miércoles, 6 de mayo de 2015

FEMINICIDIOS: LA DEUDA DE PEÑA NIETO


Por Leonides Sandoval Castañeda
México (Aunam). Humberto Padgett y Eduardo Loza suelen torear al alimón. Han publicado Los muchachos perdidos (2012), Retrato íntimo de un padrote (2012) y Las muertas del Estado (2014), este último un reportaje de largo aliento sobre el cual hicieron una disección el pasado 6 de mayo de 2015 en el auditorio Ricardo Flores Magón de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, como parte de los festejos por el 15 aniversario de la Agencia de Noticias de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Ya de por sí el título de la obra tiene una doble lectura: se refiere a los asesinatos de mujeres ocurridos en el estado de México y a la responsabilidad del Estado como ese conjunto de instituciones, como lo afirma contundente Padgett al concluir su primera intervención de la mañana, en una conferencia de la cual fue moderadora la licenciada Carmen Avilés Solís, responsable académica de la Aunam.

Es el Estado el causante de estos crímenes por su indiferencia, intolerancia y corrupción; es responsable Enrique Peña Nieto, que mientras como candidato presidencial le coreaban “Enrique/ bombón/ te quiero en mi colchón”, no hacía nada como gobernador mexiquense por decretar la alerta de género para proteger a las víctimas de feminicidio; es culpable el ex procurador estatal Alfonso Navarrete Prida, quien ahora como secretario del Trabajo federal es el encargado de reproducir las políticas sociales que hacen posible estos crímenes; y lo son también los ex mandatarios estatales Emilio Chauyffet Chemor, ahora encargado de la política educativa reproductora del sistema, César Camacho, hoy dirigente nacional del PRI pero omiso como gobernador, y Arturo Montiel, quien como funcionario se hizo de propiedades de manera ilícita. El actual titular del Ejecutivo estatal, Eruviel Ávila, simplemente no les contestó el teléfono.

El autor argumentó que en este reparto de responsabilidades están todas las tendencias políticas, desde los ayuntamientos, entre ellos los de Nezahualcóyotl, Chimalhuacán y Ecatepec, que han sido perredistas, panistas y priístas; pasando por el gobierno estatal, en este caso con el priísta Peña Nieto, y el federal, que estaba a cargo del panista Vicente Fox en la época de mayor incidencia de estos crímenes.

En ámbitos menores, agregó Padgett, son responsables de estos crímenes los que piden dinero a los familiares de las víctimas: los policías para curarse la cruda; los investigadores para aceptar llevar a sus perros a olfatear el sitio del crimen, los agentes del Ministerio Público para permitir sacar copias del expediente, los jueces que con argumentos monetarios dejan en libertad al asesino…

En estos crímenes, señaló, no hay asesino serial. O si lo hay, pero se trata del conjunto de condiciones económicas, políticas y sociales que los hacen posible.

El trabajo, de 467 páginas, está tan bien armado que no hubo un solo desmentido del gobierno, ni una nota aclaratoria, el ente estatal adoptó más bien una actitud de desdén, de indiferencia, de cerrar los ojos ante las evidencias de su responsabilidad, de culpar a la víctima de su propia desgracia, de montar presuntos suicidios, todo para no garantizar algo tan elemental como justicia, señalaron los autores ante un auditorio que, como ha ocurrido en estos festejos por el 15 aniversario de la Aunam, lució repleto y participativo.

Tan bien argumentado, sostuvieron los autores, que el libro fue utilizado por la señora Irinea Buendía como evidencia para que a finales de marzo pasado la Suprema Corte de Justicia de la Nación le otorgara un amparo para que la Procuraduría de Justicia del estado de México reabra el caso, desde una perspectiva de género, del presunto asesinato de su hija Mariana Lima Buendía, ocurrido en 2010, ya que según sus familiares fue muerta por su esposo, Julio César Hernández Ballinas, un policía judicial mexiquense. El caso había sido cerrado sólo con la declaración del marido de que ella se había suicidado.



Como fotógrafo, Eduardo Loza explicó que Las muertas del Estado se divide en dos partes, una textual y otra gráfica que son a su vez independientes y complementarias, señal de la afición de ambos por lidiar en equipo. En esta faena, señaló, no se quiso hace un libro de nota roja con el típico retrato de la muerta, sino documentar las huellas de las víctimas, hablar desde su ausencia. Hacer un ensayo fotográfico de largo aliento.

Así, en el libro aparecen reminiscencias de la vida de las mujeres ultimadas: un moño blanco en la pared, un altar montado en una mesa, un cenotafio en un crucero vial, unos nichos de panteón, las habitaciones que atestiguaron su paso por la vida, entre ellas la de Lucero, que permanece intacta varios años después de su muerte; una vivienda, una azotea y una imagen del barrio donde se desenvolvían, una credencial de elector, unos aretes, un rosario, unos zapatos, unas muñecas, las fotografías de los 15 años, el vestido de novia, el último mensaje de celular de la víctima, un dibujo, un recorte de periódico con la noticia del crimen, una playera de “Se busca a Toti”, un cartel de recompensa…

Hay fotos con una fuerte lectura política: una ilustra una pinta en una pared: se trata de la frase “No más feminicidios” y la imagen de unas tibias cruzadas en forma de equis y en la abertura superior un dibujo de la cabeza de Enrique Peña Nieto, a semejanza de la calavera en los logotipos de los piratas. Otra es la de un cartel tirado en el piso con la frase “En mi hogar hay piso firme”, luego el eslogan “Vivir mejor, gobierno de la República”, y junto a él al menos tres pares de zapatos de víctimas de feminicidio.

En fin, un ensayo fotográfico con vida propia, complementario del texto pero independiente, no para ilustrar el escrito, sino para hablar por sí solo. En fin, hacer efectivo aquello de “Una imagen dice más que mil palabras”.

Perfiles:

Humberto Padgett (1975) estudió periodismo en la UNAM. Escribe para el portal Sin Embargo. Su labor periodística le ha valido los premios: Internacional de Periodismo Rey de España, Ortega y Gasset, Kurt Schork, cuatro veces el Nacional de Periodismo en México, el Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, entre otros. El autor también ha publicado Jauría. La verdadera historia del secuestro en México (2011).

Eduardo Loza (1973) estudió periodismo en la UNAM. Ha sido coordinador de fotografía de la revista emeequis y reportero gráfico en El Universal y la agencia Cuartoscuro. Su trabajo ha estado expuesto en la Muestra Colectiva de Fotoperiodismo Tepito, en la Galería Nacho López de la Casa del Lago de la UNAM y en el Club Fotográfico de México. Ha sido seleccionado oficial en 2005 y 2007 en la Bienal Iberoamericana de Fotoperiodismo de Cultura.





Bookmark and Share

0 comentarios: