jueves, 19 de mayo de 2011

EL CAMINO HACIA EL MICTLÁN

¿ A dónde iremos qué no tengamos por fuerza que morir?

Abigail Mancilla Gómez
México (Aunam). La fusión de sonidos crea un ritmo que acompaña a los espectadores a través de un musical camino hacia el Mictlán. La mezcla de acordes crea un ambiente místico que conduce a un viaje sin retorno.

Los nueve pasos que según la mitología mexica deben recorrerse en el Mictlán la tierra de los muertos, son tan sólo un pretexto para crear las melodías que inundan el auditorio de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Con un ensamble musical compuesto de batería, guitarra eléctrica, saxofones, y un toque especial de un vibráfono y un acordeón se logra un resultado interesante y cautivador.

Con Rodrigo Ibáñez en el bajo, Óscar Castro y Jozzamoart Vázquez en el saxofón, Andrea Franco y Dulce Chiang como voces, Gustavo Salas con acordeón y vibráfono y Matías Carbajal como pianista y director, el grupo Matoys invita a recorrer el camino de la muerte a través de la música, en la presentación de su disco Mictlán.

Ayudado por Xólitl las notas producidas por los instrumentos cruzan el rio caudaloso del Itzcuitlan, el primer sitio en el camino de la muerte azteca, para después llegar al Tepectli Monamictlan, el lugar donde los cerros chocan entre si, como chocan las baquetas contra el teclado de la marimba mi cantar se esparcirá, perdurará... se escucha entornar a las vocalistas es triste, me aflige... cantan.

"Nuestra música es una fusión experimental, una mezcla de combinaciones latinas y de jazz. Mictlán va sobre la mitología prehispánica acerca del culto a la muerte" plática a los espectadores la vocalista principal de quien se distingue un largo y liso cabello que cae sobre su espalda y quien

Una vez en el Iztepetl, se debe cruzar el cerro de navajas donde la carne de los muertos se rasga obligándolos a abandonar su vestimenta mortal. Al compás de la yuxtaposición de sonidos el auditorio llega al lugar en el que sopla el viento de pedernales o Itzteecayanle al cual confiesan "le cambiamos el nombre a viento de navajas porque viento de pedernales estaba medio sugerente".

A continuación, un viento helado anuncia que el cuerpo ha llegado a Paniecatacoya, el lugar donde los cuerpos flotan como banderas donde "pasamos por un viejo paraje que es frio, lleno de nieve y viento que nos alejan de nuestros seres queridos y nos acercan a la oscuridad" explican los integrantes de grupo.

Llaman Lluvia de flechas a la canción dedicada al Timiminaloayan que significa precisamente el lugar donde flechan, ¿quién, en verdad no tendrá que ir allá?... se cuestionan al ritmo de la música, las flechas se entrelazan encima de la tierra entera.

Continuando el recorrido se llega al lugar donde las fieras se alimentan de los corazones o el Teocoyocualloa, ahi explican "una fiera se comía el corazón de la gente, por eso le ponían un jade en la boca, para se comiera el jade en lugar del corazón. Nuestros antepasados dicen que lo verdadero es lo que tiene raíz y lo falso lo que no la tiene, resuenan caracoles, llueven las flores por encima de mi piedras preciosas comen sus corazones que no tienen que raíz...

El camino llega casi a su final, en el Izmictlan Apochcalolca el camino de niebla que enceguece la vista pero abre los ojos del corazón para guiarnos al al Chicunamictlan donde las almas encontraban el descanso anhelado.

"Empezamos en agua y terminamos en agua, empezamos la vida en nueve pasos y terminamos en nueve pasos, llegamos al Mictlán que es lugar oscuro, el cual es al final el vientre de la madre tierra. Venimos de un vientre y al mismo vientre regresamos", la emisora de éstas palabras porta bajo un vestido negro un vientre que acoge a un nuevo ser.

El discurso de la vida y la muerte se conjugan en un mismo escenario.

Fotos: Zianya Itandehui Sandoval Rodríguez


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