miércoles, 22 de junio de 2011

LA CASITA DE LAS CIENCIAS: EDUCACIÓN NO FORMAL PARA LA DIVULGACIÓN DE LA CIENCIA

Por Dina Jessica Herrera Silva
México (Aunam). ¿En dónde estás? Miras, ahora observas, ¡ya sabes cuál es el lugar en el que te encuentras!, porque ante tus ojos se ha abierto ese paisaje que enmarca la Casita de las Ciencias.

Te hallas de pie en la explanada principal del museo de ciencias Universum, el cual es un centro moderno e interactivo para la divulgación de la ciencia. Éste recibe cinco millones de visitantes al año, de los cuales la mayoría son estudiantes. El rojo intenso de los muros de recinto hace que comiences a recordar.

¿Recuerdas?, claro que sí, por lo menos una vez asististe porque algún maestro de ciencias te lo dejó. Los recuerdos vienen a tu mente mientras la fuente que se encuentra a un lado del museo escupe agua sin parar.

Abres la puerta y te recibe la vigilante Juanita, quien tiene ya 10 años de antigüedad, “-¡buenas tardes!” Tú sonríes y contestas cortésmente el saludo, pasan unos cuantos segundos cuando te piden que te anotes en el registro de visitas.

Ya no puedes esperar, sabes que ahí se encuentra el observatorio astronómico, invernadero, los laboratorios de Astrolab y Fisilab y por supuesto los talleres de artes plásticas, de cómputo y robótica que forman parte de la educación no formal de la ciencia.

La Casita de las Ciencias es el lugar en donde se llevan a cabo cursos y actividades de educación formal y no formal en divulgación que ofrece la Subdirección de Estudios y Formación en Divulgación de la Ciencia de la UNAM, ésta forma parte de Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM.

Además se encarga de organizar cursos, elaborar material didáctico y promover actividades lúdicas experimentales enfocadas a presentar metodologías alternativas para fomentar prácticas de aprendizaje en la ciencia de forma no escolarizada.

La educación no formal es toda actividad organizada, sistemática, educativa realizada fuera del marco del sistema oficial para facilitar determinadas clases de aprendizaje a subgrupos particulares de la población, ya sean adultos, jóvenes o niños.

Este tipo de enseñanza surge a finales de los años sesenta, ya que se produjo una crisis mundial de la educación, la cual se originó porque los sistemas tradicionales de educación ya no estaban en disposición de satisfacer adecuadamente la demandad social de la educación.

En otras palabras, ya no podían servir como único recurso para atender las expectativas sociales de formación y aprendizaje, incluso cuando éste se expandiera o creciera en capacidad y cantidad. Por tal motivo, se creó simultáneamente a la escuela, otros medios y entornos educativos, que no son opuestos a la escuela, sino complementarios.

María Guadalupe Morales Cabral, imparte la materia de Procesos del Manejo Mecánico de Fluido en la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán (FESC), expresó: “la educación no formal es buena, porque es mejor aprender jugando que estar estático, pues son buenas herramientas para fortalecer los conocimientos ya adquiridos”.

Por otra parte, Omar Reyes Martínez, profesor de la materia Química de alimentos de la FESC, manifestó que “la educación no formal es auxiliar como parte del proceso de aprendizaje” y hace hincapié en que “esta enseñanza es buena siempre y cuando no rebase la estructura formal y sea como apoyo”.

Asimismo, señaló que a través de la educación no formal se puede crear el interés por la ciencia a los jóvenes que la encuentran aburrida, pues de esta manera se quitaría la monotonía, en donde el estudiante la perciba como divertida y en consecuencia éste se animaría a experimentar.

Claro ejemplo de esto, son las obras de teatro de divulgación científica, las cuales tienen la función de acercar a niños, adolescentes y adultos a interesarse por la ciencia.

Nos llenamos de burbujas

¡Primera llamada, primera! Los espectadores comienzan a sentarse en las butacas del teatro ubicado dentro de las instalaciones del Museo de Ciencias, Universum. Se escuchan gritos de los niños, los padres de familia tratan de callarlos, sin embargo, su esfuerzo es inútil, pues no paran de dar exclamaciones.

Entre la audiencia se encuentran alumnos de la secundaria diurna número 4 Moises Saenz. Ellos muestran su descontento ante la espera, además de manifestar su molestia al asistir a la obra titulada Circo, Maroma y Burbujas, la cual se presenta los sábados a las 13.30 hrs y tiene un costo para el público en general de 30 pesos.

-“Vengo a la obra, porque la maestra de ciencias nos lo dejó de tarea. Sin embargo, yo no quería venir. Además a mí no se me hace interesante la ciencia, pues es muy aburrida” comenta Jaime González Peña, adolescente de ojos grandes color café, con un peinado al estilo Benito Juárez y de una estatura de 1.58 metros.

¡Segunda llamada, segunda! Las personas han guardado silencio ante la notificación del presentador. Sin previo aviso se abre el telón.

En escena se encuentran “Fabis” con una nariz roja y redonda, su cabello es parecido al de un trapeador y su vestimenta es negra con un vestido de hule espuma en forma de espiral color negro. Sus manos se encuentran protegidas por guantes y sus calcetas reúnen los colores del arcoíris.

También se encuentra “Bell Moradito”, él porta una camisa amarilla acompañada de unos tirantes negros que sujetan un short morado. Éste es el personaje simpático de la obra, a diferencia de Fabis, ya que ella es inteligente y por tanto la asistente del “Presentador”, mientras que Moradito es distraído.

Comienza la demostración de las burbujas y los actores de Cientifik teatro explican la historia del jabón, así como los principios físicos y químicos de las burbujas de jabón, todo esto con la finalidad de divulgar ciencia.

“Wow, está padrísima esa burbuja” le comenta una niña de vestido azul y zapatos abiertos de ocho años de edad a su mamá, quien sonríe ante el comentario de la infante.

La obra continua, misma que se ha presentado 10 años en Universum y tiene más de mil representaciones, Fabis pide la participación de los infantes: “Necesito a tres niñas y a tres niños para que me ayuden a demostrar qué tan grandes se pueden hacer”.

Se desata la euforia de los chiquillos: ¡Yo, yo!, ¡Por acá! Son algunos de los gritos que se escuchan, mientras tanto los alumnos de secundaria hacen expresiones de desacuerdo, no han parado de hablar durante toda la obra y emiten comentarios en reprobación a las acciones de los personajes de la puesta en escena.

¡Listo, ya tenemos a nuestros ayudantes! dice el Presentador, sin embargo una niña llora al no ser elegida para participar dentro del show, su padre le limpia las lagrimas al mismo tiempo que Bell Moradito introduce a uno de los niños seleccionados dentro de una tina grande con agua y jabón.

“¡Sorprendente! el niño se encuentra adentro de una burbuja, la cual está dividida en tres capas las dos exteriores de jabón y la intermedia de agua”, explica el Presentador.

Jonnathan, amigo y compañero de clase de Jaime, otro alumno de la secundaria diurna, expresa: “Por qué tenemos que venir a ver esto, es una tontería, ojalá que ya se termine”.

Su deseo se vuelve realidad, la obra ha llegado a su fin, mientras que los niños se encuentran muy emocionados por espectáculo que se ofreció gracias a las burbujas tetraédricas, poliédricas y hasta cúbicas que estuvieron dentro de la representación.

Por otra parte, los adolescentes de la secundaria se encuentran felices, pues su semblante refleja la alegría al ver que la obra terminó, no obstante, no han aprendido nada acerca de la obra, ya que como Giovanni expresa: ¡No aprendí nada, porque platiqué durante toda la obra!

Sin embargo, Susana Biro, divulgadora científica de la Casita de las Ciencias, opina que “el teatro es una forma eficaz para la divulgación de ciencia” que es uno de los rubros de los cuales se encarga la Educación No Formal que se imparte en la Casita de las Ciencias, UNAM.

Se ha vaciado el teatro de Universum, las luces se han apagado, sin embargo, las paredes que enmarcan las butacas y el escenario donde se presenta Circo, Maroma y Burbujas esperarán hasta el sábado para volver a ser ocupadas, con la esperanza de que sea un lleno total de la audiencia.

Las preferencias para aprender ciencia y soluciones a través de talleres



Al realizar un sondeo a cincuenta alumnos de cuarto semestre de la escuela media superior Jesús Reyes Heroles, parte del conglomerado de la Dirección General de Bachillerato de la SEP, demostró que el 31% del 100%, sí le gusta la ciencia, sin embargo 14% la considera aburridas y/o tediosas sus clases de ciencias. Asimismo un 30% del total de encuestados considera que aprendería más si se llevarán a cabo actividades recreativas de educación no formal y un 31% le gustaría que sus profesores cambiaran su modelo de enseñanza a través de las actividades mencionadas.

Como se puede ver a través del sondeo realizado, la educación científica tiene dificultades en el aprendizaje de las ciencias, pues muchos profesores reportan que después de introducir numerosos cambios educativos en los últimos años, se ha producido una nueva crisis en la que existe un desfase entre la ciencia que se enseña (sus metas, contenidos y formato) y los estudiantes.

Juan Ignacio Pozo y Miguel Ángel Gómez Crespo señalan en Aprender y enseñar Ciencia las siguientes problemáticas: Dificultades en la compresión de conceptos, dificultades o la no-adquisición de contenidos procedimentales relevantes para aplicar conocimientos científicos, desarrollo de actitudes inadecuadas hacia la naturaleza de la ciencia y el conocimiento científico, lo que ha generado una falta de motivación e interés para aprender ciencias.

La solución que se ha encontrado, según Pozo y Gómez Crespo, a dicha problemática es la implantación de la educación no formal, en donde ésta posee una gran variedad de instituciones, programas y medios por los que han surgido las siguientes clasificaciones de los contenidos y funciones de mayor frecuencia en la educación no formal, así como los destinatarios en función de su edad y los medios no formales dirigidos a determinados grupos de población con características particulares.

La casita de las Ciencias, por su función de planeación y organización de cursos para actualizar y brindar educación continua a los profesionales de la divulgación, a los docentes en ciencias y al público en general, así como actividades hacia el exterior, se encuentra dentro de las primeras dos clasificaciones.

Pero, ¿por qué se considera así? Primeramente, la Casita de las Ciencias ofrece actividades educación no formal, entre ellas los cursos de divulgación científica, los cuales tienen como objetivo dar a conocer a los profesores, en particular a los de secundaria y bachillerato, las posibilidades que ofrece para su práctica profesional la divulgación de la ciencia y su técnica.

Asimismo se ofrecen talleres de ciencia, los cuales son actividades que buscan divulgar un concepto científico por medio de actividades lúdicas, experimentales, recreativas y manuales para el acercamiento del participante con el conocimiento.

La Casita de las ciencias a través de los laboratorios de divulgación científica, mismos que están abiertos para todo el público, tocan temas de física, geología, química, matemáticas y astronomía, con la finalidad de realizar talleres, demostraciones, experimentos, construcción de equipos de física, observaciones astronómicas, así como el desarrollo de materiales didácticos para apoyar la divulgación y la enseñanza de temas relacionados con las áreas mencionadas.

Con estas herramientas, según Elaine Reynoso, doctora en pedagogía por parte de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, misma que imparte cursos en la Casita de las Ciencias en el rubro de divulgación de las ciencias, se pretende combatir:

El desfase de la enseñanza formal con respecto al avance de la ciencia y tecnología, la dificultad que tienen los alumnos para imaginarse y comprende todo lo que se encuentra alejado de los humanos, por ejemplo, los átomos, así como la dificultad para visualizar o imaginarse objetos tridimensionales, la falta de laboratorios adecuados que permitan al alumno tener una experiencia más directa con un fenómeno y lo haga obtener una reflexión de esta experiencia y la poca o nula conexión que encuentran los alumnos entre lo que se les enseña, lo que se presenta en muchos libros de texto y su vida cotidiana.

Todo esto se debe a que los talleres influyen en la percepción del mundo, en el conocimiento del ambiente y en el desarrollo del pensamiento y lenguaje. Esto se debe a que tienen el objetivo primordial de educar mediante el convencimiento de cada persona o grupo a partir de lo que hacen y elaboran, tanto material como intelectualmente y por la discusión sobre los resultados de las actividades de las demás personas o grupos.

Serafín Pérez: fomentar la curiosidad de los jóvenes a través de ejercicios didácticos

En entrevista con Serafín Pérez, miembro de la subdirección de educación no formal que depende de la Dirección General de de Divulgación de la Ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México, resulta fundamental generalizar el conocimiento científico, sin otro fin diferente al de fomentar la educación a través de conocimientos prácticos para, más tarde, lograr la producción personal del conocimiento por medio de la abstracción científica.

En boca del licenciado Pérez, la mejor manera para lograr la difusión del conocimiento de la ciencia es a través de los talleres que organizan en “La Casita”. Es por ello que esta organización materializa los objetivos de divulgación científica en cursos im partidos a profesores de nivel secundario y bachillerato, así como a niños y niñas.

“Los cursos impartidos a los profesores tienen una duración de cinco sábados y se realizan tres o cuatro veces al año”; durante el curso, se desarrollan herramientas que capaciten a los maestros para incursionar en el área de la ciencia en la educación formal.

Algunos de los cursos que ofrecen a los profesores son:

Física recreativa: permite una visión amplia del campo de estudio que tiene la física clásica, hasta el conocimiento de la física moderna. A través de los materiales didácticos se permite un mejor entendimiento de algunos fenómenos físicos con los cuales se pretende explorar el conocimiento de las ciencias fiscas.

El mundo de la arqueología: por medio de la interacción de múltiples disciplinas científicas y sociales sobre el comportamiento humano, los asentamientos, las culturas mesoamericanas y las técnicas de investigación antropológica, así como el aprovechamiento de estos conocimientos con la finalidad de aplicarlos a las investigaciones de medicina forense.

Los materiales didácticos, permiten apreciar el trabajo que realizaron diversas culturas para el aprovechamiento de recursos, fabricación de herramientas de casería y el desarrollo del conocimiento en general.

La utilización y desarrollo de material didáctico se convierte fundamental: es a través de proyectos científicos e invitaciones a investigadores especialistas que se concreta un taller integral, capaz de sembrar la semilla del conocimiento formal y abstracto como producto o resultado del mismo.

Lo fundamental yace en la consecuencia que se genera a partir de la incursión en esta clase de cursos: no sólo es el conocimiento y la capacidad que se genera en los profesores, sino el resultado final que deriva en fomentar la curiosidad de la ciencia en los jóvenes a través de ejercicios didácticos probados, incluso, empíricamente.

Como parte de la necesaria adecuación para fomentar el interés de aquellos niños que acuden a La Casita de las Ciencias en búsqueda de respuestas científicas, el área de educación no formal, según comenta el mismo licenciado Pérez, se creó el curso de verano para niños y niñas de nivel primario y secundario: “A través de visitas a lugares de interés y el desarrollo de muchos talleres, durante tres semanas se incursiona a los niños en diferentes áreas de la ciencia”, comenta.

Con respecto a los temas específicos que se incluyen dentro del curso, Serafín Pérez menciona que éstos son cambiantes: “es necesario cambiar constantemente el contenido del curso. Nuestro principal reto reside en que, cada año, regresan casi los mismos niños del año anterior, por lo que hay que modificar todos los talleres”.

Por otra parte, las materias más demandadas en los cursos, la primera es la ciencia matemática. Trescientos niños cada año son los que reciben educación y adiestramiento científico, encontrando respuestas en prácticas químicas, ciencias de la tierra y el área de la física. Asimismo, menciona, los contenidos se adecuan al contexto actual: “Este año, por ejemplo, se retomarán muchas cosas de química porque es el año internacional de la química.”

El contenido de esta clase de cursos es de un valor inigualable para la sociedad. Sin embargo, su difusión, que se sujeta a invitar mediante la base de datos de la subdirección a los profesores y alumnos que ya han asistido anteriormente, no crece debido al presupuesto limitado con que cuenta la Universidad. De nuevo, apunta Pérez, “la educación no formal se ha visto un poco opacada por cuestiones de política.”

Bien, la problemática que gira en torno al conocimiento siempre será una constante. Lo que vale la pena para personas como el licenciado Serafín Pérez son retribuciones de tipo no monetario: “La mayor recompensa es observar el regreso de niños que estuvieron con nosotros, pero ahora con la intención de recibir asesorías acerca de un trabajo o dinámica del curso que se incluirá en alguna actividad escolar.”

“Ver a niños que tomaron el curso haciendo su doctorado también llena de satisfacción…” A pesar del poco personal que existe en su área, el subdirector Pérez nutre su espíritu del conocimiento al exponer los mejores argumentos posibles para que, tanto educadores como jóvenes, contribuyan al desarrollo y la divulgación de la ciencia.

Las puertas de la Casita de las Ciencias se cierran, sin embargo, la divulgación de la ciencia peligra, ahora los salones destinados a los niños se encuentra vacios, ya no existe el mismo interés para aprender ciencia. No obstante, Serafín Pérez continúa con los preparativos del próximo curso de verano, en donde tiene la certeza que otra vez verá llenas aquéllas aulas que en el día de hoy permanecen vacías.





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