miércoles, 16 de enero de 2013

EL HOMBRE DETRÁS DE UNA FORMA DE MUJER

Por Fernando Rivera Cruz
Fotos: Héctor Raúl González M.
México (Aunam). Pecado para algunos, el cual se sigue manteniendo en la sociedad a través del tiempo. Inaceptable para los conservadores. Aceptable para quienes consideran que de cualquier manera se debe buscar el sustento diario.

Siguen su actividad. El sexoservicio es parte de ellos. Sin embargo, lo practican con una variante: que no son mujeres biológicas, aunque sí a la vista. Sus ropas cubren el secreto. Son transexuales (ellos aún no se operan, y tal vez no lo desean). En busca de sueños que las circunstancias les han quitado.

Y es que para el sociólogo Francisco Gómezjara este es un fenómeno en el que el individuo “se ofrece libremente a cambio de dinero al primero que llega sin elección ni placer, en forma cotidiana cuando no posee ningún otro medio de existencia (o no sea su ocupación principal) es una prostituta integral”.

Para Joaquín Torres Acosta, Jefe del Departamento de Desarrollo de Programas Educativos del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), un transexual es una persona que “expresa su humanidad a través del uso de vestimenta, lenguaje, manierismos, que en una determinada sociedad se consideran del género opuesto.

“Viven una discriminación. Pasan por encima de los acuerdos establecidos por la sociedad que los castiga”, opina; y agrega que la discriminación tiene sus orígenes en las causas sociales, en aprendizajes colectivos, no en causas psicológicas individuales.

Es un estigma. Los riesgos están siempre latentes. Ya no son siquiera que se puedan contagiar de alguna enfermedad de transmisión sexual, sino hasta de ser golpeados por quienes son sus clientes. Golpes que les pueden causar la muerte. Y que a veces lo logran. Sin que se esclarezcan las causas. Que pueden ser homofóbicos o fanáticos religiosos.

Estas personas soportan insultos. A veces con tal de obtener recursos que les permitan abrir un negocio para poder salir de este trabajo. Son hombres, son fuertes, pero su corazón es débil. Soportan inclemencias. Adoptan otra identidad. Mientras brindan el servicio muestran felicidad, gozo, placer. Aunque por dentro estén muertos, desgarrados.

“Desde muy joven supe que yo no debí haber nacido con este cuerpo. Mis padres se separaron cuando tenía siete años de edad. Ella se fue de la casa y mi hermano y yo nos quedamos con mi papá. Vivimos con él, pero eso no era vida. Creo que desde niño ya se me notaba lo gay, y él (su padre) me pegaba por cualquier cosa”.

Quien habla es un transexual, que a pesar de tener su propio negocio, aún se prostituye. Por razones de seguridad, opta por no dar su nombre real. Sin embargo dice que su nuevo nombre, el de mujer, es “Shakira Verástegui”. Así lo revela un gafete que porta en su pecho, debajo de una fotografía de ella.

El aire es un tanto frío. Es un lugar grande, limpio. Siempre elegante. Con música de Mónica Naranjo. Ella baila. Una planta completa, de un pequeño edificio de cuatro pisos, ocupa lo que es su negocio, con varias trabajadoras para atender a la abundante clientela.

Es en el Estado de México donde vive Shakira. Una tierra que, dice, no la ha tratado bien, “pero he sobresalido”, asegura. Ahora tiene su estética. Varios años de trabajo le han costado obtenerla. Pero ha habido causas que le han hecho regresar a la prostitución.

La prostitución masculina crece. Así lo revela un estudio realizado en 2009 por el Instituto de Geografía de la UNAM que indica que “la mayoría de los hombres que ejercen la prostitución son menores de 30 años, provienen de estratos socioeconómicos bajos, cuentan con poca formación académica y han hallado en esa actividad un medio de sobrevivencia ante la falta de oportunidades de desarrollo”.

Inocencia robada

Según los informes de la Dirección General de Asuntos Jurídicos e Internacionales de la Secretaría de Salud “13 estados del país reglamentan la prostitución: Aguascalientes, Baja California Sur, Coahuila, Colima, Chiapas, Durango, Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Nuevo León, Querétaro, Sinaloa y Zacatecas”.

Sin embargo se encuentra abolida en el Distrito Federal, el Estado de México, Puebla y Guanajuato. No hay una reglamentación que regule esta actividad. Y las historias sobran.

Nunca habló, siempre callaba. Soportaba las atrocidades que se cometían contra él. Y a pesar de que su hermano, quien falleció hace poco más de un año, y él crecieron juntos, eso no mejoró la situación.

Shakira comenta que su padre permitía que su hermano la tratara mal. Era la sirvienta. Lavaba ropa, limpiaba la casa, cocinaba. Siempre al servicio de los otros. “Siempre me gritaban ´puto´. Y si no hacía lo que querían me tiraban en el suelo y me pateaban. Luego quedaba inconsciente y despertaba cuando ya no había nadie, sangrada y tirada en el suelo”, comenta, aguantando las lágrimas.

Lo anterior la orilló salir de su hogar a los 15 años de edad. Su papá casi nunca estaba en casa. La responsabilidad de sobrevivir recayó en ellos mismos: en su hermano y en él. Pero poco antes de irse, el mismo Alfredo, su hermano, lo mandaba a prostituirse.

“Me decía que si me gustaba andar de puto, que me fuera a ponerle con los hombres a la calle. Y me sacaba a patadas o de los cabellos. Así como estuviera vestido. En esa época todavía no me vestía de mujer. Me amenazaba con que si no regresaba con dinero no me iba a dejar entrar”, afirma.

Y así ocurrió. En varias ocasiones no había clientes. Llegaba sin ninguna moneda. Alfredo cumplía su promesa. Shakira dormía en la puerta, en la entrada de ese hogar que se supone le brindaría protección y calor. Sólo recibía el frío, la brisa helada de la madrugada. Sin cobija que lo cubriera. Sólo con las manos entre las piernas y en posición fetal.

Para Torres Acosta, cada sociedad responde a su contexto. La condición socioeconómica, la educación, y las relaciones interculturales afectan en la aceptación de la diversidad sexual. “Si las sexoservidoras sufren de maltrato, ¿qué puede esperarse de hombres que portan vestimenta de mujer y se prostituyen? Sólo odio y discriminación.

Un pequeño imperio

“Todo lo que se ve es el producto de mi trabajo. Años de prostituirme me han costado para poder hacer este imperio, en el que yo soy la reina. No olvido mi pasado. Cuando Alfredo se murió, de cáncer, yo no sentí nada. Ni siquiera lloré. Pero tampoco tenía coraje. No sé, pero pagué todos los gastos funerarios”, recuerda.

Han pasado 17 años desde la primera vez en que tuvo sexo con una persona de su mismo sexo, con lo cual ganó sus primeros 150 pesos. Tenía 15 años. Aún dice hacerlo, pero para terminar de pagar sus deudas.

“La mayoría son de drogas. Sí, las consumo casi desde que empecé en esto. He probado de todo¸ pero ahora sólo es cocaína y marihuana. Casi diario. Para mi cuerpo ya es una necesidad”, cuenta, apenada de lo que dice, pero abriendo su historia.

Cuando ya tenía compradas algunas cosas para abrir su estética, y el primer mes de un pequeño local ya pagado, su mamá regresó. Lo primero que hizo fue quemarle su material. No pudo hacer nada. Él no estaba en su casa en ese momento.

“De eso prefiero ni hablar. He buscado a mi mamá. No puedo hacer nada si ella no quiere dirigirme la palabra. Dice que me perdona siempre y cuando deje de vestirme así”, recuerda, con la serenidad en su rostro, pero con un golpeteo en el suelo con sus zapatos de plataforma que reflejan su ansiedad.

El odio hacia lo diferente
Según datos del Conapred, a “menor escolaridad se incrementa la intolerancia hacia las personas homosexuales, seis de cada 10 personas sin escolaridad no estarían dispuestos a permitir que en su casa vivieran personas homosexuales. Esta proporción disminuye a medida que aumenta la escolaridad”.

“Siempre estamos varias. Estamos entre mujeres, hombres y vestidas. Es una carrera para ver quién gana a los clientes. El que no se avienta, pues no saca nada en la noche. El frío es tremendo. En temporada de lluvias nos cargamos la sombrilla. A veces no llevamos nada y los granizos nos pegan en lo que corremos a un lugar a cubrirnos”, menciona Shakira, entre risas.

Dice no arrepentirse de lo que ha hecho. Aunque practica el que es considerado el oficio más viejo del mundo, eso le ha permitido tener su propio negocio. Tener gente a su servicio. No depender de nadie, sólo de su cuerpo.

“La gente nos ve como si fuéramos bichos raros. Nos insultan sin tomar en cuenta que también somos seres humanos, que sentimos. No por traer estos vestidazos (dice mientras muestra el vestido negro de noche que trae puesto), o ponernos pintura en la cara y pestañas postizas, no por eso dejamos de sentir”.

Las lágrimas que querían enturbiar sus ojos, ahora sí lo logran. Shakira cree que ahí, en las calles, puede encontrar a un hombre bueno que la saque de ese oficio. No ha tenido suerte.

Dice trabajar con miedo. Menciona el asesinato de uno de sus compañeros, quien también era transexual. En una noche, en que trabajaban. Se subió a un automóvil rojo. Un Nissan, recuerda. De aquel viaje su amigo ya no regresó.

Su nombre era Janet. “No recuerdo su nombre real. Nunca se lo pregunté y nunca escuché que ella lo dijera. Pero a veces le decían Betito. Yo supongo que se llamaba Alberto”, indica mientras se pinta los labios de un rojo intenso.

Menciona que a ese lugar, cerca de las once y media de la noche, llegó el famoso carro. Como otros tantos que se acercan a preguntar tarifas, o a insultarlos. El conductor del Nissan vio a las diversas chicas que estaban paseándose. Caminando de un lado a otro.

“Se detuvo (el automóvil) y fue Janet quien se acercó. Platicaron un rato y después se subió al carro de ese pinche enfermo”, dice con coraje y tratando de contener nuevamente las lágrimas, procurando no correr el maquillaje.

“Después nos avisaron que la habían dejado tirada en un baldío. La madreó en el carro. No sé si no trató de defenderse o de bajarse. Pero creo que le pegó con algo en la cabeza, aparte de los golpes que ya le había dado. La dejó tirada como si fuera un perro, en la calle. Ahí ni hay vigilancia. Nadie vio nada”.

De acuerdo con la Asociación Civil Letra S, Sida, Cultura y Vida Cotidiana, de 1995 a junio de 2009 se registraron 705 homicidios en 11 entidades en contra de personas pertenecientes a la comunidad homosexual que tienen las características de crímenes de odio.

Ahora Shakira afirma que ella y sus compañeros trabajan con miedo. Siempre latentes a la nueva aparición de aquel hombre que acabó con la vida de su amiga. Temor, sobre todo, porque nadie recuerda la cara del asesino. Sospechando de cada vehículo que se acerca.

“Aparte de que tenemos que lidiar con policías corruptos que nos piden mordida por estar en la zona de la pirámide, también tenemos que lidiar con que se hacen leyes que nos impiden trabajar ¡Pues si no estamos aquí por gusto, sino porque lo necesitamos!”, comenta, con coraje, contra las autoridades.

El recuento de los daños



El estudio de la UNAM también reveló que “la gran mayoría de los hombres jóvenes que se dedican a esta actividad aseguraron que no la ejercerían si encontraran un empleo bien remunerado. En tanto, tres de cada 10 afirmaron estar orgullosos de su trabajo, por lo que lo llevan a cabo con gusto, aun con los problemas sociales que implica”.

No es fácil encontrar un lugar fijo. A veces se trasladan a otros lugares, para evitar las extorsiones. Quienes deberían proteger de ellos, los policías, a veces son sus principales enemigos. No sólo es el miedo en encontrarse con un asesino, sino al hombre que se vale de su autoridad para ejercer poder sobre ellos.

Ahora Shakira se sienta en un sillón giratorio de su gran centro de imagen. Se repasa el maquillaje a cada minuto. De vez en cuando alguien interrumpe para saludarla. Ella sólo hace señas de afirmación. De repente se levanta y cambia el disco de Mónica Naranjo por uno de Gloria Trevi.

“Como dos años antes de que mi hermano Alfredo se muriera, yo fui a visitarlo. Él estaba todo borracho. Era domingo y había llegado de ver a un equipo de futbol que le gustaba. Toqué la puerta y en cuanto me vio se me lanzó encima. Yo había ido porque él empezaba a estar enfermo. Pero eso no le importó”.

Shakira cuenta que la tiró al suelo, y en cuanto se levantó, Alfredo estaba enfrente de ella, con cuchillo en mano. Gritándole que por “puto” lo iba a matar. Recuerda que lo único que pudo hacer fue lanzarle una silla de plástico que estaba cerca de la entrada, lo cual le permitió huír. No le volvió a dirigir la palabra a ese hombre, que siendo su hermano, intentó acabar con su vida.

“Para eso he trabajado. Para tener lo que ahora tengo. Para que nadie me eche en cara que me han dado algo. Así yo puedo decir que yo me rompí la madre para ser quien soy. Pero ya pronto me voy a salir de esto. Ya casi termino de pagar lo de algunos aparatos para el cabello y listo”, comenta.

Salir de ahí, del sexoservicio, es la luz que no sólo los transexuales buscan. La mayoría de los que están en esto lo desean. Pero sus limitaciones económicas no se los permiten. Si tan sólo encontraran algo mejor que les permita salir de los peligros de las calles.

Pero esa no es la única luz que ella trata de encontrar. La otra es la aceptación de su familia, y que le brinden el apoyo para no caer en manos de personas que juegan con su vida. Que lo explotan vendiendo su cuerpo.

En este sentido, datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010 (Enadis) que realiza el Conapred muestran que “la madre es a la que se tiene mayor confianza para comunicarle su orientación sexual: siete de cada diez personas se lo han comunicado a su madre y a sus amigos; seis a su padre y a la gente con la que trabajan. Y sólo cuatro de cada 10 a su comunidad religiosa”.

La tarde comienza a caer, al igual que unas gotas de lluvia. En medio del ruido de los clientes de la estética, comienza la canción “El recuento de los daños” de Gloria Trevi. Shakira inclina la cabeza. Pensativa, reflexiva, triste. Los recuerdos fluyen. Los vuelve a vivir. Recontar sus daños la hiere. Su silencio es absoluto.








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