viernes, 31 de enero de 2014

VIÑETAS Y CUADROS: EL CÓMIC EN LOS MUSEOS

Milo Manara en FESTOcomic
Por Jesús Miguel Rodríguez
Fotos por cortesía de @FESTOcomic
México (Aunam). Uno de los centros artísticos más importancia en el mundo es el Museo del Louvre, el cual recibe casi 9 millones de visitantes cada año. Ubicado en la llamada Ciudad de la luz, sus muros resguardan obras que trazan diferentes formas de expresión de culturas como la grecorromana, egipcia o islámica, hasta pinturas de reconocidos artistas como Da Vinci y Delacroix. Sin embargo, quién hubiera pensado que este recinto tan icónico hubiera dado cabida a imágenes provenientes de las historietas o cómics.

A través de la exposición El pequeño diseño: El Louvre invita a los cómics, el museo mostró a principios del 2009 los distintos trabajos de autores de cómic, tanto de Europa como Japón. De acuerdo con el curador Fabrice Douar, el objetivo que tuvo el Louvre, no era tratar de modernizar el recinto u otorgarle el reconocimiento de arte, sino dar a conocer que también pueden dar una experiencia estética de calidad.

Sin lugar a dudas, en los últimos años el cómic ha entrado en una etapa importante. Las librerías han dado mayor cabida a las novelas gráficas, y los museos, de una manera más evidente, espacios para su exhibición.

“Lo que está pasando ahorita es que se está tratando de dar una legitimación. De dónde viene es un poco triste, porque no es directamente de la parte estética y narrativa del cómic que han sido ignorados durante años. Está más ligado a la industria cultural”, comentó Andrés Alba, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. “De hecho en los últimos diez años la gente se ha acercado por productos derivados como han sido películas, caricaturas o series de televisión. Hay un redescubrimiento del cómic.”

Aunque la exposición del Museo del Louvre tuvo una gran resonancia en el mundo, al ser llamada por varios medios de información como la primera vez que se organizaba una muestra de este tipo, esto no fue del todo correcto. La relación que ha tenido el cómic con el Louvre y la influencia que ha tenido con el tipo arte que se muestra en los museos se remonta unas décadas atrás.

Whaam!, la historieta llega al lienzo

Luis Gantus en FESTOcomic

Para muchos ámbitos como la música o el cine en Estados Unidos, la década de los sesenta fue un punto clave y revolucionario. No obstante, para el cómic no fue así. El esplendor que gozó durante la primera mitad del siglo XX, entró en una crisis. Las editoriales continuaban publicando historias de corte infantil y juvenil, a pesar de que no les retribuían como antes. Esta crisis sólo llevó al cómic a desarrollar historias más serias para un público adulto y explorar nuevas formas de dibujo, así como reflexionar acerca del medio.

Ante todo este contexto de los sesenta, el arte tampoco se quedó atrás. A lo largo del siglo XX habían ocurrido las vanguardias, una serie de movimientos artísticos, que traían al arte nuevas formas de representación y que cuestionaban al mismo arte. Una de ellas fue el Pop Art o Arte Pop, el cual retomaba elementos de la cultura popular, como objetos de la vida cotidiana, anuncios publicitarios y cómics.

La primera obra de este movimiento fue un collage realizado por el artista inglés Richard Hamilton en 1956 titulado ¿Pero qué es lo que hace a los hogares de hoy día tan diferentes, tan atractivos? Sólo bastaron unos cuantos años para que esta vanguardia llegara a Estados Unidos, donde cobra aún más fuerza. Artistas como Andy Warhol, Tom Wesselman y Roy Lichtenstein comienzan a crear sus propias piezas dentro de este movimiento.

Lichtenstein comienza a realizar su trabajo en el Pop Art retomando la estética de las imágenes de los cómics, para posteriormente recrearlos a su manera y estilo. Un ejemplo de esto es su obra Whaam!, inspirada en una viñeta del cómic bélico All-American Men of War de la ya consolidada editorial DC Comics. Su cuadro retoma la imagen de un avión de guerra que dispara a un cohete, acompañado de un cuadro narrativo y una onomatopeya.

La presencia de palabras e imágenes en las viñetas de los cómics implican una determinaba lectura, ya que la persona sólo obtiene el significado a partir de estos dos elementos en conjunto y no de manera independiente. Si los cuadros de Lichtenstein se inspiraban en el cómic, esto implicaba que también fueron leídos como si fueran una viñeta.

“Lo que logró Lichtenstein y el Pop Art fue la inclusión en los museos, que al final de cuentas es una institución que legitimiza al arte desde las estructuras occidentales de pensamiento. Si está en un museo, tiene esa categoría de arte. Le da cierto status”, explicó Andrés Alba.

Fue a partir de este tipo de manifestaciones artísticas como poco a poco comenzó a surgir la pregunta, que aún hoy en día, sigue creando debate en torno al cómic: ¿es o no arte?

En busca de la validación

Sixto Valencia FESTOcomic

En 1962 surgió en Francia un grupo cuyo propósito era explorar esta pregunta, reflexionar sobre el cómic y buscar una legitimación. El grupo se llamó Club des Bandes Dessineés, el cual cambiaría su nombre dos años después por el Centro de Estudio de Literatura de la Expresión Gráfica, o mejor conocido con sus siglas en francés como CELEG. Entre los personajes que lo conformaron fue el autor de historietas Jean-Claude Forest, el escritor y crítico Francis Lacassin, y el reconocido director de cine y gran coleccionista de cómics Alain Resnais.

Cuatro años más tarde, habría una fractura en el grupo y aparecería la Sociedad Civil de Estudio e Investigación de Literatura Dibujada (SOCERLID, en francés), la cual sería la encargada de traer a los muros del Museo de Artes Decorativas del Louvre una exposición dedicada a la historieta y cuyo enfoque sería principalmente en la estadounidense.

“Es increíble estar colgado junto a un Da Vinci”, declaró Milton Caniff, autor de la historieta Terry y los Piratas, a un periodista inglés según recuerda el caricaturista R. C. Harvey en su blog personal al abordar este acontecimiento. Caniff quedó impresionado después de haber visitado la exposición, debido a que fueron colocados paneles individuales de tres a cuatro pies.

Una hazaña similar se repetiría un año después en la Bienal Mundial de la Historieta en Italia, organizada por el Instituto Torcuato di Tella, la cual incluyó material de países como Inglaterra, España, Japón, Italia, Brasil, Estados Unidos y Francia.

Este movimiento en Francia y Europa dio pie a que en esta década surgiera el término de “noveno arte” para dar validez a la historieta como un tipo de arte y verla más allá de un producto creado para las masas.

Del presente y la mirada hacia el futuro

Humberto Ramos en FESTOcomic

Actualmente es en Europa donde está más presente el fenómeno de la llegada de las imágenes de la historieta a los museos. “Hay mucho interés de parte de ellos”, comentó Marco Orso, italiano responsable de relaciones públicas de Little Nemo Galleria, en el FESTO Cómic (Festival de Autores de Cómic) de la Ciudad de México, realizado el 16 y 17 de noviembre en el Centro Nacional de las Artes.

“Tuvimos posibilidad de hacer exposiciones en lugares históricos en Roma, Florencia, Milán y poco a poco, lo que pasa es que la cultura viene buscando los artistas de las historietas y un poquito se está haciendo en Francia”, agregó Orso en la plática Visiones encontradas, donde se discutió sobre el cómic en la actualidad.

En dicha actividad estuvieron también presentes C.B. Cebulski, Senior Vice President of Creative & Creator Development de Marvel Comics; Eduardo Villacís, ilustrador ecuatoriano y creador de cómics; Ernan Cirianni dibujante argentino de historieta; y Luis Gantús, coordinador general de FESTO Cómic y moderador de la plática.

“El resto del mundo está enterándose con lo que nosotros ya sabíamos por años. Los cómics son arte”, señaló C.B. Cebulski. Un ejemplo de la creación de espacios donde se ve el cómic de esta manera en Estados Unidos es el Cartoon Comic Art Museum, ubicado en San Francisco California. Dedicado al cómic y a la caricatura, organiza diferentes exposiciones. Este año, una de ellas estuvo dedicada a los 75 años de la creación de Superman.

Cebulski añadió que en Estados Unidos se está manifestando otra tendencia. “Las personas están comprando el arte (de los cómics) para ponerlo en las paredes de sus hogares. He ido a tantas casas de varios de mis amigos, quienes se burlaban de mí porque era el geek de comics cuando era niño, y ahora tienen páginas originales de algún artista en sus paredes o imágenes gráficas de Batman y Superman.”

América Latina no se ha quedado atrás. También se han organizado exposiciones donde está presente el arte de los cómics.

“Los curadores y la gente del mundo de los centros de arte se dan cuenta que todo lo que es caricatura, cómic, humor, etcétera, conecta con la gente de una manera que el arte contemporáneo no”, explicó Eduardo Villacís, quien ha trabajo más como artista plástico y ha realizado proyectos ilustrados relacionados con el cómic a través de los recursos de instituciones y galerías.

"Realicé una muestra humorística sobre el futuro del Ecuador junto a docentes y estudiantes de varias universidades del país, así como de destacados artistas-ilustradores y pensadores del Ecuador, y a pesar de que fue colocada en la periferia, recibo después una llamada que me dice que es la muestra más visitada de la bienal”, dijo Villacís. “En los centros culturales eso significa rédito, y creo que se va a fortalecer”.

En México la situación es diferente. Apenas se empieza a considerar esta situación en los museos y galerías. Las exposiciones que se organizan en el país, señaló Luis Gantús, son por la nostalgia hacia la historieta al considerarla perdida.

Exposiciones que ha habido este año como Yolanda Vargas Dulché, Contadora de Historias en el Museo de Arte Popular, o la muestra Clipart for fanzines del artista Miki Guadamur en el Museo del Chopo, recuperan diferentes manifestaciones de la historieta del país en diferentes etapas y para distintos lectores.

“Lo que hay que hacer es generar un sistema diferente. No dejar la historieta en el museo, sino generar un nuevo movimiento para que sirva de ejemplo para una nueva generación. Tarde o temprano, algo va a ir a un museo. Mientras pasen los años, va a acabar en un museo. Lo importante es que haya un museo de esto”, comentó Gantús.

A pesar de esto, para Andrés Alba, académico de la UNAM, la reflexión sobre lo que acontece en estos espacios debe girar y explorarse hacia otro sentido: “Hacer al cómic arte no basta con llevarlo a un museo, porque sólo es una especie de legitimación de muy corto alcance. Habrá que preguntarse qué lo hace ser como arte, y qué valores artísticos tiene de creación y de expresión”.e







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