miércoles, 21 de agosto de 2013

CONTAMINACIÓN, FANTASMA APODERADO DE LOS LAGOS DE XOCHIMILCO

Por Andrea Gabriela Tamayo Anaya
México (Aunam). Islas de tierra y lirio flotan tranquilamente sobre la negrura y profundidad del agua. Por aquí sólo se pasa por canoa ya que las calles son de agua y las casas de tierra y plantas. Lo que antes era una ciudad prehispánica entera, ahora es una de las colonias de la delegación Xochimilco donde familias enteras llevan toda su vida ingiriendo niveles altos de contaminación.

Entre los canales del lago, familias enteras viven dentro de la naturaleza alterada por la civilización. Aguas contaminadas las alimentan, mientras que sus vidas se modifican en torno a los cambios sociales y económicos de uno de los lugares más antiguos y emblemáticos de México.

El lago de Xochimilco representa las distintas eras y tiempos del país, entre ellas, la etapa prehispánica; antigua y sabia; y la actual, que contrasta en una ciudad industrializada donde la actividad turística y la modernidad prometieron el bienestar social sin haberlo cumplido.

Antigua ciudad prehispánica

La Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) es una institución que ha hecho esfuerzos por recabar documentos sobre la historia de los lagos de Xochimilco. El Centro de Información y Documentación Específica de Xochimilco, (CIDEX), perteneciente a esta misma casa de estudios, ha reunido datos sobre la forma cómo se empezó a vivir a través de las chinampas.

Según información de CIDEX, en la época prehispánica, los xochimilcas fueron una tribu que fundó su ciudad en un pequeño terreno firme en el sur del Lago de Xochimilco. En esta región abundaban los lagos pantanosos lo cual le daba un aspecto de isla a las pequeñas tierras asentadas.

De la misma manera, el sitio estaba rodeado por sedimentos volcánicos lo cual dotaba de minerales que formaron una zona fértil para el cultivo. Esto, sumado a la abundante fuente de agua proveniente de los lagos, provocó que la agricultura a través de las chinampas fuera su forma de vida.

“Las chinampas son tiras de tierra largas y angostas, rodeadas de agua al menos de 100 a 200 metros de largo, pero nunca más de 10 metros de ancho. El que sean angostas permite que el agua se filtre hasta el centro de la chinampa” señala Raquel Ortega en el documento “Las chinampas de Xochimilco, pasado, presente y futuro” en Mini proyectos biológicos.

Estas construcciones de tierra se encontraban en un sistema de canales planeados para que drenaran la parte pantanosa del lago. La transportación de cultivos se logró a través de canoas con las cuales los habitantes atravesaban el lago. Entre calles naturales e islas flotantes este territorio se volvió una ciudad acuática.

Varias especies se originaron en este lugar: el ajolote, del náhuatl axolotl o monstruo acuático; los acociles, la rana montezumae y el axayacatl. Todos estos animales sólo han aparecido en los lagos de Xochimilco y Chalco por sus peculiares características.

El ajolote es representativo de los lagos por su antigüedad y origen prehispánico. Es un anfibio, similar a la salamandra, pero con cuatro patas y una alargada cola. Sus ojos son pequeños y separados, mientras que su boca simula una eterna sonrisa. En la parte inferior de su cabeza tiene una especie de corona.

Agua dentro de la ciudad

A pesar de que la ciudad de México ha cambiado con el paso del tiempo, los lagos de Xochimilco y de Chalco siguen manteniendo su territorio. Actualmente existen más de 900 hectáreas de chinampas que siguen cumpliendo su antiguo objetivo: la agricultura.

Según datos de 2013 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) Xochimilco produce 14% del valor agrícola del Distrito Federal. Poco menos de 200 mil pesos al año son generados en esta delegación por dicha actividad, en su mayoría, producida en los viveros de las chinampas.

El lago de Xochimilco está subdividido en otros más: el antiguo canal de Cuemanco, donde se practica el remo y otras actividades deportivas, la laguna de Xaltocan, la laguna de Caltongo y el parque ecológico de Xochimilco, entre otros.

En colonias como San Jerónimo, San Cristóbal, San Esteban, Caltongo, San Juan Moyotepec, San Luis Tlaxialmetalco se conjuntan la ciudad con el ambiente acuático de los canales. La profundidad de cinco metros de agua negra con peces en el fondo se mezcla con el cemento y el paso de coches en la siguiente calle. Ambos ecosistemas comparten territorio.

Poco más de 98 mil personas viven en un suelo diferente a tierra en Xochimilco. Es decir, la mayoría de éstas son dueñas de una chinampa donde, rodeados de agua, realizan sus actividades diarias.

Beatriz Lira Hernández, bióloga y maestra en Ciencias del Mar y Limnología de la UAM, comenta que el hecho de que se conjunten dos ecosistemas tan diferentes ha causado grandes daños irreversibles:

“Xochimilco es un lago urbano donde el impacto ambiental es muy fuerte, el deterioro es crítico. Esta contaminación se debe a los desechos directos del drenaje de las chinampas y los residuos agrícolas como los fertilizantes y el abono, al igual que las hormonas que se utilizan para el ganado,” dijo la especialista en cuerpos de agua urbanos.

De la misma manera, el lago de Xochimilco representa una vasta fuente de agua dulce, lo cual le hace falta en gran medida al mundo entero y en específico a México, según Beatriz Lira. Debido a esto, se ha extraído gran cantidad de agua de los canales para satisfacer la necesidad de la ciudad. Respecto a lo anterior, indica:

“En Xochimilco y parte de Chalco existen cinco plantas de agua que buscan rellenar lo extraído de los canales con agua tratada, pero obviamente el proceso no está adecuadamente realizado y los canales se han ido secando, o mínimo ha bajado mucho su nivel,”.

Una realidad diferente


Rodolfo Sandoval, o “Don Rorro”, como es conocido en su comunidad, se despertó a las cinco de la mañana para irse a trabajar. Calentó una olla en su anafre e improvisó una ducha con el agua tibia. Después de los “jicarazos”, desayunó un plato de nopales que recién había cortado de su jardín.

Salió de su casa y revisó rápidamente sus hortalizas, tres hileras de cultivos que habían crecido con la llegada de la primavera. El lodo negro del canal le daba a la tierra un color más llamativo, similar al chapopote. Se acercó a observar las lechugas que meses antes había plantado, sus hojas ahora eran grandes y verdes, listas para ser arrancadas.

El cielo se empezó a aclarar y los cardenales de cabeza roja anunciaron el inicio del día. El hombre de ojos rasgados y boca gruesa miró hacía el canal, confirmó que su canoa siguiera flotando donde la había dejado la noche anterior, se cargó un largo y pesado palo en el hombro, y caminó hacía la orilla de su chinampa.

Fuerte se sostuvo de la hierba que colgaba de la tierra mientras su hombro aún detenía lo que en unos minutos funcionaría como remo profesional. De forma lenta balanceó el pie hacía la canoa hasta posicionarlo en la gastada y mojada madera. Bajó el otro pie con cuidado para después estar totalmente dentro de la canoa.

Después de veinte minutos de un esfuerzo cotidiano, “Don Rorro” remó con su pequeña y delgada canoa por la avenida Nuevo León hasta llegar a la isla Japón y posteriormente, al canal de Chalco Leandro Valle, donde el grupo “La Draga” se reúne para comenzar las labores en el parque ecológico de Xochimilco.

“La Draga” es un campamento que se dedica a limpiar los canales de cualquier elemento que obstruya el paso de las canoas y el continuo funcionamiento de la estructura biológica del lugar. Este tipo de organizaciones trabajan para la delegación de Xochimilco.

El tráfico en los canales estaba liviano, no había muchas canoas remando. Los que parecían ya estar despiertos eran los peces pues se asomaban a la superficie a tomar aire para después sumergirse en la negrura del canal.

Un par de horas después el trabajo había comenzado, el hombre de tez morena sacó la red de su canoa, con sus arrugadas y manchadas manos levantó la vegetación verde que esa mañana alfombraba uno de los tantos canales.

Un niño estaba jugando en la laguna de Caltongo, sumergía su carrito de juguete al agua mientras su mamá vendía dulces en un puesto improvisado junto a la calle. Otro anciano remaba en su canoa donde transportaba envases de refrescos vacíos, era una mañana tranquila.

Al llenar cinco cubetas con lirio y plantas, “Don Rorro” regresó a la isla para terminar con el trabajo. Este tipo de flora fue agregada al ecosistema del lago de Xochimilco de manera agresiva por lo que la cantidad de especies se ha multiplicado al grado de llegar a ser una plaga.

De regreso a su chinampa, “Don Rorro” pescó dos mojarras plateadas que posteriormente cocinaría en su anafre. Al llegar a su casa cosechó la lechuga para acompañar el platillo, también le agregó unos nopales que había rebanado el día anterior. El hombre de 62 años había comido toda su vida, sin saber que había ingerido gran cantidad de contaminantes tóxicos provenientes del agua del canal.

Turismo y sus consecuencias

En 1987, el lago de Xochimilco fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). A partir de este nombramiento los embarcaderos de esta Delegación se han vuelto uno de los destinos turísticos más visitados en el Distrito Federal.

En consecuencia del alto nivel de turismo, los canales han sufrido varios cambios, el más grave de estos es el incremento de la contaminación. Al respecto, Beatriz Lira comenta:

“A partir del título de Patrimonio de la Humanidad, el aumento del turismo en el embarcadero y el paseo que se llevan a cabo en las trajineras, la contaminación ha incrementado. La comercialización de bebidas alcohólicas, la gran cantidad de restaurantes y los desechos que éstos generan han causado un impacto ecológico fuerte”, agregó.

De manera contraria, una habitante de las chinampas y vendedora de bebidas alcohólicas en uno de los embarcaderos de Xochimilco, Teresa Hernández, opina que los canales son limpios, incluso lo comprobó al levantar con un envase vacío de refresco un poco de agua del canal y, al verse transparente, ella cree que está limpia.

“El agua no está sucia, los canales se ven verdes porque la tierra del fondo es negra, el sedimento es de este color, pero en realidad es transparente. Antes se solía tomar del agua del canal, para beber, para lavar la ropa, para todo, ahora ya no porque ya está un poco contaminada, pero no está sucia, es agua buena”, comentó.

Sobre las modificaciones en las actividades económicas a las que han tenido que adaptarse los habitantes de las chinampas, Teresa Hernández opina que para ella es más productivo vender refrescos y cervezas en uno de los tantos embarcaderos de Xochimilco que explotar su chinampa con el cultivo.

“Mis padres sembraban todo tipo de plantas: pensamiento, tulipanes, jazmines, violetas y otras más. Pero actualmente ya no da mucho dinero porque hay muchos viveros grandísimos y no hay manera de competir con ellos. Aparte de que ni a mí ni a ninguno de mis hermanos nos enseñaron a sembrar”, agregó la mujer para después gritar rápidamente- “Qué le ofrezco amigo, una cerveza, un refresquito, una michelada….”

Agua tóxica con metales pesados

Beatriz Lira Hernández también ha estudiado los cambios más recientes en el agua de los canales. A través de su investigación ha logrado identificar un tipo de fitoplancton; organismos fotosintéticos; único en el lago de Xochimilco.

“Hay muchos florecimientos de algas que te indican algo, un cambio, aún no sabemos qué, ni cómo afecta al ecosistema, y lo peor es que no hay antecedentes de este estudio, todavía hay muchísimas especies de fitoplancton que no han sido estudiadas siquiera.” comentó

El problema se agrava al considerar que los habitantes de las chinampas utilizan el agua de los canales para regar las hortalizas que posteriormente se comen y para pescar su alimento. De la misma manera, la tradición chinampera consta de plantar las cosechas sobre el lodo negro del fondo del canal ya que se cree que hay más minerales en esta tierra.

“El lodo del canal está muy contaminado por la cantidad de metales como plomo y mercurio que, al ser más pesados que el agua, se sedimentan y bajan al fondo. El problema es que los chinamperos siembran sus hortalizas sobre esta tierra y todavía las riegan con la misma agua.” agregó la investigadora de la UAM.

El plomo y mercurio provienen, en mayor medida, de las descargas de las fosas sépticas de las casas en las chinampas, ya que; debido a su estructura de isla, es imposible implementar un drenaje común. Por lo tanto, los desechos orgánicos son vertidos a los canales. De la misma manera, los desechos agrícolas como insecticidas y abonos también son tirados al lago.

En un sondeo realizado en el embarcadero Fernando Celaya a adultos de entre 40 y 50 años que aseguraron vivir en una chinampa, los resultados fueron los siguientes: siete de cada 10 personas consideran que los canales sí están sucios, pero sólo tres de estos mismos aseguraron conocer específicamente los contaminantes que el agua contiene.

Por último, siete de los mismos diez entrevistados aseguraron que están acostumbrados a ingerir contaminantes a través del agua de los canales pero no saben qué consecuencias traerá esto a su salud en un futuro.

Al respecto, Concepción Velázquez Villagrán, médica de la UNAM, comenta que la desinformación de los habitantes de las chinampas puede resultar peligroso por la cantidad de contaminantes que han ingerido por tanto tiempo.

“Una de las primeras consecuencias es una diarrea incontrolable. Pero con el paso de los años, ingerir este tipo de contaminantes y con la constancia que lo hacen puede causar cáncer, ceguera, problemas en la piel y muchas otras deficiencias fisiológicas”, agregó.

Una posible solución


La problemática de la contaminación y las condiciones de vida de los habitantes de las chinampas es una cuestión que los delegados de Xochimilco no parecen atender. Hace algunos años intentaron resolver el conflicto con el anexo del lirio acuático, una planta de origen africano, para que ésta se alimentara de los contaminantes del agua.

Por lo contrario, el lirio acuático se ha vuelto una plaga que ha crecido sin control y ha llenado los canales de sus verdes plantas. La razón se debe a que es una planta extranjera que fue agregada de manera agresiva, la respuesta fue de igual manera violenta y directa.

Lirio acuático, planta de origen africano que actualmente es una plaga en los canales. Las bolas que se aprecian debajo de las hojas están rellenas de oxígeno, lo cual permite que pueda flotar en la superficie del canal.

Gerardo Sandoval, licenciado en planeación territorial por la UAM y maestro en urbanismo por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), opina que la única manera de solucionar la problemática que se vive en Xochimilco es trabajando en conjunto.

“La solución podría empezar por reubicar a esas personas en otros sitios, pero no sin antes darles empleo, ya que muchas de ellas viven de lo que las chinampas les da, después de esto, esos lugares desalojados, se les debería de dar un saneamiento a los canales para que este pueda transformarse en un corredor de turismo de nivel de excelencia, y ahí mismo darle trabajo a estas personas desalojadas”, comentó.

Un futuro incierto

El lago de Xochimilco es un ecosistema en peligro de extinción. Al igual que las especies originarias de este lugar, si las autoridades y la sociedad no realizan cambios para mantener sus características vitales, los canales pronto desaparecerán.

Los habitantes de las chinampas temen que los delegados los desalojen de sus casas y les den otro lugar donde vivir, pero no otra fuente de trabajo u otra forma de vida. Pero los científicos y especialistas en ecosistemas temen lo peor, que los canales se sequen por la cantidad de agua que se extrae de ellos.

Cada día aumentan las personas que apoyan la causa del mantenimiento de este prehispánico lugar. Instituciones educativas como la UAM o la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se esfuerzan por disminuir el impacto ambiental y para informar a los chinamperos sobre cómo vivir en armonía con el lago.

De esta manera, los habitantes de las chinampas son las únicas personas en la ciudad de México que pueden afirmar que viven una de las urbes más grandes del mundo, pero que tienen como jardín personal un lago prehispánico donde peces de todas las épocas comparten el aire que respiran.





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