miércoles, 1 de julio de 2015

ANA IRMA HAZA ALDAY: UNA PERSONA PRIVILEGIADA


Por José Daniel Díaz Valencia
México (Aunam). Cuando tienes el recuerdo de unos padres que te apoyaron, que te quisieron, que a todo lo que decías “oigan quiero pretender esto”, te decían “adelante”. Entonces si te puedo decir que sí soy una privilegiada porque tengo una familia con hermanos que nos llevamos muy bien y con unos papás que fueron, deberás, increíbles como tales.

Desde siempre tuve inquietudes por conocer, sobre todo de historia, y siempre me gustó estudiar y me aboqué obviamente al estudio. Me sentí más inclinada a la parte humanística, humana que finalmente pensar en cuestiones de desfiles de moda.

Como que fui, hasta cierto punto, autodidacta con mucha influencia de izquierda pero sin haber sido una persona de ese pensamiento. Mi tendencia era porque de alguna manera sí siempre me ha molestado el maltrato humano, las diferencias, las discriminaciones pero no por seguir una metodología.

Tengo 57 años y empiezo a valorar y decir “que tengo arrugas”, no pues sí tengo arrugas; “que tengo canas”, pues sí, son los años que he estado aquí pero no es mi preocupación mayor. Ahora lo que empiezo a tener es un disfrute pleno de encontrar respuestas a mi vida. Vivo más en paz el día de hoy con mis 57 años que cuando tenía 25, cuando estaba perdida entre los extremos de la Guerra Fría.

Colonia Lindavista

Me tocó vivir clase media, en la Colonia Lindavista, cuando era una colonia abierta. Las familias tradicionalmente eran de muchos hijos, yo provengo de una familia de ocho, o sea tengo 7 hermanos y mis vecinos eran de 6, de 5, de 4 y vivíamos en una calle cerrada. Entonces andar en bicicleta, jugar todo lo posible de niño, bote pateado, roña, béisbol pateado, todo, todo lo jugábamos. Ya existía la televisión, pero en ésta eran horarios muy pequeños pero nunca cambiabas la tele por estar conviviendo con tus hermanos y con tus amiguitos en la calle. Tuve una infancia con papás abiertos que no hicieron distinción entre niñas y niños. O sea, te puedo decir que comparándolo con otras vecinitas, otras amigas, yo veía que las diferencias de sexo y de género eran bien importantes en mi generación.

Mi mamá era una gran lectora, mi papá no lo fue. Mi papá tuvo la característica de ser un hombre abierto, amigable, simpático, amiguero pero mi mamá era más reservada, era tímida. Se enfocó más a los libros. Mi casa, allá en Lindavista estaba llena de libros, probablemente de los hermanos la que sintió más atracción fui yo. Tengo presente que estaba un libro que se llamaba “En bandera de fresa”. Me acuerdo que yo lo leía y en determinada página que yo estaba bien consciente cual era me encontré la grosería más fuerte que había escuchado en mi vida, ‘chingaputamadrazo’. Leí muchos libros que lógicamente pues a esa edad no sé si los comprendía, pero desde siempre tuve inquietudes por conocer, sobre todo de historia.

Guadalajara

En el año de 1979, a mi papá le hicieron una transferencia de trabajo y yo cursé dos años en la UNAM. Es la universidad que yo recuerdo con más cariño. Cuando entré a la UNAM pues lógicamente se me abrió un mundo pero muy de tendencia de izquierda. La Autónoma de Guadalajara era de ultra derecha y ahí tuve un choque impresionante en mi vida porque si en la UNAM me invitaban a tomar conciencia feminista y vamos a apoyar este grupo de obreros, ya en Guadalajara me invitaban a té y canastas, me invitaban a desfiles de moda. Entro a la Catedral de aquella ciudad, no soy una persona que vaya mucho a la Iglesia, y me encuentro con la oportunidad de ver a un padrecito. Pues ya realmente como gente joven llego con el padre y también le especifiqué “fíjese que también tengo muchas dudas”. Le expliqué que estoy estudiando historia. La respuesta del padre fue “deja esa carrera y no te metas en cosas complicadas”. Afortunadamente no le hice caso al padre ni a regresar a la Iglesia. Ciudad conservadora, por eso te digo que me costó trabajo porque jamás tuve yo ningún freno en mi familia y resulta que cuando llego a Guadalajara me encontraba con que “pues sí, eres mujer”.

Yo desde los 15 años trabaje, primero ya en mi periodo vacacional en Sears en el departamento de crédito, pero ya cuando estudiaba la prepa entré a Bancos; Dejé la vida de los bancos en los años 80 y empecé a dar clases en un pueblito de Jalisco, en Acatlán de Juárez. La cuestión ideológica sí me costó y creo que esa formación que tuve con mis papás, finalmente hizo que las ideas de izquierda me calaran porque cuando miras a tu alrededor y observas tanta carencia, tanta miseria y tanto sufrimiento de gente, si te cala. El haber trabajado en comunidades indígenas, el ver que hay otras realidades, el ver que juzgamos mal cuando no pertenecemos enriquece. Muchas de las cosas que tú tienes estas para agradecer pero tienes la obligación de compartir. Mientras tú utilices tu vida para dar a los demás lo que tienes, yo creo que es una vida bien vivida.

United States of America

Seguí trabajando en Guadalajara y fue cuando se presentó el que pudiera irme a Los Ángeles y me fui. Ahí me recuperé comiendo muchas hamburguesas y hot dogs. Me encanta el inglés pero no lo domino. Mi amiga vivía en un lugar que se llamaba Toluca Lake, un lugar muy bonito en Los Ángeles donde creo que la única persona que salía caminando era yo. Todas las casas con el tipo de jardín californiano, todo mundo sale en coche y los pobres salíamos a pie. Me acuerdo que cuando entré a la escuela pública pues ahí me encontré con lo que precisamente es una de las características norteamericanas, o sea que puedes ver a gente de todos lados. Mis propios compañeros de la escuela me empezaron a decir “yo te acomodo”. Uno de ellos me llevó a un restaurant pero era así como de mariscos, con la típica decoración de la red, de las conchas, una vitrola con una música mexicana de esas que no conozco yo tampoco en un barrio terrible. Otro compañero me invitó para que yo cuidara a una anciana y eso ¡no estaba nunca en mis planes!

Los que cuidaban el edificio donde vivía Débora, la amiga que me había invitado, era un matrimonio de Mexicali y de veras me acogieron de una manera maravillosa. Un día ellos me dijeron “oye te tenemos una sorpresa” y me llevaron a ver a los Dodgers. No soy de béisbol pero estuve ahí en el juego y luego otro día me dicen “te queremos echar la mano y todo, mira te vamos a enseñar en que trabajamos”. Me llevaron como a un taller mecánico y empezaron a hacer la limpieza de los baños. Lo estaban haciendo con la mejor voluntad del mundo. Pues agarré y me puse a limpiar lavabos. Pero en mis adentros dije “estudie historia, tengo expectativas en la vida, yo sé que ningún trabajo es deshonesto pero no es lo mío”. Fue un gran choque para mí y fue otra de mis grandes crisis existenciales. Me fui a Mexicali.

Radio XETLA: “La voz de la mixteca”

Recibo una llamada de una amiga de Guadalajara que había estudiado Comunicación y me dice que estaba trabajando en una radio indigenista en Oaxaca. En Oaxaca estuve año y medio trabajando como investigadora de la radio XETLA, “la voz de la mixteca”. Una de las experiencias más extraordinarias que he tenido en mi vida, trabajar con comunidades indígenas. Algunos programas que llegué a ver cuándo yo veía Televisa o cosas de este tipo era cómo se burlaban del indio. Siempre te lo ponen como un ser tonto, un ser que no sabe cómo comportarse. Tristemente siempre ha sido peyorativo todo lo que se refiere a los indígenas.

Cuando yo llegué a la comunidades llegué con mi visión urbana, clasemediera, viendo y pensando “pobres de las chavas”. Investigué un poquito más, traté de ser más respetuosa con lo que podía observar y tratando de no juzgar desde esa perspectiva urbana. Descubrí que la gente en sus comunidades, sobre todo las mujeres, se ven lindas y que cuando las pasas a las ciudades, ya las tienes en el prejuicio de que son las sirvientas.

La razón por la que yo me regresé de Tlaxiaco no fue porque me cansé del trabajo o me aburrió, es más, me encantaba mi trabajo pero entre esas cosas que van sucediendo yo era una mujer que manejaba la camioneta de la radio, que para ir a ciertas comunidades me apoyaba de los elementos del Instituto Nacional Indigenista (INI). Imagínate lo que es una mujer haciendo trabajo con hombres. En el pueblo, sin darme cuenta, yo fui la comidilla y me hicieron novia de éste, amante de aquel y demás. En la calle de Tlaxiaco veo que se me abalanza una mujer y me moquetea. Era la esposa de uno del INI que le había llegado la idea de que yo andaba con su marido. Su marido se llamaba Primitivo. Me sentí verdaderamente humillada, ofendida y deprimida. Total, se aclaró el asunto pero no me pude quedar en Tlaxiaco.

Sentimientos generales

Yo decía “las mujeres también tenemos derecho a salir, a pensar, a que nos vean como iguales y no que me traten como florecita”. Odio que me regalen flores y eso lo entendió mi marido muy bien. Su tenacidad fue la que hizo que yo anduviera con Joaquín y qué bueno, porque ha sido un apoyo importantísimo en mi vida. Realmente cuando encuentras a una pareja que te apoya y tú lo apoyas es extraordinario y nos vemos a los ojos de tú a tú que eso ha sido lo más maravilloso. Por eso es Joaquín.

Yo nunca llegué a sentir alguna atracción por algún perro, no me gustaban, no sabía comunicarme con ellos. Mi vida cambió con los perros porque ellos me sacan a pasear. Es impresionante como los perritos hacen que te contactes con tanta gente. En el Parque Hundido te encuentras a gente que tienen los mismos gustos de tener a sus perros y se te abre un mundo maravilloso. Hoy día te puedo decir que es una de mis partes favoritas de vida, el momento en el que voy a convivir con mis perros.

A lo largo de tantos libros que he leído, yo creo que gente que llegó a detenerse un poquito a reflexionar fue con Gilles Lipovetsky y Ken Wilber. En las búsquedas que tendrás a lo largo de tu vida siempre tendrás algún mensaje que dices “esto que estás diciendo me resulta totalmente interesante”. Ahorita con Ken Wilber encontré respuestas a muchas cosas. Todos los seres humanos nos hacemos preguntas, a veces tratamos de contestarlas y habrá gente que nunca se las contestó. Pero los que hemos estado en el camino de la búsqueda, de encontrar cosas y no por contestarla, sin darte cuenta un día algo te responde algo que sabías que había sido una duda tuya y estos dos autores en particular me llegaron a dar respuesta de cosas que yo necesitaba escuchar de alguien y las escuché con ellos.

Pienso que muchas de las ideas que tenemos, que te enseñan en la escuela, que te dieron en tu propia familia, que te transmiten en tu cultura, la gran mayoría son grandes mentiras o son realidades que en un momento muy de antaño dieron respuesta a preguntas de ese momento y que las seguimos arrastrando. Entre más nos sujetemos al pasado, seremos menos gente que se abra al futuro.

Muchas de las tradiciones lo único que te hacen es encasillarte en roles ya sea como hombre, ya sea como mujer. Entonces vive el pasado porque el pasado verdaderamente era el bueno y te estoy hablando de aspectos religiosos, políticos, sociales, los que tú quieras. Entre más apegado te vayas al pasado, estas menos abierto a tu presente y lógicamente sin proyección hacia el futuro.

Última lección

Hoy te puedo decir que todo es factible en el mundo. Todo tiene cabida en el mundo humano sin embargo son los extremos lo que se desvirtúa. Hoy todos los que tenemos que vivir en el 2014 debemos estar conscientes de que debemos que tener más cuidado por todo lo que sea un ser vivo sea planta, sea animal y por supuesto, al mismo ser humano. Creo que la enseñanza de la ética budista también me ha marcado hoy. Me da una esperanza de ver el mundo de una manera muy diferente a lo que vez en un noticiero todos los días. Vivir para hacer el mejor bien que puedas con todos, sin discriminar.

Escribir un libro me encantaría y un día me preguntó un sobrino “¿y por qué no escribes un libro?” y le contesté, “voy a escribir un libro cuando tenga algo que contar”. Si no tengo algo que contar, puede no suceder, que valga la pena o mejor, no escribes. Todo lo que yo siento que sea útil y que puede ayudarle a mis alumnos, a mis sobrinos o a mi familia lo transmito. Mi interés siempre ha sido que estén bien, que mis alumnos estén bien y ojalá y todo mundo pudiera ser feliz. Pero siempre he intuido cuando alguien tiene dolor. El día en que me muera quiero morir con la tranquilidad de decir “hice cosas que me dan tranquilidad. No le hice daño a nadie, traté de beneficiar a todos en lo que pude, en mi entorno”.

Creo que soy una persona realmente amigable y siempre le sonrío a la gente y la gente me responde con sonrisa. Hoy si puedo reconocer que aún con las cosas graves que te puedan suceder en la vida, siempre viene algo muy positivo. Envidio y me gustaría tener esa sensibilidad que tiene el artista para escribir, para pintar, para cantar, para lo que sea pero que la tiene y que dices “¡qué bárbaro, que la explote!”. ¡Bien por los artistas y mi admiración por ellos!

Ana Irma Haza Alday nació en la Ciudad de México el 21 de septiembre de 1957. A temprana edad, mostró interés por la historia y eso la llevó a estudiarla como licenciatura en la Universidad Autónoma de Guadalajara. Durante sus estudios en el norte del país, dio clases a comunidades indígenas y posteriormente fue locutora en la radio XETLA por parte del INI. Años después obtuvo su maestría en Humanidades en la Universidad Anáhuac. Con diversos diplomados y cursos en creación literaria por parte de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) y de apreciación cinematográfica en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), actual profesora de bachillerato y de posgrado, Ana Irma es en verdad una persona privilegiada.






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