viernes, 23 de abril de 2010

ESPIRAL, DESDE OAXACA A LA ENAP

Por Evelyn Velázquez González
México (Aunam). Con la influencia de Emilio “Indio” Fernández e Ismael Rodríguez, el director oaxaqueño Jorge Pérez Solano, decidió compartir con el público amante del cine de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, la historia que lleva por nombre Espiral, filme apoyado por el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) y el CUEC.

Pérez Solano primero estudió Ciencias de la Comunicación, pero no sentía la pasión para seguir con esta carrera, así que decidió estudiar cine pues era un gran consumidor de toda clase de películas, encontrando una especial atracción por la dirección.

Espiral se deriva de la reflexión del director al considerar la vida como una continuación a través de los hijos, así como el movimiento constante que sin pensarlo lleva a cometer los mismos errores. Después de dos años y medio escribiendo el guión, comenzó a grabar en el lugar que lo vio crecer San Pedro Oaxaca y en el 2008 concluye la cinta cinematográfica.

La trama gira en torno a la vida de las mujeres del pueblo San Pedro, que esperan el regreso de sus hombres amados, que por necesidad fueron a Estados Unidos para obtener más recursos, contada en dos tiempos da un contexto para argumentar los sucesos de la historia.

Aunque la migración es un tema que se sigue explorando con consistencia en el cine actual, señaló que su motivación principal nació de la necesidad de expresar su marco cultural, pues vivió toda su infancia en San Pedro hasta 1972, año en el que junto con su familia llega al DF, pero confiesa que él siempre se sintió migrante, extraño entre los capitalinos. “Elegí este sitio por nostalgia”, aseveró.

Pérez Solano hace cine independiente porque siempre se pueden explorar nuevas técnicas, ofreciendo una historia más original, detrás de la cual existe una investigación e interacción con los habitantes para hacerla más real y siempre con sorpresas que den un giro para no adivinar el final.

Además esta producción fue generadora de empleo, aunque los personajes principales son actores, todos los habitantes cooperaron para que se realizara. El presupuesto fue de 1 a 10 millones los cuales lo administraron bien para pagarles a cada uno de acuerdo a la función que desempeñaron.

La cinta cuenta con fotografía a cargo de César Miranda, en la que el campo, las casas y el árido paisaje se muestran en su todo esplendor, así como la vida cotidiana, costumbres y ritos del sur de México también son retratados con minuciosidad. La producción estuvo a cargo de Armando Casas, y la música, uno de los recursos predominantes, fue de Rubén Luengas.






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