jueves, 23 de abril de 2015

EN EL NAUFRAGIO DEL CONOCIMIENTO, MARIO ZARAGOZA REPARTE SALVAVIDAS

Por Jessica Gamiño

México (Aunam). Sus alumnos lo califican como “el mejor profesor de Teorías”. Él dedica su vida a lo que decidió ser, y lo disfruta. Lo más importante, a su decir, es que comparte el entusiasmo por el aprendizaje y por ser quien “reparte los salvavidas” en el naufragio del conocimiento.

Llegó minutos después de las 16 horas. La conversación tenía el peso suficiente como para ignorar las risas y pláticas en la cafetería de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Mario Zaragoza es joven en apariencia y en corazón, fresco, entusiasta, mide arriba de 1.5 metros. Nacido en el Distrito Federal, Mario es investigador y docente en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y da clases en la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa (UAM-I).

Además es editor de la Revista Polis, del Departamento de Sociología de la UAM-I, especializada en Ciencia Política, desde 2007; y consejero de la revista Algarabía, donde ha laborado desde 2006.

Mueve las manos para enfatizar algunas respuestas. Como docente tiene 10 años, los primeros dos como profesor adjunto y ocho más como titular en la Facultad de Ciencias Políticas, donde realizó su maestría de 2008 a 2010 y ahora hace el doctorado en Ciencia Política.

La razón por la que decidió esta última carrera es porque todo tiene que ver con la vida pública y porque el objeto de estudio se puede complejizar, cosa que en el doctorado en Ciencias de la Comunicación es prácticamente imposible de hacer con un plan de estudios basado en los medios de difusión masivos.

Gusta de la literatura y la teoría mientras está en completa calma. Disfruta del cine, del teatro y de los museos; le gusta bailar y trabajar por que “siempre he preferido la acción a la realidad virtual”. Su poco tiempo libre lo distribuye bien entre ver la televisión y sintonizar su serie favorita, además de escuchar a The Smiths o Radiohead.

Mario Zaragoza comenzó su vida laboral mientras cursaba el sexto semestre de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación. Lo hizo en la Cineteca Nacional, donde veía las películas a programar para elaborar la sinopsis, lo que le permitió encontrar mayor gusto en el cine.

El “secreto” de su juventud, comentó, consiste en disfrutar de lo que hace, en realizar actividad física y en “ser una persona menos aprehensiva”; ya que las cosas que te alteran mucho o te afectan mucho son muy desgastantes, sobre todo al encontrarse siempre inmerso en las ciencias sociales, en donde todo debe tomarse con relativa calma.

Su círculo afectivo cercano lo compone su madre y su hermano, y a partir de ello, “uno va acercando a las personas que uno quiere tener cerca”. Respecto de este complejo tema el investigador aseguró ser “un fiel convencido de lo que dice Giddens respecto de la estructuración y la capacidad de agencia”, donde una parte de tu estructuración depende de tu entorno y de las relaciones que en él estableces, pero la otra parte siempre la determina uno mismo.

“Uno toma la peor decisión en el peor de los momentos”, dice y explica que la razón por la que estudió Ciencias de la Comunicación es porque siempre fue afecto al periodismo, supo que quería dedicarse a las letras, pero le hacía falta “inspiración” para poder ser escritor; así que tenía otras posibilidades, y “fue pura intuición”.

En el tercer semestre de la licenciatura cambió su idea de lo que puede hacer, se dio cuenta de que puede complejizar en el objeto de estudio y ser investigador para entender a la comunicación más allá de los medios. Es ahí cuando puedes “darte cuenta de que tienes ese factor de transformación que es imprescindible, imprescindible”, puntualizó.

Como profesor no pierde de vista que en él está la “posibilidad, casi absoluta, de ayudar a cambiar a las personas”, y según su experiencia, “la valía de la Universidad es la universalidad” que hace de los 10 años que ha vivido en ella un tiempo invaluable, añadió.

“La verdad es que pensar te lleva a términos bastante complejos que evitan la generalidad…”, que evitan las prenociones que nos mantienen “muy contento con la vida”. Sin duda, ese es en palabras de Mario Zaragoza, uno de los retos como profesor y como estudiante: tener el interés y las ganas de pensar.

Una metáfora en la que ha pensado al momento de estar de pie frente a su grupo, desde hace 10 años es la de un navío. Dice: “la tripulación (está) tirada al mar porque el barco fracasó. La labor del profesor es ser como el que tira los salvavidas, o sea ahí están los salvavidas, agárrate del que quieras, y si no quieres, no te agarres, sé feliz…”.

Casi al final de la entrevista destacó: “…el privilegio de dar clases en la UNAM es inaudito. Dar clases en esta universidad es el tope de las posibilidades que tiene cualquier docente o investigador” además de que es donde puedes encontrar los mejores grupos, donde la maravilla se encuentra en que encuentras al alumno más brillante, sentado junto al peor de los estudiantes de la universidad.

“Me parece que ser profesor es una de las actividades más satisfactorias que puedan siquiera existir. Sin pensarlo mucho, es más sin pensarlo nada, no lo dejaría por nada, ser docente es todo lo que le da retribuciones a mi vida.” Concluyó, mostrando su amor a la docencia que, sin duda, se ve reflejado en lo que hace: clase con clase.




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