martes, 1 de febrero de 2011

RAFAEL REDONDO: CUANDO SE VIVE DE LAS CONTRADICCIONES


Por Margarita Cruz Vicente
México (Aunam). La música romántica en español no está entre tus más favoritas; sin embargo, a diario la escuchas. La radio no te apasiona tanto como la televisión y la producción, pero tu actual profesión se enfoca en lo primero. Te gusta ayudar incondicionalmente a la gente, mas la política de tu trabajo es todo lo contrario. Eres una persona muy nerviosa y en ocasiones tímida, aunque al estar frente a un micrófono te vuelves muy extrovertido.

Así vives tú y ahí estás sentado dentro de una cabina. Eres ese hombre rodeado de muchas contradicciones, pero que vive de ellas. Hoy vistes sencillo y traes puesto un suéter oscuro de rayas y una camisa azul cuyas puntas apenas se dejan ver, acompañado de un pantalón también oscuro sin poder identificar el color, pues una tenue luminosidad predomina en aquél cuarto mientras chuscamente dices: ¡Disculpa, te dije que hoy me bañaría!

Ahí te encuentras frente a un cristal como si conversaras contigo nada más. No, no estás loco, aunque en tu vida te lo hayan dicho constantemente, pero así hablas cuando te encuentras al aire y conduces tu programa radiofónico “Círculo de amigos”, el cual se transmite de lunes a viernes por las mañanas.

Tu nombre es José Rafael Hernández Redondo, pero por cuestiones de “fama” o más bien para ser más original, te haces llamar Rafael Redondo, y así te dicen tus compañeros de trabajo, amigos y radioescuchas. Diariamente tu voz, herramienta principal en tu oficio, brinda información, ayuda, consejos, música y uno que otro chiste para tu público.

Tu estilo tal vez se puede comparar con el de locutores como Mariano Osorio, Antonio Esquinca y otros, quienes también llevan el mismo formato de conducción; sin embargo, la diferencia es que ellos son más reconocidos, quizá por estar en FM, o por la publicidad que se les hace, tal vez por ser buenos. Pero tú también cuentas con muchas cualidades y una razón totalmente distinta a la de ellos para haber llegado a las puertas de la radio y continuar hasta la actualidad.

No te gusta revelar tu año de nacimiento, pues dices: la edad está en la actitud que tienes ante la vida. Pero si yo te digo: “son sólo números”, con un poco de dificultad accedes y respondes: está bien, serás la primera persona a quien se lo digo… nací en el setenta y cinco, ¡ya!, ¡ya! Así, tus risas las cuales te delatan por ser nada discretas comienzan a hacerse presentes.

Oriundo del estado de Guadalajara, has vivido en la Ciudad de México la mayor parte de tu vida, pero los países que más amas son España y Francia; el primero sería ideal para vivir, el segundo sólo para visitar.

Dos cosas esenciales en la vida

Estás en la conducción de tu programa. Seguramente los radioescuchas no se imaginan que en estos momentos comenzarás a recordar gran parte de tu vida. Al cuestionarte qué motivos propiciaron la entrada de ti Rafael Redondo a la radio, comienzas a reflexionar y respondes:

“He tenido dos cosas muy claras en mi vida. Siempre me encantó que me vieran, que me tomaran fotos, y también el hecho de salir a los escenarios a pesar de ser nervioso… muy nervioso, en mi vida soy así, pero con el micrófono se me olvida. Además tuve muchos problemas al ir con el psicólogo porque me sensibilizaba demasiado por la gente. No soportaba nunca que golpearan a los compañeritos; por eso era muy chillón y hasta me hacían burla de que ‘ay ese niño es maricón’ y no sé qué tanto”.

Ambas razones te han permitido ingresar a la actuación y a la locución. Tu primer empleo fue en una obra de teatro. Recuerdas que a los catorce años recibiste tu primer sueldo al hacer algo que desde entonces te gustó. Así, deduces con emoción: “Todo me llevaba a esto. Yo había nacido para esto”.

Llegaste a la locución como una hoja que se dejó llevar por el viento. De nuevo regresas al pasado pero sin olvidarte de los momentos en que debes hablar al aire para tu público, y dices: - Estaba estudiando Comunicación en la Ibero, en ese entonces pertenecía a un grupo musical (cuyo nombre no quisiste mencionar ‘por el momento’), pero tronó. En eso apareció un amigo quien por parte de algunos familiares me consiguió trabajo en Pachuca, además de darme la licencia de locutor.

Tú trabajabas todas las noches en Pachuca, en una estación juvenil de ese estado. Esa fue tu escuela de prácticas, donde echaste a perder todo para aprender. Bien mencionas que la universidad te da herramientas de análisis, el oficio de hablar lo agarras sobre la marcha.

De la ansiedad a la radio

¿Pero sólo el hecho de comenzar desde Pachuca en la radio, hizo que siguieras con esta profesión? Obviamente no. Desde niño has tenido una necesidad de querer ayudar a todo ser vivo con el que te encuentras, y digo ser vivo porque viene a tu mente aquél recuerdo del perrito que sufría y encontraste en la calle cuando tenías no más de 10 años.

Lo mirabas fijamente, como si así pudieras curarlo. Él también te miraría como si te implorara ayuda, ¿pero tú qué podías hacer?, sólo seguir contemplándolo. Mas la imagen de aquél animalito quedó en tu mente, al grado de no poder dormir varios días sin dejar de pensar en él. Y así fue toda tu infancia, preocupándote por lo que le sucedía a los demás, llorando a veces por la desesperación de no poder solucionar algo.

Viviste con un problema de querer ayudar a todos, sin darte cuenta que quien necesitaba más ayuda eras tú. Años más tarde, te percatarías que padeces un trastorno de ansiedad generalizada, pero al mencionar esto, tu voz tan alegre, animada y cordial, se vuelve un poco más seria. – Esto lo he tenido desde siempre. Sí, me la he pasado muy mal. Antes me daban crisis muy ‘gachas’, ataques de pánico. Es feo en muchos sentidos, por eso me ha gustado ayudar a los demás a través de la radio, porque yo sé todo lo que se pasa cuando tienes una enfermedad de este tipo.

- Pasé toda mi vida oyendo que estaba loco. O sea, ya tienes la enfermedad y ¿aparte estar aguantando las críticas de la gente? Te la pasas muy mal, por eso fue una idea la de meter al psiquiatra en el programa, pues hay mucha gente que padece eso, pero lo esconde y le da pena.

Miras rápidamente el reloj y continúas – Sin embargo, al cabo del tiempo empiezas darle gracias a Dios porque dices, bueno si no hubiera tenido eso (el trastorno), no habría hecho aquellas cosas, las cuales realmente considero más valiosas que el dinero, como el ayudar diariamente a la gente. A final de cuentas digo: gracias Dios, por darme este chance de ver todo desde otro ángulo para hacer cosas más productivas. Entonces ¡qué bueno es tener esto! - De nueva cuenta regresa tu voz alegre acompañada con unas carcajadas al decir lo último, mostrando cómo bromeas con lo que quizá siga siendo un problema para ti.

Por eso, el altruismo es algo característico en ti, pues te ha hecho un locutor distinto a los demás. Cada palabra, cada consejo, hasta cada chiste tiene la finalidad de mejorar un poco la vida o de menos el instante en que te escuchan las personas. Dices: “a diario oímos información negativa y nada alentador”, por eso te das a la tarea de alegrar cada mañana y parte de la tarde.

Ahora has aprendido a no sufrir tanto por el “rollo” ajeno, y esto lo sustituiste al tener un micrófono enfrente porque para ti, la satisfacción más amplia es cuando sabes que das un tema y brindas información muy útil a la gente.

Y el viento te trajo de vuelta…

Tu vida al parecer es Radiorama, emisora donde llevas más de cinco años laborando. Mencionas que iniciaste en 2005… pero te acuerdas que ya habías trabajado aquí antes de irte a España. – Estas son cosas del destino, comentas. Creo que debía cerrar un ciclo aquí, por eso me volvieron a llamar para la misma empresa. Al ingresar hice de todo: entré a suplir turnos en una estación grupera, después me enviaron a la unidad móvil y recorría las calles, luego me mandaron para acá, ya en las cabinas de “Romántica 1380”

Primero comenzaste como locutor en el horario de la tarde; sin embargo, Tatiana Bonilla, una mujer (de acuerdo con tus palabras) con muy buen olfato para las ventas, logró pasarte a la mañana. – Ella está donde se vende; hasta si en tu currículum pones: “yo estuve con la licenciada Bonilla”, te va bien-. Dices entre risas – Me ayudó al pedir estar yo en la mañana pues se dio cuenta que lo que yo hacía podía vender (sus productos) y funcionó-. Así es como hasta la fecha continúas en esa estación y cada vez con un poco más de radioescuchas.

Tu vida, llena de contradicciones

Tu vida, Rafael Redondo, está llena de muchas contradicciones con las cuales has decidido vivir por tu propia decisión, siempre aferrándote a lo que más quieres pero no por egoísmo, sino obviamente para ayudar a los demás. He aquí una enumeración de lo que más resalta en ti.

Primera contradicción: ¿Radio o Televisión?

Si te escucharan a diario en tu programa, la mayoría tendría por seguro que naciste para la radio y seguramente estás ahí por ser lo que más te apasiona… mas no es así. Afirmas con entusiasmo – Me gusta más la televisión que la radio. El disfrazarme y estar frente a las pantallas me mete a una atmósfera y me siento súper cómodo; no obstante, en la radio estás sólo tú y tienes que crear todo. Es más creativo sí, es más íntimo sí, pero me encanta más la idea de la televisión

Actualmente se te puede ver pasear de vez en cuando por Televisa, no en busca de fama como actor, sino que desde hace tres años estás al acecho de oportunidades para hacer algún programa de televisión. Has tratado de contactar a alguien y obtener un espacio, pero sabes que es un sueño guajiro… por ahora. Y para no darte por vencido, también visitas las instalaciones de Canal Once.

¿La temática de tu programa? Te encantaría hacer uno el cual tratara sobre altruismo, ese sería tu máximo, lo dices con tanta emoción que tu sonrisa contagia. Pero si te mandaran a hacer ‘payasadas’, también aceptarías. Y no dudo que te contratarían de inmediato, pues tus carcajadas también son contagiosas, aunque tú harías un híbrido porque propones hacer algo de ayuda pero de forma divertida.

¿Y por qué no?, la actuación

La actuación también forma parte de tus más grandes gustos. Has trabajado mucho en teatro, pero últimamente haces aparición en uno que otro capítulo de las series de Televisa con papeles ‘pequeñitos’, aunque eso no te importa porque con el hecho de actuar te das por bien servido. – Me jala más el rollo de la conducción. Lo de la actuación es más para disfrazarme y que me paguen.

No obstante, en tu vida aplicas la ley: “No hay que buscar las cosas, éstas llegan cuando deben de llegar”, y te refieres a las diferentes oportunidades que se te han presentado fácilmente en el ámbito de la actuación. Recuerdas gratamente cómo conociste a un amigo con el cual tenías muchas coincidencias; decían una idea al mismo tiempo, sus expresiones eran similares, en fin, hasta padecían una enfermedad, misma que les ayudó a salir adelante (él como director de cine y tú como locutor, actor y productor), en el caso de tu amigo, él padecía epilepsia.

Pero como siempre ocurre en una amistad, te peleaste con él y tratabas de evitarlo cuando te llamaba y te invitaba a salir y platicar. Para complacerlo y ver si así ya te dejaba de hablar, decidiste aceptar la invitación, llevándolo a un restaurante, “el más gacho de la colonia Juárez, donde lo único rico era el pan”. Lo que no te imaginaste es que en la plática, él te mostró un libreto diciéndote que lo abrieras en una determinada página. Tú sólo dijiste “Ah, ok. Está padre”, él preguntó “¿Ves el personaje que aparece ahí?”, tú asentaste con la cabeza, mientras respondió “pues ese personaje eres tú, te lo dediqué”.

Este fue uno de los momentos personales que jamás olvidarás y la emoción con la que describes estos recuerdos, es la misma con la que interpretaste tu papel de “El sin amigos”, en la película titulada ‘Todos hemos pecado’. Ésta aparecerá en los cines en los próximos meses y aún no puedes creer que actuaste al lado de personajes tan importantes como Angélica Aragón, Patricia Reyes Espíndola, así como los niños fresas, y comienzas a imitarlos, “o sea, ni si quiera son famosos y sienten como si ¡uf!, o sea, ¿me entiendes?”

Segunda contradicción: Música

Al preguntarte si al estar en una estación donde la música es de un sólo estilo (baladas, pop, alguna que otra ranchera, pero toda romántica) y ésta te gusta, tu meditas brevemente y dices: No. ¡Por Dios! ¿Entonces qué haces ahí? Tú no escuchas esto último y continúas con tus argumentos a favor. – De aquí de la estación me gustan algunas canciones, ya no tengo la costumbre de escuchar la radio. No soy de música, me gusta la televisión (creo que esto ya quedó claro), pero… las canciones francesas son de mis favoritas.

Tercera contradicción: Trabajar donde lo que haces está prohibido

Tú defiendes mucho la idea de tener buenos contenidos en los programas de radio y televisión. Dices que los empresarios prostituyen mucho los medios de comunicación, porque por ejemplo, “piden que paguen los invitados especialistas, que apoquinen por ir”, cuando ellos sólo se dedican a ayudar a quienes no tienen las posibilidades de acudir con el psicólogo, el doctor y hasta con el veterinario.

– Me ha costado casi al punto de correrme por el hecho de tener el programa, pero eso la gente no lo sabe. Me he metido en muchos pleitos. Apenas me quitaron al psiquiatra ‘porque no se qué’. Me la he pasado toda la vida con peleas por estas cosas. Por eso sé muy bien que las empresas de repente tienen muy poca visión y no se dan cuenta sobre la importancia de contar con especialistas quienes también pueden venderle al auditorio y eso te genera audiencia. No se dan cuenta porque dice uno ‘¿pa qué?, si cualquier gente la cual salga al aire debe pagar’.

Y yo me he aventado unas… ¡enormes! para pelearme con eso, porque mi único objetivo es defender el contenido del programa y de repente piensan que yo estoy cobrando por fuera para que toda esta gente venga, y esa es poca visión de los directivos pensar así, es decir, si fuera por dinero yo no trabajaría aquí, pues los sueldos están… ¡de risa loca!

Primero México que otra nación

– Yo (Rafael Redondo) en algún momento recibí una oportunidad para irme a trabajar a España, ganando súper bien en un país el cual me encanta. Ya experimenté la vida en Madrid y me fascina. Tengo muchos amigos allá; vives en un país tranquilo. Por donde lo veas es una súper oportunidad, pero no estás en tu país. Entones creo que sí es importante que conozcas al lugar a donde llegas para trabajar en los medios.

– ¿Y pensaste aceptar la oferta de inmediato? – No sé, no me sentí cómodo, ni con la responsabilidad para llegar al auditorio de ese país y mira que iba a hacer televisión, iba a ganar bien, iba a estar en un país que me gusta, una ciudad que me encanta, todo estaba bien, y de repente decidí quedarme aquí, porque sé que si conozco a la gente a la cual sí le puedo llegar, pues es la gente de México y yo soy mexicano. Pero realmente mi compromiso es el contenido del programa

Lo que piensa el locutor…

– Todo lo que hago en el programa, menos la música (aclaras), yo lo traigo, yo lo muevo, yo me he peleado aquí con todo el mundo. Ya por eso tengo dos premios a la locución por el programa, pero con todo y eso no hay un buen espacio. No es la única empresa a la que le pasa esto, por eso es complicado este medio aunque no lo parezca.

– El espacio me lo he ido ganando así… (te quedas en silencio por un momento) me lo he ido apropiando, esa es la palabra. Al principio eran consejitos muy ‘light’ y después me fui abriendo, abriendo, abriendo, hasta que creció. Luego había metido las solicitudes de ayuda (un tiempo destinado para pedir y dar apoyo a cualquier tipo de problema y de persona) el cual me dio un premio, pero me quitaron esa sección también porque no era posible que estuviéramos regalándole al auditorio algo que se debe vender (el espacio).

No comprenden, la gente es muy pobre y si alguien quiere vender una plancha porque no tiene para comprar tortillas hoy, ¿si lo vendía en $150, ahora te lo venderá en $300 por un anuncio? Es absurdo, de hecho me quitaron la idea y se la llevaron a una sola estación donde sólo se dedicaban a eso, a hacer anuncios pero cobrando. Y es que eso no es así. En México, en general a los medios les hace falta mucha visión.

– Para que te des una idea, la estación debía ser sólo musical, pero he logrado modificar eso. Gracias a que me aventé, a que me he arriesgado. Pero dices: bueno, si no lo hubiera hecho así, era estar sentado esperando a que me dieran autorización de hacer o no mis propuestas.

…Y lo que piensa ‘el patrón’

Ya has explicado muchas cosas a tu favor y algunos de tus compañeros de trabajo coinciden en que eres una persona muy dedicada con tu profesión, pues tratas de mostrar lo mejor de ti, de quienes están atrás del cristal donde te encuentras conduciendo, así como del nombre de la radiodifusora. Te preocupas por ofrecer contenidos los cuales puedan ayudar a quienes te escuchan. Aseguran, no tienes 'pelos en la lengua' para decir tus puntos de vista y/o lo que te gusta o no. También tienen la percepción de tu forma de ser perfeccionista y el tratar de mejorar tus actividades cada día. Aclaro, eso piensan tus com-pa-ñe-ros de tra-ba-jo, como Nicolás Loizaga, también locutor y vecino tuyo en las oficinas.

Pero, ¿acaso pensará lo mismo uno de los ‘directivos’ de tu empresa? Creo que cuando mencionas constantemente a los directivos, te has de referir entre muchos a Federico Cánovas Gómez Urquiza, quien es el actual Gerente General de Radiorama Valle de México.

Él opina que eres un buen comunicador, bastante instruido y culto, que investigas para preparar tus programas, eres comprometido con los temas tratados y con la gente quien te retroalimenta. En cuanto a tus cualidades confiesa la apreciación de tu versatilidad en la voz y tus dotes histriónicos (actorales) los cuales te ayudan mucho.

Sin embargo, comenta sobre algunos de tus defectos, como ser demasiado apasionado de tu discurso, lo cual te hace cometer errores como hablar demasiado tiempo, no respetar los relojes programáticos, como tampoco involucrarte en la música y el formato de la emisora. Dice: “Si por él fuera, creo que le gustaría mucho más participar en una emisora o programa hablados para explayarse libremente y no arriesgarse a ser rebelde ante las exigencias de la radio comercial musical, en la que no está haciendo un buen trabajo por lo mismo”.

He ahí varios puntos de vista de quienes conviven contigo en tus labores diarias. Para algunos eres bueno, para otros, un rebelde tirándole a activista. Ojalá y no se te ocurra hacer una huelga al enterarte de estas opiniones.

Lo que no sale “al aire”: Historias de altruismo

– Buena parte del trabajo lo hago aquí en la cabina (y con tus manos señalas el pequeño espacio donde te encuentras: un cuarto cuya compañía es por parte de dos computadoras; una destinada para la programación de las canciones y la otra es más personal pues ahí verificas los correos que envías y te envían.

Asimismo, estás al lado de dos teléfonos los cuales interrumpen constantemente la conversación, al ser los radioescuchas ansiosos quienes desean escuchar tu voz de manera más directa). Nadie se da cuenta de algunas historias ya que nunca salen al aire. Por contarte algo, antier me manda un mail una señora comentando sobre su suegro quien está muriendo de cáncer y no le dan de alta en el Seguro. ¿Qué hacia? Estaban con el pago de un tratamiento en un lugar privado y salía muy cara la quimioterapia. Ya hablé yo a Cancerología, me dieron los requisitos y no sé cuánto. Se los mandé, pero desafortunadamente el señor se murió.

Este tipo de cosas no salen al aire porque allá arriba me dicen “ay para qué metes tanta llamada y no sé que tanto” y no me importa, ¿eh? De repente el asunto de hacer yo la invitación todos los días sobre la oportunidad de alguien quien nos eche la mano y de darnos realmente la ayuda, es por esta cuestión del altruismo. El privilegiado no es tanto quien pide ayuda, sino quien la brinda. Te sientes tan bien y eso no tiene precio. El hecho de ayudar no lo hago para que la gente se dé cuenta como si fuera presunción, sino porque es una necesidad, te lo juro.

Como esta anécdota, tienes otras con más de cuatro años de escuchar constantemente. Algunas son muy alegres, como la historia de tres mujeres, las cuales padecían tres situaciones complicadas y decidieron ayudarse mutuamente sin haberse conocido antes. O cuando una de tus amigas se compadeció de un vagabundo y le compró bebidas y alimentos calientes una noche tan fría, donde recibió a cambio la única cobija que a él lo cubría, como muestra de agradecimiento.

Otras son algo tristes, por ejemplo, cuando no sabes qué hacer si tu hijo llegara a ver cómo asesinan a su padre en un asalto; cuando no tienes los suficientes recursos para comprar algo y te dedicas a robar, pero aseguras tú, siempre hay una solución para recobrar el buen camino. Por eso, el diario donde escribes estas historias lo compartes con tu público a través de un blog por internet, de esta manera demuestras que a veces uno se queja por no tener cosas materiales, cuando lo más importante es la salud, la felicidad y el amor.

¿Y el tiempo libre?

Tu vida en la radio parece ser muy agotadora, además, ¡incluye tus ratos en la televisión y en la actuación! Al parecer terminas sin querer saber del mundo. Pero me equivoco. A ti te encanta salir mucho con tus amigos, los adoras. Por el momento no tienes compromisos, es decir, una novia. Y dices graciosamente “ni quiero tener un compromiso, yo quiero un perro y de hecho ahorita tengo una propuesta de adoptar uno”, es por eso que en la pantalla de tu computadora, con la cual te peleas a diario porque no funciona como tú quisieras (y tal vez por eso te basta con ese aparato y no una mujer), tienes la imagen de ese perro y piensas constantemente: lo acepto o no, lo acepto o no.

También lees y pasas mucho tiempo en internet. Te gusta ir al cine pero seleccionas muy bien las películas antes de asistir a la sala, así que primero las compras “piratonas”. Lo dices sinceramente, ya que lo haces para saber si valen la pena verlas en el cine, porque si es mala te da mucho sueño.

Entre tus preferidas están: ‘Adiós mi concubina’, de Chen Kaige, ‘El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante’, de Peter Greenaway, ‘Princesas’, de Fernando León de Aranoa y ‘El orfanato’, de Guillermo del Toro. Describes cada una como todo un experto en cine; sin embargo, a quien se lo dices no sabe demasiado de esas películas.

Lo que sí es increíble escuchar es tu gusto por la cocina. Mencionas tu especialidad en preparar postres pero sobre todo, te consideras todo un as en los pasteles, pues de cada diez que elaboras, nueve están bien. Esto lo aprendiste desde tus seis años. Recuerdas cuando te dejaron solo en casa y decidiste comenzar a preparar pan, lo que más te fascina; de ahí, todo fue sobre la marcha, no fuiste a alguna escuela.

– ¿Entonces lo que resalta más en tu casa es la cocina? No, respondes. – Es la televisión, esa la tengo encendida aunque no la esté viendo, pero no tengo de cable, porque la misma ansiedad me hace cambiarle a todos los canales. Estoy mejor así, veo de repente a Lucero en sus novelas, sólo para entretenerme y observar cómo son los personajes y cómo actúan. Después sí sigue la cocina.

Así es tu vida, Rafael Redondo. Así es como en tus horas de trabajo logras recordar muchas cosas que quizá ya habías dejado en un cajón, o tal vez no. Así es como tu actitud tan alegre y entusiasta logra contagiar a quien se encuentre a tu lado, como tu compañero de control en la cabina con quien bromeas a diario y hasta me dices: “¿Verdad que se parece a Joaquín Pardavé?”

Así es como cada día logras lidiar con tu ansiedad, la cual te ha traído por estos rumbos para ayudar a quien te lo solicita. Y ahora te darás cuenta que quienes te pueden ayudar son ellos también. Tu alma altruista trae beneficios para algunos, pero malestares para otros, “los de allá arriba”, como les nombras. Pero seguirás ahí, en una estación de radio de AM, donde también existen los mejores locutores, sin ser tan reconocidos, sin ser tan aclamados; con excelentes voces, con excelentes formas de comunicar, pero por razones del destino deben permanecer ahí, hasta que de nuevo sople el viento y los puedan llevar a un lugar mejor, o de menos, subirles el sueldo, ¿no crees?

Epílogo
Y un final inesperado para iniciar otra historia…

“Pues al fin lo logró el Cánovas, me dieron cuello”. De esta manera Rafael Redondo me escribió un correo electrónico a un mes después de realizada la entrevista para comentar que su jefe lo despidió, pero llevándose consigo a su ‘Círculo de amigos’, algunos que todavía lo aclaman principalmente a través de las redes sociales.

En su blog El Ángel de la Guarda dedicó una de sus publicaciones a este tema, escribiendo lo siguiente:

Durante cuatro años del programa “Círculo de amigos de Rafa Redondo” descubrí la maravillosa herramienta que es un medio de comunicación para lograr esos actos de amor. el valor del programa estaba en la invitación al altruismo donde los más beneficiados no fueron los niños o adultos amputados que recibieron una silla de ruedas para mejorar su calidad de vida, los enfermos que logramos tuvieran atención médica gratuita, la gente que encontró un empleo, los ciegos que no sólo obtuvieron un bastón sino un empleo, la gente que atendió sus problemas emocionales pues descubrió que los padecía, los asaltantes que dejaron de serlo, los ancianos que recibieron ropa y visitas por parte de los radioescuchas en sus asilos donde estaban totalmente abandonados, la gente que logró vender sus pocas pertenencias anunciándolas en el programa para poder comer ese día… no. Los verdaderos beneficiados fueron quienes atendieron estas necesidades, descubrieron o re descubrieron su lado humano, ese es el verdadero éxito del programa, descubrir mejores mexicanos.

Los medios de comunicación son una herramienta muy valiosa para transformar conciencias y esto no significa pérdida de ventas como por años se ha argumentado.

Pese a esta despedida en la radio, algo positivo es la certeza de su participación en una telenovela de Televisa para 2011. Como bien lo diría él, siempre hay ciclos y quizá el de la radiodifusión por el momento ha concluido; sin embargo, gente altruista y con un gran corazón como el de Rafa Redondo, siempre serán bien recibidos por algunos, mientras que por otros… mejor hay que dar por concluido este texto.





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