sábado, 3 de abril de 2010

TEATRO PARA TODOS, EN PSICOLOGÍA

Por Monica Alba Flores
México (Aunam). El día anunciaba la próxima llegada de la primavera. Pasaban de las 4:15 de la tarde de un jueves, en la concurrida Facultad de Psicología, ubicada a un costado del corazón de Ciudad Universitaria, donde se han montado desde las mejores obras hasta algunos proyectos de iniciación a la vida actoral como lo fue La importancia de llamarse Ernesto.

Para las cinco de la tarde en el auditorio Dr. Luis Lara Tapia, estaba prevista la puesta en escena como parte del club de teatro, por lo que en el interior de este recinto se llevaban a cabo los últimos arreglos entre la escenografía y el maquillaje de los actores, quienes soltaban algunas risitas nerviosas propias del inicio de cada función.


El maquillaje natural y en tonos claros resaltaba la juventud de los personajes del siglo XVI. En cada uno de los peinados de las actrices se podía ver el empeño y esmero que habían puesto. Ningún cabello salía de su lugar; todos habían sido cuidadosamente levantados en una media cola que subrayaba el estilo de la época, donde se enmarcaba la historia.

Y aunque, sólo una de las tres había recogido completamente su cabello, en todas lucían los bellos vestidos color azul y rosa que portaban, así como el conjunto de blusa blanca y falda café que también acentuaba la feminidad de la época victoriana.

Los hombres esperaban sentados el comienzo de la obra, pues minutos antes habían terminado de arreglarse. Galantes y graciosos llevaban trajes de colores sobrios. Sólo dos de ellos destacaban como integrantes de las clases altas. Uno portaba guantes blancos, mientras otro llevaba un chaleco corto, característicos de la vestimenta inglesa.

Afuera se dejaban ver algunos padres entusiastas que se preguntaban por sus hijos, entre uno que otro estudiante interesado por las actividades propias de su facultad, que asistía de última hora.

El reloj marcaba las cinco de la tarde en punto. Corriendo llegó Karla Méndez, a cargo de quien estaba la obra, para abrir el auditorio a un público inquieto que ya había comenzado a preguntarse a qué hora podría ingresar.

Poco a poco, comenzó a entrar la gente, que observaba un escenario adaptado para el evento, pero que no dejaba de verse original gracias a la escenografía.

Las voces de los actores ya preparados podían escucharse, tras las cortinas negras que se habían improvisado como bambalinas, y entonces se dio la primera llamada.

Los recién llegados y la gente levantada comenzaron a tomar sus asientos. Las pequeñas cámaras fotográficas parecían ya estar listas para disparar en cuanto comenzara la obra. Y sin más ni más, se dio la tercera llamada.

La obra comenzó. Todos en silencio se quedaron; observaban cuidadosamente cada uno de los gestos y escuchaban con atención los diálogos.

En los rostros de los actores podía verse la felicidad que los embargaba, y como todos unos profesionales ofrecieron al público una obra que los mantuvo atentos hasta para el más ínfimo detalle.

El tiempo transcurrió y en el auditorio sólo podían escucharse las risas del público que estaba fascinado con la obra. La puerta nunca se cerró, lo que dio lugar a la continua entrada de personas, que al final resultaron insuficientes para un lleno total, pero que demostraron no serlo para la hora de los aplausos.


Las fotografías nunca cesaron. Las manecillas del reloj apuntaban hacia las siete de la tarde y que el final se acercaba y todos prestaron aún más atención.

Por fin las luces se apagaron. El auditorio se llenó de aplausos, como resultado de lo satisfecha que se encontraba la audiencia. Todos los actores hicieron su aparición y tomados de las manos se inclinaron hacia delante para agradecer a su público.

Y cuando aún nadie dejaba su asiento, los reconocimientos se hicieron llegar. De la mano de su directora, cada uno recibió el suyo. Finalmente hizo una cordial invitación a las próximas funciones en otras facultades y agradeció la presencia del público.




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1 comentarios:

Anónimo dijo...

Wow, cuando hicimos esta obra nunca imaginé que estarian escribiendo una crónica como esta, es una gran satisfacción saber lo que piensa el público de tu trabajo, muchas gracias por la crónica. Cecilia Morrison...