La mirada en las estrellas y el corazón en las aulas


Por Ana Paula Sierra Reyes 
Nacida de un padre historiador y una madre dedicada a las letras, Rut Salazar creció entre mares de cultura y libros que facilitaron su educación. Sin embargo, su acercamiento a la ciencia era considerablemente menor del que tenía hacia las humanidades, por lo que un examen fallido de trigonometría y una conferencia la llevarían a ver las matemáticas, la física y la astronomía como un atractivo reto al cual dirigir sus esfuerzos. Años después, recibiría el Reconocimiento Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos (RDUNJA). 

Julieta Rut Salazar Contreras obtuvo el título de Física por la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde inició su acercamiento a la docencia hace 18 años como ayudante, y ostenta el grado de maestra en Ciencias por el Instituto de Astronomía. Como profesora de la ENP 6 se ha ganado el cariño de sus alumnos por su dedicación y empeño, así como la perspectiva humanista con la que aborda su relación con los estudiantes. Pero el afecto no es el único de los frutos que cosecha con su trabajo como profesora. 

El RDUNJA, reafirmación y validación

Cuenta la maestra que se encontraba en una reunión de trabajo cuando una llamada la interrumpió; la comunicaron con la Dirección General de Asuntos del Personal Académico y entonces supo de qué se trataba: había obtenido el Reconocimiento Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en Ciencias Exactas y Naturales. El RDUNJA se otorga a profesores jóvenes, con tres o más años de antigüedad, con el fin de incentivar el potencial de jóvenes académicos destacados. 

Después de un facetime con su mamá, se sumergió en la alegría de haber ganado como profesora de bachillerato. Y es que, de acuerdo a Rut Salazar, existe una brecha de número de RDUNJA entre profesores de bachillerato y de licenciatura. Ella opina que se debe a la dificultad de obtener la categoría de tiempo completo, a la que ella es acreedora temporalmente gracias a SIJA (Subprograma de Incorporación de Jóvenes Académicos), que le permitió ostentar el título de profesora de tiempo completo por tres años.  

—¿Qué significó el reconocimiento a nivel personal y profesional?

Luego de un periodo de incredulidad sobre el logro mismo, no pudo evitar sentir "validación", porque "a veces uno siente que no está haciendo las cosas lo suficientemente bien [...] en manera personal, no hay nadie más crítico que la persona". Sin embargo, también es una gratificación que confirma, indirectamente, su vocación por la enseñanza. 

El llamamiento

La decisión de dedicarse a la docencia tiene su génesis durante sus estudios de maestría. Pero Salazar Contreras recuerda con una gran sonrisa el llamamiento hacia la física y la astronomía en sus años de bachillerato tras comenzar a ver a las ciencias exactas como un magnético desafío. 
Las oportunidades culturales de Guanajuato, de donde es originaria, la llevaron a la conferencia de Luis Felipe Rodríguez por el Instituto de Astronomía de Guanajuato. La pasión de Rodríguez despertó su interés por la física y la astronomía, pero también por la divulgación, el otro amor de Rut Salazar. 

Cuando finalmente estudió astronomía, su inclinación por la divulgación la encaminó a vivir la experiencia como ayudante en la Facultad de Ciencias para cumplir con un objetivo: vencer el miedo a hablar en público. Este lapsus de valentía por vencer una especie de pánico escénico se alimentaba del deseo de incidir en las mentes más jóvenes para infundirles conocimiento científico. Gracias a la oportunidad SIJA, por otro lado, su verdadera vocación fue revelada: "Creí que con la docencia podía incidir en las mentes de las personas jóvenes. Además de que lo disfruto mucho”.

El reto de bachillerato

Para Salazar Contreras, la preparatoria “es la última oportunidad que tiene un científico de hablar con alguien que a lo mejor no va a tener ningún tipo de formación científica”, por lo que siente la responsabilidad de incidir en sus alumnos de cuarto y su interés por la ciencia, así como de generar una nueva perspectiva construida a partir de razonamiento científico. 

“Es el último instante en el que algunas personas pueden descubrir que hay conceptos que se pueden demostrar y no tienen que ver con que uno esté de acuerdo o no”. 

El objetivo de la maestra es incentivarlos a probar e invitarlos a zambullirse en la física aunque su campo de interés no sea aquel, así como provocar la discusión en el aula a raíz de los “no sé”; una de las fuentes de desilusión de los alumnos de preparatoria identificadas por Rut Salazar. Porque un profesor puede no saberlo todo pero la discusión causada por este “no sé” vuelve más jugosa la deliberación en lugar de ser un motivo de desilusión. 

Aquí, combina su entusiasmo por la divulgación con la docencia: ella organiza conferencias de astronomía impartidas en la Nacional Preparatoria (en las que por cierto, Luis Felipe Rodríguez, en una ocasión fue invitado, siendo este gran motivo de emoción para la profesora) con el fin de propagar el conocimiento científico y aprovechar los beneficios que la ENP tiene. 

De acuerdo a Rut Salazar, la ENP provee lo que la universidad pretendía desde su concepción: “dar un universo más grande del que tienes cuando entras” gracias a su multidisciplinariedad que permite descubrir un poco de varias índoles.  Adicional a esto, la maestra es una fiel promotora de La Noche de las estrellas, a la que considera un buen acercamiento a la ciencia, habiendo sido organizadora de este evento también. 

A través de las pantallas

Para una maestra como lo es Rut Salazar, que tiene contacto muy cercano con los alumnos (que, según ella son “para quienes trabaja”), la creación de un espacio seguro para ellos es una prioridad. Menciona que cuando la pandemia llegó estaba muy preocupada por poder llevar a cabo esta tarea dentro de las aulas de zoom, pero el miedo se disipó con el paso del año escolar, pues habría de descubrir que reconocía las voces de los alumnos aún sin que ellos hubiesen prendido la cámara. La sorpresa no fue ajena cuando cayó en la cuenta de que sí logró establecer una conexión similar a la posible en presencial con ciertos alumnos.

Aún mayor fue la sorpresa cuando los alumnos, tras una noche de desvelo, le preguntaron por su estado de ánimo. Por supuesto que este estado de ánimo fue consecuencia del cansancio, pero los alumnos se alarmaron al no verla tan enérgica y sonriente como es usual en ella. Y por supuesto, en palabras de la profesora, “las emociones siguen pasando a través de las pantallas”, por lo que la conexión y la empatía alumno-maestro no se eliminan por la frialdad del contacto tecnológico cuando en verdad se desea. 

La entrega de la maestra Salazar Contreras hacia la educación se evidencia en el afecto estudiantil, resultado de su esfuerzo por crear clases como un espacio seguro para el alumnado, así como también es visible en su sonrisa sincera, que asoma su alegría y amor por la ciencia, colándose incluso por sus ojos achicados por la sonrisa detrás de los grandes anteojos. 

La maestra, recientemente condecorada con el RDUNJA, la que supo conciliar sus dos pasiones; la docencia y la divulgación sin miedo a los “no sé”, ostenta esa misma sonrisa al despedirse, armada de una enérgica curiosidad científica, con la mirada en las estrellas y el corazón en las aulas.


Imagen: Gaceta UNAM


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