lunes, 29 de noviembre de 2010

EL INSTANTE SUBJETIVO DE SATURNINO HERRÁN


  • La exposición abarca 107 pinturas al óleo, bocetos y dibujos
  • Hasta el 16 de enero en el Palacio de Bellas Artes
Por Angélica Jackeline Ferrer Campos
México (Aunam). Con motivo del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución de nuestro país, se lleva a cabo la exposición titulada Saturnino Herrán: Instante Subjetivo del 27 de octubre al 16 de enero del pintor aguascalentense en el Palacio de Bellas Artes, ubicado en la ciudad de México.

La muestra se divide en cinco partes: Labor, que refleja las diversas actividades económicas que se llevaban a cabo; destacan los cuadros Alegoría de la Construcción y Molino de Vidrio. La segunda sección es El universo en el balneario interminable, que tiene como peculiaridad los óleos Bugambilia y La Leyenda de los Volcanes, además de bocetos como El Beso, los cuales muestran a Herrán desde un plano adentrado a lo erótico y místico del amor de pareja y de la mujer mexicana.

Dentro de esta exposición se encuentra una pequeña sala con el nombre de Saturnino Ilustrador, donde están algunas publicaciones de libros, revistas y folletos que el artista mexicano diseñó como la portada del Semanario Arte y Letras. La parte que tiene como título Ella se quema entre nosotros, expone al México que todos rechazaban, pero del que eran partícipes los ciudadanos en los últimos años del Porfiriato, aquél pobre y ruin; se puede vislumbrar en el óleo Los Ciegos.

En cuanto a los últimos dos apartados Una patria no histérica ni política; sino íntima y La Trinchera Elegida, elevan a un grado máximo el nacionalismo mexicano, desentrañando las raíces aztecas del país y adorando a la sociedad mexicana, muestra de ello son La Viejecita y Nuestros Dioses, que es una serie de tres cuadros que en conjunto forman un gran mural.

En dicha exhibición se muestran 107 obras del hombre que en palabras del poeta Ramón López Velarde, fue “El más mexicano de los pintores y el más pintor de los mexicanos” y que logró marcar un parteaguas en la pintura nacionalista, tanto por el uso de colores fríos (verde, azul y amarillo ocre) como por la manera en la que retrataba al México de la primera década del siglo XX.






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