miércoles, 10 de febrero de 2016

ÁNGELES GONZÁLEZ GAMIO, CRONISTA POR AZARES DEL DESTINO


Por María Guadalupe Ramírez Jiménez
México (Aunam). Una de las más importantes cronistas del Centro Histórico de la Ciudad de México, Ángeles González Gamio, se encontraba ya en su departamento, lista para la entrevista. Su piel blanca resaltaba perfecto con su cabellera rojiza, que le llegaba arriba del hombro. Ojos grandes que exigían atención y unos labios finos que pronunciaron un amable saludo.

Una mujer con estatura de 1.70 cm., complexión delgada, de caminar ligero pero elegante, de pies que parecía que apenas tocaban el suelo. La piel de sus manos, su rostro y su cuello decía que los años iban avanzando cada vez más. Su vestimenta era sencilla: chamarra azul de algodón que cubría desde la mitad de su cuello hasta la cintura, pantalón negro un poco holgado y zapatos negros.

Un departamento amplio con decoración sencilla en el penúltimo piso, con vista panorámica. Piso alfombrado. Luz de focos tenue pero suficiente, pues su ventanal permitía la iluminación natural, resplandeciente.

La cronista no posee lujos como se puede esperar de alguien que vive en Polanco; al contrario, es un lugar tranquilo y cómodo que hace sentirse como en casa. Al fondo un librero ocupa toda una pared y, en la mesa, revistas y libros que ha leído recientemente.

Tomamos asiento en su sillón anaranjado; González Gamio acomoda los cojines, cruza las piernas y se recarga en el respaldo.

A mí lo que me gustaba mucho era escribir


González Gamio ejerció por un tiempo la profesión que estudió: Derecho. Lo hizo en el jurídico del Colegio de Bachilleres. Mientras laboró en esta institución escribía mucho, otro de sus gustos; fue cuando conoció al director de la revista Expansión, y le propuso realizar artículos de interés general sobre los derechos más importantes que tienen los ciudadanos. En ese medio impreso Ángeles inició haciendo entrevistas y reportajes sobre empresas principalmente.

Tiempo después colaboró en la revista Razones, donde inició con reportajes especializados, por ejemplo, sobre las violaciones a mujeres.

“Fui a los reclusorios a entrevistar a los violadores, a los jueces, entrevisté a mucha gente violada”, recuerda mientras su mirada cambia totalmente; sus ojos se agrandan más y su rostro reflejaba que la experiencia seguía viva. A pesar de que le pagaban tres pesos, ella disfrutaba mucho hacer estas colaboraciones.

“Hacía esto porque realmente me satisfacía hacerlo, y el otro trabajo de abogada lo puse en marcha porque tenía que sacar para la papa (la comida)”, agrega y comienza a reírse.

La cárcel es un infierno

Cuando inició este trabajo de investigación sobre las personas violadas acudió a las cárceles. Era muy joven. Cuando la veían entrar al reclusorio muchas personas querían acercarse y tener la oportunidad de hablar con ella para que los ayudara, pues estaban enterados que es abogada.

“Siempre que iba, casi me agarraban como un paño de lágrimas --añade mientras su mirada se fija en el ventanal, como recordando aquellos tiempos de visitar a personas con un mundo difícil y diferente-- pero fue una experiencia muy buena poder escuchar las historias de cada persona”.

La cronista recordó los reclusorios antiguos y los comparó con los de ahora. “Anteriormente estaban bien cuidados, los baños limpios, eran nuevos, había cosas para que trabajaran los presos. Hoy en día hay veintitrés presos en una celda”. Su mirada refleja indignación y admiración a la vez, pues seguía sin creer lo que había visto en aquel lugar.

Soy cronista por azares del destino

Gonzáles Gamio inició en Expansión, continuó en Razones. Después fue invitada a ser directora de Publicaciones del Consejo del Centro Histórico. Durante los años ochenta, el Centro Histórico estaba deteriorado, al punto de no poder caminar. Fue hasta que María Félix declaró que dicha zona era un asco y olía a orines que las autoridades comenzaron a arreglarlo hasta convertirlo en un lugar atractivo.

“Fui a ver al director de Unomásuno y le propuse realizar unos artículos sobre lo que estaba pasando en el Centro Histórico para que la gente regresara y lo descubriera” --sus manos juguetean en el aire, mientras disfruta contar sobre cómo llegó a ser cronista.

Una característica especial que tenían sus crónicas acerca de estos cambios que estaban ocurriendo en el corazón de la capital de México era que ella siempre las realizaba como un paseo, con el fin de que la gente regresara, ofreciéndoles un lugar para comer.

Así, en 1992 fue invitada a trabajar en La Jornada. “Ya llevo 23 años ininterrumpidos trabajando ahí”. Orgullosa de sí misma, la cronista demuestra alegría al recordar los años laborados en ese medio.

Lo que más disfruta de su trabajo es descubrir lugares y luego investigar sobre su historia. Es curiosa: en cuanto ve algún recinto antiguo que le parece interesante empieza a preguntar a las personas cercanas sobre el nombre de la construcción o busca en los libros viejos que guarda en su casa referencias que la pueda guiar hasta encontrar la información que desea. "Busco en mis libros viejos los recintos antiguos".

“Me muero de la emoción al encontrar la información, y entonces escribo sobre eso”, comenta y se acomoda en su sillón, al tiempo de reordenar los cojines que protegen su espalda, con el fin de encontrar una mejor posición.

Manuel Gamio, un gran arqueólogo

Con los años, Ángeles González Gamio se ha vuelto una mujer importante en el ámbito periodístico, pero no olvida su lado humano y suele ser una persona sencilla, recuerda con mucho cariño cuando, en su infancia, su abuelo Manuel Gamio, un gran arqueólogo, la llevó a caminar por el centro.

Para entonces no había sido descubierto el Templo Mayor, aun cuando su abuelo aseguraba desde 1914 que ahí estaba dicho recinto porque se habían encontrado ciertos vestigios. Él le contó aquel día lo que había debajo de la tierra, que era tan importante. Ángeles se imaginaba esa ciudad debajo de sus pies mientras iba caminando.

Manuel Gamio le solía contar aspectos destacados de los mexicas, se encargaba de describirle la cultura. “Siempre quedaba encantada con todo lo que me contaba mi abuelo”, recuerda fascinada.

Había estudiado en un colegio de monjas

El mejor momento de su adolescencia fue cuando ingresó a la preparatoria número 1 de San Ildefonso. “(Fue) muy emocionante porque yo antes había estudiado en una escuela de monjas. Imagínate nomás”. Su mirada fue de impresión, no porque le haya resultado difícil el cambio de un aula a otra, sino porque se sorprendió de haber estado en un lugar diferente para ella.

En un inicio le daba pena conversar con los niños porque no estaba acostumbrada a ese ambiente pero con el tiempo fue agarrando “cancha”. Para ella era otro mundo, y sin lugar a duda, disfrutaba de las buenas experiencias de su entonces corta edad.

Familia unida

¿Tiene esposo?

-No, soy viuda.

El brillo de sus ojos se desvanece luego de responder, su sonrisa se acorta y el aspecto de su mirada cambia totalmente a un estado serio.

Si no le incomoda, ¿me podría contar cómo lo llegó a conocer?

-Para nada –recupera la sonrisa y agarra un cojín para recargar su brazo izquierdo-- pues justamente lo conocí en la Facultad de Derecho.

¿Y tiene hijos?

-Sí, tengo tres hijos, dos hombres y una mujer. Ya son grandes y cada quien tiene su familia. Viven en diferentes lugares. Suelo extrañarlos, pero ¿qué se le puede hacer? Así es la vida.

A pesar de aceptar la distancia que ha tomado cada uno de sus hijos, sabe que el cariño continúa más fuerte y eso ayuda a que su familia siga unida.

¿A qué se dedica cada uno?

-¡Uy! Bueno, son muy diferentes. Uno estudió ingeniería, otro, cardiología, y mi hija es psicóloga. Ninguno de ellos siguió mis pasos, pero me da gusto saber que encontraron su pasión y a eso se dedicaron.

¿Tiene nietos?

-Sí, tengo seis y a todos los amo como no tienes idea. Son mi mayor adoración -- su mirada muestra felicidad, el tono de su voz recupera lo alegre.

Decisiones de vida

González Gamio estudió Derecho porque su papá logró convencerla. Al igual que ella, su padre era abogado pero se dedicó al periodismo. Ángeles no sabía si estudiar sociología, historia o periodismo.

Tenía tantas dudas, hasta que su papá le dijo: “mira, como estás tan insegura, estudia derecho, porque con derecho después vas a poder dedicarte a todas esas cosas”. Y por eso la escogí, aunque nunca me gustó pero soy necia y la acabé.

Se levanta por un vaso de agua, al parecer la garganta se le ha secado un poco tras la conversación. Se dirige a su cocina. Tarda menos de un minuto y ya está de regreso con un vaso de cristal en su mano derecha. Se sienta de nuevo a mi lado y retomamos la plática.

“Me gradué de la universidad 10 días antes de tener a mi tercer hijo.”

¿Se le complicó terminar la escuela por lo de su embarazo?

-Fue difícil, pero decidí echarle muchas ganas para salir adelante.

¿Cómo se tituló?

-Pues hice una tesis para “salir del paso” --no le gustaba la carrera pero la hizo para obtener el título y terminar-- de hecho me decían que me recibí de panzazo, y pues sí, literalmente fue así, en todos los aspectos –comienza a reírse tras haber recordado momentos de la universidad.

Decidió entrar a la UNAM porque ahí habían estudiado las personas más importantes para ella: su mamá, su papá y su abuelo; y no se quería quedar atrás.

Lugares favoritos, recuerdos inagotables

“Mi lugar favorito es la zona chinampera, donde se siembra gran parte de las hortalizas que consumimos en México, porque se sigue trabajando de la misma manera que en la época Prehispánica.”

A ella le parece algo digno de cuidar, ya que son de las pocas cosas ancestrales que quedan. Para algunos podrá ser una simple manera de sembrar, pero para González Gamio, es algo único, un tesoro que aún nos sigue caracterizando a los mexicanos.

“Estas zonas chinamperas se encuentran en Xochimilco y Tláhuac. Han sido declaradas patrimonio de la humanidad por la Unesco (Siglas en inglés de la Organización de las Naciones Unidas por la Educación, la Ciencia y la Cultura)”.

Su rostro refleja un gesto de impresión. Pareciera que aquellos ojos grandes están a nada de salir de su cavidad.

La arquitectura clásica es compleja y siempre conlleva una historia, ¿qué construcción arquitectónica de la Ciudad de México le es de mayor agrado?

Los recuerdos le llegan rápido a la memoria. Podría percibirse que mientras escogía algún lugar, las imágenes pasaban por su cabeza como una cinta de película y le puso pausa a la escena que más le gustó de ese enorme desfile.

-Para empezar, a mí me gusta mucho el estilo barroco. De este estilo tenemos bastantes recintos maravillosos aquí en México. Principalmente en el Centro, hay palacios muy hermosos, por lo cual yo te diría que el Palacio de Iturbide es mi preferido porque se me hace muy precioso.

La Catedral del Centro Histórico no la hizo a un lado, es la joya de esa zona de la ciudad, igual es una construcción que ella admira mucho, ya que de la misma manera, su estilo es puramente barroco.

Lo bueno de la vida lo quiere uno compartir

Para la cronista, lo más valioso que le ha dejado su trabajo es conocer la ciudad muy íntimamente, lo cual le da una enorme satisfacción, y mejor aún, el privilegio de poder compartir lo que ella conoce porque “lo que uno tiene bueno en la vida, uno quiere compartirlo”.

El simple hecho de que primero haya conocido la ciudad, después tener la oportunidad de difundirla a través de sus crónicas y ahora realizar un programa televisivo en el cual se muestren sus rincones interesantes es una enorme satisfacción para ella.

“Pensar que este amor por esta ciudad se lo pueda contagiar a otras gentes, es lo que más aliviane me puede dar, y sobre todo, a gente joven, porque de esta manera la vamos a cuidar”.

Entrelaza sus manos y las acerca hacia ella. En su mirada se puede reflejar cierta esperanza. Enseguida toma un sorbo de agua. La tranquilidad que posee es bastante perceptible.

Algo que anhela González Gamio es que la mayor parte de la población posible pueda conocer la ciudad y, al hacerlo, darse cuenta del valor que guarda cada rincón, que la disfrute, que realmente la ame.

México es un país maravilloso, con la mejor gente del mundo

Lo que más desea hacer por México es transmitirle el amor por él a cualquiera que se pueda, “muy a mi manera, pero este amor es a través de su historia, de los valores que tenemos, que se refleja su arquitectura, en su gente, en las costumbres, las tradiciones”.

La mirada de la cronista es alegre. Ella cree en la humanidad, sabe que hay muchas personas que se sienten interesadas en hacer de México un lugar mejor, dejándose guiar por un bien común y no por intereses propios. Vuelve a tomar agua de su vaso. En esta ocasión la termina.

González Gamio tiene por seguro que México es un país maravilloso, que tiene a la mejor gente del mundo, que sí, no descarta el hecho de que de igual manera tengamos a los peores políticos, pero eso no ha impedido que nosotros como mexicanos busquemos una mejoría y amemos el país.

El reloj marca las 6:05 pm, otras visitas llegan a su departamento. Son dos compañeros de trabajo, cronistas, como ella. Los recibe con la distinguible esencia amorosa que la caracteriza. Con la amabilidad que suele expresar, se despide de la entrevistadora para continuar sus actividades del día.






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