Nunca estaremos solas
Por Frida Zoé Ramos Hernández
No está sola, una chava grita consignas, se quiebra su voz, empieza a llorar… y la mujer a lado de ella la abraza.
No estás sola, y no solo se siente en la marcha, codo a codo con las demás mujeres. Se siente en el resto del año; cuando encontramos hogar y resguardo en nuestra familia, en amigas, compañeras de trabajo, de escuela, mujeres que comparten la misma herida.
No estamos solas, dentro de toda la multitud, mujeres se reúnen para ponerse una mano pintada de morado en el cuerpo si fuimos tocadas sin nuestro consentimiento en el transporte y espacio público. Una marca por cada agresión, una marca por cada mano ajena que hoy pintamos de morado y entonces dimensionas lo que es, lo que significa, que toda esa multitud de mujeres llevaran pintada esa mano en su cuerpo como tú.
Bárbara no está sola:
“Mi hermana fue asesinada el 5 de octubre y lo quieren clasificar como un homicidio, cuando es un feminicidio, ya que su presunto agresor era su amigo de años. La asesinó enfrente de su pequeña hija de 12 años y las heridas con las que acabaron la vida de mi hermana son difamantes, degradantes, de una manera inhumana. Con esos requisitos ya cuenta como feminicidio y es por eso que estamos pidiendo a las autoridades de México que lo clasifiquen como lo que es y que juzguen su caso con perspectiva de género. En varias ocasiones nos han dicho que el homicidio es lo mismo que feminicidio, cuando no es lo mismo, sin embargo, hicimos una marcha el viernes pasado y con eso hubo más visibilidad a que las autoridades nos escucharan, porque creo que no se le estaba dando la prioridad necesaria al caso de Renata, para que haya una sentencia sin privilegios y sin corrupciones para el imputado”.
El colectivo Fem x Fem, invitó a Bárbara y a su familia a sumarse para gritar por su hermana: ¡Justicia para Renata Palmer!
¡Ni una más, ni una más, ni una sola asesinada más! ¡No somos una, no somos 10, pinche gobierno cuéntanos bien!
Más adelante, un círculo formado por mujeres, rodean un conjunto de carteles con los días contados que tiene cada mamá sin ver a sus hijos. En el centro, una mujer está hablando por el megáfono, con la piel roja, ojos llorosos, voz y manos temblando, pide que su historia sea grabada por las que estamos, para que su hija lo vea.
“Hace tres años, mi agresor, me quitó a mi hija, porque yo le dije que ya no lo amaba y yo me fui de su casa, porque me violentaba. Alcancé a llevarme a mi hijo el más pequeño y cuando regresé con mi mamá para rescatar a mi hija, ya no estaba, se la había llevado. Y al siguiente día me denunció, por abandono de mi hija.
Se supone que hay visitas en el Cecofam (Centro de Convivencia Familiar) , llevo tres años con ese juicio. Y llevo un año, que no la lleva al Cecofam, no la he podido ver, mi hija no sé cómo está, la última vez que la vi tenía piojos y el juez no dijo nada, no ha hecho nada, sino lo castiga por tantas veces que ha faltado al Cecofam, por eso lo sigue haciendo, porque nunca le han puesto un límite, por eso ellos siguen haciendo y siguen haciendo, porque nadie les pone un alto, porque no hay justicia sobre nosotras.
Me daba pena venir porque, era de las que no le gusta hablar en público, pero ya me cansé de no verla, he tenido depresión, he tenido ansiedad, crisis de ansiedad porque no puedo verla ¡Renata dónde quiera que estés, te ama tú mamá y tu hermano, te extrañamos y te amamos!”
Sus compañeras la abrazan y todas le gritamos !no estás sola¡. Y no lo está, ella forma parte del Frente Nacional Contra la Violencia Vicaria, todas comparten una herida.
Como es el caso de Miriam:
“Me uní a este colectivo buscando justicia, para poder estar con mi hija, para poder recuperarla, porque desde los tres años que la dejé de ver hasta los 8 años. Y cuando en los juzgados la veo, para que la jueza hablara con ella a los 5 años, ella dice: que quiere ver, convivir y estar con mamá, que papá le grita y la juez aún así le dio la guardia y custodia provisional al papá.
"Entonces es como yo llego al Frente Nacional Contra la Violencia Vicaria, todas fuimos violentadas durante el lazo conyugal, cuando decidimos separarnos, nos quitan a nuestros hijos como método de control y violencia. Muchas siguen sin ver a sus hijos, otras ya los vemos en convivencias pero están muy manipulados y pues bueno estamos en esta lucha juntas”.
Es ese abrazo, ese grito, esas manos sostenidas que construyen el acompañamiento que alimenta la rabia para seguir luchando, aunque no haya justicia sobre nosotras. Es acompañar en la muerte como en el caso de Bárbara, es acompañar en la ausencia como las madres del Frente Nacional Contra la Violencia Vicaria y es acompañar en la vida, como lo hacen las mujeres parteras que, con la actitud más cálida que un sol e igual de letal que el fuego, nos cuentan su lucha:
Lo que más me gusta de nuestro trabajo, dice Karla Martinéz es “el acompañamiento, se cambia mucho la forma en la que podemos tanto parir como decidir. Y algo que me parece también importante señalar es que venimos marchando, porque el gobierno federal emitió una norma mexicana en donde nos quieren imponer modelos medicalizantes para que todas las mujeres en algún momento puedan parir en una clínica, como si no tuviéramos derecho a decidir cómo queremos, dónde queremos.
Entonces también ahí, estamos promoviendo esta socialización de la información, para que las compañeras sepan que tenemos este derecho a decidir, no sólo entorno a nuestras temporalidades y ciclos vitales, sino como queremos que nos atiendan y hacemos también este frente en contra de la violencia obstétrica que hemos vivido por generaciones, me gusta acompañar a las mujeres, verlas empoderadas, verlas sapientes de su propia conciencia corporal”.
Nosotras somos manos de partera, me dice Sandra Hernández “somos una red de varias parteras y casas de partería en la Ciudad de México y el Estado de México, que promovemos la autonomía de nuestros cuerpos, la libertad de parir, de decidir cómo, cuándo, dónde y con quién queremos parir, de como cuidar nuestros cuerpos desde la menarquía hasta la plenopausia, de como cuando estamos en situaciones de pérdida, de aborto, tenemos saberes que todavía nos pueden acompañar como mujeres, sin violencia obstétrica. Las parteras existimos desde hace mucho tiempo en la vida, antes que existieran las clínicas y la medicina clínica, existen las parteras, las parteras tradicionales aquí nacemos y renacemos”.
En autonomía de los cuerpos, Ariana Cruz defiende que “cada persona tiene derecho a decidir cómo y qué hacer con su cuerpo (...) Eso se les enseña a las mujeres: el saber que cada etapa que vive cada una no es locura, es parte de un ciclo que vivimos a diario y una mujer que conoce sus ciclos, es una mujer con poder, por eso también a nosotras las parteras, nos quieren resguardadas y nos quieren a escondidas.
Porque conocemos el poder que da esta libertad del conocimiento corporal y porque además somos parte eje de la unión de comunidades: mujer que se acerca a la partera, es familia que se acerca a la partera. Necesitamos empezar a recordar esta parte, que tenemos más sistemas de atención y tenemos más de una medicina para poder ejercer nuestro derecho al cuidado de nuestra salud, por eso venimos aquí.
¡No que no, sí que sí, ya volvimos a salir! ¡Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente!
La indiferencia es un suicidio permanente, no estamos solas y acciones que pueden parecer pequeñas, pueden construir comunidad, como las “Las hijas del chayote” de la Universidad Nacional Rosario Castellanos, ellas defienden la importancia de los colectivos pues estos “te arropan, forman parte de algo que te hace sentir especial, que tienes una misma causa, un mismo método y cuando existe eso pues nos organizamos y podemos lograr cosas muy grandes”.
O como Marisol que dice con orgullo: “Soy abogada laboralista, tomé la decisión este año de empezar a dar asesorías y llevar casos de manera independiente, trabajé por 8 años en el gobierno y creo que aunque yo pueda tener estabilidad laboral, económicamente hablando, me apasiona más y me da mayor satisfacción poder defender a mujeres que están allá afuera buscando justamente una defensa”.
E incluso la comunidad se encuentra en Suli, ella lleva tomando fotos desde hace 10 años y va a las marchas desde el 2019 y sostiene que es importante documentar y hacer de esto algo histórico. Siendo cada foto capturada: los instantes inmortalizados del entramado de la rabia de las mujeres mexicanas.
¡ALERTA, ALERTA, ALERTA que camina, la lucha feminista por América Latina y tiemblen y tiemblen y tiemblen los machistas, que América Latina sera toda feminista! ¡Con falda o pantalón respétame cabrón!
Carteles, tambores, gritos, consignas, lágrimas y abrazos impregnados de dolor pero llenos de resiliencia y rabia. Dentro de la multitud logro ver a una niña, lleva alas de mariposa que dicen “Que ser mujer, deje de ser una condena”, es alentador pensar que esa niña en muchos años será alguien, alguien que pueda ver lo que proyecta su sombra: todos sus logros, metas, pasiones y convicciones, por los que está luchando de la mano de su madre.
Porque todas queremos llegar a ver lo que proyecta nuestra sombra y esperamos que toda esa vida construida no se esfume en un segundo: solo porque somos mujeres que salieron solas a la escuela o al trabajo, solo porque fuimos mujeres que salimos con tal hombre o tuvimos tal amigo, o solo porque estuvimos en el “lugar incorrecto”, a la “hora incorrecta” y con la “prenda de ropa incorrecta”, solo porque somos mujeres y ya. Y porque somos morras, les digo a las mujeres de mi familia, a mis compañeras y amigas: NUNCA ESTARÁN SOLAS.






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