jueves, 16 de febrero de 2017

HÉCTOR GONZÁLEZ VILLALBA: ENTRE ESTAMPILLAS Y BALONES

Por Zurisaddai González González
Ciudad de México (Aunam). Los estadios deportivos son como la extensión de su hogar; los gritos de los aficionados siguen impregnados en su piel. No sólo ve a los deportistas en acción, sino que vive con ellos cada paso que recorren en la cancha. Cinco segundos de nerviosismo y todos los asistentes guardan silencio; él se queda quieto, la respiración se torna lenta y luego las voces se alzan al unísono exclamando: ¡GOOOOOOL!


No obstante, la verdadera acción llega después, cuando tras subir al quinto piso del edificio de Milenio, Héctor González Villalba comienza a redactar en su computadora los sucesos del partido. En un pequeño cubículo situado cerca de la ventana, los dibujos de su hija de seis años sirven como inspiración para que el periodista haga que los deportes cobren vida a través de sus palabras.

Los murmullos del piso se combinan con el sonido de los dedos que, velozmente, oprimen las teclas de las computadoras. Permean todo el ambiente y agregan un toque de caos al lugar, por lo que es difícil llevar a cabo una charla serena. Se vuelve imprescindible salir de ahí para la entrevista.

Mientras se abandona el lugar, el periodista comienza a presentar el edificio como lo haría cualquier madre al presumir orgullosa a su hijo. “Milenio empezó como una revista, la cual desapareció después de un tiempo para darle paso al periódico. Ahora no sólo tenemos eso, sino que también contamos con contenido televisivo, radiofónico e incluso en internet”, indica un poco distraído.

Atraviesa la cafetería mientras saluda a unos compañeros de la oficina. Después entra a un cuarto donde tres personas trabajan frente a sus computadoras. “El de en medio está editando unas partes del partido para el programa de la noche. Cada uno tiene una función importante, ya que aquí se lleva a cabo la preproducción y posproducción”, dice mientras se despide con la mano.

El recorrido continúa y tras subir unas escaleras se contempla el corazón de la empresa: la sección del periódico impreso. El lugar late con un ritmo estable, como el de un atleta que ya conoce sus movimientos y el de sus rivales. Por otro lado, aparecen las pequeñas cabinas de radio que esperan ansiosas a los locutores que calienten los micrófonos con sus palabras.

Tras varios pasillos se vislumbra el set de filmación, lugar donde el programa Los rostros de la Afición se transmite todos los días a las 22:30 horas. Afuera del estudio, un grupo de personas siguen en lo suyo: hacen gráficos y seleccionan la información que los noticieros utilizaran durante todo el día. En todo momento, el tiempo parece un espejismo que se fuga sin decir más.

González decide salir una vez más y se dirige a un lugar donde los tonos grises y rojos se adueñan de las paredes. Fotografías de ataúdes de Pedro Armendáriz, Frida Khalo, Pedro Infante entre otros se encuentran ahí, recordándole a la persona que los note el inapelable futuro de todo ser humano. Al entrar por la puerta que está en medio de los retratos, aparece una recóndita cafetería.

El entrevistado escoge una mesa blanca de plástico para empezar la charla. Mientras recarga los codos sobre la superficie, el periodista comienza a recordar como su interés por los medios de comunicación ya corría por sus venas desde que era apenas un niño.

El deporte, presente desde su niñez

“¿Sabes? La realidad es que, desde que tengo uso de razón, quizá desde los seis años ya jugaba a ser editor de periódico. En ese entonces, recuerdo muy bien que habían unas estampillas coleccionables de los Muppet Babies. Yo pretendía que esas estampas eran fotografías y las ponía en hojas blancas, que a su vez apilaba para darles forma de periódico”, relata nostálgicamente.

Sus recuerdos de la infancia comienzan a brotar. González Villalba nació en Pinotepa Nacional, Oaxaca. De ojos pequeños, moreno y cabello negro, el periodista siempre fue muy cercano a los deportes, especialmente al fútbol y el atletismo. A los diez años vivía en Puebla y ya participaba en las competencias estatales de salto de altura, salto de longitud y relevos 4x100.

Durante su niñez, el entrevistado tuvo la suerte de contar con una maestra de atletismo que lo motivaba, en cada entrenamiento, para convertirse en un atleta de alto rendimiento. Por eso, desde esa edad, González Villalba veía su vida dedicada al deporte.

Sin embargo, la separación de sus padres llegó y el periodista se vio en la necesidad de regresar a Oaxaca con su papá, mientras que sus hermanos se quedaron en Puebla con su madre, situación que afectó su desarrollo deportivo.

“De estado a estado hubo un gran cambio, puesto que se debe tomar en cuenta que hay unas entidades más desarrolladas en ciertas áreas que otras. Entonces, tras las circunstancias de la vida que me llevaron a Oaxaca, perdí todo ese seguimiento que llevaba y lo único que había por hacer era dedicarse al estudio”, recuerda.

Decisiones difíciles, recompensas satisfactorias

La vida, algunas veces, da giros radicales, y fue eso lo que sucedió con Héctor González. Después del bachillerato, su padre le insistió en que la mejor opción era estudiar Contaduría, pero el muchacho que jugaba a ser periodista tuvo la oportunidad de presentar el examen de admisión en la UNAM. La fortuna le sonrió y obtuvo su lugar para estudiar la carrera de Ciencias de la Comunicación y Periodismo. Su sueño apenas empezaba.

El entrevistado vivió sólo en una pensión, donde estuvo tres años. A veces no comía en ese lugar porque los alimentos se daban en horas muy específicas; si no se llegaba a tiempo, el estómago se quedaba vacío.

En su época de estudiante, las clases en su facultad formaban parte de un tronco común con otras carreras. Así fue como conoció a una estudiante de Relaciones Internacionales llamada Brenda García Reséndiz, que más tarde se convertiría en su actual esposa.

Al entrar a la UNAM, González Villalba no se olvidó de sus pasiones deportivas y se inscribió a la selección de fútbol soccer. Sin embargo, en ese momento de su vida el entrevistado tuvo que sopesar y decidir cuál de las dos actividades merecía su esfuerzo completo.
“Decidí terminar la carrera porque era para lo que me habían apoyado mis padres. También me puse a pensar que el seguir la aventura del fútbol conllevaba el riesgo de que, antes de alcanzar una instancia más confortable, te rompieras una rodilla en un instante y ahí se acabara todo”, comenta.

Otro motivo para abandonar su sueño de futbolista fue el darse cuenta que su edad jugaría en su contra a la hora de buscar una oportunidad en algún equipo.

“Tenía presente que al salir de la universidad, con 22 o 23 años, ya estaría pensando en otras cosas, como el buscar un trabajo para pagar la renta y promoverme porque, en este medio, los sueldos al inicio no son muy favorecedores”, explica con un tono más serio y pensativo.

Héctor González empezó a adelantar materias de la carrera porque creyó que si se titulaba antes que sus compañeros conseguiría un empleo más rápido. El también conductor llegó así a Radio UNAM, sitio en el que realizó su servicio social y fomentó su forma de trabajar.
“Estuve en el área de producción cultural y fue una experiencia estupenda, te nutre mucho. Era un ambiente extraordinario, un oasis en su materia porque te permitían ser creativo y eso no sucede en muchos lados”, recuerda.

Pagar el derecho de piso

La plática se intensifica tanto como la lluvia que comienza a hacerse presente detrás de las grandes ventanas del lugar. El ambiente se enfría y el periodista deportivo comienza a perderse de nuevo en sus recuerdos.

Después de su estancia en Radio UNAM, el entrevistado pasó a las filas del periódico Excélsior, en donde laboró en el área de tecnología. Durante su estancia, González Villalba aprendió el significado de “ganarse el pan”, aunque también pudo asistir a cócteles y eventos importantes. En uno de ellos conocería a Carlos Trápaga Barrientos, director del periódico deportivo Esto y su futuro jefe.

“Él me invitó a escribir sobre deportes, algo de lo que yo siempre quise hablar. Lo que no me esperaba fue que no tuve pase directo para entrar a la redacción. Cuando llegué a presentar mis documentos pensé que la referencia del director era una muy buena, pero no. Estuve dos meses en el área de facturación rascando cuentas, archivos y notas sobre clientes que no pagaban”, relata.

El entrevistado ganaba alrededor de 46 pesos diarios por realizar todas esas tareas, hasta que un día uno de los subdirectores llegó con su jefe. En ese momento, su vida vivió otro giro afortunado.

“Recuerdo que cuchicheaban y todo el mundo los veía. En eso, me mandó a hablar con el dedo índice y me dijo que iría a la redacción de deportes. Había terminado mi sufrimiento, había pagado mi derecho de piso”, explica.

A partir de ese momento, González Villalba reconoce que sucedieron solamente cosas buenas. Su primer viaje como profesional fue a los seis meses y firmó contrato medio año después. Con una sonrisa, menciona que los periodistas de aquella generación “te hacían ver tus errores de una manera muy agria, pero que al final te servía”.

Su vida pronto se llenó de juegos de la selección nacional, partidos de las eliminatorias mundialistas, torneos internacionales de clubes, de la liga mexicana, Juegos Olímpicos, etc. Su trabajo como corresponsal en el extranjero también le permitió vivir, en persona, sucesos como el intento de golpe de Estado en Venezuela contra Hugo Chávez en 2002.

No obstante, llegó un momento en el que el entrevistado quiso cambiar de aires, por lo que en 2005 llegó a Milenio. “Aquí en Milenio fui durante dos años y medio el enviado para cubrir el papel de los clubes mexicanos en la Copa Libertadores. Me la pasé en casi todos los países de Sudamérica”, cuenta.

Todos los días se puede conocer a alguien diferente, por lo que Héctor González no sólo ha limitado su trabajo a jugadores profesionales o atletas reconocidos, sino que también se ha acercado a la gente común, a las diferentes realidades sociales que a final de cuentas también son gajes del oficio.

“No hay nada mejor que trabajar en lo que uno quiere”

Gracias a su trabajo, el entrevistado ha logrado tener una visión más clara del deporte en México, por lo que no duda en criticar el hecho de que nuestro país siga sin explotar su verdadero potencial en este campo.

“México tiene una infraestructura deportiva increíble. Entonces, ¿cómo es posible que no puedan salir 50 pelados de altísimo rendimiento y mantenerse en un estándar excelso? Aquí lo vemos todo a corto plazo, desde el gobierno hasta los deportes. Queremos resultados inmediatos en vez de apostar por los años de maduración de la gente y de los proyectos”, subraya.

Para Héctor González, los deportistas son un gran ejemplo para la sociedad. Por ello, su objetivo como periodista es motivar a aquellas personas que practican cualquier deporte a través de su trabajo y también darle a los atletas el reconocimiento merecido para que sigan haciéndolo bien y cumplan sus metas, algo que el entrevistado no duda en recordar.

“Lo importante es que cumples un sueño, estudias lo que quieres y no hay nada mejor en esta vida que trabajar en lo que uno quiere y haber estudiado lo que quisiste y no lo que las circunstancias te arrojaron casi por desecho”, concluye con un discreto suspiro.

La lluvia del exterior persiste hasta el último momento y el reloj indica que el entrevistado debe irse ya. A pesar de los años que lleva transmitiendo a las personas su legítimo amor por los deportes, la chispa que sentía cuando participaba en las competencias de atletismo en Puebla o en los duros entrenamientos de futbol en Ciudad Universitaria, siguen presentes en su mirada. Así, cada noche en la televisión no sólo aparece un periodista que habla de lo que le gusta, sino alguien que lo respira, lo vive, lo es.

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