lunes, 30 de junio de 2014

ERNESTO CHE “CORAZA”


Por Cuauhtémoc Mondragón López
México (Aunam). Las corazas tienen una razón de ser. A diferencia del muro, la cárcel o el castillo de la pureza, éstas se blindan para enfrentar una realidad, no para aislar o desentenderse de ella. Pero, ¿qué pasa cuando no cuestionan en su interior las tácticas a seguir ni son incluyentes frente a una causa en común? Bajo estas circunstancias, es difícil hablar de una oposición coordinada.

Tal imagen es comparable con lo que ocurre en el Auditorio Che Guevara de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde la falta de disposición para discutir los términos de su organización, ha afectado el proceso para llegar a acuerdos que cumplan el objetivo principal de la toma del espacio: la representatividad del interés estudiantil en su incidencia dentro de la vida política, tanto en dicha Casa de Estudios, como en las cuestiones públicas del país.

¿Reflexionar o actuar?

“En 1968, se dio una movilización que demandó democratización frente al autoritarismo mexicano. Fue entonces cuando los estudiantes adoptaron el Auditorio Justo Sierra en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), uno de los recintos más grandes de la UNAM. Se le nombró ‘Ernesto Che Guevara’, en honor al líder revolucionario asesinado en Bolivia un año antes”, asegura El rojo, integrante del colectivo Rebeldía, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM.

“Que un grupo de jóvenes tuviera un Auditorio para levantar la mano en medio de esa coyuntura de represión, era progresivo. No obstante, en la década de 1980 desapareció el Estado benefactor y los organismos internacionales comenzaron a dictar políticas encaminadas a privatizar sectores estratégicos en la economía, así como servicios de salud y educativos”, afirma el activista.

“Entender el mundo en términos bipolares durante la guerra fría generaba orden para dos proyectos políticos. Cuando cayó el muro de Berlín en 1989, el neoliberalismo se convirtió en la única visión que podía seguir generando sentido y la izquierda institucional tuvo que ablandar sus caracteres ideológicos para posicionarse, pues al frente ya estaba organizado el poder conservador. La izquierda no institucional terminó marginándose y radicalizándose aún más frente a esa resolución”, refiere a su vez el maestro en Ciencias de la Comunicación, Christopher Guevara Acevedo.

Durante ese contexto, tuvo lugar un repliegue de los estratos más desposeídos en el Distrito Federal hacia el último escalón del desarrollo, como así lo documenta el escritor José Agustín en su libro “La contracultura en México”. En él, relata que “al joven muy pobre le deparaba explotación, desprecio y represión”.

“Lo anterior contribuyó a que los jóvenes en condiciones de marginación fueran proclives a asumir una postura políticamente radical y violenta” afirma Gerardo Dorantes en su libro, “Conflicto y poder en la UNAM (1999-2000)”. No obstante, asegura que dichos grupos “no pasaron por la etapa de conciencia que caracterizó a la generación del 68, la cual debatía sus estrategias”.

“En la política siempre se debe atender lo urgente y lo importante. No obstante, ¿qué es más urgente en un estado de marginalidad, la reflexión o la acción? Claramente, la acción. Bajo estas condiciones es propicio que cualquiera promueva un acto drástico. Los grupos vulnerables caben menos que nunca en la modernidad contemporánea”, afirma el maestro en Comunicación.

Están con nosotros o están en contra

“Disculpa, busco hacer una entrevista a algún integrante del colectivo Okupa en el Auditorio Che Guevara, ¿no sabes a quién puedo acudir?”, pregunté a un joven al interior de la Galería Autónoma, Ciudad Universitaria (C.U.). “Bueno”, respondió, “ocurre que somos muchos colectivos. Pregunta al otro extremo, ellos te pueden informar”.

Me dispuse a seguir su indicación y crucé un pasillo sitiado por macetones que no interferían la oferta y demanda del cine de culto, el establecimiento de pequeñas librerías conexas una a la otra, además de collares y otros accesorios ungidos bajo el signo de acuario, en los puestos que atendían algunos cuates con rastas pendiendo de sus frentes. Al último, se ubicaba una mesa donde se apilaban hamburguesas vegetarianas y ensaladas, acompañadas por la programación radial de los Okupa.

“Nosotros no concedemos entrevistas más que a medios de comunicación libres, por la tergiversación de los canales institucionales”, me aclaró una integrante del colectivo al fondo del Comedor Popular Vegetariano, con las paredes internas del Auditorio ilustradas por los colores de la madreselva.

“Puedes checar los comunicados en nuestra página. Además, andamos en chinga a esta hora de trabajo. Nadie aquí podría hablar a nombre del colectivo, sino a título personal. Date-una-vuelta-otro-día-y-a-lo-mejor-alguien-te-da-la-entrevista”. Dicho lo anterior, la chica tomó con cierto estrés algunas ensaladas y salió del comedor con la postura curveada por la prisa.

“Lo primero que dijeron los medios el 20 de abril de 1999, fue: ‘Cientos de porros toman todas las escuelas de la UNAM’”, recuerda El Chivo, otrora integrante del colectivo Rebeldía, cuando la Reforma al Reglamento General de Pagos, impulsada por el entonces rector, Francisco Barnés de Castro, derivó en paro estudiantil coordinado por el Consejo General de Huelga (CGH) dentro de la UNAM.

Dicho dictamen, elevaba la inscripción en bachillerato a 15 salarios mínimos (alrededor de $500 semestrales), mientras que en licenciatura ascendía a 20 (aprox. $700 por semestre), según refiere el sitio web del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la ya mencionada casa de estudios. Tales cantidades, son expuestas con base en la tabla de salarios mínimos generales por área geográfica, publicada en internet por la Secretaría de Trabajo y Previsión Social.

Dorantes expone en su citada investigación que éste aumento buscó subsanar la falta de recursos en la UNAM al generar responsabilidad financiera entre gobierno, instituciones y estudiantes. No obstante, la tentativa buscó prosperar durante los efectos de la crisis económica de 1994, con el empobrecimiento de la clase media, el aumento del desempleo y la deuda millonaria generada por los banqueros amparados en el Fondo Bancario de Protección al Ahorro. Esto último, según Ricardo Solís Rosales, en su libro “Del Fobaproa al IPAB: testimonios, análisis y propuestas”.

“La demanda estudiantil era concreta: suspender las reformas. Pero pronto…se observó el paso a un nuevo liderazgo, inclinado a actuar violentamente y con poca disponibilidad de negociar… (aquellos eran) estudiantes de los estratos sociales más bajos, muchos pertenecían a organizaciones políticas adiestradas en movilizar contingentes… alcanzaron la dirección el movimiento, desplazando a los líderes moderados”, afirma Dorantes en su libro.

Recuerda el maestro Christopher Guevara que durante la huelga, parte de la comunidad universitaria planteó la posibilidad de continuar impartiendo clases en sedes alternas, entre ellas, la Universidad del Tepeyac. “Al llegar a inscribirnos, nos esperaba un grupo de porros vinculados al Gobierno de la Ciudad de México y Rectoría, preparados para reventar lo que fuera. Y al otro lado, también nos esperaba la facción radical del movimiento estudiantil. Empezaron a gritarnos “¡esquiroles!”, cuando una chica de posición acomodada se paró enfrente y nos escupió con todas sus letras: ‘O están con nosotros, o están en contra’”, relata el también profesor de Comunicación Política.

Lo anterior coincide con los retenes en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, donde las facciones radicales buscaron detectar a posibles moderados. Ello, según Manuel Otero, participante del debate “Movimientos estudiantiles: CGH”, donde también figuró el caricaturista Rafael Barajas, El Fisgón, quien afirmó que “el movimiento fue exitoso, pues frenó al neoliberalismo en la gestión de la UNAM”. El evento, fue organizado por la brigada “Para leer en libertad”, en abril del 2014.

Según palabras de El Chivo, integrante del colectivo Rebeldía, Rectoría pagó 500 pesos a personas que pedían trabajo como albañiles, con el fin de que generaran violencia en Prepa 3. Ello justificó la entrada de la entonces Policía Federal Preventiva (PFP) a C.U. que pondría fin al movimiento, Cuando regresamos a clases, el Auditorio Che Guevara se mantuvo en control de las autoridades que lo desmantelaron como si fuera un botín de guerra. Recuperamos el espacio, pues eso fue la huelga del 99: una guerra, un conflicto entre clases”.

“Sólo asentando que la realidad es contingente, se puede avanzar en un conocimiento más preciso para cambiar las cosas. Pero pareciera que la huelga partió del supuesto contrario: que existe una sola verdad. El CGH acabó ahogado en su propio vómito. Personas que antes de entrar al movimiento no tenían seguridad laboral, ni legitimidad, ahora son autoridades universitarias. Una amiga que fue novia del Mosh, latinoamericanista de huarache y manta, ahora trabaja en American Express. Así de lastimada salió la banda de la huelga estudiantil”, opina Christopher Guevara.

Si no son drogas, son candados

Según refiere un integrante del colectivo Izquierda Revolucionaria Internacionalista (IRI), “Buenaventura Durruti”, el Auditorio permaneció después de la huelga del 99 en dominio de un grupo anarquista hasta 2010. Durante éste periodo, las instalaciones del espacio fueron usadas para consumo y venta de sustancias adictivas en la realización de fiestas y conciertos.

“Hubo un movimiento de derecha en la FFyL que se autodenominó “24 de Diciembre”, su llamado a la retoma del Auditorio derivó asambleas multitudinarias donde se decidió que el espacio no se entregaría a las autoridades, sino que sería administrado por una coordinadora representativa del estudiantado, la cual buscó establecer un reglamento que prohibiera consumir sustancias adictivas y realizar fiestas. El colectivo Cerezo tuvo roses con el grupo de la entrada principal, que después pidió apoyo a organizaciones anarquistas para retomar el recinto”, asegura el integrante de la IRI.

“El trabajo político debe estar limpio de sustancias ilegales porque la autoridad intenta equiparar narcotráfico con movimientos sociales. El problema es que hay una posición de izquierda, la cual considera que el trabajo político incluye naturalmente el consumo de mariguana, pulque o alguna otra sustancia de carácter contracultural. No estamos de acuerdo, pues se estaría generalizando e imponiendo una posición”, asegura Francisco Cerezo Contreras, coordinador de la Organización No Gubernamental (ONG) en defensa de los Derechos Humanos, “Comité Cerezo”.

El 19 diciembre de 2013, “colectivos, grupos e individuos (aclarando que no son únicamente anarquistas) reabren actividades en el Auditorio Che Guevara, rechazando a quienes se habían autoerigido como ‘administración’ del mismo’”, señala el colectivo Okupa en su cronología de dicho espacio, publicada en el sitio por internet, “Auditorio Che Guevara-Okupa Che. Espacio autónomo de trabajo autogestivo”.

“Los compañeros que hoy administran el Auditorio rompieron un consenso, dijeron que los únicos acuerdos válidos eran los suyos y tomaron el espacio. Nosotros no peleamos el sitio físico, defendemos el trabajo político a favor de las causas en la Universidad, que incluya las problemáticas sociales como un todo”, enfatiza Francisco Cerezo.

“Los de ‘la coordinación’ metieron dinero que los colectivos no habríamos podido juntar tan rápido… su institucionalización iba en contra de la ideología manejada en los espacios autónomos. Pusieron varias veces candados, mandaron soldar las dos puertas de acceso, tapando las entradas… Nuestros talleres crecieron y decidimos recuperar el espacio”, afirma en contraparte una de las integrantes de los Okupa, durante una entrevista para Denisse Alamillo; autora del reportaje, “El Auditorio Che Guevara por dentro”, publicado en el sitio web “El Barrio Antiguo”.

“No me atrevería a decir que conflicto en el Che se trata del Comité Cerezo contra los Okupa, la historia sobre la toma del Auditorio ha sido compleja. Efectivamente, hay un grupo de compañeros anarquistas que trabajan ahí desde hace mucho tiempo, y que han generado varios espacios: los numerosos talleres, o el Comedor Popular Vegetariano. Sin duda, siempre habrá posiciones distintas, por eso estamos agrupados en diferentes organizaciones”, expresa El Rojo.

La vacuna anti-izquierda

Lo primero que atizó a Víctor al salir de su clase en la FFyL fue el estallido de un petardo, las piedras, los palos y la mesa empuñada como ariete contra el acceso contiguo del Auditorio, atrancado con tablas que impedían la entrada de un grupo en ofensiva. Al parecer, unos encapuchados habían tomado el espacio, desalojando al colectivo Okupa que permanecía en su interior durante la madrugada del 3 Marzo de 2014.

“Alguien insistía en medio del caos que se debía dialogar. ‘¡Pero ve nada mas cómo dialogan los que están dentro!’, le gritaron, mientras seguridad UNAM veía todo de lejitos. Cuando el grupo de ofensiva logró ingresar, varios sujetos huyeron por las puertas de Galería Autónoma. Algunos corrieron hacia la Facultad, empujando a los alumnos para esconderse. Cuando atraparon a uno de los que estaban escapando, lo golpearon y le aventaron una botella en la cabeza. Luego discutieron qué harían con él. Parecía que le estaban dictando un juicio”, relata el estudiante de Filosofía.

Una vez recuperado el espacio, el colectivo Okupa señaló a través de su citada página por internet que “Normalistas de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, comandados por gente plenamente identificada de la ‘Coordinación’, incursionaron violentamente en el Auditorio Che Guevara, golpeando y torturando a copañerxs (sic.) que hacían la guardia”.

“La coordinadora decidió retomar el Auditorio. Para ellos estaba justificado, pues las administraciones de los grupos que permanecen desde el 2000 han convertido el espacio en un antro de mala muerte”, señala el integrante del colectivo “Buenaventura Durruti”.

Así mismo, los “Grupos, Colectivos e Individuos por Espacios Autónomos y Autogestivos” responsabilizaron del desalojo al Comité Cerezo, al colectivo de la Brigada Multidisciplinaria y al Frente Nacional de Lucha por el Socialismo, a través de un comunicado del 7 de marzo de 2014, donde afirman que “los agresores intelectuales y materiales tienen nombre y apellidos: Francisco, Antonio, Héctor, y Alejandro Cerezo”, entre otros supuestos implicados. Ello, se encuentra en la página web “Cruz Negra Anarquista de México”.

El Comité Cerezo negó toda vinculación con las agresiones durante una entrevista para La Jornada. Su coordinador, Francisco Cerezo, refirió que “estas divisiones son aprovechadas por el Estado para criminalizar a la izquierda en la Universidad”.

La página web de Milenio dio a conocer que 38 horas después de los altercados en la FFyL, fue acordado en asamblea que el espacio no sería entregado: “es de la comunidad universitaria y del movimiento estudiantil en su conjunto, por lo que rechazamos cualquier injerencia de la burocracia universitaria o de cualquier fuerza policiaca”, afirmaron los asistentes.

El Consejo Universitario de la UNAM reprobó tales actos de violencia, exigiendo la entrega inmediata del Auditorio Che Guevara con el respaldo de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), iniciando una recolección de firmas entre alumnos y ex alumnos para avalar el imperativo, informa el periódico Excélsior a través de su sitio por internet.

Ante esto, fue convocada una marcha el 26 de marzo del mismo año desde el parque de La Bombilla hasta llegar a C.U. Esto, en rechazo a la exhortación de desalojo expresada por las autoridades universitarias. Al bloquear la avenida Insurgentes, el contingente se enfrentó con un cuerpo de granaderos y el conflicto arribó a las instalaciones de la UNAM, reportó el sitio digital, “Animal Político”.

“Miembros de la comunidad estudiantil de la FFyL en asamblea… condenamos… la incursión de la policía del Distrito Federal en los jardines de CU como un atentado en contra de la autonomía universitaria. […] la asamblea acordó… la convocatoria a 2 mesas de trabajo… para construir formas mediante las cuales la comunidad participe de las decisiones en la gestión del Che Guevara. Sobre la construcción de acuerdos con quienes ocupan el Auditorio; decidimos proponerles…

1) No hacer uso del mismo como vivienda. 2) No actividades lucrativas en el espacio. 3) Rechazo del consumo de drogas y alcohol en el mismo. 4) Reconocer que el recinto pertenece…a la comunidad universitaria…particularmente a FFyL. 5) Es responsabilidad de la comunidad mantener abierto el Auditorio al movimiento social. 6) Total independencia de las autoridades”. Dicho pronunciamiento, se encuentra en la página por internet del “Periódico clandestino Madera”.

“El conflicto dentro del Che Guevara no es entre estudiantes, sino con las autoridades. Rectoría y el Estado mandaron a sus agentes para provocar esa situación de violencia, y ello es una táctica que coincide no sólo con el cambio de Rector en la Universidad, sino también con el cambio de los directores en muchas escuelas y la cuestión de cuotas”, reitera El Chivo en entrevista.

“El Auditorio ‘Justo Sierra’ está raptado por seudo estudiantes. El control es de un círculo muy cerrado, no hay convocatoria ni proceso para solicitar el espacio. Éste debe ser entregado a las autoridades, se han hecho llamados a través de firmas pero la civilidad ha fracasado. Sugiero la utilización de la fuerza pública”, opina Ulises, alumno en la carrera de Letras Inglesas.

Canto al pie de tu ventana

El 4 de marzo del 2014, posterior a la agresión que sufrieron los Okupas por grupos armados hasta los dientes, acudí junto a un equipo de trabajo escolar al auditorio Che Guevara, cargados de cámaras y tripies para conseguir una entrevista. Fue entonces que nos topamos con algunas mantas en la entrada al auditorio, donde se exhortaba a no ingresar con implementos vinculados a los mass media. Esperamos encontrar a alguien dispuesto a platicar, rodeados por el perímetro invisible que bordea al visitante non gratto.

“Nosotros bien podríamos darles la entrevista, y creo que mi compañero tampoco tendría problemas en ello”, nos dijo al fin un sujeto alto como vaina, haciendo referencia al hombre de semblante cabizbajo que se encontraba a nuestra derecha, con la mano envuelta en una venda. Era notorio que aquella persona había sido hostilizada en el altercado de la madrugada del 3 de marzo, como otros integrantes del colectivo Okupa Che.

“El inconveniente aquí”, continuó expresando, “es que, para obtener una entrevista, llegan merodeando para ver qué sacan y eso no da confianza. Ya hemos aceptado entrevistas y lo que afirmamos termina totalmente modificado. Este espacio está abierto para todo estudiante que quiera aportar algo más allá del cumplimiento con un trabajito escolar. Les decimos: Mejor-date-una-vuelta-otro-día-y-a-lo-mejor-alguien-te-da-la-entrevista, porque con actitudes así no vamos a confiarles un asunto importante”. Los franceses le dicen déjà vu.

“Sería más útil que el auditorio estuviera en manos de las autoridades, pues los estudiantes que lo ocupan obedecen sólo a sus intereses particulares. A veces no se permite entrar al inmueble, cosa que sorprende pues según aquellas personas, el espacio es para la comunidad estudiantil” afirma Antonio, estudiante de Lengua y Literaturas Hispánicas.

Encontré mayor apoyo en otro de los integrantes del colectivo Okupa para realizar una entrevista. De tez morena, cabellos alborotados y relieves de metal punzantes sobre un chaleco con una aguerrida A de anarquía, aquel joven denotaba los rasgos de un mundo brusco; la apariencia retadora, como un halo tras su atenta preocupación por las personas en rededor.

“La neta no puedo opinar sobre lo que pasa en el Che porque tampoco confío en los medios que no son libres. Pero se va a organizar una actividad; un homenaje a María de Lourdes Mejía, madre de Carlos Sinuhé. Si, el compañero asesinado en 2011. Chance y no llegue mucha banda porque el evento no tuvo difusión, pero cáele. Platicando con alguien, a lo mejor aceptan darte la entrevista”.

Minutos después, permanecí sentado fuera del auditorio. Quizá aquella forma de acercase para dialogar fuera poco loable. Sin embargo, cuando no formas parte de un todo hermético, la periferia está en todos lados. De manera inteligible.

En legítima defensa

“Los espacios tomados por los movimientos son legítimos, no hay otra oportunidad para asir un ámbito de trabajo cuando se tiene una postura contraria a la de las autoridades. Ello, a pesar de que la legislación universitaria señala que las agrupaciones de universitarios tienen derecho a solicitar sitios físicos para su vinculación con la sociedad”, opina Francisco Cerezo.

A su vez, refiere El Rojo que “se debe luchar por la democratización de la Universidad. Es inconcebible que una gran junta de ancianos disponga de los puestos para hacerse de trampolines políticos y del recurso económico. Es necesario construir un consenso sobre cómo queremos que sea la educación”.

El profesor en Comunicación Política, Christopher Guevara, considera que la administración de una institución educativa no es en sí un gobierno político. “El acceso de la comunidad a cualquier servicio, tiene causes institucionales que no pueden ser pervertidos. Ahí se encuentra la representación de la comunidad, pero eso no quiere decir que ésta pueda participar de forma directa en la toma de decisiones, pues se supondría que las determinaciones atienden al interés común”.

Continua refiriendo el maestro en Ciencias de la Comunicación: “la estrategia de tomar el Auditorio fue un acto desesperado ante la cerrazón de las autoridades, quienes brindaron su apoyó pensaron que los intereses de la comunidad no estaban representados. Ahí se atendió lo urgente, pero los canales institucionales se deben gestionar con responsabilidad política. Y si ello no ocurre, los intereses de la comunidad, efectivamente, no están siendo cuidados, lo cual devela que las autoridades no han ponderado cuál sea el camino más responsable para hacerse de la administración del espacio”.

Así, el académico considera que “el camino a seguir es la organización, para confirmar si los que tienen tomado el Auditorio pertenecen a la UNAM. Después, convencerlos de hacer actividades que involucren a toda la comunidad, y eso incluye a las autoridades. La intención no es negociar su devolución, sino ser incluyentes frente a toda postura política, aun siendo contraria. Si eso pasa, se demostraría la gestión del interés común”, puntualiza.

“Las actividades dentro del Auditorio tienen que ser según los criterios de quienes ahí se encuentran y no son nada flexibles. Pero su trabajo sí se relaciona con temas que en la facultad nos interesan; de hecho, nos lo prestaron durante el movimiento Yo soy 132. No tiene porque dejar de ser un espacio de autogestión. La solución requiere que los estudiantes puedan expresarse dentro, con el fin de crear un vínculo real”, opina Isabel, alumna en la carrera de Historia.

Un buen documento

“Continuamos resintiendo aquí, en Desobediencia Radio. Tenemos un aviso importante: hoy los talleres de japonés y encuadernación se suspenden, pues en un momento se llevará a cabo un homenaje a la madre de Carlos Sinuhé, aquel compañero cuyo asesinato aun no se ha esclarecido. Te invitamos a asistir. También te invitamos a que nos acompañes en el taller de jarana veracruzana, mañana de 12 a 2 de la tarde. Esto es Desobediencia Radio, ¡no le cambies!”.

La voz de Lila Downs comenzó a agitar las bocinas cercanas al estacionamiento de la Facultad de Filosofía y Letras. Y el son de la molendera se atenuó al instante en que crucé el áspero velo, a la entrada del aula magna en el Auditorio Che Guevara.

Ahí estaba la señora Lourdes Mejía, acompañada por un integrante de los Okupas. Con tirantes de rudeboy y boina azul marino, se dirigía en voz de templo a los casi 20 asistentes al evento. Algunos, tumbados con soltura, evitaban la fatiga de observar erguidos la mesa donde los ponentes hablaban sobre las implicaciones en la muerte de aquel joven tesista.

“No sé si alguno de los compañeros quiera hacer una pregunta al respecto de éste hecho”, preguntó el ponente, y el silencio reinó por algunos instantes entre la audiencia. “Yo quisiera saber si podrían ahondar en el caso de Carlos Sinuhé, pues estaría chido conocer más acerca de lo que pasó”, contestó una chava al fondo del auditorio, impeliendo su dicción entre el aire reverberante.

Con dos años de recibir amenazas de denominado Colectivo Revolucionario “Emiliano Zapata”, quienes lo señalaban como un paramilitar infiltrado en la UNAM, Carlos Sinuhé fue muerto a tiros en 2011. Las investigaciones realizadas por la Procuraduría de Justicia del D.F., encabezada entonces por el actual jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, sostenía que el asesinato fue de tipo pasional, atribuyéndolo al consumo y distribución de marihuana, lo cual Lourdes Mejía rechazó, afirmando que se buscaba criminalizar a su hijo por el activismo político que le precedía.

“Javier Sicilia, cuyo hijo también fue asesinado, me invitó a ser parte de su movimiento en pro de la paz, pero en él colabora el Comité Cerezo y con ellos no voy ni a la esquina, pues también han vinculado la muerte de Carlos con narcóticos. Por eso no han metido las manos en el caso, aun siendo una organización no gubernamental en defensa de los Derechos Humanos”, expresó Lourdes Mejía, al hacer referencia del Comité Cerezo como “un grupo al servicio del poder”, lo cual fue respaldado por el segundo ponente y un siseo entre la audiencia.

El duelo dio paso a un instante de alegría, cuando los organizadores del evento obsequiaron un pastel a la señora Lourdes, dividido por ella misma para compartirlo con todos. “Oye carnal, ¿para qué medio me dijiste que era la entrevista?”, me preguntó el chavo que me invitara al homenaje “Es para la agencia de noticias en Políticas y Sociales”. “Simón, espérame tantito”.

Al decirme ello, bajó hasta donde se encontraba el segundo ponente, que se encontraba repartiendo el refresco entre los asistentes. Intercambiaron un par de palabras. Acto seguido, subió y tomó asiento a un costado mío.

“Me comenta mi compañero que necesitas una entrevista sobre el Auditorio”, “si, justamente”. “Va, yo te voy a dar la entrevista. Nada más que hay una cuestión, necesito revisar con el colectivo las preguntas que nos harías, para saber si son las adecuadas. Porfas pásame tu correo, también tu Face. ¿Cuál es tu número? Todo esto es para ayudarnos mutuamente. Tenemos que cuidar lo que se habla del auditorio, pues nadie ha hecho un estudio en verdad sociológico que busque comprender la situación”.

“Pero debo aclararte”, enfatizó clavando su mirada, “necesitaríamos que nos mostraras el resultado final del trabajo, ya que si hay algún mal entendido al cual se le deba hacer una debido cambio, lo vamos a corregir para que pueda salir un buen documento. Si te doy mi opinión sin antes concertar todo esto, a mí me cortan la cabeza”. Cabe decir que la entrevista jamás fue realizada.

Entre tercos y agachones



“Desconozco el interior del Auditorio y me da temor ingresar. Ello, cuando el espacio debería estar a disposición de los alumnos. Todo ese grupo son unos adoctrinados que te censuran y tachan de ser derechista si les das un contraargumento. Aun así, hay canales para involucrarse; la Galería Autónoma tiene gran apertura para las comunidades estudiantiles. Se requiere cimbrar un pensamiento plural que diluya el autoritarismo”, opina Víctor, estudiante en la carrera de Filosofía.

Según el politólogo, Matías E. Ilivitzky, la dominación más estricta es aquella que pretende generar unanimidad automática al tomar una decisión pública. Así, los sujetos aceptan de antemano cualquier resolución de un dirigente, que teóricamente comparte una misma condición con todos y eso le permite entender las necesidades del grupo aun sin consultarlas ni discutirlas. Por ello, quien no está de acuerdo con las decisiones del dirigente, no es parte del grupo. Y esto le convierte en un enemigo.

Lo anterior, se encuentra contenido en el texto “Hannah Arendt y Carl Schmitt: dos modelos disímiles de comunicación política en el espacio público”, Donde Ilivitzky considera que las diferencias entre los individuos permiten que haya discusión y se llegue a un consenso democrático en la toma de decisiones que ejercen los dirigentes.

En palabras de Christopher Guevara: “La radicalización vulgariza el estudio de la sociedad, le quita la complejidad que permite entenderle de manera verosímil. Así mismo, el valor del principio doctrinario es la orientación para fijar lo que no puede cambiar en una postura dispuesta a negociar. Por tanto, la radicalización es una lectura dogmática de la doctrina”, señala.

Ahora bien, el filósofo José Ferrater Mora define al dogmatismo “(1) como la posición…que admite no sólo la posibilidad de conocer las cosas en su ser verdadero…sino también la efectividad de este conocimiento en el trato diario y directo con las cosas. (2) Como la confianza absoluta en un órgano determinado de conocimiento…principalmente la razón. (3) Como la completa sumisión sin examen personal a unos principios o a la autoridad que los impone o revela”. Tal concepto, se encuentra al interior de su diccionario homónimo.

Para Francisco Cerezo, “la afectación que genera el dogmatismo es el aislamiento. ¿Quién se acerca al auditorio? Los que lo administran abren el espacio para quienes piensan como ellos, no para cualquier persona”.

“La autonomía y la autogestión son principios que guían nuestro trabajo…con base en el apoyo mutuo, la solidaridad, la participación y los acuerdos…luchamos por aquello en lo que creemos y no por lo que alguna dirigencia imponga…nos oponemos a todos aquellos colectivos o individuos que quieran atentar contra estos principios”, aseguran los “Grupos, Colectivos e Individuos por Espacios Autónomos y Autogestivos”, en la página web “Cruz Negra Anarquista de México”.

“A nadie le complace más la autogestión de la disidencia que al orden mismo, porque cuestionan al sistema desde fuera y no generan desestabilización. ¿Y quién queda bien? Pues el orden del sistema, porque en apariencia les permite darse a escuchar democráticamente. El discurso radical se convierte en promotor del orden vigente”, añade el profesor Guevara.

“El Estado no es lo que quizá representa para nuestros intelectuales y académicos, pues éste golpea. Y aunque el movimiento estudiantil le ha hecho frente, son muchos los elementos en contra; entre ellos, que nuestros líderes de opinión un día son críticos pero al otro caminan del brazo con Carlos Salinas de Gortari. No es lo mismo el proceso revolucionario del beneplácito, que el proceso de quienes estamos en éste lado”, considera El Rojo.

“La intención de la facción moderada al término de la Guerra Fría fue arribar al gobierno, y a la fecha se encuentran muy cómodos en ese juego de complicidades con el poder. Los grupos radicales tienen poca preocupación por entender la realidad, pero mantienen una mayor relación con ésta, a diferencia de los académicos, que están preocupados por entender la realidad prescindiendo de la misma. La única forma de evitar la dogmatización, es reconociendo el valor de la complejidad”, reflexiona Christopher Guevara.

A su vez, continúa expresando El Rojo: “Nos organizamos solidariamente con otros espacios porque no podemos sobrevivir solos, no vivimos en la República de la UNAM. Requerimos un proceso político que deje de ser autorreferencial, construirlo en los barrios, en las fábricas, en las escuelas, dirimir así la discusión. Y habrá muchas metodologías por plantear. No obstante, la respuesta a la represión siempre será la organización”.

“La comunidad deberá reconocer que la forma en la cual se ha administrado el auditorio es insostenible, no que este grupo esté ahí, pues eso es lo que ha promovido la derecha. Puede que la toma del Auditorio atienda al interés general, por ello es necesario tocar la puerta cuantas veces se requiera, comprender sus principios, pues ya sea por calculo u responsabilidad, a ésta banda le conviene abrir el espacio. La única oportunidad que tienen los chavos para cuestionar, confirmar o redefinir sus valores, es en la Universidad”, asevera el profesor Christopher Guevara.

Epílogo

En el Auditorio Che Guevara, la madre de Carlos Sinuhé recibió el aplauso de los asistentes al homenaje organizado por el colectivo Okupa Che en la UNAM. Así mismo, la señora escuchó los poemas que dos jóvenes recitaron para la ocasión. Ambos buscaron apoyo con la mirada en el suelo, ataviados por la presencia de los asistentes.

Sin embargo, en un instante, los versos surgieron de un habla combativa, que se arrojó sobre el espacio público al mirar a los espectadores de manera frontal, con la fuerza del pregón y la indignación que se impone en su forma para todos, frente a un padecimiento en común.

“¿Qué es la vida?, se preguntan los intelectuales y revisan una a una sus enciclopedias. Pero las respuestas que obtienen son banales mentiras, pues su significado está en la calle, está en la experiencia […] Te daría mi ser penetrando el tuyo, hasta coexistir en uno solo. Te daría cualquier cosa, pero jamás mi espíritu revolucionario…”. Y lo que se impone por verdad, no está a discusión.

Fotos: Wikimedia Commons



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