martes, 27 de septiembre de 2016

CAMINATA SONORA AL ZÓCALO DE LA CIUDAD DE MÉXICO

  • Se trata de un programa de sensibilización auditiva
  • Incluye la imaginación sonora de los periodos prehispánico, colonial, independiente y moderno de México
  • La Fonoteca Nacional busca cambiar la forma de sentir la vida cotidiana
Por Ana Priscila Martínez Hernández
Ciudad de México (Aunam). La Caminata Sonora fue un recorrido silencioso que organizó la Fonoteca Nacional, el sábado 10 de septiembre a las 11 horas, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Inició en la calle República de Guatemala, frente al Museo Archivo de la Fotografía, a un costado del Museo de Templo Mayor y, posteriormente continuó por lugares y calles importantes de la ciudad como el Carmen, República de Veracruz, el museo de las Constituciones, el Teatro del pueblo, la Casa de Leona Vicario, la Plaza de la Constitución y el Palacio de la inquisición, entre otras.


La actividad tiene por objetivo evocar los sonidos cotidianos de la historia de la capital del país a través de ejercicios de sensibilización auditiva, un guía condujo a los participantes introduciendo postulados de educación sonora de los compositores Murray Schafer y Hildegard Westerkamp, con la finalidad de imaginar los sonidos que han desaparecido con los años en la ciudad y que por costumbre y cotidianidad, son poco percibidos.

Durante las sencillas actividades de escucha, los participantes tuvieron que guardar silencio y tratar de sentir todos los sonidos y frecuencias que lograban reconocer en las calles del zócalo, para después de una pausa compartirlos con el grupo y así contrastar aquellos sonidos con los imaginados respecto a los periodos del México prehispánico, colonial, e independiente. Cabe mencionar que para esta experiencia, los asistentes consiguieron un lugar, mediante un registro gratuito vía internet en la convocatoria que lanzó la fonoteca hace aproximadamente 3 semanas.

En un principio, las frecuencias reconocidas parecían causar poco asombro en los participantes, sólo percibían automóviles, silbatos de los policías de tránsito y multitudes. Ya más adentrados en la actividad, una de las asistentes con discapacidad visual, comentó escuchar unas campanas, matracas, risas de niños y agua cerca de la plaza de la constitución.
Esta observación sorprendió y conmocionó a los asistentes, pues frente a ellos se encontraba una fuente con niños corriendo con una matraca, mientras una iglesia aledaña llamaba con sus campanas a misa de mediodía.


En las siguientes paradas, los participantes añadieron con cada comentario, más sonidos de baja frecuencia como celulares, semáforos lejanos, las canciones del organillero a no más de tres calles, aves en la catedral, entre otros.

La conclusión del ejercicio sonoro fue clara para los asistentes y pudo reafirmarse con las últimas recomendaciones del guía “Cada sonido es único y una ventana sensible de los sentimientos de una época concreta (...) Dejemos de caminar por las ciudades con los sentidos enclaustrados, disfrutemos no sólo de la vista (...) hagamos de una caminata, una experiencia que cambie la forma de sentir la vida cotidiana”.



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