miércoles, 18 de enero de 2012

LA CHINAMPA DEL DISTRITO FEDERAL: EL MERCADO DE JAMAICA


  • Todos los caminos llevan a Jamaica
“Como espuma que inerte lleva el caudoloso río”,
fragmento de Flor de Azalea, Manuel Esperón


Por Angélica Jackeline Ferrer Campos
México (Aunam). Ubicado entre avenida Congreso de la Unión y Guillermo Prieto, el mercado de Jamaica se distingue por vender no sólo frutas, verduras, carne o pescado, sino por contar con la mayor variedad de flores (que van desde la nube hasta los tulipanes y los alcatraces) y arreglos para adornar cualquier día de la semana y ocasión; reflejan el sentir de una persona ante los demás, es una forma de expresión.

Para llegar a él, es necesario viajar sobre la avenida Congreso de la Unión o Eje 2 o tomar las líneas 4 (Martín Carrera-Santa Anita) y 9 (Pantitlán-Tacubaya) del metro, para descender en la estación Jamaica.

¿De dónde viene Jamaica y sus flores?

A pesar de que su inauguración fue el 23 de septiembre de 1957, Jamaica ya contaba con una basta historia, la cual le ayudaría a erigirse como la centralidad de las flores en la Ciudad de México.

En el imperio de Tenochtitlán, se distinguió por tener grandes sembradíos de maíz (la estación del metro, utiliza a la mazorca para hacer referencia a aquéllos tiempos) y por la gran fertilidad del terreno. No obstante, tuvo gran auge durante los últimos años del Porfiriato, puesto que dicha zona contaba con un extenso canal, donde las chinampas y las trajineras transportaban todo tipo de productos, en especial semillas y flores. Estos productos llegaban desde las zonas rurales del Distrito Federal hasta el centro del mismo.

La urbanización acabó con aquél tipo de comercio ya que secaron la corriente fluvial y en su lugar establecieron la estación de Ferrocarril Río Frío; se convirtió en el único medio de transporte comercial para los comerciantes de aquélla localidad.

Dado que todavía no existía un recinto en dónde albergar a los vendedores, arreglaban sus puestos afuera de la estación ofreciendo flores, frutas, verduras, entre otros productos. Ellos venían de distintos pueblos de la ciudad, en especial de Magdalena Mixhuca.

El nombre de jamaica no es adoptado por la flor roja con el mismo nombre, sino por una antigua fiesta taurina que se realizaba alrededor de las plazas de toros (donde actualmente se encuentra el mercado, era un recinto para la tauromaquia).

En dicha festividad, se colocaban puestos con arcos hechos de flores y hierbas aromáticas. A la entrada, había una mesa especial para poder degustar los platillos de la vendimia. Los antojitos de aquél tiempo eran los tacos, el mole de guajolote, tacos y pato. Además, podía observarse vitroleros con aguas de los cuatro colores primarios (verdes, azules, rojas y amarillas).

El mercado en la actualidad

“Déjame ver cómo es que floreces, con cinco pétalos te absorberé,
Cinco sentidos que te roban sólo un poco de tu ser…
Y que cada estrella, fuese una flor y así regalarte todo un racimo de estrellas”
Fragmento de Las Flores, Café Tacuba.

Los puestos ambulantes no han desaparecido desde principios del siglo XX, sólo que ya no venden solamente verduras, sino discos, luces, ropa, juguetes o adornos. Esto se intensifica en la temporada navideña, donde se pueden observar pinos alrededor del sitio.

El ambiente no es similar dentro del mercado. Al entrar, lo primero que los visitantes y compradores percatan, es el ambiente frío y el olor a agua con flores viejas. La temperatura es igual en todo el recinto, ya que ayuda a conservar el buen estado de los productos, con su frescura y aroma original.

En este lugar, se pueden encontrar rosas de colores extraños, como azules o moradas, tulipanes, claveles, alcantraces, gladiolas, nubes, girasoles, argentinas, lilis, orquídeas, plantas de invernadero, nochebuenas, entre otras.

Cada local cuenta con una especialidad: pueden dedicarse a arreglos para fiestas, XV años, bodas, bautizos y entierros. Otros se dedican a dar clases de cómo cuidar las plantas, evitar las plagas o para poder realizar sus propios diseños sin gastar mucho dinero. Algunos sólo venden grandes floreros de vidrio o macetas; cuentan con diseños y colores de todo tipo: desde el simple florero cilíndrico hasta aquél que parece un gusano o que tiene forma de cuadrado.

Para recorrer el lugar, hay que estar conscientes que es muy grande y que lo mejor es observar detenidamente cada puesto o local, dependiendo de lo que necesite o lo que desee comprar. Además, es bueno hacer comparación entre la calidad y frescura de las flores, porque aunque los precios son similares (van desde los ramitos de 10 pesos hasta los arreglos de 2500 pesos), no siempre la flor es igual en todos los establecimientos.

Perros, leones y osos atacan al local 205

Por lo regular, cuando las personas piensan en el mercado de Jamaica, se imaginan que los comerciantes son señores o personas de la tercera edad. Pero están muy equivocados. La juventud es la que actualmente lidera en las elaboración, cuidado y venta de flores.

Prueba de ello es Alberto Vázquez, muchacho de aproximadamente 20 años, el cual se encuentra dentro del negocio de las flores desde hace cuatro años. “Comencé en este local haciendo centros de mesa, después surgió el negocio de las figuras… las figuras que más me gustan hacer son ositos, perritos, gatos, los animales más comunes”. No obstante, Beto señala que los más vendidos son los osos y los perritos para regalar, para bautizos o baby showers.

En el local, se observan no sólo arreglos de animales domésticos, sino de leones, tucanes y gusanos subiendo un árbol. Estos se realizan sobre pedido y tienen un costo de 1000 a 1500 pesos, puesto que además de las flores, llevan otros aditamentos como troncos o columpios pequeños.

“El tiempo que me tardo realizando las figuras depende del tamaño. Por ejemplo, un osito lo hago en unos 15 o 20 minutos. Los modelos como el león y el tucán, se tardan de hora y media a dos horas en estar listos”, comenta Alberto.

Todos los arreglos utilizan en la mayoría del mismo, la flor llamada argentina, que naturalmente es blanca, pero que puede pintarse para obtener la gama de colores necesarios, no sólo en la gama de fríos y cálidos, sino en metálicos, como el plateado.

La muerte vista entre claveles

“Silencio que están durmiendo,
los nardos y las azucenas;
No quiero que sepan mis penas,
porque, si me ven llorando morirán”.
Fragmento de Silencio, Rafael Hernández.

Javier, trabaja en el local 315 del mercado de Jamaica. Aunque sólo se dedica en vacaciones al oficio de florista, cuenta con dos años de experiencia en el negocio.

No obstante, él no se dedica a poner las flores más coloridas ni a realizar grandes e imponentes centros de mesa, sino a algo más sensible: a crear coronas fúnebres, cruces y cubrecajas.

Cada ofrenda fúnebre es distinta a las que comúnmente se pueden ver en los entierros o velorios; por ejemplo, las coronas tienen tantas flores que asemejan ser grandes donas, las cruces están hechas de bambús anchos, tupidos de blancos claveles. Los cubrecajas son pequeños floreros cuadrados que van encima de los ataúdes en los velorios. Se distinguen por su color blanco.

“El tiempo que empleo para realizar las cruces es de 35 minutos y las coronas, de una hora”, comenta mientras termina de tejer una gran trenza con hojas, las cual sostendrá a los demás adornos.

Además de los claveles, Javier utiliza lilis, gladiolas y polares para crear sus diseños. Sin embargo, las flores pueden varias dependiendo de las temporadas y de cuán frescas se encuentren las mismas.

Fiestas, XV años, Confirmaciones, por aquí

El local de “Carmelita”, una señora de la tercera edad, cuenta con arreglos florales gigantes, con una simetría muy especial: forman un círculo lleno de casi veinte rosas. Imponen ante los compradores cuando caminan por dicho lugar. Abastece a los locales 347, 348 y 335.

Pero doña Carmela no tiene buen humor. Le molesta que le pregunten acerca de cómo logró ser una de las personas que venden más arreglos dentro de Jamaica. “Pregúntenle a ella. Ella sí sabe y les va a contestar”, dice dirigiéndose a su amiga, la cual amablemente explica los detalles del lugar.

Se llama Rosa María y tiene alrededor de 50 años. Ha vendido flores desde hace 20 años, en otros locales además de los de Carmelita.

“Aquí principalmente se trabajan con rosas, pompones, gladiolas, tulipanes. Varía dependiendo de lo que pida el cliente… vendemos flores para ceremonias, días festivos (como el Día de la Madre), altares, XV años, cumpleaños, bodas, entre otros”, menciona señalando una canasta de rosas rojas, con valor de 200 pesos.

“Los arreglos más grandes cuestan 300, pero hay desde 30 pesos”, explica Rosa mientras observa uno de los arreglos más vistosos: contiene lilis blancas y es para una boda.

Sin embargo, Jamaica no sólo se resume como un mercado con hierbas y frío, sino como un lugar mágico que vale la pena visitar, ya que es un dulce a la vista gracias al colorido, variedad, tamaños y formas de los productos que se venden.

Esto se puede resumir con la composición de Andrés Calamaro, El Palacio de las Flores: “En el Palacio de las Flores había flores de todos los colores…¡Qué florido es el Palacio de las Flores! que yo lo veía desde afuera, porque por entonces yo era un pendejo que vivía con mis viejos”.



Bookmark and Share

0 comentarios: