jueves, 5 de julio de 2012

MÉXICO TRANSGÉNICO: UN DEBATE SOBRE EL MAÍZ

Por Andrea Flores Ramírez

A la piedra
en tu viaje, regresabas.
No a la piedra terrible,
al sanguinario
triángulo de la muerte mexicana,
sino a la piedra de moler,
sagrada
piedra de nuestras cocinas.
Allí leche y materia,
poderosa y nutricia
pulpa de los pasteles
llegaste a ser movida
por milagrosas manos
de mujeres morenas.
Donde caigas, maíz,
en la olla ilustre
de las perdices o entre los fréjoles
campestres, iluminas
la comida y le acercas
el virginal sabor de tu substancia.

Fragmento de “Oda al maíz”, Pablo Neruda

México (Aunam). Cuenta la mitología mexicana que los huicholes estaban aburridos de comer diario lo mismo, por lo que escucharon del maíz, una planta que producía un cereal dorado que todos los días podía prepararse de diferentes formas, sintieron mucha curiosidad por conocerlo. Pero este cereal se encontraba muy lejos, para conseguirlo se debía cruzar una montaña.


Un joven huichol decidió ir por la planta y emprendió el viaje. Cuando iba caminando se encontró con una fila de hormigas; ellas eran las guardianas del maíz por lo que decidió seguirlas. Caminó días y noches tras los insectos hasta que se cansó y se quedó dormido sobre la tierra. Entonces las hormigas treparon sobre su cuerpo y devoraron sus ropas, sólo lo dejaron con su arco y su flecha.

Cuando despertó el muchacho sin sus ropas y además hambriento, se sintió fracasado y lamentó su osadía. En medio de su desesperación decidió cazar un pájaro que se encontraba en un árbol cercano, pero cuando estaba a punto de lanzar la flecha, el ave le regañó diciéndole que no se atreviera a matarla porque ella era la madre del maíz.

El pájaro ordenó al joven que le siguiera y le prometió darle todo el maíz que quisiera. Tras una larga caminata llegaron a la Casa del Maíz. Según la leyenda, en este lugar habitaban cinco princesas: Mazorca Blanca, Mazorca Azul, Mazorca Amarilla, Mazorca Negra y Mazorca Roja. Las cinco eran hermosas, pero el joven se enamoró de Mazorca Azul y se casó con ella.

Mazorca Azul regresó con el joven a donde vivían los huicholes y alrededor del lugar empezaron a crecer milpas como si fueran flores silvestres, las cuales eran regaladas a las personas, quienes aprendieron a cultivar el maíz y a cocinarlo de diferentes formas gracias a los conocimientos de Mazorca Azul. Dice la leyenda que cuando Mazorca Azul envejeció decidió molerse ella misma y así surgió el atole.

Esta historia me la platicó mi maestro de la asignatura de Historia de México de la escuela preparatoria, el profesor Armando Cárdenas. Hace poco me lo encontré y le platiqué que estaba realizando una investigación relacionada con el maíz por lo cual le pedí que me platicara o proporcionara información sobre la importancia de esa planta en la cultura popular.

El profesor Cárdenas tuvo una formación de maestro normalista y después se especializó en la enseñanza de la Historia. Cuando empezó a dar clases de esta materia en una escuela rural se dio cuenta de que nada le interesaba más que la cultura de los antiguos mexicanos, por lo que decidió aprender la lengua náhuatl y conocer un poco del idioma maya

Cuando fui su alumna, dedicaba gran parte de sus clases a la narración de pasajes de la historia de México, narradas con un estilo similar al de los poemas épicos. Así nos contó la hazaña del sitio de Cuautla, la toma de la hacienda de Mapachtlán, el origen del cerro de Tepoztlán, y los mitos del origen del maíz, entre otros.

Cuando lo reencontré, le pedí al profesor que me volviera a contar el mito huichol del maíz, y me sugirió que investigara más, pues cada pueblo de Mesoamérica tenía su propia narración: Los antiguos mexicanos buscaban ansiosamente una explicación del origen de la planta que los nutrió desde sus orígenes. Eso hice y me encontré con el mito azteca, que atribuye el origen del maíz como un regalo del dios Quetzalcóatl; y con el maya y el mixteco, que cuentan, cada uno a su forma, que los primeros hombres fueron creados con maíz.

Más allá de la mitología y la imaginación, el maíz desempeñó un papel muy importante en el México precolombino. De acuerdo con el maestro José Carlos Melesio Nolasco, académico del Tecnológico de Monterrey campus Cuernavaca y del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), sus pobladores no sólo utilizaban los granos como alimento, sino toda la planta.

El maíz les servía para vestirse, para crear artefactos de uso cotidiano y, principalmente, para comer; el maíz supo ser tan bien explotado como alimento que logró sacar adelante a una civilización que carecía casi completamente de proteínas de origen animal.

Por lo anterior, Federico Engels, en su obra Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, señala que desde antes de que existieran técnicas científicas que lo comprobaran, este cereal era el mejor de su especie, pues había demostrado que, aún sin el apoyo de los alimentos que derivan de la producción de animales de tiro, podía llegar a los mismos resultados que en su tiempo redituaron el arroz y el trigo, gramíneas que cimentaron las civilizaciones de Europa, Asia y África.

El cultivo de maíz en México data aproximadamente del año 7,000 a. C., y su registro más antiguo fue encontrado en una villa cercana a Tehuacán, Puebla, a más de 2,500 metros por arriba del nivel del mar. Desde ese tiempo fue empleado para cubrir varias necesidades humanas gracias a la versatilidad de toda la planta y, poco a poco, alcanzó la importancia de un símbolo patrio.

Probablemente ese fue el motivo de inspiración del poeta Andrés Henestrosa, quien en uno de sus escritos se refiere al maíz como “El primer tótem mesoamericano, anterior al águila, al jaguar, a la serpiente, al pez. Es, al mismo tiempo, origen y creación del hombre”, señala Carlos Ávila Bello, en “Los maíces transgénicos y sus riesgos”, en la revista Ciencias de octubre 2008-marzo 2009.

La posición del maíz como fuerza motriz de la sociedad mexicana nos obliga a estudiarlo y a defenderlo, y más aún en nuestros días, pues vivimos una época en donde el desarrollo de la biotecnología busca que todos los cultivos se adaptan a sus reglas y métodos, y uno de ellos es la transgénesis, que consiste en modificar los genes del maíz para lograr que los cultivos sean más resistentes a las plagas y a las enfermedades, sin embargo esto puede acarrear muchas consecuencias negativas para los mexicanos, desde la pérdida de la biodiversidad del maíz hasta la alteración de su estructura económica y vida cultural.

Por otro lado, es importante ver que más allá de la trascendencia del maíz para México, éste también se convirtió en una planta importante para el mundo, pues cuando los europeos llegaron a América con la idea de conquistar el continente mediante las armas y la imposición de la cultura, nunca pensaron que ellos también, aunque en otro sentido, serían colonizados por dos productos nativos del Nuevo Continente: por la papa, originaria de Perú, y por el maíz que sería exportado desde nuestro país. Ambos organismos pronto invadirían el campo y las mesas de las familias a la hora de la comida, resolviendo el problema de desnutrición y sobrepoblación que los europeos enfrentaban en el siglo XVI.

El buen recibimiento que tuvo el maíz en el mundo, así como la necesidad que generó, dio lugar a que este cereal se convirtiera en uno de los más cultivados en el mundo, hoy en día ocupa el tercer lugar en la lista de gramíneas más producidas, pues de acuerdo con las estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sus cosechas sólo son superadas por las del trigo y el arroz.

La invasión transgénica

De acuerdo con el periódico La Jornada del 26 de marzo de 2009, los agricultores de Durango, Tamaulipas y Chihuahua afirmaron que buscan cultivar “transgénicos porque los maíces híbridos nos les han funcionado”, e indicaron que las empresas Dow y Monsanto presentarían solicitudes para el cultivo experimental del maíz.

La misma fuente indicó que Felipe Campuzano, de la Fundación Produce de Durango, dijo que son más contaminantes los maíces normales y que los transgénicos permitirán mayor competitividad frente a Estados Unidos, alimentar a todos los mexicanos y lograr la autosuficiencia alimentaria.

En tanto, el presidente del Consejo Estatal Agropecuario de Chihuahua, Rubén Chávez, indicó “la ley permite el cultivo de maíz para consumo humano y animal, y ya llevamos 13 años de consumir maíz transgénico. No hay nadie que no lo haya hecho, y lo consumimos de manera permanente”, según reportó La Jornada.

Hoy en día, la producción mundial de maíz se calcula en 868.06 millones de toneladas, según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), donde este país aparece como el primer productor en la lista con 313.91 millones de toneladas. En el segundo lugar está China con 191.75 y en tercero aparece la Unión Europea con 64.31. México ocupa el octavo lugar con 20.5 millones de toneladas, muy por debajo de Brasil, Ucrania y la India.

Sin embargo, México está compitiendo por una mejor posición en otro ranking, y de hecho parece que será el absoluto número uno, se trata de la lista de países que más maíz importan del extranjero. Según las estadísticas de la FAO, en el 2009, México era el tercer lugar a nivel mundial en importación de grano con 7,260.62 miles de toneladas, sólo era superado por Japón y Corea del Norte; pero todo indica, según la Confederación Nacional de Productores Agrícolas de Maíz de México (CNPAMM), que nuestro país alcanzará el primer lugar, pues el pasado 2011, el volumen de gran importado aumentó a 9.8 millones de toneladas.

El maíz importado proviene casi en su totalidad de los Estados Unidos, y desde que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) en 1994 la entrada del grano fue aumentando cada año. Este maíz no era un cereal como los nativos de nuestro país, sino una mezcla constituida en un 80% por maíz transgénico y un 20% de tradicional. La penetración de este maíz importado fue tan alta que llegó a desplazar al grano tradicional en la alimentación del mexicano.

De acuerdo con Juan Pablo Rojas Pérez, líder de la Confederación Nacional de Productores Agrícolas de Maíz de México (CNPAMM), 90% de los mexicanos consume tortillas elaboradas con maíz transgénico, el cual es utilizado en Estados Unidos para la engorda de animales. Según Rojas Pérez, este producto es de “segunda clase y de pésima calidad”, además de que su uso ha contribuido al aumento de precios en las tortillas.

El líder de la CNPAMM, declaró en una entrevista para el periódico Punto Crítico que Bruno Ferrari García, titular de la Secretaría de Economía (SE), no piensa en abaratar el precio de la tortilla, pues al parecer su objetivo es proteger a los importadores, debido a que hay acuerdos entre ellos y la SE que no han sido manejados de forma transparente.

En esta misma entrevista, Rojas Pérez afirmó que “los productores de tortilla, masa y otros derivados del maíz engañan a los consumidores haciéndoles creer que su maíz es de primera cuando no es cierto”.

Según Rojas Pérez, si ese maíz transgénico se sembrara en México con fines comerciales la situación empeoraría, pues decaería la calidad en nuestra producción y perderíamos la soberanía alimentaria, por lo que hizo a un llamado a los productores del país para defender el maíz y los demás granos del campo.

Todo indica que a pesar de sus detractores, las empresas trasnacionales dedicadas a la investigación y producción de semillas transgénicas están ejerciendo mucha presión en el Congreso para que se apruebe la comercialización de sus productos en territorio nacional, sin embargo algunas organizaciones han denunciado que estas pruebas se han realizado fuera del marco de la ley.

El principal argumento que los partidarios del maíz transgénico exponen para su aprobación es que su consumo ya se realiza desde hace muchos años, y que las empresas líderes en la producción de derivados del maíz ya los utilizan. Según Green Peace y el Foro en Defensa del Maíz, las compañías más importantes que elaboran productos con material transgénico son: Maizoro, Milpa Real (Bimbo), Maseca, Great Value (Wal-Mart), Minsa y Maicena (Unilever)

A pesar de la propaganda negativa que ambos organismos realizan contra estas compañías, sus ventas siguen aumentando y los pequeños comerciantes continúan preocupados por competir contra ellas, pero esto último es tema de otro capítulo.

Voz verde: las organizaciones ambientalistas

Sin maíz no hay país. Con ese lema los activistas de Green Peace piden firmas y apoyos para luchar contra las empresas trasnacionales que tratan de implantar sus productos en territorio nacional. Sus activistas buscan lograr en México algo similar a lo que hicieron sus colegas en China con el caso del arroz transgénico, el cual fue retirado e incluso prohibido por tratarse del centro de origen del arroz.

La directora de la campaña es Aleira Lara Galicia, una mujer que se dedica de tiempo completo a luchar contra la invasión de las semillas transgénicas provenientes de Estados Unidos y de Europa. Me hubiera gustado entrevistarla pero viaja demasiado, apenas y pude intercambiar con ella algunos correos electrónicos y dos o tres llamadas telefónicas.

Aleira Lara nunca se quita el uniforme de activista, su fotografía de perfil de Facebook es una imagen con uno de los lemas de campaña: Transgénicos no. Su cuenta de Twitter tiene la misma insignia. Hasta el año pasado, la campaña de Aleira era más preventiva que de acción, pero desde el 1 de diciembre de 2011, su trabajo se convirtió en urgente debido la aparición de un boletín de prensa emitido por el Senado de la República con el título “En 2012 se liberará maíz transgénico ante sequía”.

En este boletín se comunica que Mariano Ruíz-Funes Macedo, subsecretario de agricultura de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), “aseguró a los senadores que para el 2012 se liberará el desarrollo del maíz genéticamente modificado tolerante a la sequía”.

De acuerdo con el boletín, los senadores del Partido Acción Nacional (PAN) y del Partido de la Revolución institucional (PRI) se mostraron de acuerdo con la iniciativa: Alberto González Jiménez, panista y Presidente de la Comisión de Agricultura y Ganadería del Senado, dijo que la aplicación de tecnología a todas las ramas productivas es la “adecuada” y que no debe frenarse; mientras que los priístas Amira Gómez Tueme, Fernando Baeza Meléndez y Margarita Villaescusa Rojo coincidieron en la idea de que los permisos deben liberarse debido a las condiciones de sequía que se enfrentan en algunas partes de la República.

En tanto, Arturo Herviz Reyes, representante del Partido de la Revolución Democrática, recordó la preocupación que existe sobre los posibles riesgos a la salud que podrían generar los organismos genéticamente modificados.

Ante la aprobación hacia los transgénicos por parte del PRI y el PAN hubo dos voces que cuestionaron la propuesta del Subsecretario de Agricultura: Reynaldo Ariel Álvarez Morales, ejecutivo de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados, recordó a los senadores que la biotecnología “por sí misma no puede resolver todos los problemas fundamentales del medio ambiente y del desarrollo”; y Mauricio Limón Aguirre, Subsecretario de Gestión para la Protección Ambiental dijo que hasta el momento no había ninguna solicitud para sembrar maíz transgénico en caso de sequías o heladas.

A pesar de la negativa de Green Peace, así como de otras organizaciones dentro de las que se encuentran Semillas de vida y Pronatura, la idea de Ruíz-Funes Macedo tuvo seguimiento, y el 31 de diciembre de 2011, la SAGARPA eliminó el último impedimento que tenían las empresas trasnacionales para sembrar maíz transgénico en México

De acuerdo con una nota publicada en el periódico La Jornada por Blanche Petrich y Angélica Enciso el 13 de febrero de este año, la Secretaría autorizó la apertura de campos experimentales, para lo cual se utilizarán 63 hectáreas en el estado de Sinaloa para ser utilizadas por Monsanto, y posteriormente se aprobarán para este fin terrenos de las entidades de Chihuahua, Coahuila, Durango y Sinaloa; por lo que la suma de superficies destinadas a la siembra de transgénicos alcanzará los dos millones de hectáreas.

Hasta la fecha, de los 76 permisos solicitados ante la SAGARPA, se han autorizado 40 para siembra experimental y 6 para la fase piloto, de los 70 solicitados. Estos avances en la liberación de maíz transgénico en México han alarmado a Green Peace, a Semillas de Vida, y a varias organizaciones dentro de las que figura la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Ante este avance, lento pero constante, de la aprobación de Maíz transgénico, las actividades de las organizaciones no gubernamentales han tenido que conjugarse y para luchar contra el ideal de que el gobierno mexicano de paso atrás a la decisión de apoyar la apertura a estos productos.

A nivel internacional, la ONU exhortó a los gobernantes mexicanos a retrasar el proceso que están llevando a cabo para liberar maíz transgénico. En marzo de este año, Olivier de Shutter, relator especial de la ONU sobre derecho a la alimentación, pidió al gobierno mexicano una moratoria para los cultivos de maíz transgénico, con el fin de evitar la contaminación de variedades nativas y para dar tiempo a evaluar las consecuencias que se pudieran derivar de la introducción de especies transgénicas.

De Shutter considera en nombre de la organización que la liberación del maíz transgénico “tal vez no sea lo mejor para el país”, debido a que la mayoría de los pequeños agricultores dependen de las variedades autóctonas de maíz que no pertenecen a las trasnacionales y no cuentan con los recursos que estas empresas piden por utilizar sus semillas, por lo que esta apertura propiciaría el endeudamiento y la dependencia de los campesinos.

Por otro lado, de Shutter opina que el gobierno debería de concentrarse en temas más importantes pues el punto del maíz transgénico “desvía la atención de los encargados de formular las políticas de los problemas más importantes como la erosión del suelo o la resistencia al cambio climático”.

Esta información sobre la postura de la ONU llegó a los medios a través de un comunicado de prensa emitido por Greenpeace, cuyos activistas, encabezados por
Aleira Lara, aprovecharon estas declaraciones para manifestarse contra la SAGARPA, quienes el 7 de marzo tomaron simbólicamente sus instalaciones al llegar desde la mañana portando carteles con frases que pedían al jefe de la dependencia, Francisco Mayorga, considerar los daños que la comercialización del maíz transgénico pudiera producir en México.

Dentro de las actividades de campaña, Aleira Lara ha ofrecido varias conferencias de prensa donde afirma que la liberación del maíz transgénico debe ser impedido debido a que México es el centro de origen de la planta, situación que lo convierte en el hogar de 59 especies diferentes que podrían perderse si se propagara la variedad transgénica, debido a que sus especímenes se polinizan fácilmente, por lo que las milpas cercanas se verían en riesgo de contaminación.

Otra razón expuesta por Lara es que en México la producción del cereal está ligada a costumbres locales y representa un pilar importante de la economía en las comunidades rurales, por lo que si se abriera la puerta a los transgénicos, la dinámica cultural de algunas regiones se vería alterada.

A pesar de sus detractores, las empresas trasnacionales que se dedican a la investigación y producción de semillas transgénicas -como Monsanto, Bayer y Dupont - están ejerciendo mucha presión en el Congreso para que se apruebe la comercialización de sus productos en territorio nacional, sin embargo algunas organizaciones han denunciado que estas pruebas se han realizado fuera del marco de la ley.

Las acciones continuaron y el pasado 18 de abril, algunos organismos presentaron al Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) de la SAGARPA, una denuncia respecto a irregularidades encontradas en el programa de siembra experimental emprendido en el estado de Tamaulipas.

Las agrupaciones disidentes fueron Green Peace, la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo, el Grupo de Estudios Ambientalistas y Semillas de Vida. Ellas consideran que las concesiones para la siembra de maíz transgénico, tanto en su fase experimental como piloto, implican violaciones a las layes de bioseguridad, pues atentan directamente contra la biodiversidad de especies de maíz, debido a que el 12% de las especies de Maíz que existen, tiene su origen en Tamaulipas.

Por otro lado, dichas organizaciones también reclaman que el gobierno haya aprobado este proyecto con el fin de acelerar la comercialización de maíz transgénico en favor de Monsanto, por lo que ignoró las recomendaciones del Instituto Nacional de Ecología (INE), de la Comisión Nacional para el Conocimiento y uso de Biodiversidad (Conabio) y de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONAP).

Ante las críticas de Green Peace, los ejecutivos de Monsanto defienden a su empresa diciendo que se trata de una organización que lucha por la sustentabilidad y por erradicar el hambre en México, y con éstas afirmaciones lograron convencer al gobierno mexicano a través del certamen “Iniciativa México”, donde participó la empresa con el proyecto “Maíces Mexicanos”, propuesto por un equipo dirigido por José Luis Herrera Ayala, y obtuvo el primero lugar.

Sin embargo, en un comunicado de Greenpeace, la organización asegura que en este certamen “Monsanto apareció como el lobo disfrazado de oveja” y que pretende “engañar a la sociedad haciéndole creer que su intención es proteger la gran diversidad de maíces mexicanos, cuando es esta empresa la peor amenaza para nuestro país como centro de origen y diversificación constante del maíz”.

La voz de la Academia

En el artículo titulado “Transgénicos: efectos en la Salud, el Ambiente y la Sociedad. Una Reflexión Bioética”, Ursula Oswald Spring, investigadora del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM trata el tema de la utilización del maíz transgénico, allí señala la importancia del “análisis cuidadoso de estas tecnologías novedosas”, debido a las implicaciones que tienen en la salud del ser humano, en las estructuras socio-económicas y en la naturaleza.

Por esa razón, el tema de la aprobación de los transgénicos ha llegado a las universidades y a los institutos de investigación como tema primordial de debate, donde especialistas de diversas áreas como la ecología, la ingeniería y la economía intercambian puntos de vista respecto a la autorización de los transgénicos.

Desde el punto de vista de la investigación ecológica, Elena Álvarez Bullya, coordinadora del laboratorio de genética molecular del desarrollo y evolución de plantas del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México, expresó para La Jornada, una opinión coincidente con la de Aleira Lara respecto a la utilización de semillas de maíz transgénico: “A México le toca proteger el maíz. Es triste ver que es el único cereal que en su centro no es protegido”.

Del lado de la economía, el profesor Gabriel Rodríguez Ponce, egresado de la Facultad de Economía y profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM nos dice que “utilizar maíz transgénico es algo que no debe hacerse por razones muy sencillas: rompe con el orden de las relaciones productivas más básicas de la sociedad, altera su base, la alimentación y, además, nos lleva a problemáticas que van más allá de la agricultura pues da lugar a dilemas políticos, jurídicos, económicos, ambientales, y éticos”.

Por el lado de la ingeniería, el maestro Jonathan Sáyago Hoyos, del Centro de Investigaciones en Energía, instituto de la UNAM con sede en Cuernavaca, Morelos, dice que “el interés de abrir la comercialización del maíz transgénico se debe a que el etanol extraído de la planta es un gran negocio en materia energética, aunque la verdadera solución ante la escasez de combustibles fósiles no se encuentra allí, pues esto acarrearía muchos problemas alimentarios y sociales, sino en el desarrollo de otras fuentes de energía renovables como la que se obtiene de la construcción de celdas solares”.

No todas las opiniones son negativas, pero quienes confían en que el maíz transgénico traerá consecuencias positivas hablan con sus reservas, por ejemplo, Verónica Bunge Vivier del Instituto de Ecología, considera a la posibilidad de mejorar algunos productos como una tecnología con ciertas ventajas, razón por la cual no debemos rechazarla, pero que debe ser utilizada de manera moderada, juiciosa y siempre con un control estatal, pues antes de aprobar cualquier semilla mejorada mediante ingeniería genética, los gobiernos deben realizar estudios para medir las consecuencias económicas, sociales y ambientales.

Alejandra Zayas del Moral, tesista de doctorado del Instituto de Biotecnología de la UNAM complementa la opinión de Bunge Vivier y agrega que es necesario establecer una reglamentación dentro de un marco jurídico antes de liberar otorgar las autorizaciones definitivas.

El uso del maíz transgénico ha abierto las puertas a un gran número de productos académicos que van desde artículos hasta tesis de los niveles más altos, pero de acuerdo con varios expertos, lo más importante es el dar información a la sociedad para que así se tomen las decisiones correctamente, pues como menciona otro investigador del Instituto de Biotecnología de la UNAM, Francisco Bolívar Zapata en la conclusión de su libro Por un uso responsable de los organismos genéticamente modificados “se requiere de una sociedad bien informada que pueda analizar todas y cada una de las alternativas tecnológicas para contender en con los diferentes problemas y demandas, y de un decidido apoyo de la comunidad científica nacional para poder evaluarlas y aprovecharlas”.

El debate internacional

El 20 de febrero del presente año, la agencia de noticias AFP informó a los medios que Comisión Europea había recibido una demanda del gobierno francés para suspender el cultivo de maíz transgénico en la Unión Europea. Francia cultivaba este tipo de cereal modificado desde el 2008 y aún así pidió que se cancelaran los permisos y se realizaran nuevas investigaciones para evaluar consecuencias. Al respecto, el portavoz del comisionado de Salud y Consumo, John Dalí, expresó lo siguiente: “Acabamos de recibir una demanda del gobierno francés. Pide que se suspendan urgentemente las autorizaciones de cultivos de maíz OGM MON810 en toda la UE, y basa su solicitud en nuevos estudios científicos”.

Como podemos ver, el debate respecto a la utilización de transgénicos en la producción de maíz no es un asunto exclusivo de México, aunque aquí se vuelve más importante por tratarse del centro de origen. En Europa y EU también el tema también ha desatado polémica, pues en ocho países de la Unión Europea las semillas transgénicas de maíz están prohibidas, y aunque en España se comercializan libremente, muchas organizaciones dentro de ese país están realizando una lucha para detener su tráfico.

En Estados Unidos, donde la siembra comercial de maíz transgénico es una actividad conocida y económicamente importante, se han presentado problemas que en México aún no conocemos. Por ejemplo, existen casos de campesinos demandados por violación a los derechos de las empresas de biotecnología debido a la contaminación de maíz transgénico hacia cultivos donde se siembra de modo tradicional.

Esto sucede porque al ser el maíz una planta muy capaz de realizar su proceso de polinización, es altamente probable que lleguen pólenes de transgénicos a otras milpas, y éstas adquieran sus características, lo cual es considerado como algo que atenta contra la propiedad intelectual de empresas como Monsanto y Bayer.

Otra situación que se observa en EU es que los riesgos y desventajas del maíz transgénico ya han comenzado a presentarse. En primer lugar tenemos que algunos químicos herbicidas a los cuales resisten algunas variedades transgénicas son capaces de dañar a otro tipo de cultivos que se encuentren a poca distancia. Por ejemplo, David Simmos, un agricultor del estado norteamericano de Indiana, quien además de producir maíz también cultiva soya y algodón, demandó a Dow AgroSciece, una compañía que produce la semilla Enlist y el herbicida 2 4-D, debido a que sus demás cosechas se echaron a perder por no ser resistentes al herbicida.

Además del daño a otros cultivos, también se encuentra la hipótesis de que el uso constante de 2 4 – D podría hacer que la maleza se volviera más resistente. Esta posibilidad aún no está comprobada pero hay muchos agricultores que aseguran que el volumen de la maleza se ha duplicado en los últimos años.

Entre las naciones disidentes que han limitado o prohibido la siembra de maíz transgénico en todas sus modalidades encontramos a ocho naciones de la Unión Europea: Polonia, Bélgica, Gran Bretaña, Bulgaria, Francia, Alemania, Irlanda y Eslovaquia. Japón aún tiene sus reservas con el maíz transgénico, pues el 66% de sus consumidores lo rechazan, lo cual ha dado lugar a que este país asiático prefiera comprar a firmas europeas en lugar de a norteamericanas que utilizan maíz transgénico.

Sin embargo, los acuerdos y permisos en las diferentes naciones aún no son definitivos pues los gobiernos cambian constantemente de opinión, por ejemplo: Francia rechazó el maíz transgénico en la década pasada, la permitió en 2011 y nuevamente la rechazó en el presente 2012. El caso de este país es una muestra de que aún ninguna decisión es definitiva.

Los pequeños productores contra las grandes compañías

Gumaro es el dueño de una tortillería en Oaxtepec, el pueblo donde viví durante toda mi infancia y adolescencia. Es un hombre de baja estatura, muy moreno, despeinado y con el rostro rojo como jitomate debido al calor que recibe y al alcohol que bebe mientras trabaja en el negocio. Cuando empecé a desarrollar este reportaje creí que sería buena idea platicar con él, para obtener la visión de un comerciante, así que aprovechando un viaje a las tortillas encomendado por mi familia:

¡Don Gumaro! ¿Cómo está?, lo saludé como si tuviera mucho tiempo de no verlo y al parecer eso lo hizo sentir muy importante. Después le pregunté su opinión respecto a la utilización del maíz transgénico, y él me respondió “que según le conviniera”: si eso ayudaba a que el precio de la tonelada de maíz bajara le parecía perfecto, pero que si no era así se proclamaba en contra.

Así como Gumaro, muchos tortilleros tienen la expectativa de que si el maíz transgénico soluciona el problema del precio del cereal ellos resultarán los principales beneficiarios. Esta posición se debe a que los productores de tortilla han visto muy golpeado su ingreso en el actual sexenio presidencial.

De acuerdo con Fernando Flores Fregoso, Director General de Diadeplaza.com, una firma de consultoría especializada en asesoría a pequeños comerciantes, el problema que sufren los campesinos se debe a que en los años de la administración Felipe Calderón el precio de la tonelada de maíz se ha inflado en un 250%, mientras que el gobierno sólo ha autorizado el aumento de un poco más del 100% en el kilo de tortilla, el cual se ha incrementado aproximadamente de 7 a 15 pesos.

Con estos datos, Flores Fregoso pone en evidencia la inconformidad de los vendedores de tortilla ante las medidas del gobierno, pues sus costos siguen aumentando y ellos no tienen autorización para ajustar sus precios a los de la materia prima.

Además de tener que lidiar con dicho problema, Flores Fregoso añade que los comerciantes de la tortilla también enfrentan la competencia que representan Wal-Mart y otras tiendas como Soriana y Comercial Mexicana, a quienes no les afecta tanto esa situación pues pueden abaratar sus precios e incluso vender por debajo de su punto de equilibrio.

“Esas compañías, señala, tienen tiendas con miles de productos, por lo que no les importa vender uno de ellos al costo o por debajo de él, si expenden otros con los que pueden compensar su pérdida. Ellos ven esa situación como una inversión para atraer más clientes quienes además de las tortillas, seguramente, comprarán algo más”.

La protesta de los campesinos


Monsanto es una empresa que se califica ella misma como responsable y comprometida con la sustentabilidad, pues estos valores están incluidos en la declaración de su misión dentro de su portal de internet. En ese mismo sitio, se incluyen varios documentos que justifican sus políticas así como los altos precios que cobran a sus clientes. A pesar de esta imagen buena que presentan, hay muchas personas que no están de acuerdo con su expansionismo y protestan contra sus políticas, y entre ellas están los campesinos.

Los agricultores temen al monopolio que pudieran construir las trasnacionales, tienen miedo de volverse sus esclavos teniendo que comprar semillas cada año, pues las plantas de este tipo no pueden reproducirse por sí mismas, explicó el profesor Gabriel Rodríguez Ponce de la UNAM.

Rodríguez Ponce comentó que el verdadero problema no reside en usar o no transgénicos, “sino en que las trasnacionales productoras de las semillas buscan implantar un monopolio en donde ellas sean las únicas que comercialicen los insumos, además de generar una dependencia económica, técnica y cultural, pues al utilizar biotecnología, muchas técnicas de cultivo propias de algunos pueblos pueden verse marginadas”.

Otro a aspecto a revisar es que las semillas están protegidas por patentes, y que si los sembradíos tradicionales se contaminaran de pólenes transgénicos de algún cultivo cercano, lo cual es muy probable por la alta capacidad que tiene el maíz para polinizarse, los campesinos pueden meterse en problemas con Monsanto o con cualquier empresa similar.

De acuerdo con Gabriel Rodríguez Ponce, en Estados Unidos ya se han presentado muchas demandas contra agricultores. Tan sólo entre 1997 y 2005 hubo registrados 147 procesos contra agricultores y 39 contra empresas agrícolas.

La contaminación no es la única razón por la cual las trasnacionales suelen demandar a productores, pues también lo hacen si sorprenden a un agricultor guardando semillas compradas para un periodo de siembra con la finalidad de utilizarlas al año siguiente. Según datos proporcionados por la misma Monsanto, hasta el momento ha realizado 138 demandas contra agricultores por esta razón, y en la mayoría de los casos el fallo fue otorgado en favor de la compañía.

Estos antecedentes ocurridos en el vecino país del norte preocupan a muchos productores mexicanos de maíz orgánico, pues la mayoría de las veces, así como no tienen recursos para comprar semillas de patente, tampoco disponen de dinero para entablar juicios con compañías de ese tamaño.

De acuerdo con información proporcionada por la SAGARPA, el maíz en su variedad blanca y azul, constituye al segundo producto orgánico producido en México y su volumen alcanza las 7,800 toneladas.

Con la finalidad de protegerse legal y económicamente de las trasnacionales, algunos productores han decidido unirse mediante asociaciones y cooperativas. Una de ellas es Tosepan Titatanizque, una organización de agricultores del estado de Puebla que buscan organizarse para cultivar y comercializar sus productos en un esquema de comercio justo y de producción orgánica sin transgénicos ni tecnologías artificiales.

También tenemos la “Agrupación de productores del mercado del 100” que incluye a productores de maíz orgánico dentro de sus asociados.

Además del apoyo mutuo, hay agricultores que con la orientación de académicos especialistas en el tema han decido enfrentar legalmente a Monsanto: en septiembre de 2011, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) presentó ante la Procuraduría General de la República (PGR) una denuncia en contra de la trasnacional por pretender apropiarse de 14 variedades de maíz criollo mexicano.

Los demandantes intentan copiar lo que han hecho otras personas en Estados Unidos y Argentina, donde lo productores de maíz orgánico han realizado demandas hacia las trasnacionales por motivos varios.

Sin embargo, la voz de los productores es muy pequeña en comparación con el poderío que tienen Monsanto y sus pares en el mercado, pues de acuerdo con Rodríguez Ponce, muchas de estas empresas tienen en su currículum el ser también líderes de la industria farmacéutica, como en el caso de Bayer y Novartis, quienes en caso de liberarse la comercialización de semillas de maíz transgénico, vendrían a México para competir con el “gigante americano de la biotecnología”.

Para concluir

A pesar de los argumentos que existen para que no sea permitida en México la liberación del maíz transgénico, el gobierno parece estar de acuerdo en que crezcan mazorcas genéticamente modificadas en territorio nacional.

La decisión parece estar tomada, pero la lucha contra esta iniciativa que muchos consideran arbitraria y que atenta contra la vida cultural y económica del país sigue ganando adeptos. Sin embargo, la gran mayoría de las personas permanecen ajenas a este conflicto, a pesar de que todos los días comen maíz en sus diferentes presentaciones; de eso me di cuenta un día que realicé un sondeo de opinión respecto a la utilización de maíz transgénico, y la mayoría de los entrevistados no supo qué contestar, debido a que desconocían este tipo de cultivos.

Ante este panorama de ignorancia, las organizaciones no gubernamentales como Greenpeace producen materiales para explicar sobre el tema al público no especializado.

Aleira Lara, activista de dicha organización considera que la ignorancia y la desinformación no es exclusiva de la población, sino del gobierno, pues como expresa en un comunicado de prensa de la organización: “Es realmente indignante la complicidad y el favoritismo de las autoridades mexicanas hacia las empresas de transgénicos. Han ignorando la alerta de la comunidad científica sobre el riesgo que corre nuestro país, centro de origen y diversidad genética del maíz, de ser contaminado por este tipo de organismos, así como la demanda de expertos del establecimiento inmediato de la moratoria a la siembra de maíz transgénico en nuestro país”, concluyó.






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