lunes, 14 de julio de 2014

EL PUMA YA NO AGUANTA


Por Dulce Karina Pichardo Sánchez
México (Aunam). Desde que comenzó su carrera, Gabriela Ballesteros utiliza diariamente el Sistema de Transporte Interno Pumabús para llegar a su Facultad. En el paradero cercano al Metro “Ciudad Universitaria”, una larga fila de pasajeros sobresale de los barandales color verde que delimitan la ruta 3 del Pumabús. Gabriela se ubica a la mitad de la fila, que con el pasar de los minutos se hace más grande.

Tras 17 minutos de espera estudiantes, trabajadores y algunos académicos comienzan a abordar el autobús, que recién se estaciona y abre sus puertas para permitir el acceso. Cuando Gabriela por fin logra abordar, los asientos están llenos. Por lo que decide colocarse al fondo del autobús, cerca de la puerta de descenso. Las demás personas ocupan los lugares restantes hasta rebasar el cupo máximo del vehículo.

“Voy a cerrar las puertas”, grita el conductor con una voz grave. Las personas que están en las escaleras cerca de la puerta se acercan unas a otras para permitir el cierre de puertas. Por las ventanas se pueden ver las demás filas de personas que, en las otras rutas, también esperan poder abordar para llegar a sus destinos.

El autobús avanza hasta llegar al Circuito Mario de la Cueva, una curva hace que los pasajeros se sujeten con fuerza a los barandales para evitar caerse. Metros antes de llegar a Tienda UNAM, Gabriela pregunta a las personas cercanas a ella si van a bajar y pide permiso a aquellas que no lo harán. Entre apretones y sujetando fuerte su mochila Gabriela logra acercarse a la puerta. Al abrirse, algunas personas descienden y esperan a que bajen los demás para volver a subir. Con rapidez ella baja del Pumabús, ya se hace tarde y tiene que llegar a clase.



El servicio brindado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de manera gratuita desde el año 2000, permite que la comunidad estudiantil y académica se desplace a través de Ciudad Universitaria. Éste servicio surgió como una alternativa para liberar espacios de circulación vial, debido a la alta densidad vehicular y la insuficiencia de los estacionamientos con los que contaba el campus.

Por lo que, en 2006, se creó el Sistema Integral de Transporte y Vialidad en Ciudad Universitaria. El cual contemplaba ocho estacionamientos en el Estadio Olímpico, ciclovías a lo largo y ancho del campus y el transporte Pumabús. Un año después se pusieron en circulación trece vehículos y se aumentaron dos rutas de autobuses internos a las seis ya existentes. De manera que los tiempos de traslado, la contaminación atmosférica, visual y sonora se disminuyó dentro de las instalaciones, al ponerse en marcha el programa.

En 2009, este transporte ya funcionaba a través de rutas establecidas a partir de tres paraderos: uno en la zona oriente, otro en la zona poniente del campus y uno más en la zona aledaña a la estación del Metro “Ciudad Universitaria.” Las rutas eran transitadas por una flotilla total de 60 camiones con capacidad para 80 usuarios cada uno. Los cuales daban servicio a 285 mil alumnos y más de 33 mil profesores, investigadores y trabajadores que conformaban la población universitaria del campus.

Actualmente, en un horario de 6:00 a 22:00 horas, el mismo número de unidades que existe desde 2009 es el encargado de satisfacer la necesidad de 330 mil 382 alumnos y 37 mil 610 académicos que día a día confluyen dentro de Ciudad Universitaria, según la Agenda Estadística de la UNAM de 2013. Esto es algo a lo que Gabriela tiene que enfrentarse todos los días. “Al parecer no hay autobuses suficientes para las personas que lo utilizan, por ello se tarda mucho a veces. La fila de personas que van a tomar el Pumabús es enorme,” comenta.

Al igual que ella, Mayela Nebreda ocupa toda la semana la ruta uno, tres y doce para desplazarse por Ciudad Universitaria. El tiempo de recorrido a su destino no excede de 10 minutos, sin embargo, “el tiempo de espera es exagerado”. Sin importar la hora o el día de la semana, las filas para abordar el Pumabús son largas. En ocasiones los paraderos están vacios, en otras los usuarios esperan detrás de los barandales mientras que varios autobuses se encuentran estacionados uno tras otro en el paradero.



Hasta 2012 cien trabajadores, contratados por el Sindicato de Trabajadores de la UNAM (STUNAM), son los encargados de operar las unidades. Aunque, de acuerdo con más de la mitad de ellos, todavía no existe una organización que les indique o facilite el realizar su trabajo.

Incluso Agustín O. Valdés Barrón, coordinador del área del Pumabús, comenta que "no existe una organización establecida de manera oficial" que permita el funcionamiento de dicho transporte. "Lo que sí es cierto, es que la Dirección General más que dirigir, coordina todos los demás departamentos dependiendo de las necesidades del momento".

Esto se ve reflejado en el tiempo de espera, el cual puede ir desde los 15 hasta más de 20 minutos entre cada corrida. Sin importar que la frecuencia entre corrida y corrida debería ser de aproximadamente cinco minutos, según lo establece el suplemento dedicado a dicho transporte y publicado en la Gaceta de la UNAM el 12 de febrero de 2007. Fecha en la que el programa entró en total operación.

El Pumabús, como es conocido entre los universitarios, actualmente circula por un carril exclusivo inspirado en la modalidad Bus Rapid Transit (BTR). Misma que contempla bahías de ascenso y descenso de pasajeros en paradas establecidas que permitan agilizar la movilidad de los pasajeros dentro y fuera del vehículo.

La modalidad BTR fue desarrollada en América Latina en los años 70’s y fue inspirado en la Red Integrada de Transporte de Curitiba, Brasil. El cual entró en servicio en 1974 y tenía como objetivo poder aislar de la congestión vehicular al transporte público. Sin embargo, fue hasta que el acceso al sistema se adaptó a estaciones con plataforma, que la capacidad de pasajeros pudo ser considerada alta.


Con doce metros de largo y capacidad para 104 pasajeros, de los cuales 31 van sentados, algunas de las unidades de modelo Citaro, de procedencia europea, se caracterizan por su diseño amplio, grandes ventanillas que permiten mejor iluminación al interior de la unidad y plataforma baja, ideal para el acceso de personas con capacidades diferentes.

Estas unidades, utilizadas por la UNAM, fueron las primeras en llegar a América Latina, según declaró Guadalupe Alcántara, gerente de Comunicación y Publicidad de Daimer-Chrysler Vehículos Comerciales de México. El 19 de junio de 2005, durante la gestión de Andrés Manuel López Obrador como Jefe de Gobierno del Distrito Federal, se inauguró el Sistema de Corredores de Transporte Público de Pasajeros: Metrobús.

El cual, al igual que el Pumabús, fue inspirado en la modalidad BTR. La apuesta por este tipo de transporte se dio gracias a su carácter colectivo, seguro y ecológico. Pues gracias a que cuenta con un motor de combustión interna a diesel, la emisión de contaminantes es mínima.

En lo que respecta a la seguridad existen diversas opiniones, pues algunos usuarios y usuarias no se sienten totalmente seguros al utilizar el transporte. El miedo a que se suban a asaltar o la velocidad con que algunos choferes manejan las unidades es común en ellos.

Ya en 2010, se había dado a conocer la existencia de una ola de asaltos en el transporte, pero ésta fue negada posteriormente por la Casa de Estudios. Otros tantos aseguran sentirse seguros pues viajan, en su mayoría, con compañeros. Hasta la fecha, únicamente se cuenta con una casilla de vigilancia cerca del paradero oriente, la cual en contadas ocasiones está ocupada por el personal.

De acuerdo con los “Lineamientos de Seguridad para la Operación del Sistema de Transporte y Vialidad dentro de Ciudad Universitaria,” publicados el 8 de febrero de 2007 en la Gaceta de la UNAM y aprobados por la Comisión Especial de Seguridad del Consejo Universitario el 10 de enero del mismo año, la Dirección General de Servicios Generales es la instancia competente de la aplicación y observancia del servicio.

En entrevista, Erika de la Rosa, jefa del Departamento de Operación Pumabús, comenta que “casi no hay quejas o demandas” respecto del servicio, “cuando se hacen tiene que ver con los horarios del servicio.” Aunque cabe señalar que “no existe una propuesta para este tipo de buzón de quejas, salvo la asistencia presencial para reportar algo.”

Gabriela y Mayela coinciden en que el tiempo de espera debería ser más corto, pues con esto “los camiones no tendrían que ir tan atascados.” Si bien, el Sistema de Transporte Interno Pumabús ha permitido disminuir los tiempos de traslado a través de Ciudad Universitaria, agilizar el tránsito, tener mayor control en los estacionamientos y establecer conectividad con otros sistemas de movilidad como el Metro, MetroBús y los 11 módulos de BiciPuma; el tiempo entre corrida y corrida aún resulta excesivo para los usuarios.

De igual forma, la gran cantidad de pasajeros que utiliza el transporte diariamente, dificulta el ascenso y descenso a las unidades. Aumentando el tiempo de espera y disminuyendo la movilidad dentro del vehículo. La población estudiantil dentro de Ciudad Universitaria ha incrementado y Gabriela es testigo de ello día a día. “Cuando tengo suerte, alcanzo un lugar. Otras veces tengo que ir de pie y sujetarme fuerte de los barandales para evitar caer mientras cuido que no se salgan las cosas de mi mochila. Ya somos muchos y los pumas son pocos”.







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