jueves, 16 de abril de 2015

EL LADO ARTÍSTICO DE SER HUMANO

Por Vanessa Lillián Garnica Barroso

México (Aunam). La habitación mide unos 8 metros de largo por 5 de ancho. Es amplia, fresca y tiene muchas bancas mirando hacia un pizarrón blanco, también tiene una pared de grandes cristales que separan la habitación de a lado. En las paredes hay cuadros o letreros que tienen frases como “Todos somos iguales” o “tú puedes vivir normal aún teniendo VIH…”.

La mujer que está enfrente de mí tiene unos treinta tantos años, es alta, su cabello es negro y está sostenido por una coleta y cubierto con un paliacate, su vestimenta parece gritarle al mundo lo despreocupada que está, tiene un aspecto hippie. Su perfil parece encajar con los típicos estereotipos de las películas norteamericanas acerca de una maestra de arte y efectivamente, lo es.

Estoy en Ser Humano, la fundación y casa hogar de niños con VIH, la cual para recolectar fondos, se dedica a crear obras de arte para después exhibirlas en exposiciones y venderlas. El salón en donde estoy es en dónde guardan los cuadros que ya están terminados. Beatriz, la maestra de arte, me enseña todos los que ya están completos; son coloridos y de diferentes tamaños, hay algunos muy grandes, dignos de estar en cualquier sala de una casa enorme y otros son pequeños, me imagino que podrían encajar bien en alguna oficina.

Beatriz comienza a enseñarme cada una de las pinturas que tiene recopiladas en varios rincones de la habitación, no parecen tener un orden específico, la diferencia entre ellos además de los tamaños y las pinturas en sí, son que algunos ya están envueltos en plástico, listos para trasladarse a cualquier lugar.

Empiezo a examinar los dibujos de los niños, algunos tienen frutas muy bien trazadas y simétricas, otros sólo son figuras abstractas, en general son bastante vivaces. La pintura varía, tiene diferentes estilos, lo que hace que algunos de los cuadros tengan una textura con más relieve.

Al cabo de unos minutos de observar el arte que los niños realizan, Laura comienza hablarme de su labor: “Ellos hacen las pinturas, yo sólo intervengo para guiarles en las técnicas o intento darles algunas sugerencias”. Le preguntó si ella también les da las ideas acerca de qué deben pintar y su respuesta es casi automática: “No, ellos pintan lo que sienten”.

Las obras tienen distintos costos, van desde los tres mil hasta los quince mil pesos. Las pinturas están abiertas al público, aunque no son precisamente una exposición, tampoco hay ningún tipo de publicidad o indicativo que señale que ahí hay obras en venta para la gente que pasa por afuera del edificio. No obstante, la mujer me comenta que las pinturas son presentadas constantemente en foros como universidades, escuelas y en casi cualquier lugar que los invite a participar en alguna exposición, siempre con la finalidad de ayudar a crear conciencia, difundir las obras y simultáneamente hacerse de los recursos necesarios para el funcionamiento de la organización.

Puedo notar a simple vista que la profesora es bastante dedicada a su trabajo, se ve comprometida con la institución y sobre todo con los niños con los que convive casi diario. Ella es parte fundamental de la Casa Hogar desde hace unos tres años, pues además de colaborar como maestra de arte, ella misma se describe como confidente y amiga de los inquilinos.

Para colaborar con los donativos, las obras pueden ser visitadas en Ser Humano que se encuentra en Fray Servando Teresa de Mier #104 en la colonia Centro de Cuauhtémoc en la Ciudad de México.





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