sábado, 11 de octubre de 2014

“MIS PERROS SON MIS BEBÉS, MIS NIÑOS, MIS GRANDOTES”

Por Ilse Becerril Castro
México (Aunam). La tendencia de las parejas jóvenes por tener perrhijos en vez de hijos ha aumentado considerablemente. Diversos psicólogos aseguran que las parejas no se sienten preparadas para tener una responsabilidad tan grande como procrear un hijo, por esta razón optan por humanizar a sus mascotas al grado de invertir tiempo y dinero, como lo harían con sus propios hijos, en el cuidado de los mismos.

Sebastián tiene tres años, es alto, robusto y desconfiado; en cambio Oso tiene ya 10 años pero es más pequeño, tímido y presumido. Ambos son muy juguetones, tiene una mirada grande y penetrante. Ocupan un lugar muy especial en el hogar de Susana Trujillo y Carlos Montes; son sus bebés, sus niños, sus grandotes. Sebastián es un Golden y Oso un french poodle.


Susana y Carlos llevan cuatro años de haber iniciado una relación formal, ambos viven juntos en un departamento ubicado en la colonia Rodeo en la delegación Iztacalco. Ella tiene 24 años y él 27. Sebastián llegó a sus vidas cuando apenas tenía dos meses, ahora es un “grandote”, como sus dueños le dicen, de tres años; en cambio, oso tiene 10 años, la mamá de Carlos se los regaló hace poco más de un año, es hijo de una french poodle.

La rutina de Susana, Carlos, Sebastián y Oso se repite día con día. Carlos trabaja todo el día, sale de su casa a las 6:30 de la mañana y regresa a la misma alrededor de las siete de la tarde. Susana se queda en casa a cuidar a sus “bebés”, ya que por el momento no le han llamado de ninguno de los trabajos que ha solicitado.

“A las siete de la mañana me levantan para ir al baño, ambos saben que sólo pueden hacerlo afuera, en la jardinera; sólo una vez Sebastián se hizo del baño en la sala, ¡y vaya que le fue mal!, pienso que lo hizo por enojo porque la noche anterior lo regañamos por haber mordido mis pantuflas”, comenta Susana.

Continúa: “como a las ocho de la mañana nos sentamos los tres en la mesa para desayunar, a ellos les doy sus sobres de croquetas o les comparto lo que yo esté comiendo, depende de lo que sea; una vez que terminamos nos vamos a recostar un rato y después los llevo a caminar, no sin antes ponerles su camisa y gorra, después toca la hora de bañarnos; a veces los llevo a la veterinaria, pero prefiero hacerlo yo. Vamos de compras, jugamos y esperamos la llegada de papá”, finaliza.

El lugar donde duerme Sebastián y Oso se encuentra justo al lado de la cama de Susana y Carlos, se trata de un par de camas, bastante amplias, especiales para perros que cuentan con acolchonados cojines, sin embargo, en temporadas de frío Sebastián y Oso prefieren dormir en la misma cama que sus dueños.

Los juguetes de “los bebés” van desde pelotas, peluches, muñecos, huesos y juguetes de hule. Su guardarropa se conforma por diversas gorras, playeras, unos tres pares de zapatos, un disfraz de calabaza y uno más de Santa Claus.


De los perros que tienen hogar, la mayoría tiene dueños jóvenes que viven juntos o que están por hacerlo y representan el 8.5% hasta el 2006, pero esta población ha aumentado gracias a los programas de adopción y rescate de animales callejeros. De acuerdo con los datos que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) arroja sobre los nacimientos en el país, se sabe que por cada 8 perros hay un bebé.

“Carlos y yo hemos platicado acerca de tener un hijo, pero ambos creemos que aún nos falta mucho por experimentar como pareja; siento que no estoy lista para comenzar esta etapa”, menciona Susana mientras observa detenidamente a sus pequeños, sus bebés, sus grandotes.

De acuerdo con Euromonitor, empresa dedicada al estudio del mercado a nivel mundial, en México existen 24 millones 264 mil perros domésticos y callejeros. Tal cifra indica que los perros superan la cantidad de niños de cero a cuatro años, que asciende a 10.52 millones, de acuerdo con el censo del INEGI realizado en 2010.

La cantidad de dinero que Carlos y Susana gastan en promedio al mes varía de las necesidades de sus mascotas. Cuando los llevan a estética, compran medicamentos, les obsequian nuevos juguetes o los llevan de paseo, gastan alrededor de mil 500 pesos al mes.

Se debe tener en cuenta lo que enfatiza la psicóloga por la UNAM, Yolanda Bernal: “es importante que se piense y se tenga en cuenta que los principales factores en que los perrhijos afectan a los humanos es en las cuestiones psicológicas, cuestiones de salubridad y sobre todo cuestiones económicas. Una conducta al extremo es dañina tanto para el sujeto como para la propia mascota”.





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