lunes, 24 de enero de 2011

LAS ACEPCIONES DE VENERONI

Por Ollín Velasco Alvarado
México (Aunam). En los salones, pasillos y estantes de biblioteca de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, el endémico adjetivo Veneroni significa academia. En la cafetería, con una pipa encendida, la quinta de Beethoven de fondo, un café a la mitad y la complicidad de una grabadora de voz en manos de una entrevistadora nivel principiante, la polisemia entra al quite con sus posibilidades ilimitadas…y entonces el conocido adjetivo tiene más de una acepción.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación en la UNAM, doctorado en Cambridge, profesor, funcionario, locutor y, sí, hasta cierto punto, filósofo; con el sentido del humor y la amabilidad de los hombres de altura, con la voz grave de los profesores de respeto: Felipe López Veneroni.

Veneroni
(del lat. bueno: ¡de buen latín!)


1. m. Detector de primeros intentos.

Revisa mi batería de preguntas. Con pulso firme, sostiene frente a sí la hoja de papel donde están anotadas. “Son demasiadas”, dice. “Y esta pregunta, la última, es lo peor que pueden hacer: ¿le gustaría agregar algo más? Desechen eso, es como cuando en la tele te dicen: no le cambie, ahoritita regresamos.” Se carcajea, me tranquilizo. Es mi primera entrevista y aunque no me convenía, creo que ya se enteró.

2. m. Chilango, de sangre yucateco-milanesa.

Cierra el último botón del abrigo y se acomoda la bufanda gris. El día, increíblemente frío; yo, insospechadamente nerviosa. La primera pregunta se resiste a salir. Con dos buenas razones, me atrevo a romper el hielo.

- ¿Empezamos?
- Cuando quieras.
-
¿Querer? Desde siempre. Hacía mucho que quería entrevistarlo.

- Primero, ¿cuándo y dónde nació?
-
- Hace 52 años, en la Ciudad de México.
-
- No pensé que fuera de aquí, profesor.
-
- Ah, ¿cómo no? Soy más chilango que nada. El apellido Veneroni es de Milán. Mi madre es italiana.

- ¿Y su padre?

- Él era también extranjero, de Mérida. De hecho mi hipótesis es que se conocieron en la Ciudad de México y se enamoraron porque los dos eran exiliados y peninsulares: ella de la península italiana y él de la península de Yucatán.

3. m. (Deportes) Hooligan, barbaján, jockey y lector encamado por salvajismo.

Resultado de un genuino y afortunado eclecticismo cultural, con una tradición culinaria e intelectual que él mismo reconoce como “riquísima”, así como heredero de toda una línea ancestral en la abogacía, hace que su pasado y su admirable presente aticen la duda que no puede faltar.

- ¿Cómo se acercó al conocimiento? ¿Cómo comenzó su relación con él?
- La relación fue muy temprana y por azares del destino, por una situación escapaba de mi decisión. De hecho, hasta los 15 años yo fui propiamente lo que se dice una mezcla de hooligan, un barbaján y un jockey: jugaba futbol americano, hacía mucho deporte y hasta estaba ponchado. Pero en un juego, como era muy salvaje, me rompieron los meniscos de la rodilla izquierda y estuve un mes enyesado y en cama. Entonces mi padre aprovechó la oportunidad de invitarme a su biblioteca. Era enorme, contaba con más de 50 mil volúmenes y le daba la vuelta a la casa.

- ¡Era periférica!

- Justamente así. Bueno, entonces mi papá me dijo: lee esto, te va a caer bien. Era La Metamorfosis, de Franz Kafka y de repente me empecé a identificar con el personaje porque al igual que él me la pasaba todo el día en la cama. Total que así comenzó todo, seguí y me puse a leer, a leer, hasta que se me hizo el pinche vicio.

4. m. Filósofo y rebelde de convicción

Muchos lo conocen, pero lo que ni se imaginan es que tratan con un filósofo en potencia. Veneroni es un personaje de vena independiente, una figura de facetas desconocidas.

- Por lo que me ha dicho, noto que en su familia había una tradición muy arraigada en torno a la abogacía. ¿No tuvo que lidiar con eso al momento de decidir qué quería estudiar?

- Por supuesto. De hecho, tuve un conflicto muy fuerte con mi padre por eso y llegó a tal grado el debate que me retó a demostrarle que podía vivir por mi cuenta, aún si no estudiaba derecho. Le tomé la palabra y cuando tenía entre 18 y 19 años me salí de la casa.

- ¿Luego qué hizo? ¿Estudió, trabajó…?

- Estuve en Filosofía, aquí, en la UNAM, pero a pesar de que me gustaba me di cuenta que el título de filósofo no me iba a sacar de muchos apuros y hablando con unos amigos, me aconsejaron: pues estudia comunicación, te la echas en dos años, haces periodismo y sigues en lo que te gusta. Esa fue la razón por la que estudié la carrera.

Toma en cuenta que era sólo mi idea inicial. La verdad es que me tocó una etapa muy buena, con Granados Chapa, Scherer…me tocaron todos ellos. Desgraciadamente en ese tiempo se tenía el prejuicio de que el periodismo era una carrera de “destripados”, de los que no habían terminado de médicos, abogados, etcétera y se metían para chambear en un periódico.

La gente va y viene en la cafetería. Él levanta su legendaria pipa y busca el encendedor. ¿No te molesta que fume, comadre?. No, en absoluto. Alumnos y profesores pasan al lado y se acercan, lo saludan. Además de todo (o mas bien, a causa de ello), resulta ser muy popular. Hola, hasta luego, Profe.

5. m. Comunicación. Acreditado acusador del estímulo-respuesta || Triunfador y crítico de lo multi concertado.

Cuentan que Veneroni ha brillado siempre. Fátima Fernández Christlieb, hoy docente reconocida de la carrera de Comunicación, hace memoria: Conocí a Felipe como uno conoce a los alumnos destacados: desde la primera clase intervienen de manera inquieta e inteligente. Era estudioso y lo recuerdo insatisfecho. Siempre quería más, mucho más. No sobre medios, sino sobre comunicación humana. Él no pondría pero a tan acertada semblanza:

- Nunca me ha gustado mucho el funcionalismo y eso me costó que varias veces me sacaran del salón. Mis profesores me decían: ¡pero cómo te atreves a desafiar al señor Lasswell y a McLuhan!...yo respondía: ¡pues por payasos!

- ¿Sobré qué fue su tesis de licenciatura?

- Se tituló “Elementos para una crítica de la ciencia de la Comunicación”. Ahí está todo. Era una crítica. En esos tiempos Fátima Fernández la revisó, le llamó la atención y un día me dijo: “espero no te moleste, voy a tomarme una libertad”. Lo que hizo fue inscribir la tesis a un concurso nacional. ¡Y que gana!

Fernández Christlieb lo cuenta en otro tono, con el placer de quien retrocede en el tiempo: “Lo animé a que inscribiera su tesis en el concurso nacional convocado por el Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación (CCONEICC) y ganó el primer lugar entre todas las tesis que se presentaron ese año en México. El premio fue la publicación del trabajo, en Trillas. Eran los años ochenta”.

6. m. Célebre encarrerado en Oxford.

- Tras el triunfo de su tesis, ¿qué aspiraciones tenía?

- Pues encarrerado y estando en la UNAM muy cerca del contacto académico, me dicen: oye, ¿y por qué no haces el intento por irte a otra universidad a hacer el grado? Entonces con el premio de la tesis, mi hijo nacido y una mujer fantástica a mi lado, lo tenía todo. Le tiré a lo grande. Metí solicitud en Oxford… en Cambridge. Me quedé en Cambridge.

- Y su experiencia ahí, ¿cómo fue?

- Pues imagínate, después de estudiar sus obras en la Facultad, de pronto pude tener contacto directo con John Thompson, Ernst Cassirer, Pierre Bordieu, Jurgen Habermas…Claro que también tuve dificultades, pero de todas salimos bien.

7. m. (Lingüística) Reinventor de categorías Saussureanas

Ya no es Beethoven quien marca la pauta del ambiente en el encuentro; llegó el turno de Britney Spears. No suena muy ad hoc a la atmósfera intelectual que hemos creado, pero eso ya no importa porque el momento de restringirse el prefijo Profesor, para empezar a hablar directamente con Felipe López Veneroni, finalmente llegó.

- Usted acaba de mencionar nosotros. ¿Quiénes…?

- Mi esposa, mis hijos y yo.

- Ella se fue con usted a Inglaterra. ¿Entonces se conocieron aquí, en la Facultad?

- ¡Sí!

- No sabía que habían estudiado juntos…

- Fuimos compañeros. Recuerdo que nos peleábamos por Saussure. Ella no entendía mi concepción de morfema. Yo le decía: usted es una morfema, una bonita morfema (ríe). Hasta que finalmente le invité un café para discutir con toda calma. Y bueno, como dice Gaddamer, uno nunca sabe qué rumbos puede tomar una conversación. Yo terminé casado: 30 años ya.

Quienes conocen a Felipe Veneroni opinan que su estancia de año y medio en Inglaterra, además de notarse en la calidad de su tesis de doctorado, se evidenció en un crecimiento personal. “Seguíamos teniendo contacto cuando se fue Cambridge. Guardo sus cartas como un tesoro, es una maravilla leer cómo entraba y salía de autores y corrientes, cómo descubría nuevos ángulos, lecturas, lugares y sobre todo: cómo le entraba a la vida”, según palabras de Christlieb, “Años después volvió a México, fue funcionario, director de Radio UNAM y espléndido profesor como hasta ahora”.

8. m. (Varios) Bosquímano que lee, escucha música, cocina, come y fuma en pipa.

Ahora sí, sin recuerdos académicos ni laborales como intermediarios, una nube cargada de preguntas de desmorona sobre el actual Mediador IMER; a lo que él responde con otra bondadosa precipitación de respuestas, fructífera por abonar terreno que, de por sí, ya pintaba para muy fértil.

- Un poco más allá de lo académico, ¿a usted, qué lo mueve en la vida?

- Los ojos de mi mujer, algunas notas musicales, varios sabores, la imagen del amanecer y el amanecer mismo.

- ¿Y quiénes son sus imprescindibles?

- ¿En qué sentido? Porque musicalmente: Bach, Lennon, Vaughn Williams, Lightining’ Hopkins, el buen Ludwig Van Beethoven y la música de Robert Fripp; en literatura: Kafka, Ibargüengoitia, Alejo Carpentier, Borges, Sherwood Anderson, Quevedo.

- ¿Qué es lo que más disfruta hacer? ¿Qué lo llena?

- Leer, mientras fumo en pipa, o escuchar música mientras fumo en pipa, o salir a caminar por el bosque, mientras fumo en pipa, es decir, fumar en pipa.

Bebe un sorbo de café y para enfatizar la veracidad de su revelación, sostiene en alto la tan aclamada pipa de madera, humeante aún y resignada a ser puesta en acción muchas, muchas veces más, según lo revelado por su dueño. Veneroni complementa la respuesta:

- …me llena sobre todo la sensación, la estructura y la densidad del bosque. En cierto sentido me defino como un bosquímano que lee, escucha música, cocina, y no mal; come, todavía más, y fuma en pipa.

- ¿Cuál considera que es su mayor virtud o defecto?

- Virtud, no andar enchinchando al prójimo. Defecto, la falta de participación en proyectos o gustos ajenos.

- ¿Y hay algo en particular a lo que le tenga miedo?

- A perder a mi mujer, a perder la vista o el uso de las piernas.

- Si pudiera cambiar algo en su vida, ¿qué sería?

- Disfrutar más, con más tranquilidad, las cosas maravillosas que me han tocado: desde la señora extraordinaria con la que comparto el tiempo y el espacio, pasando por los hijos, hasta la estancia en Inglaterra y la época de Radio UNAM. Todo lo disfruté, pero siempre con una gran aprehensión y sensación de angustia.

NOTA: Un adjetivo dice más que mil palabras.

Nadie duda de la capacidad de Felipe Veneroni. Hay quien, como la profesora Christlieb, confían tanto en él que admiten: Si yo fuera el rector de la UNAM le pediría que encabezara a un equipo de académicos para reestructurar de cabo a rabo la carrera de comunicación para convertirla en la mejor de México.


Generalmente se cree que es difícil conocer el “lado B” de un profesor, pero puede ser tan simple como atreverse a ver más allá del docente que cierra la puerta tras de sí al dar por concluida la clase…o encontrarse el diccionario adecuado. Él mismo lo repite muchas veces en sus cátedras: “el realismo ingenuo supone un reto: de lo que se trata es ir más allá de las apariencias.” Su situación lo confirma una y otra vez: un adjetivo dice más que mil palabras.





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5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustó la estructura de esta entrevista, pero no me agrado para nada el protagonismo del entrevistador

Anónimo dijo...

¡Pero es Veneroni! Se vale el protagonismo. En esa facultad sin guías teóricas, su presencia se revela casi mística. Jejejejeje.

Anónimo dijo...

¡ R e g i a !, asì defino la entrevista, por tratarse del ilustre profr. Veneroni y por haberla hecha mi queridìsima Ollincky. Solo un comentario: faltò una preposiciòn " a " antes de la palabra Cambridge (cuando la profesora Fdez refiere lo de sus cartas durante la estancia del Profr en cuestiòn, en la citada Universidad).
No le veo nada de protagonismo y yo sì te FE LI CI TO MU CHO. Sigue mejor que ahora.

Anónimo dijo...

Con protagonismo no me refiero al de Veneroni, obvio que él es el protagonista pues es una entrevista de perfil¡¡¡

creo que estas lineas sobran:


"la complicidad de una grabadora de voz en manos de una entrevistadora nivel principiante"
"Se carcajea, me tranquilizo. Es mi primera entrevista y aunque no me convenía, creo que ya se enteró."
"yo, insospechadamente nerviosa. La primera pregunta se resiste a salir. Con dos buenas razones, me atrevo a romper el hielo"

Al lector no le interesa el periodista, sino el personaje. No es una crítica destructiva, la chica estructuró muy bien la entrevista pero tiene sus fallas y puede mejorarlas. Personas como ella se tiene que pulir.

Anónimo dijo...

Esto revela que el dogmatismo teórico de la facultad cae en manos de los gurús de turno.