lunes, 14 de enero de 2013

SOY Y SERÉ SIEMPRE HIJA DE LA UNIVERSIDAD: EUGENIA WALERSTEIN


Por Eri Zair Herculano Nares
México (Aunam). Sentada al centro de la mesa, con una playera color rojizo y un conjunto sport que rodea bien su figura, se encuentra la doctora Eugenia Walerstein Derechín. Su rostro marcado por los años es rodeado por su pelo color castaño; sus ojos denotan cansancio pero, un poco más abajo, destalla una sonrisa que sólo una profesora Emérita de la UNAM puede tener al recordar su vida.

Detrás de ella está una venta, la vista que se observa por esta da hacia una de las avenidas más transitadas del Distrito Federal. El ruido de la vajilla y cubiertos cada vez son más fuertes, pero hace caso omiso a estos con una leve sonrisa. “Creo que escogimos un mal lugar para platicar, espero que la grabadora si alcance a grabar mi voz y no el de los platos”.

Eugenia Walerstein Derechín es Doctora en Historia por parte de la Facultad de Filosofía y Letras de la Máxima Casa de Estudios. Al lado de Edmundo O´Gorman y de Juan Ortega y Medina, adquirió una sólida formación teórica en el manejo de los instrumentos de la filosofía de la historia y la historiografía, así como en la crítica de fuentes.

La pasión por la investigación

Siempre fui una niña muy inquieta. Mi madre y yo peleábamos mucho porque no coincidíamos en muchas cosas. Mi padre, por el contrario, era mi confidente, mi amigo y mi ejemplo a seguir. En mi casa, tanto mi padre como mi hermano estaban involucrados en el cine. Quizá hubiese estudiado yo también cine de no ser porque en mi familia estaba muy mal visto que las mujeres estuvieran dentro de un set.

De ahí que mi padre me forjara el amor por la historia. Recuerdo que mis abuelos vivieron la Revolución y mis padres, junto conmigo, culminaron esa etapa. Tanto las historias que mi abuela contaba, las que mis padres platicaban y el momento revolucionario que acabábamos de vivir, surge entonces en mi la inquietud por saber y conocer eso que estaba viviendo.

Mis estudios los comencé como todo estudiante. Primaria y secundaria fueron las etapas más divertidas de mi vida. Cuando comparo mi vida estudiantil con la de mis nietos me sorprendo al ver cómo hacen cosas que yo jamás hubiese hecho. Para cuando pasé a la preparatoria –que por cierto estudié en la prepa 9, Pedro de Alba- mi vida tornó de la rebeldía a la curiosidad.

Siempre estuvo en mi mente el estudiar Historia, así que mi objetivo era culminar la prepa y pasar de forma automática a la universidad. Dentro de la prepa adquiría conocimiento sobre área cuatro (humanidades y artes) que es donde estaba la carrera. En toda investigación que hacia dentro de la prepa trataba de poner mi mayor empeño. Yo creo que desde ahí empezaba a encaminarme en esa vía llamada investigación.

De la prepa a la UNAM

Mientras terminaba su relato, su mirada se dirigía a un punto específico de la pared. Su boca la apretaba, como no queriendo hablar sino recordar; solo recordar.

Cuando entré a la Facultad de Filosofía y Letras me sentí muy orgullosa. Para mi padre estaba prohibido que alguno de sus hijos no tuviese título profesional, por ende, ya era ganancia estar dentro de una carrera. A la vez, mi corazón palpitaba de alegría, sentía un gran miedo por lo que seguiría adelante.

Poco a poco fui asimilando mi postura dentro de la universidad, me fui haciendo la idea de que ya era universitaria y como tal tenía que actuar. Sabía que mi apellido era, como lo llaman comúnmente, “sonado” en los pasillos de filos, pues mi madre estudió en esa misma Facultad la carrera de Literatura en Letras Españolas.

Para mí eso fue todo un reto, no quería que mi presencia se notara por el apellido de mi madre, sino por lo que yo pudiese aportar, por mi conocimiento y por mi investigación. Sinceramente me costó casi tres semestres lograrlo, pero al final pude desplazar, por así decirlo, la sombra de mi madre de mi carrera profesional.

Dentro de la UNAM conocí al que en un futuro sería mi mentor: Edmundo O´Gorman. …Tan solo nombrar a Edmundo, los ojos de Eugenia se lubricaban, cual lágrima queriendo rodar por su mejilla; su tono de voz se cortó un poco y su boca comenzó a temblar. El semblante de la doctora cambio por completo, de esa sonrisa encantadora pasó a un rostro nostálgico.

Él tenia un “no sé que” que me llamaba la atención. Cuando fue mi profesor me apasionaba mucho estar en su cátedra. Casi no faltaba a clase de historiografía general pues, más que dar una platica convencional, era una clase interactiva y de dialogo.

La tesis fue dirigida por él y al final me titulé con los conocimientos y experiencias que Edmundo me pudo dar. Claro que, como buen profesor, no me daba todo y me resolvía la vida. Me gustaba que me dejara investigar por mi cuenta, que pensara a conciencia para poder resolver una duda o cuestión que tuviera. Su formación fue vital para mí y de gran ayuda para las investigaciones que realicé después de su partida.

Del emeritazgo

Terminando mi Maestría y Doctorado en la Filosofía y Letras, comencé a trabajar en varias investigaciones. Diré que la tesis de Doctorado fue una traducción que hice sobre algunas cartas; esas cartas fueron de una mujer canadiense que presenció la revolución mexicana y que escribió sobre estas. Mi tesis abarco también un análisis sobre el tema de la revolución y se comparó con las cartas ya traducidas.

Después de eso, viajé a Cuba interesada también en la revolución que había vivido. Ahí redacté el libro Ocho mujeres Cubanas, de las cuales se presentaron todas cuando presente el libro en Cuba. Ese libro fue como el boom en mi vida profesional.

De regreso a México, me encontraba trabajando en el Instituto de Investigaciones Históricas y recibo la notica de que la UNAM me daría el emeritazgo... Sus ojos brillaron y una enorme sonrisa se ilumino en su rostro. Las arrugas que marcaban dicho gesto y sus manos entrelazadas, hacían ver que la doctora estaba emocionada... Para mí fue algo muy sorpresivo, siento que este reconocimiento me lo dieron demasiado pronto en comparación con los demás profesores.

Muchos piensan que los profesores Eméritos son ya personas muy viejas y a punto de morir. Que bueno que yo todavía estoy joven –ríe y en su rostro se dibuja felicidad al recordar esa parte de su vida- y que sigo trabajando y dando clases en la Facultad.

Más allá de la docencia y la investigación

Hemos platicado sobre su vida laboral y académica pero, ¿Cómo es la doctora fuera de la universidad?

Pues mira, me gusta hacer mucho ejercicio y salir a caminar por las calles del Distrito Federal. También me gusta visitar museos y salir con mis nietos a pasear. Me gusta escuchar música y comer en la calle.

¿Y qué le gusta comer en la calle doctora?

Es algo muy chistoso –ríe y toma café, mientras en su rostro se marcan las arrugas al hacer este gesto- esto de comer en la calle. Muchos han de pensar que por ser investigadores o profesores eméritos somos o nos creemos más que los demás, cosa que es falsa. Me gusta mucho comer quesadillas, gorditas, pambazos, tortas, tamales y comida que todo buen mexicano come desde pequeño.

¿Y qué tipo de música escucha doctora Eugenia?

Me gusta casi de todo tipo de música pero viejita. La clásica, balada y canciones que me relajen. Con mis nietos escucho a Ricardo Arjona, Sin Bandera y grupos que ustedes escuchan en estos días. Lo que si no me gusta es el reggaetón, Lady Gaga o Michael Jackson, ese tipo de ritmo no es para mí, no le entiendo nada.

También me gusta asistir a la Sala Nezahualcóyotl o Carlos Chávez de la UNAM, cuando toca la OFUNAM o cuando se presenta alguna otra orquesta.

¿Le gusta asistir a teatros?

No, la verdad los teatros no es lo mío; me desespero rápidamente y me engento. Pero, aunque no me guste asistir, tengo que hacerlo pues es parte de tu acervo cultural. Los montajes son de mucha ayuda para tu perfil como estudiante, profesional o catedrático. Aparte, cuando doy clase, recomiendo a mis alumnos que asistan a estos eventos y entreguen un trabajo, por lo cual, tengo que ir yo también.

Para concluir doctora y en una pequeña oración, ¿cómo define a Eugenia Meyer Walerstein?

Creo que esa es una pregunta difícil de responder, pero si tratara de responderla diría que me defino como una persona que le costó mucho trabajo llegar hasta donde he llegado, que sabe que la universidad es su vida y que todas las investigaciones que haga serán para ayudar a esta sociedad y para ayudar a la universidad.
Al final yo sé que siempre seré hija de la Universidad Nacional.






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