martes, 28 de septiembre de 2010

LA CULTURA ES AHORA UN BIEN ECONÓMICO: EDGAR MONTIEL

  • La cultura no pertenece a las Bellas Artes, sino al sector monetario, afrimó
Por Ixchel Alanna Andrade López
México (Aunam). La cultura “de presencia ancestral” es ahora parte del sector económico, el cual también es impulsado por la globalización; declaró el representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Edgar Montiel, en el Centro de Investigación sobre América Latina y el Caribe (CIALC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En la conferencia “El poder de cultura latinoamericana”, Montiel expuso que la cultura “no son las bellas artes” sino una serie de quehaceres individuales y colectivos que tienen una presencia ancestral que son vendibles y exportados a todo el mundo, tales como una receta de cocina, la medicina o la innovación, explicó.


“Mientras más pura es el agua, menos peces tiene”

“El bien cultural es un objeto de soporte material, pero contenido inmaterial (simbólico)”, como un libro, introdujo Montiel, por lo que ahora lo inmaterial, con ayuda de la globalización, es convertido en mercancía de conocimiento: a todo saber se le asigna un precio.

Con ayuda de la globalización de los productos culturales, lo que resulta es una cohesión social y la unidad en la diversidad, pues “todo mundo nos aporta, nos completa”, ya que ese intercambio es importante, nos hace vivir, comentó el escritor.

El expositor explicó que los precios a los que se vende la cultura son lamentables para los pueblos pobres e indígenas, pues son quienes poseen más cultura que nadie, pero también son quienes poseen menos dinero y eso dificulta su vida diaria.

Haciendo uso de su libro El poder de la cultura y de un proverbio chino, comentó que en estos tiempos, las sociedades no pueden darse el lujo de cerrarse a sus propias costumbres sino, al contrario, abrir las puertas a otras culturas para beneficiarse con el intercambio, reforzarse y no atrofiarse.

Porque, mientras más cerrada es una cultura, no resiste: “es como si uno comiera siempre el mismo plato: si uno come pozole día, tarde y noche; se indigesta”.

De este modo, la cultura pasa a ser una actividad económica en la que el conocimiento pasa de unas manos a otras por medio de la ley de la oferta y la demanda y donde la producción de cultura e inteligencia es un factor importante para todos, pues no podríamos vivir sin ellos.

Como ejemplo de lo anterior utilizó a los países de Guatemala y Perú, en los que, según el economista, el 87 por ciento de los niños aprenden a tejer de las madres y, sin embargo, sus producciones no tienen una diversificación y, por lo tanto, la gran oferta, no tiene demanda, lo que da paso a la sobreproducción y a la carencia.

Ante este problema, ejemplificado con Guatemala, la UNESCO proyecta utilizar la cultura como antídoto de la pobreza y propone utilizar un festival de modas de tintes naturales, los cuales son utilizados por las comunidades indígenas y, así darles difusión y bienes económicos a estos pueblos.

Economía, diplomacia y política cultural


Mientras la cultura se vende de un país a otro por medio de colores, ropa, tecnología o accesorios, por ejemplo, las naciones asocian la cultura a dos rubros más: la diplomacia y la política, explicó Montiel.

Como resultado del ligue con la política, mencionó las relaciones de fuerza, guerra, dominio y poder entre Estados: mientras se conquiste por medio de la comida o de la moda y no por medio de la violencia, “los corazones de los conquistados van a estar contentos”, dijo.

Como resultado del segundo nexo, Montiel habló del los medios de comunicación y su uso dado por éstos: “los países han asociado las costumbres a sus políticas externas y se ha creado […] un poder versátil”, que se traduce en otro tipo de dominio.

Montiel concluyó que es tiempo de globalizar lo que cada cultura posee, pues es momento de crear espacios de convivencia administrados a través de la cultura, como centros comerciales, mercados y escuelas, ejemplificó. Y, con eso, crear nuevas generaciones multiculturales.



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