viernes, 9 de noviembre de 2012

JUÁREZ: UN MAUSOLEO DE BRONCE

Por Julián Rodríguez Linares
México (Aunam). Son casi las 11 de la mañana en los fuertes de Loreto y Guadalupe, en la Ciudad de Puebla. El calor en las calles aumenta a cada minuto. Los asistentes esperan ansiosos, desde lo alto de una grada o parados, el comienzo del desfile cívico militar. A lo lejos aparece un soldado con la bandera nacional. Cientos de hombres y mujeres gritan de emoción; se escuchan algunos chiflidos, el evento acaba de iniciar.

Miles de poblanos y algunos turistas de otros estados y países presencian el paso de cientos de militares, éstos van a bordo de sus tanques de guerra, mientras otros marchan alineados hasta pasar en frente del presidente de la república, Felipe Calderón Hinojosa. Pero, el momento cumbre está a punto de ocurrir; en el horizonte se observan hombres que portan sombreros grandes, camisa y pantalón de manta, huaraches, un típico morral y afilados machetes.

-¡Bravo, Bravo Zacapoaxtlas! ¡Viva Ignacio Zaragoza, viva Juárez y viva Puebla!

Ruidosos son los sonidos de una mujer que observa el paso del contingente militar, pero su garganta se desgarra ante el grupo indígena de la sierra nororiental de Puebla: los famosos Zacapoaxtlas, inmortalizados en la historia oficial al atribuirles un papel fundamental en la gesta heroica del 5 de mayo y relegando a los verdaderos defensores, habitantes del pueblo de Tetela de Ocampo y Xochiapulco.

-¡Bravo, Bravo Zacapoaxtlas!
-¡Nunca subestimen a un indio enojado y menos con machete en mano!

A diferencia del resto de los contingentes que desfilan por las calles de la ciudad de Puebla, a éstos la señora pide respeto y admiración porque “cuando México estuvo en peligro dieron la cara para defender el país”. Así cuando su hijo intenta lanzar confeti a algún indígena, le indica con voz seria:
– ¡A ellos no!

Rocío se siente orgullosa de ser mexicana porque el 5 de mayo representó el momento en que el gobierno de Juárez hizo frente a Napoleón III y al ejército francés, catalogado en ese tiempo como el mejor del mundo, al cual venció. Mientras repite con orgullo la famosa frase del Benemérito de las Américas, Benito Juárez: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”…

Mitos, heroés, villanos e historia oficial

En la historia de cada país surgen héroes que fomentan los ideales de libertad, justicia, igualdad o respeto; a estos se les atribuyen cualidades como honor, valentía, templanza, arrojo, valor, lealtad, entre otros; que son transmitidos de generación en generación a través de mitos, es decir, se narra cómo en sucesos difíciles siempre lograron la hazaña de salir adelante.

Personajes como George Washington o Abraham Lincoln en Estados Unidos; Simón Bolívar en América del Sur; Napoleón Bonaparte en Francia; Lenin en Rusia; y hasta el mismo Ernesto Guevara, mejor conocido como “el Che” ocupan los espacios importantes en las páginas de historia.

Se tejen una serie de narraciones alrededor de ellos que dejan a un lado al ser humano, olvidándose de sus errores, se les idealiza al punto de evitar cualquier crítica a su imagen, como fue el caso de Ernesto Guevara quien era un autoritario y macho homofóbico, de acuerdo con Rogelio Villarreal, periodista cultural, quien escribe del Che en su libro El Periodismo Cultural en tiempos de la globalifobia.

“Y, sin embargo, creemos. No sabemos: creemos. Vivimos abrazando mitos que nos permiten lidiar con el miedo a lo desconocido, con la aridez de la verdad, con la dureza de la vida”, comenta la periodista Roberta de la Garza del diario Milenio y directora de la revista cultural Replicante.

Garza señala: “literalmente, de nuestras fantasías, privadas y colectivas, depende la vida, y éstas nos definen más y mejor que cualquier otra forma de registro: si queremos leer el carácter nacional no hay que buscar en la historia, sino en la fábula. En los mitos y leyendas que forman el carácter de los pueblos”.

Por otro lado cada héroe necesita de un villano porque como en un mito, en éste recaen las cualidades nocivas para la sociedad. Así se les asigna elementos de traición, autoridad, represión, miedo y falta de valor; pero, así como a los ídolos, a éstos se les despoja de su entidad de individuos y, entonces, son catalogados, por el resto de los años, como lo peor y malo de un país, sin antes hacer un análisis de su vida.

La historia de México muestra ejemplos concretos: Antonio López de Santa Anna, Hernán Cortes, Victoriano Huerta o Porfirio Díaz, a éste último, Díaz, el escritor ruso León Tolstoi lo catalogó como “un prodigio de la naturaleza”, además de ser respetado por la sociedad francesa premiándolo con la espada que Napoleón usó en la batalla de Austerliz.

Todos estos mitos de héroes y villanos se registran en la historia de una nación. En México, a través de los libros de historia de la SEP (Secretaria de Educación Pública) se enseña a millones de niños, de nivel primaria, la historia oficial, sin promover en los estudiantes una visión crítica de su pasado, originando, en ocasiones, que éstos al crecer no cuestionen a sus personajes históricos y repitan dichas narraciones ya sea en su discurso cotidiano, en desfiles, eventos políticos o en pinturas.

Así la historia oficial, también llamada historia de bronce, cumple con su objetivo de “crear imágenes ejemplares de los héroes nacionales, que emulen la devoción por la patria hasta el sacrificio personal. Estos valores buscan la preservación y exaltación de la nación y su soporte ideológico: el nacionalismo”, comenta el historiador José Antonio Crespo.

Con lo anterior se puede entender cómo en las fiestas nacionales los habitantes de una nación se muestran orgullosos de su país. Por ejemplo, acerca de la batalla del 5 de Mayo el actor mexicano Gael García Bernal comenta:

La Batalla del 5 de Mayo dio origen al nacimiento de la nacionalidad mexicana, al surgir el patriotismo republicano que no existía antes y que se revela en la respuesta que al llamado del entonces Presidente Benito Juárez, hicieron hombres y mujeres para la defensa de la patria. Se puede trazar una línea que al final de cuentas nos deja como enseñanza que es un día para la hispanidad y a los mexicanos nos sirve como inspiración diaria para encaminar esfuerzos hacia una nueva era.

Criticar la historia nacional consiste en conocer, analizar y comprender el pasado histórico, es decir, quitar de su altar al héroe y de la hoguera al villano; tratarlos como los humanos de carne y hueso, con errores y aciertos, en palabras de Octavio Paz, la autocrítica histórica “equivale a una cura moral”.

En ese sentido, “se puede decir con mayor precisión que la historia crítica complementa a la de bronce, agregando lo que se removió y corrigiendo lo que se distorsionó […] Así para la construcción de un país más democrático y justo, hace falta una visión de la historia que refleje lo que hemos sido, y no lo que hubiéramos querido ser”, señala Crespo, autor del libro Contra la historia oficial.

Un asunto especial es el caso de Benito Juárez, quién para muchos es un modelo a seguir, porque a pesar de descender de una etnia en Oaxaca, sin conocer el idioma español, logró dirigir a toda una nación.

Pero, si es reconocido y admirado por cientos de mexicanos ocurre un aspecto particular, tal como lo apunta el analista político José Ramón López Rubí Calderón en su texto titulado sólo para críticos, no militantes, irónicos y políticamente incorrectos, considera lo siguiente:

“Si enseñar a los niños historias de bronce (falsedades patrioteras no históricas) sirve a la grandeza de una nación ¿Por qué en su mayoría se convierten, por ejemplo, en antijuaristas, esto es, en adultos irrespetuosos del derecho ajeno?”

Juárez, el ejemplo



La vida de Juárez, uno de los héroes nacionales, tal vez el más importante en México, es reflejo de esfuerzo, lucha, perseverancia y superación, así lo dicen los libros de texto, porque sus orígenes humildes no fueron un obstáculo para alcanzar el puesto más importante en el país, es decir, convertirse en presidente y dirigir a toda una nación.

Benito Pablo Juárez García nació en Oaxaca el 21 de marzo de 1806 en la ciudad de San Pablo Guelatao, de origen zapoteca. Antes de convertirse en mandatario de la nación mexicana fue diputado y gobernador de su natal estado, además ocupó el cargo de presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, así lo marcan los libros de texto gratuito de la SEP.

Su primer mandato presidencial fue en 1858 y por 15 años se convirtió en el máximo líder nacional del país. Como presidente de la república vivió distintos sucesos que marcaron el rumbo de la nación, por ejemplo: una guerra civil, una intervención extranjera, así como vencer el intento de una monarquía encabezada por el archiduque austriaco Maximiliano de Habsburgo.

Para escritores como Luis Gonzales de Alba la vida de Juárez fue trascendente en la historia nacional porque gracias a él, “se intentó hacer de México un país regido por leyes y no por arcaicos usos y costumbres. Le quitó a la iglesia católica el poder para llevarnos a la hoguera por la divinidad de Jesús. Buscó vías para establecer un modelo productivo a tono con la época, es decir, fue un modernizador que tomó un país medieval en sus manos e hizo mucho, aunque lo suficiente, pues seguimos debatiendo lo mismo”.

Como lo marcan los libros de texto gratuito, durante el transcurso de 15 años, el Benemérito de las Américas se convirtió en el factor principal de la vida política del país. En ese sentido recurrió a una serie de reelecciones para apoderarse del poder ejecutivo, es decir, eliminaba cualquier posible competencia que intentará hacer oposición en las urnas, sin importarle la ley, porque “estas chambas no se sueltan”, comentaba Don Benito.

En el libro Contra la historia Oficial, del politólogo José Antonio Crespo, se relata que durante la invasión del país francés, Juárez, hizo una hábil estrategia política para conservar el poder y no cederlo al presidente de la Suprema Corte de Justicia, al general Jesús Gonzales Ortega, como lo marcaba la constitución de aquel tiempo.

Benito, se narra, envió a una misión fuera del territorio nacional a Gonzales, para declararlo fuera de la ley y poder ocupar la presidencia en nuevo periodo. Ante tal acto Ortega decía: “Yo he defendido al Gobierno del Sr. Juárez con mi espada y con mi voz […] pero yo no honro ni he honrado a quien deshonra a mi país, a quien con un hecho oficial le grita al mundo que México no tiene leyes, porque ellas sólo sirven para romperse cuando así conviene a la voluntad de un mandarín […] llámese Comonfort o llámese Juárez”.

Para Crespo, “Juárez no fue el hombre obsesionado con la ley que se nos enseña en las aulas; más bien fue un hábil político que supo echar mano de la propia ley para sus propios propósitos políticos de perpetuarse en el poder. Él siempre esgrimió con razón esencial para preservarse en el poder bajo cualquier medio, y concentrar más poderes de los que la Constitución le otorgaba”.

En cuanto a sus orígenes, Juárez renegaba de ser un indígena. Por ejemplo, su esposa Margarita Maza, de origen italiano, decía de él “es muy feo, pero muy bueno”. Así cuando fue presidente de la República buscó poblar el territorio nacional con extranjeros europeos, mientras intentó castellanizar a los indígenas para integrarlos a la vida nacional, medida que produjo gran oposición.

Ahora bien, si en la historia de México la guerra con Estados Unidos y la pérdida de más de la mitad del territorio nacional es un episodio que duele por sus consecuencias. Este hecho le costó a Antonio López de Santa Anna ser señalado como el principal culpable y recibir el adjetivo de “vende-patria”.

Juárez durante la guerra de Reforma, también conocida como la Guerra de los Tres Años, avaló el documento McLane-Ocampo donde concedía al gobierno norteamericano la libertad de transitar por la zona norte del país y el istmo de Tehuantepec “con privilegios comerciales y con posibilidad de intervención militar, en caso de necesidad.

En el libro Las mentiras de mis maestros, del periodista Luis Gonzales de Alba, se exponen los puntos que abordaron dicho tratado promovido por Juárez para lograr la derrota de los conservadores, entre los puntos principales se encuentra el siguiente artículo, el cual explica:

Artículo 70. La República Mexicana cede por el presente a los Estados Unidos y a sus ciudadanos y propiedades, el derecho de vía o tránsito a través del territorio de la República de México, desde las ciudades de Camargo y Matamoros, o cualquier punto conveniente del Río Grande, en el Estado de Tamaulipas, por la vía de Monterrey, hasta el puerto de Mazatlán, a la entrada del Golfo de California, en el estado de Sinaloa.

En ese tiempo en Estados Unidos ocurría la guerra civil, debido a los conflictos que existían con el sur esclavista, el senado estadounidense decidió no aceptar el acuerdo, para evitar fortalecer más a los estados sureños. Así dichas ambiciones del Benemérito bien se podrían comparar con lo sucedido con Santa Anna, porque sus intereses personales de mantener el poder y conseguir la victoria significaron más que los de una nación.

Juárez no sólo fue quien separó a la iglesia del Estado e intentó generar las transformaciones de un país bajo “el orden y el progreso”, lema del positivismo (corriente de pensamiento surgida en Francia por Augusto Comte), sino también fue el individuo a quien el poder lo rebasó, porque después de 15 años nunca cedió la presidencia.

Él recurrió a fraudes electorales o modificaba la constitución, como comenta el historiador José Fuentes Mares: “Juárez amó ser presidente hasta el extremo de hacerla carne de su carne y vida de su vida”.

***

Desde que pasó el soldado con la bandera nacional hasta el último contingente militar ha transcurrido media hora. Los asistentes vieron desfilar militares, tanques de guerra, aviones, batallones indígenas y enfermeras, pero pese al calor, los ánimos de la gente no decaen, al contrario, cada vez toman más fuerzas. Ahora toca el turno de ver el paso de estudiantes, miembros de grupos artísticos, paramédicos, agentes de tránsito y charros.

Los niños avientan confeti a diestra y siniestra; las mujeres aplauden y gritan el paso de los soldados, algunas de ellas, las más atrevidas, se acercan a uno de ellos para besarlos porque su físico lo amerita, como lo comenta una de las presentes: “es un día de fiesta nacional”.

Rocío se mostró satisfecha de no pagar alguna cuota para ver el evento en compañía de su familia, al contrario parecía contenta de que el gobierno se haya preocupado por los asistentes al haber instalado gradas gratuitas, aunque ella como cientos de poblanos no alcanzó lugar porque se llenaron muy rápido, así que tuvo la mala suerte de observar parada.

El calor y la multitud son dos elementos difíciles de combinar. La molestia en el rostro de los asistentes se empezaba a notar, porque a cada minuto el público iba en aumento.

Asimismo, los empujones, chiflidos y gritos constantes sacaban de quicio al sujeto más paciente, todo lo anterior combinado con una atmósfera de calor típico de primavera, eran los detonantes de que en algunas zonas personas soltaran uno que otro golpe, porque no respetaban su espacio y les impedían ver el paso del desfile: “¡Óyeme qué te pasa!”, “¡quítate, me estorbas la visión!”.

Pese a todos esos inconvenientes, en otras zonas las familias seguían con atención el paso de los estudiantes, porque en cualquier momento iba aparecer su hijo desfilando, debía de tener lista la cámara fotográfica, el confeti y la garganta para reconocerle su esfuerzo.

Así, para Roció cuando pasara el Centro Escolar Gustavo Díaz Ordaz sería el momento de desbordar toda su euforia, porque el menor de la familia iba aparecer con el resto de su escuela.

“Las armas nacionales del supremo gobierno se han cubierto de gloria”, era el lema de la secundaria Benito Juárez García, que los estudiantes repetían con fuerza y orgullo; dicha frase que hizo famoso el general Ignacio Zaragoza cuando comunicó al presidente Juárez la victoria del ejército mexicano sobre los franceses. El público gritaba “¡Viva, Viva Zaragoza!” en sintonía con el lema de los alumnos de dicho centro escolar.

Era un reconocimiento a su héroe que había defendido no sólo a Puebla sino a México, explicaba Roció, “él no tuvo miedo de hacerle frente a unos franceses, al contrario mostró valor”.

Así, todos los poblanos celebraban con gran júbilo el triunfo del ejército mexicano contra el francés, pero 150 años atrás Zaragoza escribió a Juárez molesto por la falta de patriotismo de los poblanos lo siguiente: “Qué bueno sería quemar Puebla. Está de luto por los acontecimientos del cinco. Esto es triste decirlo pero es una realidad lamentable”, esto lo escribe José Antonio Crespo en el libro Contra la historia oficial.

Juárez, detrás del mito

Juárez es el mejor representante de la política mexicana; monumentos, estatuas, calles y estaciones del metro portan su nombre o hacen referencia en su honor. Un empleo constante es su personificación a través de murales.

En la sede del poder legislativo mexicano, por ejemplo, en lo que antes era la cámara de diputados en San Lázaro se dibujaron una serie de murales donde Benito Juárez se exhibe en frente del partido liberal portando en mano las Leyes de Reforma.

En todas sus representaciones se le muestra como el defensor de la ley o de la patria, porque gracias a él se consolidó el Estado mexicano. No obstante, esa misma persona fue capaz de ofrecer al país de Estados Unidos el territorio nacional con tal de obtener su apoyo para derrotar al partido conservador, mediante el Tratado McLane-Ocampo, o fue el sujeto que se reeligió consecutivamente ignorando a la ley; entonces, los murales dedicados a su obra e imagen entran en contradicción.

Una respuesta para conocer por qué se mantiene el mito con el paso de los años y se siguen dibujando los mismos elementos del Benemérito, se ubica a partir de la dictadura de Porfirio Díaz.

El personaje de la historia nacional que fue presidente por más de treinta años y que reprimió huelgas como la de Rio Blanco en Veracruz o Cananea en Sonora, fue el responsable de que en su administración se creara la admiración juarista.

José Luis Soberanes, investigador en historia del derecho y ex presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, explica que fue Justo Sierra, subsecretario de Instrucción Pública durante el porfiriato y miembro del grupo de los científicos, quien intentó construir una historia nacional que sirviera para legitimar a la dictadura porfirista.

Cuando Sierra inició las modificaciones de la historia en beneficio del gobierno, se quitaron ciertos pasajes, incluyendo capítulos de la vida de Juárez que afectaban la identidad de una nación.

El culto a Juárez, comenta Carmen Sáez Pueyo historiadora y profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNAM), se originó a partir del año de 1885 cuando hubo un intento de coronar a la virgen de Guadalupe.

El ingeniero y político Francisco Bulnes decidió juntar la firma de cien liberales argumentando la necesidad de crear un mito que estuviese en contra de dicha divinidad; así surge el mito a Juárez. En palabras de Bulnes: “Yo fui el creador del mito a Juárez, de hecho nosotros, los liberales, establecimos por primera vez en 1886 ir a venerar a éste en su tumba, en San Fernando”.

Asimismo, Sáez Pueyo explica que Juárez se convirtió para Justo Sierra en el personaje que representaba al partido político de la época. Según Sierra “a los pueblos incultos como el nuestro, México, tú no les podías quitar la religión, si no creabas una religión cívica”.

Así, Juárez pasó a ocupar el lugar de dios. En ese sentido siendo Sierra, Subsecretario de Instrucción Pública, creó una serie de estatuas en donde se veneraran a los héroes nacionales, sólo del partido liberal, un “gran templo cívico”.

De esta forma se entiende por qué se sigue dibujando con patrones idénticos a éste personaje histórico. Por ejemplo, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), tanto en su edificio principal como en su interior, recuerda con orgullo al héroe cívico, Juárez, con un mural de la autoría del pintor mexicano Francisco Eppens y una estatua.

“En el mural se hablan de tres conceptos; el primero se enfoca al nacimiento de la libertad, a través de la luz; el segundo significado se refiere a la defensa de la patria, la cual se representa con un águila, y para lograrla tiene que haber una lucha, así como estar dispuestos a morir; y el último es el resurgimiento de la nación, un ciclo continuo.

La figura de Juárez es fría, inexpresiva, lo cual indica que al ser el líder de un movimiento se está sólo en las decisiones, o sea, la frialdad ante todo”, comenta el ciudadano Juan Fernández cuando camina por la avenida Insurgentes Norte y admira dicha pintura.

Por su parte, José Islas –habitante del Distrito Federal–, interpreta la obra de Francisco Eppens:

“Juárez fue un balance para la nación y al final el juicio se lo va a dar la historia, que ha sido benévola con él. Donde su figura le indica al pueblo mexicano que cualquiera puede llegar a ocupar cargos sobresalientes; o sea, tú puedes luchar –señala con el índice el rostro de Juárez– por tus ideales y lo que quieres a futuro”.

Un último ejemplo se encuentra en una pintura ubicada en la Facultad de Ciencias Políticas Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se pensaría que los estudiantes universitarios, a diferencia del grueso de la población, cuentan con un conocimiento más preciso de su pasado histórico, pero al parecer el mito a Juárez, para algunos, sigue intacto.

Así, tres especialistas opinan al respecto. En primer lugar Soberanes señala: “sólo es una repetición de patrones que se han enseñado desde la educación básica, en el cual lo lamentable corresponde al lugar donde se ubica la imagen, porque está en un centro, que se supone, forma a científicos sociales críticos”.

Carmen Pueyo opina: “el problema es que hay que volver a estudiar la historia de este país, que le da sustento al partido único y en esta historia oficial siempre se considera a los conservadores como traidores y a los liberales como patriotas; obviamente el símbolo más importante del liberalismo es Juárez”.

Hay que entender que Juárez fue un extraordinario político, pero que nunca pudo gobernar con la constitución de 1857; además existe una tradición desde la época colonial que dice: “obedézcase pero no se cumpla”. Es decir, en México no hay tradición de respetar la ley y eso es fundamental para el futuro de este país.

Silvestre Villegas Revueltas, licenciado en historia e investigador del Instituto de Investigaciones Históricas, comenta: “todos los países tienen historias oficiales y todos tienen un panteón de héroes; con Juárez sucede que él fue quien encabeza al partido triunfante y luego los revolucionarios se sienten continuadores del grupo liberal más radical”.

En ese sentido todo aquel que de alguna manera se siente progresista y critica el estado político, toma a Juárez como punto de referencia. Entonces el universitario debe entender lo siguiente: le debemos a Juárez la reforma liberal y haber derrotado un proyecto imperial, pero al mismo tiempo le debemos una serie de elementos negativos al momento de organizar elecciones.

***

Después de hora y media de desfile, de observar cómo decenas de escuelas y grupos artísticos realizaron su mayor esfuerzo para sorprender y agradar al público, el evento está a punto de concluir.

Ahora sólo recorren las calles de los Fuertes de Loreto y Guadalupe un contingente de charros montados en su caballo, algunos portan la bandera nacional que usó Juárez durante su gobierno a manera de homenaje de tan ilustre héroe nacional.

En algunas zonas los espectadores comienzan a desalojar las avenidas para evitar el intenso tráfico; mientras otros aplauden el paso de los jinetes, sólo que con menos energías y sin tanta pasión.

Si antes las mujeres y los niños aventaban confeti para animar a los protagonistas del desfile, ahora sólo unos cuantos aplausos sirven para reconocer el trabajo de los participantes, porque “ellos, los charros, son reflejo de nuestra cultura como país”, die una mujer, y después manda besos a los hombres que cabalgan por las calles de la ciudad.

El reloj ya marca las 2:30 de la tarde, con el último paso de un charro a bordo de un caballo color blanco se da por concluido la conmemoración del 150 aniversario de la batalla de Puebla. Miles de personas se dirigen a sus casas para descansar los pies o a cubrir su rostro, porque el calor los requemó.

“Fue una bonita forma de recordar a los héroes de una nación, la cual necesita retomar sus ejemplos, como el caso de Benito Juárez o Ignacio Zaragoza quienes no se doblegaron ni mostraron signos de debilidad ante el enemigo”, opina Roció.

Y, agrega: “no se puede venir a decir que Juárez o Zaragoza no querían a su patria, México. Existirán investigaciones y estudios, pero yo creo en lo que aprendí de historia en la escuela. Esa fue mi educación. Juárez nos ha demostrado que aunque estés muy abajo puedes llegar muy arriba”.

“Para todos aquellos que critican la obra de los héroes nacionales, sólo me resta decirles lo siguiente: no se debe hacer leña de los que ya se murieron, se debe ver la realidad. Juárez es un ejemplo a seguir, a pesar de todo, él luchó por su país, por su gente, no claudicó”, concluye.

Así pues, cientos de sujetos abordan sus carros, otros toman el transporte público, mientras unos más caminan para llegar a sus hogares después de tremendo festejo. A bordo de cada coche, se muestran satisfechos porque sin darse cuenta siguen cultivando y fomentando el mito a Juárez, así como a sus héroes nacionales.

Se continuará exaltando las grandes batallas sin importarles la violencia y los muertos que hubo en ellas.

La mayoría no buscará otras fuentes históricas de su pasado y se mantendrá la idea de defensor de la ley para Juárez, porque a fin de cuentas, como menciona el periodista Luis Gonzales de Alba, uno de sus mayores logros fue saber morir a tiempo en el poder, evitando cualquier rebelión en su contra, así el juicio se lo dará la historia que seguirá siendo benévola con él.


Fotos: Wikimedia Commons


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