martes, 1 de marzo de 2016

JOSÉ LUIS NÚÑEZ, SCOUT, SCOUTER Y COLECCIONISTA DE PARCHES


Por Armando Montes Ramírez
México (Aunam). José Luis Núñez se prepara para vivir un sábado más como scout, abrocha uno por uno los botones de su camisola roja escarlata de manga larga que cubre una playera negra. Abriga su cuello con una pañoleta de bordes color vino y fondo blanco, la cual representa al grupo 6 Toros de la provincia escultista Benito Juárez.

A un costado de las canchas de fútbol del Parque de los venados, en esa delegación de la Ciudad de México, se encuentra el local del grupo, es su bosque de cada sábado desde hace seis meses. Algunos lo conocen por Insen (acrónimo del ya desaparecido Instituto Nacional de la Senectud), gracias a las canas que se han asentado y comienzan a hacer juego con los restos de cabello negro que ha dejado el transcurso de los años; otros aún lo llaman José Luis, con respeto.

A lo lejos se escuchan siete pitidos, son de la jefa de grupo Ruth Nieblas llamando a lobatos, troperos, caminantes, claneros y scouters a la apertura de actividades. Observa y escucha con atención el discurso de Ruth, entre miradas perdidas ve a sus claneros; espera al cierre de filas y grita acompañado de su clan: Eques hospitalaris, Fides honoris, ¡ForHamDeVerHum!

Tras su paso como consejo rover y jefe de grupo del 320 --ubicado en el parque Río de Janeiro--, comisionado de Operaciones, comisionado de Distrito y presidente de la Provincia Cuauhtémoc, una de las más importantes de la Ciudad de México: llega al grupo 6 Toros de Benito Juárez para escribir un nuevo episodio de su libro scout.

Un scout en miércoles

Era miércoles por la tarde, el reloj marcaba las 15 horas, a unas cuantas cuadras de la estación Durango del MetroBus, en la calle de Tabasco, en la colonia Roma, resalta una vieja casa a la cual los años aún no le pasan la factura, quizá por el color mamey que sobresale de las demás casas o por las puertas de madera que siguen de pie, a pesar de sus más de 50 años de construcción.

Toqué una vez la puerta con temor de que se cayera, no recibí ninguna respuesta; dejé pasar un tiempo y volví a intentar, pasaron los segundos y se escuchó, desde dentro, un ligero eco de una voz aguda: “¿Quién?” Respondo: “Soy yo, Armando, Ranchito”.

Abrió la puerta, lucía una camisa roja fajada en un pantalón azul marino, sostenido de un cinturón scout conmemorativo del grupo 320 y unos zapatos derby color negro. Aunque fuera mitad de semana no podía hacer a un costado su pasión por los scouts.

Con cada uno de nuestros pasos, los 18 escalones que anteceden a su comedor crujían como si se fuesen a romper por el esfuerzo de soportar ambos cuerpos. Una sala desordenada, como resultado de su regreso del Encuentro de Expresión y Arte Scout, efectuado en Aguascalientes, sería testigo de una plática entre scouter y su clanero en función de entrevistador.

En la pared blanca, enfrente del comedor, cuelgan tres reconocimientos scout de su hijo y en el pilar contrapuesto una foto de su bisabuelo con Robert Baden-Powell --mejor conocido como BP, fundador del movimiento scout en Inglaterra.

José Luis es parte de la tercera generación de una tradición familiar. Su padre fundó el Grupo 20 y su abuelo sería el primer presidente y jefe scout nacional oficial. Actualmente espera que la quinta generación de la familia Núñez Prida siga con la tradición como lo hubieran querido su padre y su bisabuelo.

De entrada me muestra una de sus nuevas adquisiciones, un banderín triangular verde con borde negro y la figura de un lobo negro perfectamente cocido a mano. Lo único que sabe es que fue el banderín de la Patrulla Lobos, aproximadamente de 1950.

Lo deja sobre la mesa y animado me enseña una línea del tiempo de los scouts, desde su fundación hasta 2007, material que va a ser utilizado en un curso de inducción orientado a dirigentes de sección.

Sin más preámbulos lanzo la primera pregunta.

--Hijo de tigre…


--Mi padre, junto con mi abuelo, nos lleva a mi hermano y a mí al parque México, encontramos a un gran número de niños haciendo actividades, era el Grupo 24, fue nuestro primer grupo. Debido a la inmensa cantidad de muchachos. Yo, junto con otro sector de troperos tuvimos que fundar, en el mismo parque, el Grupo 20 en el cual, posteriormente, mi padre Jorge Núñez ocuparía el cargo de jefe de grupo.

“Pasó el tiempo y concluí mi etapa como scout, eran los años cumbre de mi vida, tenía 20 años, trabajaba para el gobierno, tenía coche propio. En ese mismo parque conocí a Yolanda Arreola (su esposa); llega un momento en tu vida en el que tienes que decidir si sigues en el movimiento o lo dejas, en ese tiempo decidí dejarlo y durante los 10 años de mi retiro tuve a mi único hijo, José Luis Núñez Arreola.

“Mi hijo creció y pensaba en seguir con la tradición familiar, así que cuando ya tenía la edad para integrarse a un grupo scout, fuimos al parque México para buscar al Grupo 24, pero al parecer se habían ido de excursión. De regreso a la casa de mis padres, por la colonia Roma, encontramos al grupo 320 en el parque Río de Janeiro, opté por inscribirlo y tres meses después me invitaron a participar en el grupo.

Como dice el dicho: ´Hijo de tigre, pintito´. Pepe, como su padre, concluyó su etapa como scout, muestra de esto son los tres reconocimientos colgados en su pared, de los cuales dos son insignias terminales. “Espero que mi nieto, en un futuro, sea la quinta generación Núñez-Prida en integrarse al movimiento”, dijo con deseo de tener un heredero de su colección de parches.

Siempre listo para servir

La promesa scout es un compromiso personal que se asume libre y voluntariamente, se simboliza por medio de una pañoleta al cuello y, dependiendo del grupo en el que se milite, va a tener colores y significado diferentes.

“Salvador Chava Padilla --quien entonces sería su scouter-- no era muy emotivo para entregar pañoletas, hice mi promesa como todo scout, sin embargo creo que la ceremonia más emotiva que debe de tener un scout es la investidura rover”, dijo mientras volteaba a ver su camisola roja recargada en una mesita a un costado mío, con los parches que lo distinguen como rover.

“Por obvias razones no te puedo contar --puesto que yo como scout todavía no he recibido la investidura y ésta tiene que ser una sorpresa…

Suena su teléfono, es Yolanda, platican un momento, parece ser algo importante, recarga su cara en su mano y se despide recordándole que está con Ranchito.

“…Lo único que te puedo decir es que fue demasiado emotiva, un evento de sentimientos encontrados, porque dentro de esta mística converge una dialéctica de dos compromisos: el familiar y el consigo mismo. La faceta familiar es la que más te marca, porque empiezas a recordar parte de tu infancia, de tu juventud, los momentos felices para que de esta forma puedas hacer un compromiso más solemne, por eso es que se te pide un proyecto de vida, porque los compromisos son contigo mismo, no con la sociedad, sino contigo, ¿tú qué quieres hacer?

“Ahora si quieres saber momentos memorables como scouter o padre dentro del movimiento te puedo asegurar, ya te tocará a ti vivirlos, que cuando le entregan una insignia terminal (de la manada) a tu hijo como El Lobo Rampante te llena de satisfacción y alegría; si no me crees, pregúntale a tu madre cuando te entregaron tu Lobo Rampante. Así como Luisa te está friegue y friegue, en su momento le tocó a Pepe para obtenerlos.

“Al igual, cuando tú dejas huella en uno de los muchachos, cuando sabes que has dejado algo que les sea útil, cuando los ves avanzar, crecer, son los momentos que uno como scouter recuerda mucho.”

Colección de parches valuada en 20 mil dólares


Muestra de su trayectoria notable dentro del movimiento, José Luis Núñez es reconocido por su colección de más de 10 mil parches, la gran parte de eventos nacionales. Se llega a decir, que su colección tiene un valor de más de 20 mil dólares.

“Si nos vamos con la definición o los sinónimos de coleccionar sería juntar, agrupar, atesorar objetos con cierta relación. A mí me gusta coleccionar monedas conmemorativas, parches scout, coches a escala; gran parte de mi colección es de origen mexicano aunque también hay material extranjero, por ejemplo gran parte de los parches scout son de otros países.

“El detonante, tal cual, fue cuando mi hermano Ricardo y yo decidimos juntar en un bote parches de cuando fuimos troperos, insignias de participaciones, eventos nacionales. Cuando se muere mi bisabuelo la colección de insignias pasan a formar parte de mi papá. Posteriormente y por azares del destino soy el único de la familia que sigue en el movimiento, entonces mis tías comienzan a regalarme objetos que encontraban en la casa de mi abuelo” --comentó con gran entusiasmo, como si fuera la primera vez que tuviera contacto con un parche.

Es experto en el tema, le gusta que le pregunten por eso. Entre los coleccionadores tienen un lema: “con paciencia todo llega”, sin embargo predica la frase para todos los ámbitos; como en este caso, que explicó de la manera más detallada lo que hay alrededor de este mundo.

“Entre los objetos que me regalan se encuentra un parche del Jamboree --reunión scout mundial-- de Holanda y dos del Jamboree de Washington. Posteriormente en una reunión scout en México, llegan varios coleccionistas a preguntarme sobre los parches, porque no creían que fuera posible que los tuviera en mis manos. Entonces comienzo a involucrarme en las colecciones scout, en ese momento Chava Padilla, quien era mi jefe de tropa, comienza a asesorarme, a decirme que no cambie parches así porque sí, a distinguir un parche original de uno falso, uno bueno de uno malo.

“Comprar un parche debe tener todo un ritual, uno como coleccionador se tiene que fijar en varios puntos, principalmente si es falso o no, aquí puedes encontrar diversos factores como los diferentes tonos de colores, si el material concuerda con el año, que cumpla los estándares para considerarlo en buena condición, etc.”.

Se levanta, va hacia una mesa de estar y una mochila pequeña azul, con el escudo del 320, comienza a sacar bolsas de tortillinas llenas de parches para demostrar y enseñar parte de su colección.

“Por ejemplo, los primeros parches que se conocen en México son de carnaza, después son de cuero, luego de vinipiel y se hacen serigrafiados y después cambian a tela serigrafiada, entonces tienes que ubicarte en el espacio y en el tiempo para darte cuenta si son falsos o no.

“Cuando empiezan a ser serigrafiados se volvieron más fáciles de falsificar, pero también tiene su chiste, en este caso hasta el momento que no tienes uno falso y otro original es donde comienzas a darte cuenta. Con el paso del tiempo la vinipiel empieza a desgastarse y a su vez la tinta empieza a correrse, entonces también tienes que aprender a cómo conservarlos.

“El parche más caro que conozco y que he tenido es del Jamboree de Dinamarca de 1924, está foliado, sólo se reprodujeron cinco mil piezas, la última se la entregó a Baden Powell, y las demás insignias que se quedaron, las cortaron y las quemaron.

}“Es difícil que un parche de 91 años se preserve y más cuando este parche fue hecho en seda virgen, un material biodegradable que lo hace más vulnerable, la segunda cualidad es que ese parche fue pintado con una pintura a base de cobre; el cobre sobre la seda es un material corrosible. El tercer factor es que pasa por la Segunda Guerra Mundial y muchos de ellos fueron guardados o se perdieron.

“En la actualidad se cree que existen 100 piezas alrededor del mundo y se tienen conocidos 43. Aparte existe un pacto entre las personas que tienen este parche, si lo venden, lo heredan o cambien, lo notifican para saber dónde está y quién es el nuevo dueño. El que yo tenía está encapsulado para poderlo preservar y tiene un grado de conservación de un 8 (casi perfectamente conservado), con un valor aproximadamente de 75 mil dólares.”, contesta como si la cantidad de dinero no fuera sorprendente.

Un scout sin camisola


José Luis Núñez estudió Ciencias Políticas en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, aunque sólo es egresado, no duda que pueda titularse, ya que sólo le hace falta acreditar la lengua extranjera.

Es un empresario que se dedica a la comercialización de productos industriales de hule, a la instalación, servicio y asesoría técnica. Sus principales clientes son las empresas Coca-Cola, Del Valle y Santa Clara.

Asimismo, un amante de los perros, los cuales ya comenzaban a rascar la puerta de la habitación en la que estaban encerrados. Pepe y Alondra son sus dos amores, ambos avalados por la Federación Mexicana del American Pit Bull Terrier, en la cual han ganado concursos.

Habla de sí mismo en tercera persona y se define: “José Luis es un líder, emprendedor, una persona tolerante, pero a la vez intolerante a las injusticias; hubo un tiempo en el que trabajé para el gobierno y tuve que salirme por no aprender a callarme, no me gusta andar besando zapatos para ganar más dinero, no aprendí a doblar las manitas. Soy noble, paciente”.

Pepe y Alondra comienzan a rascar con mayor fuerza la puerta y los ladridos se hacen más constantes.

--¿Qué sigue para José Luis Núñez tanto en su vida personal como en la vida scout?

--Es una pregunta difícil, por lo general tengo la idea de que los ciclos deben de ser de tres años, puesto que es el tiempo adecuado para dejar huella y transmitir todos tus conocimientos a los muchachos, en el caso del clan. Se comenta que posiblemente regrese a la provincia (scout) Cuauhtémoc o me vuelva presidente de la provincia Benito Juárez, sin embargo no hay algo definido, mi objetivo es entrar al consejo de viejo rovers por el momento --dijo como introducción a la respuesta.

“En cuanto a mi vida personal, existe la posibilidad de irme a vivir a Tijuana, sin embargo es algo que pienso constantemente, porque el contacto con mis clientes, siento que fallaría, porque no hay una interacción personal. Y es de hecho algo que me gusta tanto de mi vida personal como de los scouts, es la interacción que se tiene con los demás y muchas veces se pierde con las nuevas tecnologías”, concluyó, de cierta manera buscando un pretexto que lo obligue a quedarse en la ciudad.

Agradecí la entrevista y me despedí con un apretón de manos; me acompañó hasta la puerta y nos volvimos a despedir. Al cruzar la primera cuadra volteé y a lo lejos vi un cuerpo robusto caminando a la par de Alondra, yendo hacia la cuesta del sol, como si el bosque lo estuviese invitando a explorarlo, como si la ciudad lo convenciera de quedarse.





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