jueves, 4 de febrero de 2016

EL TOVARICH, VENDEDOR DE PELÍCULAS EN LA FCPyS

  • “Yo vengo literalmente a divertirme a mi trabajo”
Por Aldo Jair Munguía Hernández
México (Aunam). Un hombre se resguarda del fulgurante calor bajo de un árbol. El poblado y oscuro bigote dota a su rostro de seriedad. Su cabellera hirsuta lo motiva a llevarse la mano derecha constantemente para arreglarla.

Es Javier Flores Vásquez. Estudió en la Facultad de Economía de la UNAM, pero renunció a las tareas burocráticas que su profesión le imponía. Entre sus virtudes, acepta, no están las de ser un buen empleado, ni siquiera considera ser capaz de ejercer un oficio como el de taxista.

Flores Vázquez vende películas y libros en la explanada baja de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS). Menciona que su labor lo llena completamente, le da lo que necesita y considera que “no le hace falta nada”.

Cuando la crisis de los años 90 alcanzó al joven recién egresado, tuvo que vender sus libros de economía, sus poemarios y novelas. Ante tamaña desilusión optó por establecer un “puestecito” de tacos y tortas en la FCPyS. Sin embargo, había que nombrar su puesto de algún modo, pensó, más aún, renombrarse él mismo para que la clientela pudiera identificarlo con facilidad. “Cuando vas a una taquería o a una tortería, ¿quién te atiende’?, pues El May, El Paisa, El Cuñado, El Güero…, y yo dije “si estamos en Políticas yo no puedo ser eso, tengo que ser algo diferente”, y decidí ser El Tovarich.

El teatro y el cine

Flores Méndez rememora su vida como un actor experimental. Sus palabras se vuelven alegres. Entre los años 78 y 85, El Tovarich participó en el Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística (CLETA), organización que pertenecía al Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Vallejo. Allí conoció a Luis Cisneros, El Llanero Solitito y a muchos grupos de artes escénicas experimentales.

Tras una pausa relata que tuvo la oportunidad de viajar por el país con ellos, incluso a Centro América, invitados por grupos de teatro experimental que se interesaban en el intercambio cultural que brindaban los encuentros internacionales en dicha categoría.

“Nosotros en el CLETA teníamos funciones de cine, todavía era cine de súper 8, de los rollos, había que llevar el proyector, pedir permiso en la sala; era difundir el otro tipo de cine, no sólo el cine comercial, un cine con otro propósito, más crítico, más de generar conciencia en muchos sentidos. Muchos parten de que el cine enajena, pero yo pienso que también libera. Hay una parte formativa en el cine”.

Ahora que el cine se ha vuelto una constante en el diálogo de El Tovarich le pregunto sobre su película favorita. Su respuesta es contundente: su filme preferido, “de todos los tiempos”, es Luces de la ciudad, de Charles Chaplin, confiesa que la película lo marcó mucho apenas la vio. Lo que más le asombra es que “un tipo, sin poder decir una sola palabra, era capaz de generar unas emociones tan grandes, de llevarte de la risa al llanto y viceversa”. Además Chaplin siempre ha sido uno de sus actores y directores predilectos.

¿Qué le brindó el CCH?

-En CCH Vallejo encontré al CLETA, descubrí las posibilidades de la música, del teatro y, por supuesto, las del cine. Antes de mi encuentro con el arte decidí estudiar Economía porque tenía un fuerte bagaje cultual y mi apego al marxismo iba en aumento. Quería explicar la lucha de clases, de las relaciones de poder, de la distribución del ingreso, todo eso me parecía fascinante y yo tenía el propósito de descubrir cuál era el meollo de este asunto de la desigualdad en la sociedad; me daba una explicación teórica de lo que quería saber.

¿Cómo llegó a trabajar en la FCPyS?

-Llevo 31 años trabajando aquí. Mi familia tenía puestos en la facultad desde que estaba al lado de Economía, después nos movimos acá. Hemos visto crecer la escuela, desde que era sólo un par de edificios. Ahora siento más individualistas a los estudiantes, más preocupados por su carrera, por salir, por tener un buen empleo, una casa, un auto, han olvidado este asunto social que antes era muy marcado.

La experiencia en la escuela tiene muchas aristas. Yo conocí a los jóvenes que participaron en la huelga del 99-2000, he tenido mucho contacto con los profesores, con los alumnos y me gusta mucho que los alumnos me incluyan cuando quieren hacer algo, por ejemplo, me piden películas de violencia de género y yo me dedico a estudiar qué es realmente la violencia de género. Esto me mantiene al día en muchos problemas sociales de América Latina y del mundo, me gusta mucho mi trabajo, porque amén de poder acercarles el material, también hago un trabajo de investigación el cual me sirve mucho, cuando alguien más me pida algo así yo ya tengo los elementos.

He participado en cortometrajes que hacen los compañeros para trabajo académicos, me han invitado a participar como actor, en la parte de dirección, en la parte de fotografía, en fin, a mí me gusta mucho que me involucren en sus trabajos.

Javier Flores Vásquez, Tovarich, afirma que lo más significativo para él es cuando “trasciende la relación del tipo que vende películas y del tipo que viene a comprarlas en una relación de amistad, mucha gente me invita a sus casas, conozco a sus familias, me invitan a algún paseo, me invitan a tocar con ellos. Yo vengo literalmente a divertirme a mi trabajo”.





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