lunes, 24 de marzo de 2014

ATRAPADOS EN LAS TELARAÑAS DE UN DEPA DE LA CONDESA

Por Luci Pérez

México (Aunam). Un departamento en la colonia Condesa cuenta una serie de historias a lo largo de más de 50 años, desde un disidente político en los años treinta, hasta la formación de una banda de rock en los noventa. Al mismo tiempo que transcurren las vidas de varias familias o personas solitarias dentro de las habitaciones, se vislumbra toma a toma el deterioro del inmueble y dentro de esa pequeña atmosfera los cambios sociales en los roles de género de una época a otra.

La película Ciudad de ciegos (1990) del director Alberto Cortés hace una remembranza en tan sólo hora y media de la sociedad mexicana, sus cambios y transiciones, junto con distintos movimientos políticos como el estudiantil de 1968. Una serie de historias sobre romances, vidas conyugales y relaciones fragmentadas son las vías de desarrollo del filme.

La fotografía de Carlos Marcovich deja plasmado cada detalle que indica el cambio de una época a otra, por ejemplo, en los treinta se enfocan sobre todo a los bustiers que utilizaban las mujeres, hacia los sesenta aquellos vestidos entallados y las minifaldas que comenzaban a ser una tendencia y signo de liberación entre las mujeres, junto con los colores pastel.

En contraste con los close up a una chamarra de piel y estoperoles (algo de glam) o medias rotas que indica la llegada inminente de los ochenta y el rock nacional que comienza a generarse en México. El trabajo en cuestiones fotografías resulta bastante completo e incluso junto con la música resultan una sinestesia y vuelco a tiempos lejanos.

La musicalización y ambientación sonora son de vital importancia dentro de la historia. Marcan el inicio y cambio de modas entre los jóvenes. De pronto en una escena puede sonar Rigo Tovar en los setenta; después un poco de rock en donde, por cierto, participan Saúl Hernández y Rita Guerrero. Ambos hasta la fecha son símbolos en la producción musical alternativa en el país que comenzó en los ochenta y los noventa.

Justo en las últimas escenas se aprecia de una mejor manera la actuación de Rita Guerrero y la participación musical del líder de Caifanes. La creación de atmosferas etéreas es su fuerte y por lo tanto transmite hacia el espectador los sentimientos y emociones que en esos momentos se vivía: un aire de libertad creativa combinado con angustia en medio de las ruinas en un depa de la Condesa.






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