante tres años. Por otro lado, era indispensable saber si había alguna especie de uniforme para practicar dicho arte, para lo cual Joss respondió así:

“En lo general, para la danza se necesita sentirse lo más cómodo posible para poder realizar los movimientos, comencé usando pants, playera y tenis, pero ahora me parece más cómodo utilizar mallas y playeras entalladas, zapatos de jazz para trabajar posiciones de pies y las botas de danza que siempre han sido indispensables”.


Existen muchas tiendas de ropa de danza reconocidas que venden sus productos a altos precios, pero para este joven maestro prefiere buscar tiendas más económicas que en muchas ocasiones tienen productos de mejor calidad. Pareciera que se invierte en abundancia para esto, aunque Joss esclareció: “No mucho en estos artículos, menos de mil pesos anuales”.

Muchas personas pueden practicar danza folklórica, pero muy pocas pueden emprender su propia compañía de danza y afortunadamente, Joss es parte de esa pequeña cifra al crear la Compañía de Danza Folklórica Mextli.

A partir de que en el 2011 tuvo la oportunidad de presenciar el trabajo del Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández, surgió el deseo por formar parte de una compañía o de algún día dirigir una de éstas.

“En el grupo donde comencé a bailar conocí a dos amigos que ahora son mis aliados en este proyecto (Mayra Luna y Alberto Caballero), el maestro de este grupo me desalentó con respecto a mi sueño, pues no tenía la estatura indicada para poder ingresar, fue entonces que un amiga me invitó a integrarme al Ballet donde actualmente bailo, me agradó la idea y decidí cambiarme”.


Además, Joss aclara que: “Cuando dejé al primer grupo, muchas personas también comenzaron a dejarlo y se fue desintegrando debido a que el maestro carecía de mucho carácter, disciplina y responsabilidad para dar una clase de danza”.

“Mayra y Alberto me buscaron para echar a andar mi proyecto ya que debo aceptar que me faltaba iniciativa”. Se reunían para acordar aspectos de dicho proyecto y tras buscar un nombre, encontraron el símbolo de un conejo en la luna (perteneciente a un códice borgia), por lo cual decidieron tomar la palabra luna y toparon con MeztliI (la diosa de la luna), así que decidieron que se llamaría Mextli.

Pero no todo parecía ser tan sencillo como parece, pues “…en un inicio comenzamos la compañía cinco personas y así nos mantuvimos cerca de cuatro meses, había ocasiones en las que yo pensaba que no iba a funcionar este proyecto y me daban ganas de abandonarlo. Pero con ayuda de anuncios e invitaciones comenzó a llegar la gente y hasta el día de hoy somos 40 personas”.

Para finalizar, Joss opina que cualquier persona tiene derecho a bailar, siempre y cuando le dediquen esfuerzo, práctica y dedicación, pues también la danza tiene su dificultad aunque no lo parezca. Así mismo, extiende una invitación a todos aquellos que deseen formar parte de este arte que “sirve como terapia para sanar el alma”. Y sobre todo, a que nunca, abandonen sus sueños.





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