jueves, 18 de junio de 2015

PROCESO NO ERA UNA EMPRESA, ERA UNA CAUSA”

  • Don Paco Ortiz Pinchetti, el hombre detrás de la mente crítica

Por Marcela Rebeca Velasco Zúñiga
México (Aunam). Cabello totalmente blanco, rostro que refleja la experiencia de más de 40 años en el periodismo mexicano.
--¿Alguna vez se imaginó que llegaría a ser la figura que es?
--No, de niño me gustaba mucho el campo y los animales, yo pensaba estudiar agronomía.


Su oficina en la colonia del Valle de la ciudad de México fue testigo de una entrevista que marcaría a la joven e inexperta estudiante que cuestionó durante hora y media a Francisco Ortiz Pinchetti, eminencia en el periodismo mexicano desde antes de que La Jornada existiera, conocido por sus reportajes en Excélsior desde antes del golpe que sufriera su línea editorial por el echeverrismo, cofundador de Proceso junto con Julio Scherer García y, sobre todo, como diría Ryszard Kapuscinski, un gran ser humano.

Graduado en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, Ortiz Pinchetti comenzó a escribir desde la preparatoria. Acerca de cuándo o cómo encontró su vocación, lanza una sonrisa amable, como la que tiene alguien que recuerda buenos tiempos, y respondió: “fue algo muy natural, mi padre también era periodista, era cronista taurino, desde chico comencé a escribir, no me di cuenta cuándo, escribíamos juntos.”

Habló de su padre mientras mantenía la mirada en un punto fijo, mirando todo y nada, demostraba la influencia que éste tuvo en quien llegaría a ser director del periódico Zonal Libre en el sur.

Eran las 19:45 horas, el amarillo, verde y rojo de la pulsera tejida atada a su muñeca izquierda contrastaba con el resto de su atuendo: zapatos de color marrón, pantalón caqui, camisa de tono mostaza y chamarra para el invierno que se acercaba.

“En Excélsior no duré mucho, me tocó el golpe al periódico, al presidente Luis Echeverría no le gustó la línea editorial y cuando salió Julio Scherer, salimos 400 con él, periodistas y otros empleados de la cooperativa. De ahí nació la idea de hacer una revista: Proceso, otro grupo se separó e hizo Unomásuno, el padre de La Jornada”.

“Todo viene de ese grupo de Scherer, de Excélsior”, aseguró Don Paco que recordó cómo ese acontecimiento sirvió de parteaguas para el periodismo mexicano, pues provocó la creación de nuevos medios.

El tiempo pasaba mientras rememoraba la historia del periodismo en México; testigo de su salida del periódico, su padre los apoyaba, fue difícil para ambos, pues Excélsior era como su casa; su progenitor siguió trabajando ahí, pero los años mozos en el periódico habían terminado para Don Paco.

Fundaron Proceso en noviembre de 1976, tenían una causa y vocación, para ellos significaba más que una revista, para ellos era libertad de expresión. Conforme Vicente Leñero y Julio Scherer envejecían, la revista lo hacía con ellos, Consciente de ello, Vicente Leñero persuadió a Scherer y decidieron retirarse juntos, lo que dio lugar a un cambio generacional.

“Cuando Vicente Leñero y Julio Scherer salieron de la revista, ¿quién iba a sustituir a Scherer, a un gigante como él? Era difícil, por lo que hicimos una directiva de seis”. El sexteto lo componían Rafael Rodríguez Castañeda, Carlos Marín, Froylán López Narváez, Carlos Puig, Gerardo Galarza y Francisco Ortiz Pinchetti, fundadores también: seis mentes brillantes que no duraron mucho juntas

Después de una caótica dirección se nombró a Rafael Rodríguez Castañeda como director, la mitad del sexteto salió por su inconformidad con el nuevo jefe.

A Don Paco, que desde antes de la revista le había tocado cubrir la campaña de Vicente Fox para gobernador de Guanajuato, le correspondió lógicamente, y ahora sí para Proceso, cubrir su campaña a la Presidencia.

“En Proceso, que siempre había sido respeto, expresión, rigor y exigencia para el reportero, comenzaron a cambiar mis textos”. Publicó una carta con su hijo en la cual exponían la situación, el conflicto a partir de ahí le haría perder un trabajo pero, más que eso, a un amigo.

“Después de publicar la carta y que la firmaran más de 500 periodistas (incluso se publicó un desplegado en Milenio) la revista nos ofreció disculpas; ocho días después nos llamaron a una sala de juntas, donde Rafael Rodríguez, con las manos temblorosas y la voz nerviosa, nos leyó una carta, al terminarla se fue y nos dejó con los abogados.

“Tras varias horas de espera en la sala de juntas y algunas amenazas de llamar a seguridad, lograron programar una reunión con Scherer, se vieron en un Sanborns de la colonia Del Valle, lo que pasó ahí significó el rompimiento de una amistad y una causa, “Scherer iba con su actitud de ‘la ropa sucia se lava en casa, y tú publicaste una carta en los medios’, no estaban abiertos al diálogo, fue un golpe muy fuerte porque la causa la habíamos compartido tantos años…”

Los ojos detrás de los lentes se le nublaron al gran hombre de cabello cano sentado frente a la inexperta estudiante, pudo haber sido de sueño, o de que al recordar el dramático suceso el corazón se le rompía de nuevo. “Después de todo lo que compartimos… ese fue el final de toda relación, desde entonces no lo veo y no quiero verlo (a Scherer), Proceso no era una empresa era una causa.” (Scherer falleció el 7 de enero de 2015, la entrevista se hizo a finales de 2014)

Don Paco salió en el año 2000 de la revista que había ayudado a cimentar, después de 24 años de labor ética y crítica reflejada en más de mil reportajes. La revista que vio crecer le cerró las puertas.

Aracataca: un viaje dual


El año pasado (2013), a sus setenta años de edad, el ilustre comunicador viajó con su novia de Guanajuato (es divorciado, tiene dos hijos y cuatro hermanos), a la tierra de uno de sus escritores favoritos, Gabriel García Marquez; “fue un viaje dual, melancólico pero emocionante. Es triste ver que en el pueblo a nadie le importa el escritor, están muy resentidos con él”, interpretó al narrar su visita al lugar que fue Macondo en Cien años de soledad.

A los 15 años comenzó a leer La región más transparente, de Carlos Fuentes, siguió con los clásicos de Márquez y algunos de Leñero. “Yo tengo que diferir de Vicente, él dice que el reportaje es, de los géneros literarios, el más ligero, pero lo literario no es el propósito del reportaje, al momento de comunicar (les decía a sus alumnos de la Ibero) se debe tener en claro que existe un gran muro, una pared entre los textos de opinión y los informativos.”

Compartió su experiencia y recordó de una ocasión en que la revista Proceso hizo un concurso de ensayo de la militancia en México, en el jurado estaban Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Julio Scherer, “algunos reporteros los fuimos a entrevistar, desgraciadamente no me tocó con el maestro.”

Prosiguió: “sin embargo una vez, no recuerdo el motivo ahora, estábamos todos reunidos, ha sido la única vez que conviví con él (García Márquez), quería enseñarnos un capítulo que recién había escrito y preguntó por voluntarios para leerlo, Scherer dijo: ‘a ver Don Paco’, y leí el capítulo inédito, tan emocionado que me trababa al leer.”

El periodista de cabello blanco, mientras tamborileaba entre sus dedos la pluma que siempre cargaba para redactar sus notas, confesó que casi nunca usa grabadora (excepto para entrevistas), sino papel, bolígrafo y memoria; después de un lapso de silencio, de esa clase que se dan cuando se rememora algo profundo, retomó la anécdota: “cuando llegamos a Aracataca en un carro rentado, comenzó a llover y una mariposa amarilla se nos cruzó, sólo una.”

El actual columnista de Por la libre, en el sitio web Sin embargo, aseguró estar muy satisfecho con su trayectoria periodística, de pequeño jamás imaginó tener algún impacto en las personas, ni que influiría de manera directa en lo que alguna vez fue una causa y no una empresa.




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