lunes, 7 de septiembre de 2015

SUPERHÉROE, SUPERMAN, SÚPER-MERCADO


Por Ena Chel Aguayo
México (Aunam). Es curiosa la sensación cuando uno sale del Metro. Después de pasar casi una hora en los niveles subterráneos de la capital uno sale, pegajoso y cegado por el sol, hacia la superficie. Es como ser parido por las entrañas de concreto de la ciudad.

Este es el tipo de alumbramiento al que están acostumbrados algunos cientos de pasajeros de la estación Hidalgo; los cuales cada sábado se reúnen a la salida de ésta para atravesar el laberinto de apócrifos vendedores de juguetes, cómics y figuras, y llegar a las puertas del Centro Cultural Miguel Sabido, en cuyo interior se encuentra "un espacio donde la cultura y la diversión, son tu mejor opción".


Este es el lema del Comic's Rock Show, un foro tirándole a mercado, que desde hace dieciséis años abre sus puertas a fanáticos, lectores y coleccionistas que tienen un especial interés por los monitos de los cuentos. Y no es de sorprenderse que desde las once de la mañana estos comiencen a llegar en pequeñas colonias de tres o cuatro integrantes.

Ni siquiera Sam y Frodo podrían atravesar esas puertas tal como lo hicieron con la puerta negra de Mordor, pues para entrar es necesario pagar cinco pesos para obtener el pase al "show". Sí, es necesario pagar cinco pesos para entrar a comprar lo que cualquier puesto de periódicos, o en la Friki Plaza o en la Pikashop, se encuentra.

Pero a diferencia de los anteriores, este lugar es casi exclusivo; de inmediato se reconocen los nuevos y los curiosos, sea porque no están uniformados con la playera negra de alguna banda de metal o casa editorial, o bien, porque miran a los lados como perdidos.

¡Bienvenido amigo, estás en la Meca de los cómics!. Depresivos letreros cuelgan de las rejas de metal roído que separan a los puestos, en ellos puede leerse Backissue en inglés 30%, backissue nacional 20%.


Como hormigas atraídas por un dulce, caminan lonjas y melenas largas en busca de lo nuevo de la semana, lo antiguo de hace 10 años, la figurita que me falta y la otra que dejé apartada. Los puestecitos se reproducen finitamente hacia lo largo y ancho del espacio en columnas de seis por ocho en los que Hulk cuelga de las rejas, le acompaña Darth Vader y, debajo de ellos, Leon-o tiembla de cansancio por estar cargando un Gameboy color sobre sus hombros. Aquí hay de todo pero en todos lo mismo: llaveros, peluches, camisetas, Pepsicards, tazas, juguetes (de niño y de adulto).

Apartado del cuadro principal se halla El Calabozo. Una tienda más de cómics y juguetes que se ubica en las escaleras del inmueble; ésta tiene bajo luces amarillas y un intenso olor a marihuana, a Superman destrozándose los puños de acero con Kalimán, a Blue Demon enroscando a Fantomas por el cuello, a Mickey Mouse bromeando con el Pájaro Loco y a Memín haciendo de las suyas junto a Alfred E. Neuman. Increíbles batallas tienen lugar en las cajas de El Calabozo, el que encierra a todos los superhéroes, villanos, patiños, chambeadoras y vaqueros en un único espacio.

El Rock Show también ofrece a sus visitantes proyecciones de películas, presentaciones de cómics, torneos y conciertos. Por eso, hacia la una de la tarde, una nueva clase de fanáticos llega al lugar. Camisetas de Kiss, botas guerreras, un poco de cuero y lentejuelas se dan cita en el reducido auditorio del centro cultural. El menú de hoy ofrece restos sudados de pizza, agua embotellada y Kizz Dinasty, un humilde tributo a la banda estadounidense.

Durante más de tres horas, la versión del Simón Simonazo de Kiss, compuesta por cuatro sujetos enlicrados, entaconados y maquillados, se dedica a coverear las canciones más emblemáticas del grupo. Acordes ciegos, gritos sordos y el shalalear del público hacen tiritar de emoción (o de espanto) el recinto entero.


Son casi las cuatro y media de la tarde; el sol ya no es una amenaza. Enormes cajas y contenedores aparecen en los puestos. En su interior comienzan a acomodarse por tamaño, por tipo de mercancía o por como quepan, las páginas no vendidas, las figuras manoseadas, las camisetas en sauna y la infaltable caja de ganancias. Todo se guarda con cuidado, ya sea para el siguiente día o para el próximo fin de semana.

Se desmontan las rejas, guardan las mesas y apilan las sillas. En el aire aún quedan rumores mal intencionados sobre la desaparición del Comic's Rock Show, mas hoy no será el día que se cumpla la profecía. Ni en el día más brillante, ni en la noche más oscura, nuestro vecino amistoso colgará la capa.




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