martes, 18 de junio de 2013

SANDRO COHEN, DESDE EL PRINCIPIO…


Por Sandra Pérez Sánchez
México (Aunam). En la intimidad de su hogar, Sandro Cohen autor de Redacción sin dolor, accedió a hablar sobre su vida. El escritor, nacido en Nueva Jersey, Estados Unidos, habló sobre su infancia, sus aventuras y desaventuras; su juventud, sus amores, sus sueños, su trabajo como profesor, y hasta detalles de su vida personal.

Al entrar, sentada en su comedor está Josefina Estrada, su esposa y con quien ha compartido más de la mitad de su vida. En las escaleras se observan muchos fotos, retratos y cuadros. La familia, los amigos y otros rostros significativos para el profesor se encuentran ahí.

Al ingresar en su estudio se observa una gran cantidad de libros colocados en repisas que llenan dos paredes del lugar. Hay un sillón azul, así como una silla, la misma en la que Cohen se sienta para la entrevista y seguramente día a día para escribir y trabajar los contenidos de su blog: sandrocohen.blogspot.com y otras ocupaciones. Enfrente, se encuentra la computadora encendida, la cual comparte el lugar con libros, hojas y plumas en un escritorio.

Cierra la puerta, pero no estamos solos… Propercio, uno de sus tres perros se acuesta a los pies de Cohen quien, con una leve sonrisa, espera el comienzo de las preguntas.

¿Cuáles son sus primeras experiencias o influencias dentro de la literatura?-Mirando hacia el techo, pensativo, dice: “Yo leía muchos poemas en una antología que me regaló –seguramente—mi mamá. Teníamos libros y entre esos libros había de poesía que podrían gustar a los niños, yo leía ahí. Había poemas de todo tipo, incluyendo adivinanzas y cosas rimadas. Recuerdo que fue lo primero que leí en poesía, también había cuentos. Estoy hablando de cuando tenía cinco o seis años”.

Acerca de la pregunta ¿Siempre quiso ser escritor? responde: “Yo siempre sabía que iba a ser escritor, no sabía qué más… aunque también pensé que beisbolista, astronauta…”

“Hay que entender que en un país como Estados Unidos el escritor siempre está lejos. Es algo… como las estrellas de cine. Cuando yo digo que sabía que iba a serlo, nunca pensé que con libros publicados, esa no era la idea, que yo iba a escribir... pero la idea de algún día llegar a hacerlo o trabajar en una editorial era descabellada”, menciona respecto a su vocación.

Confiesa que cuando tuvo un profesor con un libro publicado, le pareció que tenía a un Dios enfrente.

“Todo lo que uno lee lo influye, se vuelve parte de uno”.

Respecto a sus influencias como poeta y escritor, Sandro Cohen señala: “decir que fulano me influyó es un fragmento muy pequeño de lo que realmente sucede cuando uno lee. Son muchísimas experiencias que uno acomoda y hace propias”.

Poetas de habla inglesa fueron muy importantes en sus años formativos, en la época de la prepa, cuando empezó a leer en español con antologías bilingües. “Los primeros autores que leí en español, en versión bilingüe fueron Federico García Lorca y Cesar Vallejo” puntualiza.

Al ingresar a la Universidad leía a Sabines, a Paz, a Bonifaz Nuño. Le agradaba mucho la lengua española y seguía frecuentando a la poesía en habla inglesa, con motivo de sus estudios, primero en teatro y más adelante en literatura.

Al respecto de la interrogativa ¿Su obra refleja sus emociones y sentimientos o intenta desligarlo? determinó: “No, ¿cómo? ¿por qué? Es como desligar la gasolina del coche, ¿para qué sirve el carro sin gasolina y la gasolina sin quemarla?”.

“Autores que jamás hubiera podido conocer en Estados Unidos los conocí en México”

El profesor vestido con una playera negra y pantalón de mezclilla dice: “Estuvo muy bien que me hubiera mudado a México permanentemente”, mientras suelta una carcajada. Así empecé a conocer a los autores de estados Unidos e Inglaterra”.

“Empecé a conocer a los autores que llegaban a los encuentros en México como Allen Ginsberg, a quién traduje en una antología. Él y yo nacimos en el mismo hospital, después lo descubrí, tuve la oportunidad de decírselo y le dio mucha risa”, refiere con una sonrisa.

Diferentes maneras de ser

En su experiencia como poeta y escritor, menciona que los géneros narrativos y la poesía: “son diferentes maneras de ser. Hay días en los que solo quiero explorar una idea así que escribo ensayo, y hay días en los que quiero contar una historia así que escribo prosa y hay días en los que quiero explotar los sentidos con imágenes así que hago poesía”.

Nada es accidental, todo es coincidencia

Acerca de Rubén Bonifaz Nuño, poeta de quién realizó su tesis doctoral, así como varios trabajos a lo largo de su trayectoria mencionó: “Yo empecé a leer su poesía cuando salió De otro modo lo mismo, la recopilación de los libros que había publicado hasta ese momento, en 1979. Era un poeta reconocido, estudiado entre comillas y respetado”.

“Me pidieron que reseñara el libro para la revista de la Universidad, para la UNAM. Estaba leyendo De otro modo lo mismo --mientras señala el libro físicamente que se encuentra en una de las repisas—y fui a la presentación de As de Oros, aunque lo conocí después, en el aeropuerto”.

Se pone los lentes para poder leer, saca el libro de su lugar y corrobora que los datos sean fidedignos.

Haciendo una mueca, como la que sólo provoca el chupar un limón muy agrio, intenta recordar los datos exactos de la información que va dando en cada pregunta. En su lengua materna, el inglés, refiere que junto con Bonifaz Nuño dio conferencias sobre literatura mexicana en Connecticut, en la Universidad de Yale.

Menciona que: “Rubén nunca fue mi maestro académico, pero es quien más me enseñó de poesía al leerlo. Me enseñó a versificar por dentro”.

Junto con Carlos Montemayor, René Avilés Fabila, Martha Robles, Bernardo Ruiz y Marco Antonio Campos, así como Bonifaz Nuño, formaron un grupo de amigos inseparables de los cuales frecuenta a todos, menos a Robles. Este club fue nombrado La cofradía de los calacas. Todos poetas, se reunían a comer en “La lechuza”, un restaurante establecido en Coyoacán y hablaban de todo lo que rodeaba sus vidas, menos de poesía.

Redacción ¿sin dolor?

Sandro Cohen había impartido un curso de redacción por más de 12 años. Utilizaba como apoyo libros de autores diferentes, pero se dio cuenta que ninguno ofrecía una solución a los problemas al redactar y sólo se limitaban a dar axiomas.

La idea de un manual de redacción surge mientras corría en el Bosque de Chapultepec, con un ex alumno de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), lugar donde es profesor desde hace poco más de 20 años. El profesor comentó su inconformidad con su amigo y él lo instó a hacer su propio manual, idea que no dejó pasar desapercibida y se puso a trabajar en ello.

Bastaron seis semanas para terminar el material. Lo presentó en la Universidad como un borrador e iba a ser editado bajo el sello de la misma, pero cuando fue a una entrevista con Jaime Aljure este le preguntó, ¿qué traes ahí? Cohen no le da mucha importancia, pero sale editado bajo el sello de Planeta con un tiraje de cuatro mil ejemplares para todo el país. En un mes se agotó.

“Corregí el libro por los problemas que poseía y prácticamente la segunda edición se publicó inmediatamente. Un libro de redacción siempre debe actualizarse para anexar nuevas normas del español, por ello ya estoy preparando la 6ta edición”.

Además, Cohen imparte en diferentes sedes cursos de redacción, creación literaria y poesía.

“Mi mamá, una lectora voraz”

“Mi madre, como yo, era maestra. Es mi primer modelo pedagógico. La acompañaba a sus clases y me parecía mucho mejor que mis maestros. Ella siempre dio tercer grado de primaria en la ciudad en la que nací, Newark”.

Al mencionarla, su voz se torna suave y su mirada pareciera dibujar la presencia de su madre en la habitación, como si estuviera viéndola.

“Leía mucho y hasta la fecha. Mi madre es mi modelo de lectura, a sus 89 años es una lectora voraz. Lee mucho más rápido que yo. Estuvo una semana en México hace unos días y se acabó una novela literaria llamada Las correcciones, la leyó completa y la entendió perfecto. Tengo recuerdos de ella cuando me levantaba por un vaso de agua a las tres de la mañana y ella estaba leyendo”.

Sandro encuentra gran parecido tanto físico como emocional entre su madre y él, tiene razón. Edith Cohen es rubia, de piel blanca y los rostros de ambos son similares. La genética así lo dispuso.

“Soldador de profesión”

Su padre era soldador de profesión y obrero en una fábrica. “Era muy bueno con las manos, muy simpático. Todo mundo lo quería mucho. Era la adoración de todos sus sobrinos. Él murió en el año de 1982, era muy amigable, de muy fácil trato. Mi mamá no, mi mamá es más intensa. Yo me parezco a ella, no soy de fácil trato”.

Su padre por el contrario no era un gran lector, de hecho: “solo sé que leyó un libro, El padrino y que le gustó mucho”. Su papá no era muy bueno para expresarse además de ser de “pocas palabras”.

Hermanos

Su hermano mayor lo es por cuatro años, mientras que el menor es por seis años. Sus hermanos se han vuelto más unidos. Quizá por que ellos se frecuentan más al vivir ambos en Estados Unidos.

Su hermano mayor, refiere, es la combinación de sus padres, fue su ejemplo para acercarse al beisbol y otros gustos. Su hermano menor por otro lado es igual a su padre y siempre fue muy inquieto, tan inquieto que la mayoría del tiempo estaba metido en problemas.

Nueva Jersey

Acerca de su infancia, ¿podría contarme un poco acerca de cómo era? “yo nací en una ciudad pequeña llamada Newark en Nueva Jersey pero me mudé a Elizabeth, otra ciudad portuaria y viví ahí hasta los 10 años. Me vuelvo a mudar en noviembre de 1963, un poco más al noroeste en esta ocasión, lo recuerdo bien pues mataron a Kennedy por esos días”.

Recuerda asistir con su madre a la primaria del lugar donde nació pues ahí daba clases por ello no se desligó de Newark.

“Edad de oro”

Asistió a la Universidad de Rutgers, una escuela pública de Estados Unidos. Para él, “los años más felices fueron los universitarios, por despreocupados”. Mientras, a través de su mirada se reflejan los recuerdos.

Determina que la Universidad en México es completamente diferente que en Estados Unidos, “allá es tu casa y aquí se ve como algo ajeno”. En ese momento jamás imaginé mi vida en México por eso.

Se casa por primera vez con Claudia Acevedo, lo que atrasa su proceso de titulación. Con ella procreó a su primera hija, Yliana Cohen Acevedo.

Arribo a México

Confiesa que se enamoró de México. Llegó para terminar su maestría. Le preocupaba cómo iba a volver al terminarla. A pesar de que pensó que no podría regresar, lo hace para trabajar dando clases de idioma para turistas en Cuernavaca, Morelos. Su principal interés retornar a México, por lo cual aceptó, aunque fue temporal.

Lo que le gustó de México fue el hecho de que podía conocer a los autores y escritores. A pesar de la felicidad que le provocaba estar en México, los primeros días experimentó dolores de cabeza y el choque cultural que desde luego era impresionante. Todo es diferente.

La hospitalidad del país llamó su atención. De hecho, una de las semillas que provoca la separación con Acevedo es la decisión de regresar.

“Mi futuro está en México”


Tomás Mojarro es de los primeros autores mexicanos que conoce en este territorio.

Tras pasar algún tiempo, Luis Mario Schneider, otro de los grandes modelos, mentor y amigo del poeta, le ofrece volver. Cohen relata que ya tenía todo listo para irse a Madrid, incluso su moto ya iba a ser enviada hacia ese destino pero cambiaron los planes y retorna a México.

Así es que en agosto de 1973, ya viviendo en México, el terremoto de Puebla lo toma por sorpresa ya que jamás había sentido un sismo, dice que fue su “bautizo de fuego” mientras ríe, aunque la experiencia no le causó risa alguna.

El terremoto de 1985 fue también parte importante en su vida, ya que él vivía en Tlatelolco en esos días y aunque no se cayó el edificio donde habitaba, la impresión fue grande.

Su comida favorita es la mexicana. Le encantan los chilaquiles y todos los platillos con excepción de los mariscos. Confiesa que debido a su afición por la comida del país, “Tortillas, carne, pan…”, llegó a engordar muchísimo.

Enamorarse

Su primera novia fue Jean-Marie Simon, estudiante de leyes en Harvard y fotógrafa que, como dato curioso, es de la misma generación que Barack Obama, presidente de Estados Unidos. Cohen me mostró la página del anuario donde Jean sale junto a él.

Con ella vivió el primer amor en todos los sentidos. “Cuando me cortó sufrí mucho todo aquel año, y me inspiró a hacer poemas dolidos, para olvidarla”, recuerda.

“Alguna vez me la encontré en Nueva York, chocamos y aunque yo seguía lastimado me invitó a su galería fotográfica que estaba siendo exhibida. Hace mucho que no la veo pero mantenemos contacto por redes sociales, Josefina sabe”, advirtió.

Al narrar estos aspectos de su vida, su voz se vuelve más alta y denota emoción, y aunque la habitación sigue estática, en su mirada se veía que emprendía un viaje del cuál regresaba para emprender otro.

Otro de sus amores fue Johanna E. Rubba con quien se iba a casar y vivió en pareja todo un verano en el que trabajó en Sears, mecanografiando y otros empleos para mantenerse. El matrimonio no se celebra debido a su viaje a México y ella, estando en Manchester, tuvo otra relación lo que quebró los lazos entre ellos.

Su primera novia mexicana fue Elisa, hija de un poeta regional michoacano. La tuvo a la par que a Johanna. Y desde luego Claudia Acevedo con quién se casó por primera vez.

Teatro, melomanía, fotografía y deporte

William Jacobs fue su profesor y uno de sus modelos. Lo acercó a Shakespeare cuando estudiaba teatro. El teatro y la música le encantan. Se considera melómano, aunque es su juventud intentó aprender a tocar instrumentos, dice que aprendió a tocar piano a los 50 años.

Su música favorita es “Chopin, Mozart entre otros de la música clásica y por otro lado el rock de mi época por lo que desarrollaba paralelamente ambos gustos. Grupos como Grateful Dead y The Who, también formaron parte”.

Entra a clases de Ballet en la Universidad, con el fin de estar rodeado de mujeres hermosas, en un ambiente con una carga sexual impresionante. “La experiencia fue fabulosa”.

A Cohen aún le tocó la época en la que la escuela era exclusivas de hombres o de mujeres por lo que poder estar en una clase con chicas solamente fue toda una experiencia.

De un gran archivero, saca algunas revistas y compendios de fotografías, algunas tomadas por él en su juventud y algunas que Jean-Marie, su primera novia le regaló. Las tomas reflejan a Nueva York, donde conviven personas indigentes, durmiendo en la calle, pidiendo limosna o viviendo bajo las alcantarillas y el contraste con los otros, quienes caminan por las calles vestidos de diseñador.

Cohen también enseña fotos tomadas por él. Diferentes paisajes, puentes, ciudades, un árbol de a universidad a la que acudió entre ellas, todas reunidas en una antología.

Sus deportes favoritos son el beisbol y correr, comenzó a hacerlo al ser adulto, aunque ahorita se encuentra lesionado y por eso ha suspendido esa actividad, esperando recuperarse pronto.

¿Cómo se llama?

¿Dónde y cómo conoce a Josefina Estrada? “En 1979. Fue amor a primera vista”, dice al respecto de su esposa desde hace más de 28 años. “La conocí en una presentación de escritores en Bellas Artes. Ella era la encargada del programa “Veladas literarias” y ahí me la presenta. Fue un flechazo. Me enseñó la librería del recinto y recuerdo que yo, tartamudeaba, --sonríe al recordar ese momento de su vida.

Después de esa ocasión y aún casado con Acevedo, pero enfrascado en una relación que no tenía futuro pues el amor se había ido, comienza a buscar a Josefina sin siquiera recordar su nombre “Estaba tan nervioso aquel día que no me acordaba de cómo se llamaba la muchacha”, revela.

“Iba a verla a Bellas Artes, pero sólo a verla, en serio,--suelta una amplia carcajada--a través de las ventanas de afuera del recinto. Ahí me di cuenta que me había enamorado de ella”.

“Era creepy, ¿no? Era extraño, incómodo pero yo era muy tímido. Nunca se dio cuenta al menos”. En esa época uno de sus hermanos se casa por lo que viaja a Estados Unidos y se da cuenta que a pesar de la distancia no piensa en Claudia, su esposa y Josefina no sale de su mente por ello decide actuar para conocer a Estrada.

Así es como el 12 de diciembre de 1980 al fin la conoce. Cuando se decide a preguntarle a un amigo suyo que, dándole largas, le dice que caminen por la Glorieta Insurgentes donde, enfrente de un edificio, recogerían a Ignacio Trejo Fuentes. Tocaron el timbre y una voz femenina respondió desde un balcón ¿quién? A lo que el profesor al verla la señaló y gritó, ¡ella!

“Ahí no la conquisté, la invité a cenar. Ella escogió un restaurante elegante y ese día yo le llevé un soneto, no contaba con eso, así que bajó la armadura. Josefina es mi musa, mi inspiración. Estamos juntos desde hace más de 30 años, ¡imagínate!”

Al respecto de sus hijas Yliana y Leonora, para Cohen son perfectas. “Ambas poseen muchas virtudes y talentos”. Está orgulloso de ellas. También está muy feliz de haber criado a Nathanael Gibrán Pérez Estrada, hijo de Josefina de una relación anterior.

Así es como Sandro Cohen, en aquella habitación donde surgen sus ideas, donde trabaja y planea sus actividades, mostró al hombre, hijo, esposo, padre y amigo que convergen en él y que lo hacen ser un gran escritor, poeta y profesor.

Finalmente a la pregunta, ¿se siente pleno y realizado totalmente? Respondió: no, por fortuna—sonríe—tengo aún muchos planes y proyectos, un manual de corrección de estilo, una nueva edición de Redacción sin Dolor donde integraré las nuevas reglas del español, seguir escribiendo poesía y narrativa, y bueno, en lo personal seguir mejorando como persona y poeta, concluyó.








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