sábado, 28 de noviembre de 2015

“PARA ADAPTARNOS AL MUNDO, ÉSTE DEBE ADAPTARSE A NOSOTROS”: BAUTISTA


Por Cristina Ochoa
México (Aunam). Junto al edificio principal de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y de una forma modesta respecto al imponente edificio contiguo, se encuentra la Dirección General de Discapacidad. Cuatro escritorios conexos, uno más en la esquina izquierda desde donde una mujer en silla de ruedas responde:

“El licenciado está ocupado, ¿podrías esperar?”

Al fondo, escrito en una puerta de cristal, un letrero anuncia “Jefatura”. Detrás de las puertas transparentes un hombre de traje gris habla por teléfono. La translucidez de la oficina se corresponde con la sinceridad con que habla el hombre con el que me encontraré en unos minutos.

Germán Bautista, licenciado en Derecho, potosino y con una discapacidad visual congénita, adquirida por una cirugía de retinoblastoma, un tipo de cáncer detectado en los primeros meses de vida. Es visitador adjunto --la persona que puede trasladarse a lugares donde ocurrieron o se presume que se cometen violaciones a derechos humanos y levantar actas sobre tales hechos-- de la dirección y una de las 200 personas que el gobierno del Distrito Federal empleó como parte del proyecto inclusivo que fomenta.

“Discapacidad, desde mi perspectiva, es un resultado. Es el resultado de la interacción de las personas con deficiencias. Es la interacción de esas personas con las barreras que hay en el entorno.

“La discapacidad es ese resultado. Si eliminamos las barreras no hay discapacidad, hay sólo deficiencia.

“Las personas con discapacidad podemos hacer las mismas cosas, siempre que se nos brinden las herramientas para hacerlo”, sentencia.

El lugar de trabajo de Germán Bautista está equipado con una computadora que cuenta con una aplicación parlante que lo ayuda a saber qué sucede en la pantalla. Del ordenador sale un cable blanco; unos audífonos por los que Bautista escucha y dicta sus documentos. En la esquina derecha de su escritorio se encuentra un escáner utilizado para reproducir los documentos que le envían e iniciar el mismo procedimiento con el procesador.

En los muros que forman su oficina se encuentran colgados cuatro reconocimientos referentes a conferencias y títulos educativos de los que ha sido partícipe. Justo al centro un cuadro muestra dos chicas en silla de ruedas y sentencia la labor y el compromiso que conlleva un proyecto inclusivo: “La defensa de sus derechos humanos es nuestra razón de ser”.

Inclusión

La Dirección General de Atención a la Discapacidad se constituyó en 2011 como un mecanismo institucional de promoción, protección y supervisión (divididas cada una en un área, que trabajan en conjunto) de la aplicación de la Convención Sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

El trabajo de las personas que colaboran en la comisión es defender la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los principios establecidos por la Convención, principalmente el derecho a la rehabilitación y la habilitación; el derecho a la salud (que conlleva asistencia, planificación familiar y orientación), e igualdad de oportunidades.

Dicho proyecto implica también el conocimiento de cuáles son los tipos de discapacidad existentes. Dependiendo de la barrera física a la que se enfrente, una persona puede padecer discapacidad: motriz, sensorial, cognitivo-intelectual o psicosocial.

“Universalmente reconocemos que el símbolo de la discapacidad es la silla de ruedas. Eso omite a otras personas con discapacidad y creemos que estamos resolviendo el tema con colocar rampas”.

La limitada concepción que se tiene sobre el tema impide que las medidas implementadas para su resolución sean funcionales.

Adaptación

Con el objetivo de fomentar la inclusión, en 2010 se creó el Instituto Nacional para el Desarrollo de las Personas con Discapacidad (Indepedi), que entre otras propuestas ha fomentado la adaptación de los museos y espacios recreativos. Hasta el momento 20 instituciones se han involucrado en el programa.

“Se tienen que reconocer los esfuerzos, el Indepedi es un órgano regulador que apoya en la formulación y debería evaluar las políticas públicas. Sin embargo, hace falta que los servidores públicos se concienticen más sobre la responsabilidad que tienen por incluir a las personas”.

Se están haciendo grandes esfuerzos, asegura, que se tienen que reconocer, “pero tampoco quedarse con la idea de que ‘ya se está trabajando, antes no había nada’. Seguir trabajando con esfuerzos dobles para que exista una verdadera inclusión”, es el reto, señala.

Su voz calmada adquiere una entonación singular cuando hace referencia a todo aquello que falta por hacer. Sus párpados se mueven conforme gesticula y menea suavemente las manos, no puede ver y sin embargo, tiene más claro que todos cuál es el problema a resolver. Tiene la capacidad de observar lo que no se puede ver.

--¿Qué falta hacer para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad?

--Pues hace falta hacer muchas cosas. El tema es muy complejo, porque es un tema humano. ¿Qué sucede cuando una persona es mujer, vive en una comunidad indígena y es madre soltera? A eso se le llama discriminación interseccional.

“Es muy sencillo y muy complejo: primero reconocer que la discapacidad es un fenómeno que se debe atender desde diversos sectores y diferentes disciplinas. Porque si no, lo que sucede es que solamente se atiende con donación de prótesis, órtesis o elementos de apoyo, y creen que el problema ya está resuelto; o con rehabilitación hay que curar a las personas con discapacidad. No, las personas con discapacidad lo que requerimos es participar”, dice.

Se requiere que cada sector conozca cuál es su responsabilidad. Implica que las políticas públicas contemplen la inclusión de las personas pero también que no las descuiden.

Como discapacitado visual, Germán entiende de cerca las necesidades de las personas con barreras físicas. Como trabajador en pro de los derechos sabe que hace falta mucho por hacer, que la discriminación es un problema cultural y que la adecuación es el camino para resolverlo.

“Yo sueño con un México incluyente. Un México en el que las personas con discapacidad tengamos las mismas oportunidades, podamos participar mano a mano, codo a codo con las personas sin discapacidad; que nos veamos como iguales. Donde haya una mejor cultura, una cultura de inclusión”.

Un México en el que no haya lugar para la discriminación y se pueda convivir con seguridad o calidad, con disponibilidad de servicios. “Que podamos hacer las mismas cosas todos; que no haya barreras”.

Esa es su perspectiva, sin embargo, para construirlo se necesita más participación de las personas con discapacidad, nuevas voces en este escenario tan complejo; también que haya mayor convicción sobre los derechos de las personas con discapacidad y “que las personas con discapacidad cambiemos el chip, porque nos enseñaron a adaptarnos al mundo”.

“Sí nos tenemos que adaptar al mundo, pero también el mundo se tiene que adaptar a nosotros”.








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