viernes, 1 de febrero de 2013

RUBÉN BONIFAZ NUÑO: ESCRIBIR PARA SER LIBRE Y RESISTIR LA VEJEZ

Por Víctor Núñez Jaime

México (Aunam). Y de la calidad literaria don Rubén, ¿qué piensa usted? .La escritura para mí, responde el poeta, es un acto de libertad. Si yo me pongo a calificar esos actos, dejan de ser libres; ya me estoy poniendo normas y, en ese momento, ya no soy libre y ya no tengo para qué escribir. Es un juego que me divierte…

La piel de Rubén Bonifaz es entre blanca y rosada. El que sí es completamente blanco y brilloso es su pelo. Pero el bigote y sus cejas todavía conservan un tono rubio. Sus ojos claros ya no alcanzan a ver lo que está a su alrededor.

Bonifaz viste un traje negro, camisa blanca, corbata azul cielo y un chaleco dorado. En repetidas ocasiones ha recibido varios homenajes en diversas instituciones educativas del país, .por sus importantes contribuciones en el ámbito de las humanidades.

Su obra se distingue por una singular disposición rítmica y por la relación de equivalencia entre sonidos e imágenes. Con su formación humanística desarma y sorprende. Es bromista, sabio y riguroso; traductor fiel de la palabra y filólogo con vocación académica.

Estudió leyes para ganarse la vida, y escribe versos para darse placer. Deambula entre la poesía, la traducción y el ensayo. Se ocupa de expresar cólera, ternura, esperanza, melancolía, amor, soledad y de descubrir a los estudiantes las grandes obras del mundo clásico. Es uno de los escritores mexicanos más importantes de los últimos tiempos.

En su oficina de la Biblioteca Central, en Ciudad Universitaria (CU), Rubén Bonifaz Nuño, visiblemente cansado, dice sentirse víctima de la vejez: Tengo más de 80 años y todo lo que era el cuerpo como instrumento físico, capaz de una serie de acciones y placeres, ha dejado de tener esa función y se ha vuelto una carga.

Y con la experiencia de su profesión, agrega: Decía un poeta griego que el hombre tiene dos cosas que temer: la vejez y la muerte. Y de estas dos, la más temible es la vejez.

Afirma que en este momento se percibe como en la última estrofa de su poema As de Oros:

Y he cambiado. Sordo, encanecido,
una oficina soy, un sueldo;veinte mil pesos en escombros
y un volkswagen, y la nostalgia
de lo que no tuve, y el insomnio,
y cáscaras de años devaluados.

Sin embargo, no se siente marginado en la literatura nacional: No. Para mí la literatura ha sido una ocupación lateral, de diversión, ejercicio y libertad. Nunca me preocupé por estar marginado o en el centro de las cosas. Yo escribí para darme gusto. Lo hice libremente. Los resultados me interesaron poco.

Es casi el medio día y el sol se encuentra en su máximo esplendor. Al centro de una oficina retacada de libros, la charla se desarrolla en unos sillones negros. El autor de más de una docena de poemarios, entre los que destacan Siete de espadas, De otro modo lo mismo y Fuego de pobres, expresa que sus primeros contactos con la poesía se dieron en la preparatoria, en las clases del maestro Erasmo Castellanos Quinto.

Él nos ponía a leer a los autores clásicos y trataba de que escribiéramos alguna cosa, de que nos ejercitáramos en el arte de la escritura. Ahí tuve los primeros contactos serios con la literatura.

Entre sus formadores recuerda al maestro Julio Jiménez Rueda y a Agustín Yánez, fui discípulo directo de ellos. Para realizar sus primeros ejercicios en las letras, señala: el maestro Castellanos Quinto nos clasificaba en cuentistas, ensayistas, oradores y poetas, y cada uno tenía que hacer su trabajo en ese aspecto.

Rubén Bonifaz fundó, en 1973, el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Reunió cuatro centros dependientes de la Coordinación de Humanidades que, de uno u otro modo, se vinculaban con la investigación filológica (el amor por las letras) Estudios Literarios, Estudios Clásicos, Lingüística Hispánica y Estudios Mayas. Más tarde, surgieron otras unidades académicas con el nombre de seminarios: el de poética, en 1977, y el de Lenguas Indígenas, de 1988.

Bonifaz Nuño dejó la dirección del Instituto en 1985. Galardonado con el Premio Nacional de Letras, el premio Jorge Cuesta y el premio Internacional Alfonso Reyes, entre otros, es universitario desde el segundo año de primaria: porque estudié en una escuela que se llamaba Galación Gómez, que era órgano de la Universidad. Después volví a ser universitario hasta 1940, cuando ingresé a la preparatoria.

Luego estudié en la Escuela de Jurisprudencia, en 1947, y me recibí en 1950. Entré a trabajar en la Universidad en 1954, y aquí sigo.

Junto con sus compañeros de generación (Henrique González Casanova, Jorge Hernández Campos, Fausto Vega y Gómez y Ricardo Garibay), aparte de estudiar, aprovechaba el tiempo libre para ir a jugar al billar.

Íbamos a los museos, a las galerías, éramos muy aficionados a las cosas de la cultura. Leíamos mucho: nos prestábamos los libros o los estudiábamos en conjunto. En eso la pasábamos.. Y entre sus discípulos recuerda a Roberto Heredia, a Ignacio Osorio y a Bulmaro Reyes.

En la oficina, una ventana abierta y un ventilador hacen soportable el calor. Bonifaz se coloca en el oído derecho un aparato auditivo. Por momentos le falta el aire, su respiración es difícil. De repente, se le complica hablar y dirige su mirada hacia el techo. Inhala y exhala de manera ardua. La conversación continúa.

¿Cuál es la finalidad de su poesía?

Yo siempre pensé -dice con palabras que le cuesta pronunciar- que ésta no era un medio de ganarse la vida, de tener un sueldo o una chamba; para el sostén estudié la carrera de Derecho y luego la de Letras, que son las que me han permitido vivir. La poesía es una tarea estrictamente personal donde encuentro mi libertad. El escribir es un mero placer.

Dice tener varios métodos para crear un poema, .pero no quisiera enumerarlos porque son demasiado íntimos. No los puedo decir, arguye, al tiempo que su respiración adquiere mayor velocidad.

Al leer gran parte de su obra nos encontramos con poemas unitarios que uno puede separar en fragmentos con valor propio. El miembro de la Academia Mexicana de la Lengua explica: He aquí una de las lecciones que me dio Agustín Yánez cuando le llevé lo que yo consideraba un libro terminado, me dijo: esto no es un libro, esto es un conjunto de poemas. Un libro debe ser algo orgánico, que esté escrito con las mismas entrañas, que todas sus partes estén relacionadas; pero al mismo tiempo que sea independiente, que valga por sí mismo, pero que forme un organismo íntegro con partes vivas... Tuve que corregir el libro -dice- hasta que Yáñez lo aprobó y se publicó. Ese libro se llama Imágenes, apareció por 1953 y está dedicado a mi maestro. Después, cuando se formaban mis libros se estructuraban como un organismo íntegro, con partes que podían independizarse pero que estaban entrelazadas.

A través de la poesía, asegura el maestro Bonifaz, se pueden reflejar los hechos sociales que giran alrededor de quien escribe, pues .la poesía, como toda la literatura, puede reflejar absolutamente todo.

Ha escrito y traducido kilómetros de versos. Se trata de .unos 10 mil renglones y unos 110 mil o 120 mil traducidos. Sin embargo, he escrito la décima parte de lo que he traducido. Como traductor, considera que .la gramática latina es el esqueleto de la española. Al saber mucha gramática, usted puede manejar las palabras con exactitud. Es el sentido de esos aprendizajes: poder expresarse plenamente con precisión, con la menor posibilidad de confusión.

La oficina se encuentra iluminada plenamente por el sol. No hace falta la luz artificial. A lo lejos, Paloma, la secretaria, voltea de reojo por si se le ofrece algo al poeta. Bonifaz Nuño subraya la realidad que hoy se refleja en la lectura de los clásicos.

Traté, dice entusiasmado, de hacer de los clásicos un fenómeno vivo. Creo que lo logré, porque los jóvenes leyeron a Catulo, Virgilio, Homero, Ovidio, Lucrecio. Mi gusto fue ése: darles a los jóvenes de México una traducción en la lengua nacional, la que ellos manejan diariamente.

Varios de sus críticos han definido la manera en la que traduce: pone frente a cada palabra latina el espejo de una palabra española. Y él añade: Mientras más me apego a las formas del texto original, más soy capaz de transmitir sus valores, que es, en último término, lo que me importa para los muchachos.

Traduce literalmente y escribe como quiere.

Se puede comparar cualquiera de mis libros con cualquiera de mis traducciones y no hay relación. Y si se confrontan las traducciones de Homero con las de Virgilio, no tienen ningún parentesco. Esto es, son autores independientes; cada uno con una serie de valores y de maneras de expresión que son las que podemos aprender con utilidad.

Al situarse en el universo náhuatl y la tradición grecolatina, ha encontrado diferencias y semejanzas entre la Cuatlicue y la Venus de Milo: Las dos, en último término, están revelando una energía. La Venus de Milo, la humana; la Cuatlicue, la cósmica.

Asegura que las esculturas son textos simbólicos que pueden revelar hechos, pues, como los indios no tenían alfabeto y necesitaban expresar sus ideas, las enunciaban por medio de formas plásticas. Una escultura puede brindar la información necesaria para reconstruir la historia.

Entre sus libros de la historia antigua de México se encuentran Hombres y Serpientes e Imagen de Tláloc. En este último argumenta que el hombre debe establecer una alianza con la naturaleza, no someterla.

¿Cómo lograrlo?

El hombre debe tomar a la naturaleza como un ser vivo y respetarlo... Es cierto que la necesita y tiene que destruirla en cierta forma porque tiene que comer. Pero puede hacerlo de manera que si mata algo, lo reponga inmediatamente. Si corta un árbol puede sembrar dos, y así sucesivamente para conservar la naturaleza. El hombre hacía eso en la época prehispánica. Con la invasión europea empezamos a destruirlo todo hasta llegar al momento actual: una naturaleza dominada al grado de destruirla. La alianza es conservadora, el dominio es destructor.

El maestro comenta que ya no acostumbra leer porque casi no ve. De hecho, antes de iniciar la entrevista, Bonifaz Nuño se encontraba leyendo detrás de su escritorio, en el cual sobresale un aparato de color café con una lupa de gran diámetro.

Con algún auxilio mecánico, como una máquina ampliadora, todavía puedo trabajar y estudiar, pero apenas estoy al día de mi oficio profesional. Por eso no puedo estar al tanto de las novedades editoriales.

No obstante, sigue activo en la vida universitaria: Ahora he terminado de traducir las obras de Píndaro, el mayor poeta lírico de la literatura griega.

Aunque tiene algunas limitantes físicas, no dejará su trabajo: Solamente se puede defender uno de la vejez, llenando el tiempo con algo que la resista y signifique energía vital. Si yo puedo manifestar energía vital traduciendo alguna cosa del latín o del griego o escribiendo algunos versos, estoy resistiendo la vejez…

*La entrevista fue publicada originalmente en el libro Recreación Periodística del entorno universitario y sus protagonistas, editado por Aunam.

Ficha:
Avilés Solis, Carmen (compiladora)
Recreación Periodística del entorno universitario y sus protagonistas,
México, FCPyS-UNAM, 2008.

Foto: Wikimedia


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