jueves, 19 de marzo de 2015

UNA IZQUIERDA PARA LA DEMOCRACIA EN MÉXICO

Por: Julián Rodríguez Linares

México (Aunam). Precursor del primer sindicato de profesores universitarios el SPAUNAM (Sindicato de Personal Académico de la UNAM) en 1974, así como ex Consejero Presidente del Instituto Federal Electoral (IFE) del año de 1996-2003, José Woldenberg es un académico que estudia el proceso democrático que vive el país a partir del año de 1977 hasta nuestros días.

En esta transición de un régimen autoritario a una germinal democrática, diversos actores con distintas opiniones, sean de derecha o de izquierda, han participado en su construcción, pues en “el México de hoy existe un pluralismo vivo”, afirma Woldenberg, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en la UNAM.

En ese sentido, la izquierda mexicana es un protagonista de este camino institucional. El ciclo reformador que vivió México en el periodo de 1977 a 1997, no se entendería sin la colaboración de partidos políticos de esta corriente ideológica que alzaron la voz para ingresar al mundo legal, así como competir en elecciones que garantizaran condiciones de equidad y certeza. Sin embargo, en ocasiones su participación llega a erosionar la confianza de la ciudadanía a las instituciones cuando los resultados electorales son adversos.

Así pues, con la intención de tener un mayor conocimiento acerca de la izquierda, el pasado mes de junio de 2014, el sociólogo José Woldenberg en entrevista explicó los desafíos que enfrenta esta franja política en un ambiente democrático, debido a que las demandas de equidad social no deben atentar en contra de la pluralidad política, pues se debe de entender que “es una virtud convivir y competir con otros que tienen diagnósticos y puntos de vista distintos”.

Entrevistador: Desde el año de 1919, fecha en que se crea el Partido Comunista en México, hasta la década de los 60’s ¿Considera que el socialismo fue una opción distinta al Partido Revolucionario Institucional (PRI)?

José Woldenberg: En México más que hablar de “la izquierda” habría que decir “las izquierdas” en plural. Si usted quiere iniciar, por ejemplo, a fines de la fase armada de la revolución, es muy importante detenerse a ver el ala izquierda dentro del propio movimiento armado, porque ahí hubo una izquierda activa la cual luchó y luego logró muchas de sus metas, como lo fueron el reparto agrario, la organización de los trabajadores, que de alguna manera modeló el artículo 123° constitucional, y la Ley Federal de Trabajo en 1930, la cual impulsó una política internacional independiente. Entonces ahí hay una veta de la izquierda mexicana que se siente heredera de la revolución mexicana.

Por supuesto, en 1919, además, se fundó el Partido Comunista Mexicano que pasa a ser una sección de la Internacional Comunista. O sea, había la idea de que se trataba de un movimiento universal, pero ese movimiento con el correr de los años acabó siendo más bien un movimiento que respondía a las estrategias de la Unión Soviética.

En efecto, en sus inicios el Partido Comunista Mexicano es un partido pequeño, pero en la década de los años 20’s y 30’s crece y se arraiga en varios sindicatos, asimismo funda la Confederación Sindical Unitaria de México, una agrupación que tuvo arraigo y peso entre los trabajadores, además sirvió de antecedente a la Confederación de Trabajadores de México (CTM), cuyo primer comité ejecutivo cuenta con una presencia relevante de militantes del Partido Comunista.

E: ¿Usted cree que en el periodo del presidente Lázaro Cárdenas se adoptó la ideología marxista en su gobierno?

JW: No, el presidente Cárdenas fue un hombre progresista, pero dentro de los marcos de la ideología de la Revolución Mexicana. No se le pueda considerar a él dentro de la corriente de pensamiento marxista. Izquierda sí, sin duda. Es decir buena parte del programa original de la revolución mexicana se materializa precisamente durante el sexenio del general Cárdenas de 1934-1940. Antes de esos años, por ejemplo, el reparto agrario había sido errático y mínimo, pero con él se profundiza y se hace más extenso, masivo e importante de la historia de México.

Durante su sexenio se fomenta y se ve con buenos ojos la organización de los trabajadores, hay un clima de tolerancia hacia sus huelgas, hacía sus demandas y demás. Promueve una política internacional impecable, por ejemplo, México apoya la República Española ante el levantamiento de los generales golpistas y a lo largo de la Guerra Civil da asilo a Trotsky, quien fue un perseguido político.

Es decir, los méritos del sexenio del general Cárdenas están ahí. No por nada, creo, es el presidente más recordado y valorado de todo el siglo XX mexicano. Y fue claramente una política de izquierda, pero de ninguna manera inspirada en el marxismo.

E: Por otra parte ¿Cómo calificaría la influencia de la Revolución Cubana en el contexto político y social mexicano?

JW: Pienso que al igual que en América Latina, la Revolución Cubana fue muy influyente, porque puso sobre la mesa la idea de que la revolución de carácter socialista estaba en el orden del día y era posible. Incluso en muchos países pequeños grupos guerrilleros trataron de imitar esa experiencia y ciertamente se convirtieron normalmente en unas catástrofes, porque esa era una imitación extra lógica. Esos levantamientos, guerra de guerrillas, acabaron muy mal y fueron realmente masacrados.

Pero la revolución cubana tuvo un impacto muy fuerte en la izquierda de América Latina y casi la defensa de la misma se convirtió en una especie de leitmotiv en todo el continente.

E: En la década de los setentas y con la reforma política de 1977 se abrió un camino a la izquierda para tener representación en el congreso. Esta medida fue aceptada por buena parte de dichas organizaciones, pero hubo otras que decidieron seguir en el camino de la guerrilla ¿usted cómo describiría ese momento crucial de la izquierda en las que unas corrientes optaron por las instituciones y otras no? Asimismo, ¿piensa que fue una reforma limitada o más bien la guerrilla adquirió un discurso radical incapaz de entender que el camino era por la vía institucional?

JW: Primero hay que recordar cual era el clima en la década de los70’s, después del movimiento estudiantil de 1968, la izquierda tiene muy diversas expresiones. Son años en los que vuelve haber invasiones de tierras, se demanda un nuevo reparto agrario y surgen nuevas organizaciones campesinas de tipo autogestivas.

La izquierda está también en muchos de los movimientos populares que se generan en aquellos años, crea algunos sindicatos, está en muy diversas publicaciones, aparece en distintos partidos y en los años setenta genera una serie de grupos guerrilleros. Entonces, otra vez estamos hablando de una izquierda que está en las movilizaciones sociales, los partidos, en las publicaciones y también en la guerrilla.

En ese contexto, se da la reforma política de 1977. Vista en retrospectiva por supuesto que parece como una reforma limitada, pero en su momento fue una reforma estratégica. Suelo decir que fue la típica reforma que no es terminal, sino todo lo contrario, inauguró todo un ciclo reformador. ¿En qué consistió esa reforma? En algo relativamente sencillo: abrir la puerta para aquellas organizaciones que quisieran participar en el mundo institucional-electoral, y la otra gran reforma fue la modificación de la Cámara de Diputados al dotarla de una mayor pluralidad a través de los diputados plurinominales.

Esas dos reformas, no se explican sin lo que el Partido Comunista Mexicano había realizado durante las elecciones de 1976 donde postuló a un viejo sindicalista, Valentín Campa, a la Presidencia de la República, pero esa candidatura careció de registro. Era muy claro cuál era la demanda del Partido Comunista: queremos estar dentro del mundo institucional, somos un partido de mexicanos, tenemos derechos y queremos participar en las elecciones. Entonces, considero, desde el gobierno se vio la posibilidad de que buena parte de la conflictividad pudiera expresarse por vías institucionales y pacíficas.

Con la reforma los dos primeros partidos de izquierda a los cuales se les otorgó el registro fueron el Partido Comunista Mexicano y el Partido Socialista de los Trabajadores. Dentro de la izquierda hubo una enorme discusión, mucha gente comprendió esto como un avance, pero otros criticaron el ingreso del Partido Comunista a la vía institucional-electoral.

Sin embargo, muchos de los que criticaron esta institucionalización de la izquierda, con el tiempo fueron entrando al marco legal. Uno tras otro. Es decir, después de la entrada del Partido Comunista Mexicano, el Partido Socialista de los Trabajadores, no recuerdo la secuela, pero entraron el Partido Revolucionario de los Trabajadores, el Partido Social Demócrata, el Partido Mexicano de los Trabajadores; hasta que, considero, hoy lo fundamental de la izquierda mexicana está en el mundo institucional electoral.

E: ¿La ciudadanía tenía fundamento para criticar al Partido Comunista cuando ingresó al mundo institucional?

JW: No tenían fundamento. Recuerdo que en aquellos años incluso Heberto Castillo calificó a esa reforma como una reforma fascista, no entiendo el por qué. Y bueno, luego prácticamente se tuvo que desdecir, porque unos años después el partido que había fundado pidió su registro.

Cabe destacar que en los años setenta, hay también una hegemonía del discurso revolucionario, entonces se piensa que participar en elecciones, buscar su registro, tener diputados y demás no es más que un paliativo, puro reformismo, etc. Por supuesto, es reformismo, pero el reformismo desde el punto de vista no tiene nada de malo, en cambio lo otro no era más que una ilusión.

E: Entonces esas personas de izquierda en la década de los 70’s no tenían valores democráticos.

JW: Considero que durante muchos años, la idea hegemónica dentro de la izquierda fue la idea revolucionaria. Así como desde el gobierno la revolución estaba atrás en la historia y era lo que los legitimaba, ese era el discurso del PRI, eran los herederos de una revolución. En la izquierda se pensaba que en el futuro estaba una revolución y sería de carácter socialista, esa fue una idea hegemónica en los años 70’s y quizá hasta los 80’s.

Paulatinamente empezó a haber una reconversión de la izquierda hacía los códigos democráticos y a entender que la democracia no era solamente un medio, sino era un fin en sí mismo. Porque una sociedad contradictoria, masiva, como prácticamente cualquier sociedad moderna requiere de un formato el cual permita la expresión, la recreación, la convivencia y la competencia de la diversidad política.

Desde los setentas se generó un cambio espectacular, para mí, en la valoración de la revolución y de la democracia. Seguramente siguen existiendo corrientes dentro de la izquierda que se reivindican como revolucionarias, pero pienso que la izquierda hegemónica es más bien democrática y reformista. Y ahí está, lo vemos todos los días.

El pluralismo político llegó para quedarse

E: Después del conflicto post electoral de 1988, y tras la creación del PRD, una vez más la izquierda adquiere una actitud negativa ante las reformas que impulsó el ejecutivo, de hecho en las primeras dos reformas electorales que se hicieron en ese sexenio, los miembros del PRD no quisieron negociar. ¿Usted cómo calificaría esa actitud de la izquierda en sus primeros años de no sentarse a dialogar y llevar siempre una oposición al gobierno?

JW: En 1988 se dan unas elecciones realmente competidas. La candidatura del ingeniero Cárdenas convocó muchísima gente, formalmente la apoyaron primero tres partidos, luego cuatro, pero realmente fue una candidatura de cuatro partidos más la corriente democrática que había roto con el PRI, así como una gran cantidad de organizaciones de izquierda mexicana. Esa es la plataforma del Frente Democrático Nacional.

Entonces, México va a unas elecciones muy competidas y el procesamiento de los resultados es totalmente anómalo. Para mi punto de vista ni las reglas, ni las instituciones, ni los operadores estaban calificados para procesar de manera limpia esos resultados. Pero de todas maneras al final se calificó la elección y el Colegio Electoral otorgó el triunfo de Carlos Salinas de Gortari. Se cometió un agravio muy fuerte contra la izquierda al no contar con limpieza los votos y eso es lo que explica, digamos, la negativa a sentarse a la mesa con el PRI y el gobierno a negociar.

Sin embargo, algunos que en aquél momento estábamos en el PRD, teníamos una tesis distinta. Lo que señalábamos era que precisamente por lo que sucedió en 1988, porque la izquierda creció, era un polo de atracción muy fuerte, porque millones de mexicanos votaron por su candidato y por ello era necesario una serie de reformas para dar garantía a que los votos fueran contados de una manera limpia. Eso fue en aquel momento una diferencia que sostuvimos en el seno mismo del PRD algunas personas, y por lo cual en mi caso y con otros compañeros Adolfo Sánchez Rebolledo y Pablo Pascual salimos en abril de 1991 del PRD, no coincidíamos con su estrategia.

Es fácil explicar por qué la otra parte no se quería sentar a la mesa, se sentía agraviada y no estaban dispuestos, decían ellos, a legitimar un gobierno ilegítimo. Nosotros decíamos que la mesa estaba puesta para llevar adelante una serie de reformas, precisamente porque México no podía ir a unas elecciones con la misma normatividad y las mismas instituciones que la del 88.

De hecho, nuestra tesis se parecía mucho, en ese renglón, a la del Partido Acción Nacional (PAN). El PAN sí se sentó a la mesa con el gobierno de Salinas y con el PRI e hizo una reforma bastante importante, de ahí salió el IFE y el Tribunal Federal Electoral.

E: En los años siguientes el PRD se consolidó como partido político, por ejemplo el Distrito Federal (D.F) se convirtió en un bastión importante de la izquierda, pero al mismo tiempo en que adquirió fuerza también se convirtió en lo que ella misma criticó. Por ejemplo, Luis Gonzáles de Alba denuncia en su libro AMLO la construcción de un liderazgo fascinante la corrupción al interior del partido y los tratos con organizaciones como el Frente Popular Francisco Villa Independiente. A 25 años de la fundación del sol azteca, ¿usted considera que el PRD dejó pasar su oportunidad como una opción política en favor de la consolidación del Estado de Derecho?

JW: No, el PRD es una de las tres fuerzas políticas más importantes de México. Tiene arraigo, seguidores, ideario y votos. Gobierna el DF desde 1997, pero también ha gobernado: Zacatecas, Tlaxcala, Baja California Sur, Guerrero, Morelos, es decir, es un partido muy implantado, es una fuerza importante.

Considero que durante muchos años fue el partido más representativo y arraigado de la izquierda mexicana. Ahora tiene un enorme reto, porque el dos veces candidato presidencial de ese partido, rompió con el PRD y está formando una nueva organización Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y en el 2015 la izquierda va ir a las elecciones dividida.

Entonces el PRD logró muchos de sus objetivos y en efecto también aparecieron una serie de patologías. No sólo en el PRD sino en todos, parece que la corrupción no es un asunto exclusivo del partido A, B ó C, sino eso corre transversalmente por todos.

E: Usted qué opina de aquellas personas que critican al PRD porque en sus filas hay políticos que antes estuvieron en el PRI o PAN.

JW: Cualquier generalización de esa naturaleza a mí me parece excesiva. Es decir, en todo partido grande como es el PRD hay de todo. Existe gente que está convencida de su diagnóstico, de sus propuestas porque cree que a través de él se puede construir un México mejor. Seguramente, también hay oportunistas y arribistas, pero eso no es un fenómeno exclusivo del PRD ni de México, eso se da en todos lados. O sea, los partidos son casas muy grandes donde cabe de todo.

E: Con respecto a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ¿usted calificaría a éste político de izquierda? Lo mencionó por lo siguiente: cuando fue jefe de gobierno se caracterizó por tomar decisiones populistas, como la construcción de segundos pisos, donde buscaba proyectarse a nivel nacional más que generar una política enfocada a solucionar el problema de tráfico en la ciudad.

JW: AMLO es un político de izquierda pero es también un político populista y además con rasgos bastantes autoritarios. En efecto, el proyecto de los segundos pisos, pues no corresponde con una política de izquierda, porque debió de impulsar el uso del transporte colectivo y no el fomento al automóvil.

Entonces, es una política que no se entiende del todo desde una perspectiva de izquierda, porque las ciudades que han intentado solucionar el problema del transporte y han dado pasos importantes han optado por el metro, sistemas de autobuses y demás; pero durante el periodo de AMLO, el metro no fue su prioridad al apostar a los segundos pisos.

E: ¿Por qué razones considera a AMLO de izquierda?

JW: Considero que sí pone un acento en los temas de la desigualdad, pobreza, atención a los que menos tienen. Eso sí es cierto. Es decir, la gran causa de la izquierda es la equidad y en ese sentido AMLO sí tiene los resortes muy aceitados hacia esa dimensión. Sí es un político preocupado por las enormes desigualdades que hay en México y por las franjas enormes de pobres que existen en este país y en ese sentido considero que es un político de izquierda.

E: ¿Usted cómo calificaría la polémica que causó AMLO en la elección del 2006?

JW: El problema no es causar polémica. Si usted se refiere al episodio del 2006, creo que a sabiendas de que no había ganado, él sostuvo una tesis la cual nunca pudo probar: el fraude. En ese sentido, quizás erosionó y mucho la confianza en las instituciones que organizan el proceso electoral.

Hay que recordar lo que sucedió en aquél entonces. La noche misma de la elección el presidente del Consejo General del IFE salió a señalar que la votación del conteo rápido, que habían mandado a hacer, era muy cerrada y precisamente por eso nadie podía proclamarse ganador, era necesario esperar a que el miércoles empezara el conteo de los votos distritales. Pero la noche misma de la elección se proclamaron vencedores, por una lado Andrés Manuel López Obrador y por el otro Felipe Calderón. Y una vez que el PREP como en los conteos rápidos demostraron que la elección la ganó Felipe Calderón por un margen muy estrecho, López Obrador la descalificó y dijo que se había cometido un fraude, es decir se lastimó la voluntad de los votantes.

Como era un político muy poderoso, y lo sigue siendo, mucha gente que tiene fe y confianza en él, creyó esa versión. Y si algo, pienso, hay que criticarle a López Obrador es precisamente su falta de lealtad hacia las instituciones y los procesos democráticos.

E: Entonces, ¿usted cómo explicaría esa fe ciega que tienen hacia AMLO, porque una buena parte de la ciudadanía cree en la idea del fraude electoral, lo cual generó intolerancia con aquellos que no simpatizan con sus ideas?

JW: Dentro del movimiento de AMLO hay de todo: hay gente que ha luchado a lo largo de los años por un México más justo, por la democracia y demás. Y hay, en efecto, mucha gente muy intolerante, pero hay de todo.

Una de las deficiencias mayores, si es que así se le podría llamar, de muchos quienes militan en ese movimiento es no entender que el pluralismo político llegó para quedarse, y pensar que una sola fuerza, un solo partido, un solo liderazgo encarna todas las virtudes y sus adversarios no son más que la encarnación del mal. Ese tipo de razonamiento, polarizante, esquemático y maniqueo sí genera muchas actitudes autoritarias. Porque no se considera ni siquiera legítimo la coexistencia y el diálogo con aquellos que piensan diferente.

Y por eso Morena ha descalificado una y otra vez al PRD cuando entra en negociaciones. Cuando si algo está sobre la mesa en el México de hoy es la necesidad de acuerdos para hacer cualquier tipo de reformas y excluirse de esas operaciones pues no lleva a nada. Entonces, sí hay en ese movimiento muchos resortes autoritarios, y al leer muchos de sus discursos y de los planteamientos esto se puede demostrar.

E: En ese sentido, ¿cómo describiría la atracción que ha tenido AMLO entre profesores universitarios o en la academia?

JW: Incluso diría que hay que saber distinguir la esfera de la política de la academia. No estoy pensando en una academia idílica que no esté penetrada por la política, pero la academia sí tiene una especificidad la cual consiste en la búsqueda de la verdad, así como la política su resorte natural es la búsqueda del poder.

Entonces, no siempre son compatibles y se le hace muy flaco favor a la academia, digamos con actitudes dogmáticas dentro de la misma. Cualquiera puede ver y oír en el México de hoy que este es un país donde existe un pluralismo vivo, que no está sólo en los partidos, sino se presenta en las escuelas, en los centros de trabajo, en las familias o en los barrios. Es decir, un México con estas dimensiones y contradicciones, simple y sencillamente no cabe ni quiere hacerlo bajo el manto de una sola ideología, un solo partido y un solo liderazgo.

Ojalá el mejor futuro para la izquierda sea el de convertirse en una izquierda fuerte y democrática. Democrática, quiere decir que se entienda como una virtud convivir y competir con otros diagnósticos y puntos de vista, y aquellos que han intentado homogeneizar un país han creado catástrofes enormes.

Es decir, lo que sucedió en la Unión Soviética, lo que ahora pasa en China, lo que aconteció en los países del Este Europeo, lo que ocurre en Corea del Norte, en Cuba, etc. no creo que puedan ser modelos a seguir, precisamente porque suprimieron el ejercicio de las libertades y quienes lo hacen cometen un atentado contra todos aquellos que no piensan, no actúan y no tienen la misma sensibilidad de quienes detentan el poder.

Entonces, el gran reto es ser una izquierda auténticamente democrática y que sepa que habrá momentos en que gane, pierda, en que gobierne unos estados del país y otros no, va a tener que coexistir con otros partidos políticos en los congresos locales, en los ayuntamientos y a nivel federal. Es decir, se comprometa precisamente a robustecer, fortalecer las reglas, las instituciones para la convivencia democrática. Ojalá y eso suceda.

E: ¿Cuál es su opinión de la reforma político-electoral 2014, donde se aumentan las funciones del instituto electoral para evitar la intromisión de los gobiernos locales?

JW: El PAN y el PRD sostuvieron que los institutos electorales locales habían perdido o nunca habían tenido autonomía, que los gobernadores los habían succionado y en ese sentido no cumplían con su papel. Entonces plantearon su desaparición y la creación de un Instituto Nacional Electoral (INE) que hiciera todas las elecciones.

En su momento, no me gustaba esa propuesta, porque creí que el diagnóstico era muy general, que realmente era muy diferente en muchos institutos, pues algunos en efecto habían sido cooptados por los gobernadores, pero no es cierto que sucediera en todo el país; y si el problema era ese, había que darle una receta acorde con el diagnóstico, es decir, cómo logramos reforzar la autonomía de los institutos locales. Entonces, a mí no me gustaba ni el diagnóstico ni la propuesta.

La verdad es que al final tampoco quedó la propuesta original del PAN ni del PRD, sino más bien una combinación, es decir, el IFE se convierte en INE, pero subsisten una especie de institutos, ahora no se llaman así, sino Órganos Públicos Electorales Locales, que van a venir a sustituir a los institutos. La gran diferencia es que ahora los integrantes, las cabezas de esos órganos públicos en vez de ser electos por los congresos locales van a ser electos por el Consejo General del INE.

Lo cierto, es que el INE tiene la estructura idéntica del IFE, no la cambiaron en nada. Le agregaron facultades y tendrá que crear algunas otras estructuras, realmente el INE es el IFE más nuevas atribuciones.

E: ¿Cree usted que con estas reformas, los mismos políticos que las promovieron van aceptar los resultados?

JW: Van o no a aceptar los resultados en la elección, pues eso no se lo puede contestar nadie. Vamos a ver, esperaría que paulatinamente todos nos fuéramos acostumbrando a que las elecciones se ganan y se pierden y que a veces se pierde por un muy escaso margen. Entiendo la decepción y a veces la furia de los perdedores, pero eso está en el código genético del método electoral. No pueden ganar todos y entonces ojalá más temprano que tarde todos los jugadores, todos los partidos, todos los candidatos aprendan a eso a ganar y a perder.

Antes de las elecciones del año 2000, el IFE invitó al entonces ya expresidente Felipe Gonzáles de España, él mismo le puso el título a la conferencia que fue a dar La aceptación de la derrota pilar del régimen democrático y en efecto es una formulación perfecta. El día que hay una elección nadie debe de preocuparse por la reacción del ganador, va a estar feliz y contento, siempre es más importante la reacción del segundo lugar, porque ahí hay esa tensión entre aceptar los resultados o acusar que algo anómalo sucede.

E: A partir del inicio de la administración de Jefe de Gobierno del DF de AMLO hasta nuestros días algunos intelectuales han mostrado su simpatía a la figura de este político. Por ejemplo personajes como Elena Poniatowska o el escritor Paco Ignacio Taibo II polarizan más la opinión pública con sus comentarios a favor de AMLO, ¿Usted qué opina al respecto?

JW: Pienso que todos, todo ciudadano, independientemente de su actividad, tiene todo derecho a apoyar al candidato al partido que quiera y en ese sentido como ciudadanos ejercen un derecho, ellos coinciden o comparten los planteamientos o creen en ese liderazgo y demás están en todo su derecho de apoyarlo.

Ahora bien, en términos más generales la actividad intelectual tiene que guardar una cierta distancia de lo que sucede en el mundo de la política. Es natural que en política los alineamientos a favor del gobierno o en contra del gobierno, a favor de un partido o en contra de un partido ordenen buena parte de la vida pública, eso es cierto. Pero en democracia, ahí donde existen diferentes diagnósticos, propuestas, no sólo de los partidos, sino de otros actores, por ejemplo, los poderes fácticos, las instituciones gubernamentales y las organizaciones civiles conviene una vida intelectual que se haga cargo de la complejidad y no simplifique lo que de hecho es complejo.

En ese sentido, requiere una democracia contar con la capacidad para juzgar cada una de las acciones del gobierno, como también de los opositores y tratar de desentrañar su sentido y su significado, eso conviene a la vida intelectual y a la vida política. Recuerdo al chileno Norbert Lechner, quien fue profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en la UNAM. Lechner estuvo con la Unidad Popular, apoyó al presidente chileno Allende y luego del golpe de Estado se preguntó por el papel que jugó el mundo intelectual en esa situación. Y decía, palabras más palabras menos, quizá hicimos un flaco favor a la política y a la verdad, alineándonos acríticamente y no buscando, incluso en esas circunstancias fórmulas de distención. O sea, haber reproducido en la academia, en el periodismo las pulsiones que surgían de la política, sin guardar una cierta distancia, daba para repensar sobre el papel de los intelectuales en aquellas situaciones.

En ese momento ese razonamiento fue desgarrador, porque es una especie de autocrítica en una situación muy lamentable (todavía estaba Pinochet en el poder), pero que nos debe de hacer reflexionar, de cuál es el papel del intelectual y del analista en relación a la política.

E: ¿Qué significa en la actualidad ser de izquierda?

JW: Lo que define a la izquierda es su compromiso con la equidad social. La izquierda que a mí me gustaría es una capaz de compaginar eso con su compromiso con la democracia. La izquierda con la que me identifico es similar a la socialdemocracia.

La socialdemocracia es la corriente en el mundo que ha podido conjugar de mejor manera los dos grandes valores que puso en alto la modernidad: la libertad y la igualdad, esos pueden ser los ejes que orienten la acción de la izquierda. Por supuesto, tratar de construir una sociedad menos polarizada, más equitativa, más justa, que atienda a las necesidades de la gente sin suprimir las libertades.

E: ¿Usted qué recomienda a los estudiantes universitarios así como a los ciudadanos de izquierda, para evitar que su concepto no este asociado con personajes autoritarios como Ernesto Guevara o figuras de la extinta Unión Soviética?

JW: Les recomiendo que lean a Norberto Bobbio, un hombre de izquierda y reflexionen sobre las experiencias de la extinta Unión Soviética, China, Corea del Norte y Cuba porque al final resultaron regímenes no sólo autoritarios sino que ahogaron a sus propias sociedades al creer que un partido encarnaba en su ideario todos los valores positivos y el resto eran sólo antivalores. Entonces, por ello considero que el libro “Qué es el socialismo” de Bobbio es un buen esclarecedor en estos temas.

E: ¿Qué opina de académicos mexicanos como Roger Bartra o Luis Gonzáles de Alba, quienes insisten en no dejar a un lado el uso de la razón al momento de criticar a políticos que se consideran de izquierda, pero sus razonamientos no llegan a ser del agrado de todos?

JW: Están en su derecho. Todo aquel que escribe sobre política debe de estar seguro de que eventualmente puede haber gente que simpatice con sus planteamientos y personas a quienes no les gusten, eso es normal. Pero ahorita que habla de estos dos autores, les sugeriría que no se priven de leerlos, leerlos no hace daño, porque sus reflexiones son interesantes, importantes, fundadas y además son dos figuras con trayectorias más que meritorias.

En el caso de Luis Gonzáles de Alba les recomiendo que lean su primer libro “Los días y los años” ya que es un documento autobiográfico fundamental para entender el movimiento estudiantil de 1968, vale mucho la pena y a quien no le guste que no lo lea, tampoco nadie está obligado.


Foto: Wikipedia




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