martes, 29 de julio de 2014

EL TATUAJE: LA DESAPARICIÓN DE UN TABÚ A PUNTA DE AGUJAS

Por Angélica Vanely Fernández Valero
México (Aunam). ¿Alguien recuerda cuál fue el último gran álbum de los Rolling Stone?, según su éxito comercial, su aceptación por parte del público y por ser el último número uno que los Stone colocarían en ventas para Billboard, la última gran creación de la banda inglesa fue “Tattoo You”, lanzado en agosto de 1981. Tattoo You recibió elogios y críticas favorables en diversos ámbitos, uno de ellos fue el que se dedicó especialmente a su portada: una ilustración realizada por Hubert Kretzschmar y Christian Piper.

En la caratula del disco aparece un enfoque que guarda el rostro de un jovial Mike Jagger bien peinado, con semblante serio, labios un tanto apretados y con la mirada cabizbaja, es un Jagger diferente, pues aparece con la cara cubierta por un tatuaje tribal, es decir, la estampa de líneas y puntos entrelazados que conforman ciertas figuras, son los tatuajes más comunes.

1981 fue el año en que Mike Jagger y Keith Richards invitaban a sus leales seguidores a tatuarse simbólicamente con la tinta de sus rítmicas melodías; 1981 un año memorable no sólo para los Stone, un año que tampoco habría de olvidar Zarah Cabrera, pues fue en éste cuando cumplía 21 años y que en una forma de auto-regalo se realizara su primer tatuaje; justo en la parte interna de la muñeca, donde la piel se hace más tersa y delgada, ahí, sin avisar ni a sus padres ni a su bolcillo, fue que apareció una característica boca roja carnosa, aquella que deja asomar una lengua larga y colorida.

Zarah acudía a la Universidad, obtenía buenas notas con regularidad, salía con sus amigos a bailes y de vez en cuando bebía sin precaución. Era una chica común, la única chica tatuada de su círculo social: “mis amigos no me trataban tan diferente, tendíamos a divertirnos con las mismas cosas, sin embargo, yo notaba que con frecuencia se sentían incomodos de que mostrara mi tatuaje frente a sus padres o gente mayor. Sé que no era por ellos, ellos habrían deseado tener el valor que yo tuve en hacerme el tatuaje, a sus padres eran a quienes no les gustaba la idea, y mucho menos lo consideraban propio de una jovencita”.

Los familiares de los amigos de Zarah no eran los únicos contrariados con su decisión de llevar un dibujo en la piel por el resto de sus días; en su hogar el único que seguramente se sentía alagado con la idea de llevar un símbolo Rolling Stone para siempre, era al enorme poster de Mike Jagger sin camisa que descansaba sobre la cabecera de la entonces joven universitaria. “Mi madre puso el grito en el cielo cuando lo vio, lo que más le preocupaba es que ningún muchacho se iba a fijar en mí, ¡Me iba a quedar soltera!, mi padre dijo que eso era para los vándalos, presidiarios y drogadictos, no era algo para la gente bien”.

La familia de Zarah, como gran cantidad de gente en la época de los 80, atribuía la práctica del tatuaje a ciertos movimientos sociales como los desarrollados en la década de los 60, cuando el movimiento hippie y la rebeldía juvenil contra el sistema hegemónico, en conjunto con la contracultura adoptaran el tatuaje y trabajan en él hasta elevarlo a las clases medias. “Adquiere un sentido de autodeterminación del cuerpo, transgresión, libertad y un discurso político”, afirma el antropólogo Edgar Morín, académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y coordinador del libro “Tinta y carne”.

Los hippies adoptaron el tatuaje y lo elevaron a la categoría de arte, abandonando los motivos marineros y realizaron grandes diseños muy coloristas, acordes con la época. Esto hizo salir el tatuaje de los puertos, lugar de donde proviene la asociación entre tatuajes y delincuencia, pues a menudo los marineros se embarcaban durante largos períodos para evitar a la justicia, tal evento fue fomentando esta asociación.

Jorge Vargas y Samuel Torres quienes se desempeñan como investigadores sociales en la temática de los tatuajes y el campo laboral han señalado los diversos lazos que se han establecido con el tatuaje, uno de ellos lo fue con el “castigo”, ya que a los sujetos acusados de sacrilegio se les tatuaba para identificarlos. Fue así que los médicos griegos y romanos empezaron a practicar la remoción de tatuajes. Con el paso del tiempo se abandonó el tatuaje que marcaba a los esclavos y criminales al extenderse el cristianismo en el Imperio Romano.

En la actualidad Zarah es una persona adulta y aunque aquel tatuaje que se hiciera en sus veintiún primaveras ya no es igual de nítido que en el pasado, las razones por las que llevó a cabo tal práctica sí lo son. “Lo hice porque me encantaba la música de los Rolling Stone, aún me encanta, llenaban una parte importante de mi persona, pero pensándolo bien también lo hice porque quería sentirme dueña de mí, que nadie viniera y me dijera que hacer con mi cuerpo, quizás en su momento no me di cuenta de ello y me dejé llevar por la superficialidad de la insignia de la banda, pero ahora que soy una persona madura me doy cuenta de que no fue del todo así. El tatuaje tuvo que ver con demostrarle a la gente que era dueña de mis acciones por locas que parecieran: eran y siguen siendo mías”.

El “Tattoo you” de las jóvenes actuales

“Quiero el tatuaje de Miley Cirus, quiero el tatuaje de Rihanna, a veces no sabemos de qué tatuaje están hablando y las chicas mencionan con asombro «¿no sabes cuál es el tatuaje de Rihanna?» las jovencitas ya no vienen por cosas originales, el nuevo que traiga tal artista es el que ellas quieren”, menciona en cierto tono de desaire Angélica Spron, tatuadora profesional, dueña de Dayaks, un estudio bastante reconocido en la Colonia Condesa y a quien quizás jamás reconozcan con tal nombre, pues desde que se inició en la práctica del tatuaje hace ya más de 10 años cambió la forma de referirse a ella a “Kim”.

Para los tatuadores profesionales es evidente que existen tres tipos de personas que practican el tatuaje: aquellos que son coleccionistas de piezas (tatuajes), quienes lo hacen con ciertos motivos emocionales-sentimentales e inclusive religiosos y aquellos otros que lo llevan a cabo por cuestiones meramente de popularidad y moda.

La historia de Zarah estaría en el preámbulo de quienes se tatúan por moda si se le tuviera que colocar en alguna de las categorías anteriores, sin embargo, su motivos rollingstonelescos para haberse tatuado se elevaron con el paso del tiempo a la categoría de motivos emocionales, creando asimismo, una nueva categoría, la de la “liberación humana”; categoría que “El Barto”, tatuador profesional desde 1995, sitúa como la de mayor tendencia entre las chicas de hoy en día. “Es normal que las jóvenes, hablando en general porque no importa su nivel económico o hasta donde hayan estudiado, busquen satisfacer nuevas necesidades con los tatuajes. Sí, a lo mejor lo hacen por moda pero hay que ver qué es lo que ese tatuaje que tiene su artista favorito causa en ellas. Esa forma agradable de sentirse con el tatuaje se llama liberación”.

El tattoo you de las jóvenes ya no es evidentemente Mik Jagger, se ha transformado y ahora proviene de nuevas formas de inspiración: desde fragmentos de poemas como el que se realizó en la parte media de la espalda Mayela Yerena, estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que representó una enseñanza a seguir en una parte dificultosa de su vida, “esa frase significa mucho para mí y pasaba por una situación muy difícil que me impulsó a querer llevarla siempre para recordar que las cosas pueden mejorar”.

Para May la práctica del tatuaje posee una pequeña relación con la liberación femenina, quien en su momento estuvo representada por el tatuaje de Zarah ante los ojos de sus padres y conocidos, no obstante, May considera que se vincula de una manera diferente: “Tal vez se relaciona con la liberación femenina pero más en el aspecto de que es mi cuerpo y yo decido que hacerle […] considero que cada ser humano es libre de mostrarse al mundo como quiera. Como pintarse el cabello de otro color o decidir maquillarse o no. Es una elección personal completamente. “

El que un joven comience a tomar sus propias decisiones inclusive en lo que respecta a su cuerpo y la apariencia de éste representa un salto mortal hacia la madurez, sostiene el pedagogo Jordi Planella, quien también menciona: “el tatuaje significa la permanencia, aquello que no caduca y que persiste y les acompaña a lo largo de la vida en su propia piel. Tatuarse o anillarse el cuerpo es sinónimo de recuperación de los rituales de paso de la infancia a la adultez (a través de la juventud), que en las sociedades tribales todavía juega un papel central en los procesos de socialización de los sujetos".

El tatuaje en la actualidad posee todo tipo de bondades como ayudar a mejorar la situación emocional y de incomodidad a causa del aspecto físico de las personas, cosa que desde la noción sociológica de David Le Breton, quien es autor del texto “Signos de identidad: tatuaje, piercing y otras marcas corporales”, considera que en la persona que se va a tatuar operan motivaciones estéticas, propias de una sociedad donde la imagen y la apariencia dominan. La situación que describe Le Breton es un ejemplo clave en el caso de Ximena Martínez, una joven estudiante de 19 años de edad, que en el presente es alumna de la Escuela Superior de Educación Física (ESEF).

La relación de Ximena con su actual tatuaje gira en torno a un par de términos: comodidad y liberación; sin embargo, esta relación de palabras se vincula mucho más al aspecto emocional que al político o cultural como habría de ocurrir en los años 40 y 50, pues tal como Dana Meachen Rau lo menciona en su obra “La ropa en la historia de América” durante la Primera y Segunda Guerra Mundial la búsqueda de la igualdad económica comenzó a tener estrecha relación con la distribución de las actividades laborales entre hombres y mujeres, es decir, los trabajos específicos establecidos para cada género. Muchos fueron los años en que se le destinó actividades meramente domesticas a las mujeres y los trabajos de la industria y el ámbito intelectual a los hombres; sin embargo, a consecuencia de las épocas bélicas en donde muchos varones tuvieron que dejar sus hogares y partir a la guerra, por lo que las mujeres se hicieron cargo de puestos de trabajo de los hombres.

Por esta razón considera que en el momento en que las mujeres ocuparon nuevos tipos de empleos relacionados sobre todo con la industria pesada y la construcción, trajo consigo más que un cambio en la política laboral, conllevó a una transformación en la cultura de la vestimenta, pues a consecuencia de que algunos trabajos eran complicados de realizar en falda, se optó por que las féminas comenzaran a usar pantalones. Con el paso del tiempo se implementó el uso de los pantalones como algo común en las mujeres, aunque de primera instancia fue visto como un acto de rebeldía y liberación.

Se podría hablar de “los pantalones” como una expresión de comodidad y liberación por parte de las féminas en la década de los 50, no obstante, y a pesar de que el caso de Ximena recaba ambos términos se manifiesta de una manera diferente. Ximena tenía apenas uno o dos años de edad cuando se enfrentó a un incidente que le molestaría el resto de su vida, “tuve un accidente con agua hirviendo. Ésta cayó en mi tobillo y me dejó una cicatriz muy grande. A mí me desagradaba demasiado, me hacía sentir fea, diferente a las demás personas que mostraban sus pies sin problema. Me bajaba la autoestima, no podía usar sandalias o cualquier calzado que dejara ver esa parte de mi cuerpo, así como tampoco pescadores, shorts, faldas ni vestidos”.

Ximena no se sentía cómoda con esa parte de su cuerpo, y por ende tampoco se sentía libre de hacer cosas tan simples como elegir la ropa de moda de todas las jóvenes de su edad. A diferencia de Zarah, los padres de Ximena hicieron una recomendación a la adolescente cuando tenía 15 años, después de que ésta les expresara su inmenso pesar causado por la cicatriz con la que había crecido. “Fueron ellos los que me propusieron la idea de un tatuaje, lo cual me puso muy feliz. El chiste de esto era esperar a que yo cumpliera dieciocho para hacérmelo, porque es la edad mínima necesaria para poder tatuarte y que los tatuadores no tengan problemas legales”.

Cuando Ximena cumplió 18 años se dirigió a realizarse su primer tatuaje, una mariposa monarca con una flor en el tobillo derecho, “Mis papás fueron los que me dieron la idea. Tuve su apoyo. Mi papá me acompañó a hacerme todos mis tatuajes. Estaba contento.” Sin duda los conceptos de comodidad y liberación cambiaron de forma drástica para Ximena, a partir de la realización de su tatuaje y aunque no fue visto como un acto de rebeldía por las personas allegadas a ella, su estado emocional y de confianza sí lo percibieron: “Me dio seguridad, confianza, levantó mi autoestima. Ahora puedo usar shorts, sandalias, presumir mi tatuaje sin pena”.

En la práctica del tatuaje contemporáneo existen personas que como Zarah se han realizado algún tatuaje por el simple hecho de hacerlo, ese es el caso de Monserrat Rodríguez estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM. Monse como prefiere que la llamen, plasmó en su piel la figura de un búho cuando tenía 20 años de edad, en discrepancia con Mayela y Ximena, Monse se tatuó sin tener ningún lazo emocional de por medio, tampoco tenía una inspiración latente como el Jagger de Zarah, sus padres no le aconsejaron que lo hiciera y tampoco deseaba mejorar su aspecto físico. Monse lo llevó a cabo por la simple necesidad de satisfacer un gusto “la única razón fue que quería tatuarme algo, pero como tal no tiene un significado importante en mi vida”; y a pesar de ello Zarah sugeriría esperar unos cuántos años para asegurarse que el tatuaje no tuvo un significado importante en la vida de Monse.

A punta de agujas

Cristina es una joven que lleva de manera asidua la práctica del tatuaje, los dedos delicados de sus manos, el cuello blando y ligero, un par de omoplatos coquetos que les gusta asomarse sin pudor, el tobillo izquierdo y ambas muñecas, son sólo algunas de las partes de su cuerpo que están en clara igualdad de condiciones. Todas bellas, todas plasmadas con pedacitos de arte a punta de agujas.

Cristina acude hoy a realizarse su décimo tercer tatuaje, el 13 siempre es un número de buena suerte, pues alguien que no recuerda muy bien le ha contado un mito sobre los infortunios de tener un número par de tatuajes en el cuerpo, no le cree, tal vez sí. Nunca está demás alejarse de la mala suerte. Llega a la cita acordada a su estudio de confianza, entra con paso confiado y saluda con cariño al verdugo de su piel; se abrazan con afecto, entre lazan lentamente sus cuerpos. No sólo se saludan ellos, también lo hacen los dibujos de su piel.

Cristina se adentra en el recinto, se recuesta sobre un diván especial, alto, decorado con colores jamaiquinos; se relaja, se desprende de la blusa que aprisiona su piel sedienta de tinta. El verdugo se acerca, intenta hacer el lugar más agradable, más romántico: suena “Dream on” de Aerosmith. Cristina no habla mucho, le indica a su tatuador, a su amigo, las dimensiones del décimo tercer tatuaje y la parte exacta en donde éste debe permanecer.

Mientras “Charly” hace su trabajo, la música se ve opacada por un sonido mucho más conmovedor, el de la máquina tatuadora, un ligero zumbidito que anuncia la llegada de un nuevo miembro a la familia de tatuajes en el cuerpo de Cristina. El reloj continua marcando el tiempo, Charly marcando la piel de Cristina, ésta marcando una nueva fecha que recordar en el calendario.

Al cabo de aproximadamente dos horas, Cristina tiene bajo el busto y sobre las costillas una sirena de ojos azules y largo cabello rizado.

“Todos tienen un significado especial, todos son parte importante de mi vida, me hacen sentir libre y hermosa […] mis hermanos varones tienen tatuajes, mis hermanas también, es una práctica común en la familia, no obstante, no es algo que hagamos superficialmente de hecho creo que es algo que nadie hace superficialmente, en el momento en que tomas la decisión de llevar una imagen en la piel para siempre, sea la que sea, ya tiene un significado. Lo que pasa es que a veces no se quieren reconocer los significados reales de ello porque creemos que son absurdos”. Mencionaba Cristina mientras se vestía nuevamente y tomaba su bolso para marcharse. “Siempre es un gusto que vengas por aquí Tatau” le decía Charly para despedir el nuevo cuerpo de Cristina.

Tatau

“Tatau” no era sólo una forma cariñosa en la que Charly se refería a Cristina, según Emir Olivares y Ariane Díaz, redactores de La Jornada, la palabra tatuaje proviene del vocablo polinesio tatau, que fonéticamente emula el toque de un tambor y deriva de la partícula ta, que significa marcar. Por eso se interpreta como marcar dos veces.

El tatuaje se trata de una práctica ancestral. En 1991 se halló una momia neolítica congelada dentro de un glaciar en los Alpes con más de 57 imágenes en su espalda, aparentemente con fines medicinales. Se le conoce como Hombre de Hielo u Otzi; es el cuerpo humano con piel más antiguo que se haya encontrado, de unos 5 mil 500 años. Existe otro vestigio: un cuerpo femenino congelado descubierto en Siberia con dibujos en su piel, de más de 2 mil 500 años. Señalan Olivares y Díaz en uno de sus artículos que lleva el nombre de “Tatau”.

El tatuaje ha significado muchas cosas a lo largo de su historia que, documentalmente se remite a los orígenes del cristianismo, pero que prehistóricamente aparece en fósiles de 5.000 años a.C, y a 8.000 a.C. en cuanto a estatuillas que reproducen figuras con dibujos corporales, según da cuenta la socióloga Alejandra Lagunas en el ensayo “Tatuajes: el lenguaje de la piel”.

La práctica del tatuaje se extiende a las culturas de Mesoamérica, a diversas religiones del mundo, a una inmensidad de estereotipos, se esparce por la cultura pop, se manifiesta en apoyo a la salud emocional, y crea sentimientos de liberación. El tatuaje es: expresión, transformación, misterio y gusto; es Zarah, Mayela, Ximena, Monserrat y Cristina.

“El tatuaje ha roto muchos tabúes, no sólo para las mujeres sino para todos los jóvenes, es una forma de liberación actual, pero diferente a como lo era en los 80, no es liberación femenina, es liberación del cuerpo humano: es ser tú y llevar tus propias decisiones plasmadas en la piel. Tengo el tatuaje más increíble del mundo y no me arrepiento de él.” Menciona Zarah de 54 años de edad, mientras se pregunta con aires nostálgicos ¿qué habrá sido del poster de Mike Jagger sobre de mi cabecera?









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