lunes, 26 de mayo de 2014

UNA NOVELA SOBRE EL MUNDO DE LAS TELENOVELAS

Por Yari Jazmín Torrijos Orozco

México (Aunam). ¿Quién no ha soñado despierto alguna vez?, ¿quién no se ha fabricado un universo alterno?, ¿quién no ha querido vivir en ese castillo mental para siempre? Ésas son preguntas que ningún ser humano se atrevería a negar. Y es natural. Todos los individuos sueñan, desean, quieren, sufren, tienen expectativas sobre la vida, los lugares e incluso sobre las personas que conocen. Y está bien. El problema no es disfrutar de la utopía, la ilusión o la imaginación, sino confundir la vida con una ficción. Tal y como sucede con el personaje central de Óscar y las mujeres.

Publicado en 2013, a través de una edición digital compuesta por nueve episodios, el libro del escritor y periodista peruano, Santiago Roncagliolo, narra dos tipos de historias. Por un lado, presenta la vida de Óscar Colifatto: un hombre emocionalmente autista, inmaduro, egoísta, maníaco, obsesivo e hipocondríaco. Capaz de mantenerse aislado del mundo para que ninguna cosa (eso incluye personas) irrumpa su monótona rutina como guionista de culebrones; es decir, de telenovelas donde la chica bonita conoce al galán —se enamoran— no tienen sexo hasta el último capítulo de la novela y luego se casan.

En resumidas cuentas, el ganador del premio Alfaguara de Novela 2006, narra la vida de un guionista que odia Miami, pese a vivir ahí. Un hombre que adora su vestimenta negra tanto como a sí mismo. Un hombre que se resiste a cualquier tipo de narrativa que no esté plagada de clichés y lugares comunes. Un hombre que pese a su desprecio por la gente, disfruta de los finales felices. Un hombre que cree fielmente en los príncipes azules, las doncellas encantadas y los villanos del siglo XXI. Un hombre que vive su realidad dentro de una telenovela.

En segunda instancia y de manera paralela a esta primera historia, Roncagliolo, aborda —aunque con cierto humor negro— el guión de Óscar Colifatto. Una típica y clásica historia “romántica”, estereotipada y gastada que, como muchas otras, retrata a la pobre mujer llena de desgracias (María de la Piedad), al galán que tiene como único fin proteger a los débiles y abogar por la justicia (Gustavo Adolfo Mejía Salvatierra) y al ser indeseable que funge como obstáculo para el amor (Cayetana de Mejía Salvatierra).

Durante toda la obra, el autor de Óscar y las mujeres, utiliza un lenguaje sencillo que invita al lector a un doble juego en el que se pretenden mostrar, por un lado, las reglas “sagradas” que se aplican en la producción de una telenovela y conocer, por el otro, la vida de un guionista obsesionado y extravagante que lucha consigo mismo para incorporar su triste rutina sentimental a los argumentos de su “nuevo” producto audiovisual: Apasionado Amanecer.

Ése que pretende restituir su fama perdida como “Shakespeare de la televisión” y llevarlo a la punta del éxito. Ése que comienza con un planteamiento muy distinto a como termina. Ése que le produce a Óscar el abandono de Natalia, su actual mujer, el contacto con el odioso mundo exterior, el inicio de sus relaciones con las personas del sexo opuesto, y la revaloración de eso que llama “amor” y que —según él— sólo puede constituir “una mezcla de malestar hepático con depresión anímica general”.

De ahí, precisamente, que la pregunta sea: ¿qué es lo que busca provocar Roncagliolo en su lector?, ¿una reflexión acerca de las relaciones humanas?, ¿una aproximación a la masculinidad de un maniático?, ¿una divagación acerca de los alcances y los límites de la locura?, ¿un sentimiento de odio por los finales asquerosamente felices que plantean las telenovelas?, ¿un momento de placer causado por las narrativas inverosímiles que presentan ciertos productos audiovisuales?, ¿una sensación de tristeza por la falta de contenidos en un medio como la televisión?

Para ello, el autor de Pudor no establece una respuesta concreta. Sin embargo, lo que sí deja muy claro el ganador del Independent Prize of Foreign Fiction británico 2011, es su intención por satirizar las reglas “sagradas” y anacrónicas que rodean la telenovela y que se pueden resumir en cuatro principios básicos: 1) la buena es virgen y el galán es viril; 2) la mala no puede morir; 3) todos los personajes cargan con secretos del pasado y 4) los buenos tienen un final feliz y los malos se pudren en el infierno.

En general, Roncagliolo utiliza un tono humorístico que combina la comedia y la sátira para criticar uno de los productos mediáticos más sobresalientes de todas las épocas, una de las formas simbólicas, en términos del sociólogo John Thompson, más importantes para hispanoamérica: la telenovela.

Bibliografía:
Roncagliolo, Santiago (2013) Óscar y las mujeres, México, Alfaguara, 314 p.





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