¡Esas morras sí me representan!

Por Katia Lizath Bazán Román
La Glorieta de las Mujeres que Luchan es el punto de partida de la marcha del 8 de marzo, que conmemora el día internacional de la mujer. Un nombre curioso, ¿no? Ahí se reúnen miles de mujeres justamente para eso, para luchar, para que en esta sociedad no tengamos que limitarnos a sobrevivir, sino que podamos vivir con libertad y seguridad.

Al llegar al punto de inicio es imposible no notar el característico color morado que lo invade todo. Pañuelos, pancartas, playeras, la emoción envuelve al instante. Un nudo en la garganta aparece al ver tantas pancartas con boletines de búsqueda o carteles que exigen justicia porque sus agresores continúan en libertad.



Las emociones se mezclan en el ambiente: enojo por las que ya no están, miedo de que algo así pueda pasarte a ti, pero también orgullo de ver a tantas mujeres juntas alzando la voz, luchando para exigir un cambio.

Una de las frases más repetidas en las pancartas durante la marcha es: “Marcho con mis hijas (primas, sobrinas, amigas) para no marchar por ellas”, una consigna que refleja el deseo más básico: poder salir de casa sin el miedo de no regresar, algo que no debería ser un privilegio, sino una realidad para todas.

La causa reúne a todas las generaciones. Hay niñas que marchan tomadas de la mano de sus mamás, adolescentes con glitter morado en el rostro rodeadas de sus amigas y mujeres de la tercera edad, que ni el uso de las sillas de ruedas las limitan. Tal es el caso de la abuelita Justina, quien marcha junto a sus nietas con un cartel que dice “Lo que no tuve para mí, lo quiero para ellas”. Su presencia demuestra que esta lucha atraviesa generaciones y pertenece a todas.

En una esquina cercana a Bellas Artes está María, mamá de Lizeth y Solange. Mientras observa la marcha afirma con orgullo: “El valor me lo han dado ellas”. Sus palabras reflejan algo que se repite constantemente durante el recorrido, muchas madres marchan por sus hijas, para que nunca tengan que vivir con miedo.

De pronto, el aire comienza a teñirse de morado. Las bengalas se encienden y el humo cubre la avenida. El olor es fuerte, casi desagradable, como plástico quemado que se queda en la garganta. Pero, aun así, ver ese humo elevarse y pintar el cielo de morado provoca una emoción difícil de explicar, una mezcla de energía, fuerza y esperanza que recorre a toda la multitud.



Al avanzar por la calle 5 de mayo, aparecen distintos colectivos. Uno de ellos es La Posada, teatro de trabajadoras del hogar, una compañía de mujeres que, a través del teatro, busca visibilizar la lucha de las trabajadoras del hogar por sus derechos laborales y humanos en México. Está conformada por trabajadoras del hogar o hijas de trabajadoras del hogar. Minerva, integrante del colectivo, lo explica con claridad: “Desde el arte podemos visibilizar los derechos de las trabajadoras del hogar”.

Entre la multitud también hay hombres. Algunos marchan con sus hijas, otros acompañan a amigas o familiares. Cristian, un joven que llegó desde Nezahualcóyotl junto a su amigo, sostiene un cartel que afirma “No es hombres contra mujeres, es el bien contra el mal”. Mientras observa la marcha asegura que venir fue importante para él: “Se sienten todas las emociones”.

La marcha avanza entre consignas, tambores y gritos que rebotan en las paredes del Centro Histórico. Y entre todas ellas hay una que resuena con fuerza “¡Esas morras sí me representan!”. Esas morras que luchan, que marchan, que gritan y que ya no se quedan calladas. Esas morras que llenan las calles de morado. Esas morras sí nos representan.




Bookmark and Share

No hay comentarios.

Con tecnología de Blogger.