martes, 13 de junio de 2017

LA VIDA GALANTE Y LAS MUJERES DE MORAL DISTRAÍDA

Por Axel Antonio Martínez Pérez y Daniela Labrada Mejía
Ciudad de México (Aunam). El sexo no es cosa del otro mundo y si la prostitución existe es porque las personas necesitan del placer carnal sin compromiso, así que mientras la sociedad lo requiera, la prostitución seguirá existiendo. Es ya una parte cotidiana del día a día del ser humano, “un mal necesario” que pasa a formar parte del paisaje urbano de algunas zonas de la Ciudad de México.


Las principales zonas de la delegación Cuauhtémoc en las que se puede encontrar este tipo de servicio son San Antonio Abad, Insurgentes, Sullivan, Buenavista, La Merced, Izazaga, Zona Rosa y La Condesa. Con el paso del tiempo, el sexo por dinero pasó de ofrecerse en lugares privados a venderse en avenidas muy transitadas y a casi cualquier hora.

La forma de llevar su trabajo no es distinta a la de cualquier otro individuo con una ocupación normal. Todo depende de la zona en la que trabajen, como platica Beatriz.

“En Sullivan es como una zona VIP. Ahí las chavas son más fresas y tienes que vestirte igual, (pero) también hay chavas de Sullivan que se han ido a trabajar a la Merced, ahí agarran clientes más rápido. Sólo tienes que cambiar tu vestimenta por otras más provocativas y hablarle a la clientela de una manera distinta”.

Nuevas necesidades, nuevos tipos de prostitución


En los últimos años, muchas sexoservidoras han buscado diversificar su trabajo para reivindicarlo, poniendo así en marcha una transformación cultural de la prostitución que permita la expansión de las industrias sexuales e, incluso, una o varias especialidades dentro de su profesión.

Sobre esto Samantha, una sexoservidora, dice que “hay chicas que sólo se dedican a dar masajes eróticos, otras nada más las encuentras en un table dance y hay quienes sólo se dedican a acompañar a las personas. También tiene que ver con el sexo, pero no necesariamente tienes que coger para dedicarte a esto”.

Tal es el caso de Alondra, una chica de 26 años que sólo se dedica al servicio del sexting y whatsapp hot.

“No es necesario ir y pararte a una esquina para poder vender sexo. Eso se hacía antes, ahora puedes promocionarte por internet y obtener mejores resultados. No tienes que conocer a los chavos, ni siquiera tienes que tocarlos para poder hacer tu trabajo”.

"Yo elegí este trabajo porque me gusta coger


A pesar de las modalidades y la diversificación de su trabajo, la crítica social continúa señalando a las sexoservidoras. Muchas feministas que han reflexionado sobre el tema tienen posturas divididas. La primera y la opinión más compartida de la consciencia colectiva se inclina hacia el argumento de que ninguna mujer “elige” prostituirse y si lo hace, es porque está influenciada por traumas infantiles relacionados con abuso sexual, son engañadas o toman esa decisión por desesperación ante la falta de ingresos económicos.

La minoría de las feministas opina que es una decisión libre y que este trabajo no dista mucho de los “moralmente” aceptados. La prostitución es una de las actividades mejor pagadas que una mujer puede encontrar, y hay quienes entran y salen libremente de este negocio, obteniendo una estabilidad económica que otros trabajos no podrían darles

“Yo elegí este trabajo porque me gusta", comenta Samantha, "me gusta coger y lo hago bien, entonces ¿por qué no tendrían que pagarme por ello? Yo fácilmente en una hora gano lo que ellas (las sirvientas) ganan en dos días, si bien les. Sé que muchos piensan que si una se dedica a esto es porque fue violada alguna vez, pero mi caso es distinto. Crecí en una familia que me respetaba y quería que me superara”.

El sexo y la doble moral de la sociedad


La venta de sexo es una actividad que ofende y escandaliza a la sociedad porque se trata de una actividad que no está regulada, ofrece mayor remuneración económica a quien la practica y anula la discreción con la que debería de llevarse a cabo la sexualidad en una sociedad puritana.

Tal vez lo que más molesta a la sociedad de la prostitución voluntaria es que atenta contra el modelo de feminidad aceptado. La mujer debe de representar, a pesar de tantos años de defensa del feminismo, un papel sumiso y débil. Para la mayor parte de la sociedad, la mujer sólo puede tener relaciones sexuales dentro de un marco amoroso. Si ella ejerce su sexualidad libremente, se le tacha de “puta”; en cambio si es obligada, es una “santa”.

El pensar colectivo mexicano es un gran adepto a la doble moral, de ahí se explica que la sexualidad de las mujeres sea vista con otros ojos. Por eso Mary McIntosh dijo: “la prostitución implica, al mismo tiempo, un desafío y una aceptación de la doble moral del status quo. Como tal, no puede ser condenada totalmente ni aceptada con entusiasmo”.

Beatriz relata que a pesar de sentirse orgullosa de su profesión, jamás se le hubiera ocurrido decirle a su papá a qué se dedicaba. “Me hubiera corrido de la casa y jamás me hubiera hablado de nuevo”. En cambio sus amigos no tuvieron problema en aceptar su profesión, “unos incluso se hicieron mis clientes” relata con risas.

El comercio sexual es un medio importante de movilidad económica y también, en algunos casos, de liberación personal. No obstante existen estudios que afirman que la venta de sexo no toma en consideración el contexto de desigualdad social y económica entre hombres y mujeres que refuerza la opresión patriarcal contribuyendo así a la percepción de las mujeres como meros objetos sexuales.

Para las sexoservidoras, el relacionarse con otras personas puede ser complicado. Ese es el caso de Alondra.

“Cuando los demás saben a lo que me dedico dejan de verme como una persona, creen que sólo soy sexo y ya”. Sin embargo, no se queda. Como toda profesional, Alondra entiende que estos son los gajes del oficio.

A pesar de los estudios que se han realizado, las iniciativas de regularización de las sexoservidoras, la libertad de escoger que es lo que cada persona hace con su propio cuerpo, el feminismo, la liberación sexual y la tolerancia de una sociedad machista y puritana, aún queda mucho por hacer con el servicio que ofrecen las profesionales del sexo. Existen cabos, enfoques y realidades que deben ser estudiados de una manera objetiva y con la intervención de todos los interesados, pues como dice Alondra “para coger siempre hay dos involucrados”.

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