martes, 16 de febrero de 2010

EL DEPORTE MÁS HERMOSO DEL MUNDO Y EL AMOR

  • Pumas sigue invicto, pero ligó su cuarto partido sin ganar
  • Los goles del encuentro fueron de Pablo Barrera de los felinos y de Rubens Sambueza de Tecos
Por Isaid Mera
México (Aunam). Dicen que el 14 de febrero es el día en que más gente acude a que le borren la memoria y quizá sea cierto, pues en los callejones que no gozan con la entrada de la luz del sol, se ve entrar a gente en aquellas clínicas clandestinas que ofrecen dicho servicio que permite a los malaventurados en las huestes del amor olvidarse de la melancolía y empezar de cero. Una nueva oportunidad esperando el siguiente año estar en las calles a lado de una pareja con globo de corazón en la mano izquierda y helado en la derecha, como lo hace la mayoría.

Con los “no-enamorados” enclaustrados, las calles se llenan de dulzura, amor, risas, besos, pasión y, hay que decirlo, dinero para complacer al “turroncito de azúcar” que les alegra la vida.


Festejando en cancha reglamentaria

El camino al estadio Olímpico Universitario es igual al de cada 15 días, hombres y mujeres que se dirigen a su trabajo, otros que van a una reunión familiar, y también, aquellos que enfundados en su playera azul y oro van rumbo a C.U. a ver el partido de sus queridos Pumas. Sólo que esta vez las calles presentan unos invitados más: vendedores de globos de helio con figuras que van desde un pequeño corazón con carita feliz, hasta los gigantes que tienen la figura de Bob Esponja, capaces de llevar por los aires a una persona con menos de 50 kilos.

Ya en el interior del Olímpico, las gradas presentaron una entrada regular –siendo generosos- pero de inmediato se vislumbra la presencia de muchas parejas que decidieron festejar el 14 de febrero en un lugar donde muchos encontraron su primer y único amor: el futbol, la pasión que no da pie a la infidelidad.

Chelas iban, chelas venían, besos iban, besos venían, la pelota iba, la pelota venía, la mano de Martha iba y Pedro parecía que venía. Un vaivén decorativo de lo que ocurría en el cuadro verde se dio en la tribuna. Por allá a lo lejos se oía una mentada y del otro lado se murmuraba un “te amo”. Curiosa la falta de pudor para decir una leperada, y por otra parte, la timidez para expresar un sentimiento.

El resultado extraoficial fue de 8,441 besos en la primera mitad y 6,425 en la segunda, quizá fueron más en el primer tiempo pues en ese lapso cayeron los dos goles del partido. Al final bien dicen que “goles son amores”.

También hubo 53 enojos, en donde se pudo percibir que más del 90 por ciento fueron debido a que los muchachos dejaban a un lado a la novia para ver el transcurrir del juego. “Vaya atrevimiento” decía “El Rasta” al ver que el “Cannabis” dejaba de abrazar a la “Güera” por ver un tiro más que lamentable de Martín Bravo.

El marcador mostró que hubo 36 reconciliaciones. Muy vivos aquellos que decidieron “tirarse a matar” invitando a la pareja en cuestión a ver el juego de Pumas para reconquistar. Y fueron inteligentes pues a como juegan los Universitarios, mucha gente padece de sueño con lo que ofrecer el hombro para recargarse y hacer “piojito” es cosa sencilla.

Además, debido a que las emociones en el estadio son tan escasas, la más importante resulta cuando el individuo “x” le dice al “y” que está terriblemente arrepentido y suplica una segunda oportunidad. No faltó el “pambolero” que puso como ejemplo cuando despidieron a Hugo Sánchez como técnico del primer equipo y éste al irse juró que “tarde o temprano volvería”. Y sí volvió y fue bicampeón. Segundas partes pueden ser buenas. Este ejemplo es infalible pues al escucharlo no queda más que jugársela y permitir la reconciliación.

Por si fuera poco dado que las serenatas con trío y mariachi son de otra época, en C.U. está la nueva onda en esto de llevar “gallo”. Sí, la “Rebel” todo el partido ofrece una serie de canciones de amor a las cuales sólo es necesario cambiar un poco la letra y quede algo así: “Cómo no te voy a querer, cómo no te voy a querer, si mi corazón es tuyo y mi piel te extraña, siempre te amaré”. O bien, si se necesita algo más meloso, podría ser: “Era tuyo desde que estaba en la cuna, y tus labios cada día los quiero más, más y más”


Al parecer los árbitros, muchas veces llamados chaperones, esta vez dejaron su protagonismo y permitieron que los encuentros tuvieran fluidez, aunque seguro fue de los partidos con menos fair play pues hubo muchas “manos en las áreas” y ninguna fue marcada como falta.

Para cerrar con broche de oro sólo faltó la voz del narrador Luis Omar Tapia para que concluyera diciendo “Estos fueron 90 minutos del deporte más hermoso del mundo”. Sí, el amor.




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